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24 de desembre, 2010

Apostilla desde Turín: un cuento de Navidad

Agnolotti del plin da Giustetto, un dono d'amore

Volvimos de Turín con este paquete. Cuando nos lo envolvían, pensé: "si hago un concurso en Barcelona sobre qué contiene, difícil lo tendrían para adivinarlo". Es un paquete de otro tiempo, un paquete envuelto por manos ya ancianas, temblorosas pero decididas, que nos habla de una época en que las cosas del comercio, incluso las que podrían parecer más triviales, tenían su liturgia y su valor, tomaban su tiempo y se hacían con esmero, con cariño y atención, cuidando al cliente como si fuera la última cosa que iba a suceder en el mundo. Nos habla de un tiempo que huye veloz, pero del que descubrimos en Turín algunas huellas: me gusta hacer de arqueólogo de ese tiempo pasado y descubrir cómo, allí donde estamos, sobreviven rastros de amor por el trabajo bien hecho y por el esfuerzo que no desfallece.

El pastificio (sic!) se llama F.lli Giustetto y se encuentra en Via Santa Teresa, 19. Trabajan desde 1911 y me da que la anciana que nos atendió está detrás del mostrador casi desde la fundación del negocio. La vimos ya el primer día. Nos asomamos con discreción al ventanal con la curiosidad del que acaba de descubrir algo que pensaba que ya no existía. La anciana estaba sola, pasó los tres días sola...Supongo que alguien ayudará en el taller pero no lo descubrimos. Pelaba verduras por la mañana, sacaba y ordenaba su pasta fresca y rellena, despachaba con cortesía y atención. Era muy mayor y lucía una bata tan blanca e inmaculada como su cabello. Decidimos entrar el último día, justo antes de marchar, para comprar pasta fresca y tener una "magdalena" más que llevarnos a la memoria.

Agnolotti del plin con ragù da Giustetto

Aguardamos con paciencia y vimos cómo despachaba, reconocía a cada cliente por su nombre, se interesaba por la salud de la señora que no había podido bajar a la calle y, siempre, hacía paquetitos como el que muestra la primera foto. Cuando nos tocó, iba yo con el estigma del "único extranjero en el pueblo". Era evidente que no podía reconocerme ni llamarme por el nombre. Me sentía un poco intruso. Ella lo resolvió en un periquete. Me miro con su dulce sonrisa desde unos profundos, vivísimos ojos azules, y me preguntó: "Joven, ¿necesita algo?" Lo de "joven" me puso contento, a qué negarlo, y me devolvió, de golpe, al ambiente cordial y relajado de la clientela habitual. Le expliqué, sin dar detalles, que teníamos que hacer un largo viaje y queríamos llevar pasta rellena y fresca para la vuelta.

Ella le dio un par de vueltas al asunto y aconsejó, rápida: agnolotti al plin. El agnolotto es la pasta piemontesa por excelencia, se rellena con gran variedad de cosas y, claro, sus tamaños son también variados. Hemos comido desde el agnolotto gobbo (símbolo de Asti), dos piezas por ración (en Il Consorzio), hasta este diminuto agnolotto al (o del) plin. Las diferencias de éste con el resto son dos: el tamaño (las recetas aconsejan que no supere la medida de una avellana) y la forma del pliegue final de la pasta, tras el relleno: plin es la palabra piemontesa por "pellizco", y así separan un agnolotto del otro en la capa de masa y le dan esa forma peculiar. Por aquello del largo viaje, la anciana nos envolvió con especial cuidado el paquete y casi nos íbamos ya, contentos y satisfechos, cuando nos preguntó, con otra sonrisa: "¿no les apetecería probarlos con el ragù hecho en casa?"

Langhe Nebbiolo 2009 de F. Clerico

De golpe entendimos a qué dedicaba las horas y sus verduras la señora: ¡¡¡a hacer ragù en la cocina de la casa!!! No nos habíamos dado cuenta de que tenía un pequeño frigorífico medio escondido, con algunas raciones de ragù. Echamos cuentas (con dos adolescentes en casa...) y le pedimos con convencimiento dos recipientes enteros. Nos miró como si hubiéramos hecho una travesura y nos dijo sin más: "es muy concentrado y poderoso. Con un recipiente bastará". Y no quiso vender más de lo que creía adecuado para los plin que compramos. Por la segunda foto, veréis que los agnolotti y el ragù de casa Giustetto (¡desde 1911!) se han convertido en otra de las proustianas magdalenas que nos hemos llevado de Turín. La tienda de los Hijos de Giustetto, la anciana que sobrevive en ella y trabaja de sol a sol con ahínco y con las formas de antaño, fue como vivir en un diorama de los Cuentos de Navidad de Dickens: mirar el escaparate de la tienda, entrar en ella, charlar con la anciana y comprar, conseguir salir y comer el fruto de nuestra aventura fue un paso al otro lado del espejo.

Un pequeño cuento de navidad del que volvimos, además, con algunas botellas del primo más desconocido (¡para mí!) de Domenico Clerico. Su Barolo Ciabot Mentin Ginestra es uno de los grandes del Piemonte, sobre todo el 2001. Conocí a Francesco de pura casualidad, en el Mercatino delle Erbe. Otro mínimo cuento de Navidad: él en pie, con su sombrero y su puro, su mujer e hijo (por lo menos 45 años), sentados, componían una estampa para no olvidar. Los tenderetes de estos mercados ocasionales suelen vender vinos para olvidar. Pero Turín también es especial en eso. Puestos de trufas impresionantes, vinos para olvidar, también pero un apellido emergió del letrero como un fogonazo: Clerico!!! Vi la F., claro, y no la D. Comprobé las etiquetas (Barolo, Barbera d'Alba, Langhe Nebbiolo) y que la uva estaba certificado como de cultivo ecológico. Y empecé a charlar con él. Socarrón, de vuelta de todo, profundamente humano, daba la sensación de haber sufrido tanto como su primo ("el famoso", le llamaba). Sus viñedos están también en Monforte d'Alba, "encima de los de mi primo, pero mis precios están muy por debajo", decía. Un Clerico vendía sus barolos (¡2004!) a unos precios increíbles. Compré poco pero de todo y decidí que uniría, cuando tomara la pasta de Giustetto, las dos historias: la de la anciana vendedora y la de Francesco Clerico, apagado tras la fama del primo Domenico. Dejo su Barolo para otra ocasión.

Abrí su DOC Langhe Nebbiolo 2009 (13%) y me maldije por no haber comprado más de todo. No quiero entrar ahora en la discusión de las DOC Langhe. Como le dije a Francesco, los vinos hay que probarlos y ya veremos qué primo está más en forma. Este Langhe Nebbiolo tiene un estilo bastante monfortino y creo que la mayor parte de su nebbiolo será también de su hacienda. Es un vino austero, seco sin ser astringente, con aromas de ciruela algo madura, de tabaco negro seco y de regaliz. Todo muy discreto y medido. Su color es el del zumo de la granada, poco coloreado y de capa media baja. Con aire y tiempo, regala aires de arbusto y de frambuesa. Tiene una fantástica estructura y bonita acidez y lo compré por 8 € la botella. Charlar con Francesco, ver cómo sus hijo y esposa luchaban con las cajas de cartón para poner las botellas, intercambiar tarjetas e información y volver con esa mirada suya complaciente, casi de guiño, tras mi afirmación de que "lo que había que probar eran los vinos, no las famas", fue otro pequeño diorama de nuestra estancia turinesa.

Dos trocitos de cuento que me sirven de "excusa" para desearos a todos una serena Navidad: que sepáis llevarla con alegría, paz y felicidad y podáis compartir buenos momentos con las personas que queréis. Y mis mejores deseos a todos para el 2011 que está por llegar: que os traiga mucha salud y satisfacción personal y, si es posible, también profesional. Y muchos vinos buenos con sus ricas recetas. Millones de gracias por seguir aguantando al otro lado de este cuaderno y por seguir escribiendo en sus hojas de vez en cuando.

16 de desembre, 2010

Postales de Turín (iv)

Il Consorzio a Torino, il posto

Es el restaurante que, a no dudarlo, nadie puede perderse hoy en una estancia en Turín.. Il Consorzio. Apenas lleva año y medio abierto (para la vecchia Torino, ¿eso qué es...?), pero están haciendo mella y creando estilo con una manera de hacer las cosas tan sencilla como eficaz: su recibimiento, el calor que desprende el local y sus propietarios, son los de las osterie de toda la vida. La cocina busca una restauración más adaptada a los tiempos, pero muy respetuosa con el producto. ¿El símbolo? Este toro que preside la entrada: el toro rampante, como sabéis, es el icono de la ciudad (Augusta Taurinorum), pero ellos han querido metamorfosearlo, darle un aire de contemporaneidad, que es el que representa el dibujo. "Respetuosa con el producto", por lo demás, es una expresión ya muy gastada. Pero cuando se dice en Turín, en pleno corazón del "reino" de Slow Food, la cosa toma otro aire.

Tajarin con il tartuffo al Consorzio

La carta empieza con un agradecimiento a los productores y está llena, llena de productos que son presidi Slow Food, productos muy artesanales y en riesgo de desaparición en todo el mundo, también en Italia. Ellos los conocen, los utilizan y, como no puede ser de otra manera, convierten a esos productores en sus mejores aliados (junto con los clientes...). Leed la carta y lo veréis: todos los platos que llevan el icono del caracol, ¡son presidi! Dos de las pastas que tomamos (hechas en la casa) me han dejado un recuerdo que será difícil de borrar: unos gnocchi de calabaza con una salsa de gorgonzola muy suave y dados de pera muy enteros (qué interesante contraste); y unos tajarin sencillos, de huevo con trufa blanca de la zona, rallada al instante (en la foto). No tengo palabras para la textura, fina, liviana de ese tajarin y para el telúrico acompañamiento.

Quinto quarto al Consorzio, la megliore trippa della mia vita

De los segundos, el agnello di montagna rezumaba autenticidad y su salsa, mojada en los panes que Il Consorzio cuece en su horno (con su masa madre...), fue de delirio. Yo seguí en el mío: siempre que veo en Italia algún representante de la cucina povera me tiro a él. El Quinto Quarto es eso: una selección de tripas y de sesos rebozados en cuatro apuntes sobre pizarra. El guiso de tripa (en la foto) fue de lo mejor, más sabroso y delicado que he comido jamás en el reino de los "despojos". Para los postres, seguimos sin movernos de la tierra, donde otra de las reinas es la avellana: turrón, helado, mazapán, mezclados en una fresca y golosa caricia. La carta de vinos es tema aparte. Lleva título, Eccessi e riflessioni, y responde de manera fiel, sin duda, a la pasión de los propietarios por el vino de algunas zonas (Champagne, Loire, Piemonte sobre todo) y por ofrecerlo a precios muy razonables. Ante mi sorpresa por esos precios y su poca diferencia con la tienda, se me quedaron mirando como extrañados y comentaron: "es que a nosotros nos gusta que la gente beba". Chapeau! ¡A mí también! Nosotros tomamos un barbera d'alba de Bartolo Mascarello, 2006, que estuvo poco sobrio, muy frutal (frambuesa, ciruelas pasas, también violeta) y bastante esférico, muy varietal. Perfecto con la calabaza, mal con la trufa, delicioso con la tripa y el cordero. Confieso que si la variedad de vinos tranquilos y espumosos por copas hubiera sido mayor, mi capacidad de combinación y de disfrute con la comida hubiera aumentado. En cualquier caso, este detalle no empaña para nada la percepción que nos llevamos: Il Consorzio es uno de los mejores y más accesibles (por precio y por acogida) restaurantes que he pisado en Italia en los últimos años.

Gelato di turroni di nociola, guauuuu, al Consorzio


Postscriptum. Algunos otros restaurantes, trattorie, osterie de interés en Turín y alrededores (para viajeros tenaces y gastrófilos empedernidos): Ristorante Sotto la Mole; Ristorante Pizzeria Alla Mole; Ristorante Tre Galline; Trattoria della luna (San Giorgio Canavese, Torino); Trattoria Dai Saletta; Ristorante Il ristoro dei Mercanti. ¡¡¡Todo muy piemontés y en casi todos los casos, muy buena RCP!!!

14 de desembre, 2010

Postales de Turín (iii)

Cantine Barbaroux, una cantina con cucina

En esta pequeña gradatio que os propongo, que empieza en los escalones del artista a pie de calle (Mercatino delle Erbe) y finaliza (¡por supuesto, con una apostilla!) en lo que es, para muchos hoy, la referencia de restaurante en Turín (Il Consorzio), quiero hacer una escala intermedia, dejando ya la calle, en un tipo de local que me produce especial cariño. En Turín hay algún "Wine bar" (así suelen llamarle los italianos, amantes de mezclar expresiones en inglés en su idioma), pero no he descubierto nada especialmente destacable. Viniendo de donde vengo, por lo demás, el listón está muy alto...Sí me producen, en cambio, cariño y atracción lo que ellos llaman "cantina con cucina". Un local que empieza siendo un comercio de vinos y espumosos, se acaba convirtiendo en un lugar donde tomar unas copas. Y esas copas acaban pidiendo a gritos (por no decir los parroquianos) algún plato más o menos sólido. En el Piemonte (foto inferior), lo suyo es la selección de embutidos de la casa. La de Cantine Barbaroux (en Via G. Barbaroux 13/F: ¡no cierra domingos!) es la mejor que he comido estos días. Pero además, acaban llenando la cocina con un montón de platillos calientes, sencillos pero interesantes: unos agnolotti, faisán, filetes, rustidos, sopas de verdura y de legumbres...La Cantine Barbaroux, además, es un local muy bien situado, junto a las grandes plazas de la ciudad (aunque en una calleja muy tranquila), agradable y acogedor. A tener en cuenta para tomar un sólido tentempié.

Il miglior salume piemontese, nella Cantine Barbaroux

PS. Por favor, disculpad la calidad de estas fotos. Me dejé la cámara en el hotel y tuve que usar la del teléfono...

12 de desembre, 2010

Postales de Turín (ii)

Toma al Mercatino delle Erbe, Torino

Piazza Palazzo di Città. Torino. Éste es el lugar. La cita, el primer domingo de cada mes. Mercatino delle Erbe. Medio Piemonte vende sus maravillas gastronómicas en él. Todos los embutidos, todos los quesos, algunos aceites, menos vinos, chocolates, mieles, dulces, remedios naturales. Con una zona especialmente dedicada a los productos ecológicos, uno de mis descubrimientos (me falta tanto...), del que espero escribir pronto en detalle, fue el del primo más oculto de Domenico Clerico. Para los amantes del vino piemontés no digo más. Yo no sabía nada de él y me lo topo con su esposa e hijo, tenderete parado y sus barolo, barbera, langhe nebbiolo a precios extraordinarios. Veremos cómo se dan porque no los he probado jamás...sus viñedos están en Monforte d'Alba (località Bussia Soprana), encima de los de su primo.

Esta piazza, además, es uno de esos mágicos lugares donde conviven los dos tipos de artista que Turín abriga en su alma: el gastronómico y el plástico. Por la mañana, comprábamos Toma staggionato in grotta, (en la foto de arriba, donde Formaggi Lagonero), parmiggiano, gorgonzola, chocolate, los vinos del primo de Domenico. Por la noche admirábamos el Tappeto volante de Daniel Buren. Luci d'artista es, desde hace doce años, otra cita para artistas contemporáneos en la ciudad. El municipio les convoca para que las luces de Navidad de Turín sean un motivo más para el viaje, para el recorrido, la admiración y el descubrimiento de nuevas sensaciones y rincones de la ciudad. Artes efímeras las dos (en este caso), artes que invitan a disfrutar el instante pero que dejan un poso que no se olvida. ¿Qué otra cosa son, si no, la cocina y el vino o una alfombra mágica hecha de luces y colores, suspendida sobre nuestras cabezas?

Luci d'Artista, Tappeto Volante di Daniel Buren in piazza Palazzo ci Città

10 de desembre, 2010

Postales de Turín (i)

Torino dalla Mole

En mis Apuntes de Berlin hice algo parecido a lo que voy a proponeros durante unos días. A través de unos contrastes fotográficos, opinaba y pensaba en voz alta sobre la capital de Alemania. Ahora, con estas "postales" de Turín, quizás escriba más, pero quiero que las imágenes hablen mejor de lo que yo escribo. He pasado unos días en Turín y la ciudad, espejo como nunca del Piemonte, me ha llenado. Turín es ciudad de frío, con grandes montañas y, casi siempre, un crudo invierno. Turín es ciudad de artistas. En lo plástico contemporáneo y en la gastronomía. Sin lo uno y la otra, Turín no se comprende. He paseado, he visto, he charlado, he comido, he bebido. Aquí siguen unas postales que empiezan desde la impresionante Mole Antonelliana y sus vistas sobre la capital del Piemonte. Los Alpes al fondo, el hielo sobre nuestras cabezas y a nuestros pies. Nuestro interior, a buen recaudo y mejor temperatura: gente amable y acogedora en la ciudad más vistosa de una región que ha vivido con la industria y la ha sobrevivido. Como veréis, si os apetece seguir.

Ma che freddo alla Mole Antonelliana...