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28 de desembre, 2025

4kilosvinícola, motor gold 2014

La sèrie de vins Motor de 4 kílos vinícola (Felanitx) neix com a departament de R+D+I del celler. Des del primer dia, en Francesc Grimalt i en Sergi Caballero han concebut Motor com el lloc on tot és possible pels de casa i on, a més, alguns amics hi són convidats per fer realitat els seus somnis vitícoles més amagats (Motor Pistache Rosé syrah, callet i premsal blanc, Motor Gómez 2015, ancestral de macabeu). motor gold 2014 és un exemple ideal de com explorar les fronteres del raïm premsal blanc (moll), un dels més plantats a Mallorca i de recorregut, en general, més curt i estret. Trenquem motlles amb els seus 11,5%; explorem els límits del brisat discret ("gold", or, que ja és ambre 12 anys després), lluny de l'estil de Giulio Armani, per entendre'ns; busquem una nova relació entre la terra de call vermell (argila ferruginosa), en ecològic, i les alfàbies de Vilafranca de Bonany (gerres de fang on el vi va fermentar i reposar, després, amb les seves mares i on va trobar una oxigenació, a través de la porositat del fang, que li ha donat molta vida); i donem anys de criança on millor sol fer un vi aquesta feina que demana silenci i foscor: dins del vidre de l'ampolla i sense moure's del celler. 


Aquest or vell camí de l'ambre resinós del Bàltic agafa un aire fresc i lleuger a la copa. Ha perdut la densitat i intensitat dels seus inicis i camina ara lleuger i escàs de vestiments, intens encara en nas i fresc i elegant, al paladar i quan el beus. Venen al cap les olors del sotabosc i de la garriga vora mar, verd i salobre  junts: hi ha farigola, primer, i una mica de llorer, també. I al cap de les hores, el dibuix d'una infusió de garriga i del buquet que els francesos anomenen "garni", se'm fa evident. Dotze anys després, encara hi viu el record d'aquella poma petita de Mallorca, eixuta i discreta tant com saborosa i àcida, que arriba als mercats al mes de setembre. motor gold 2014 va ser una recerca molt reeixida de 4 kilos vinícola que va tenir, a parer meu, una continuïtat en el que a mi em sembla encara un dels grans vins blancs de Mallorca (sempre com a Vins de la terra): el Mitos 2016

El graó perdut en aquesta cadena de l'evolució vínica va ser Motor Gómez 2015, però jo no havia tastat encara motor gold quan el vaig fer ni sabia que existiria Mitos 2016. En Francesc de Son Durí sí que ho sabia, és clar... Ell és una persona que ho té tot al cap i que no fa puntada sense fil. Del que jo conec del món vitivinícola del sud d'Europa, ell és al meu altar personal, a la meva tríada essencial de persones sàvies, molt estudiades i llegides, profundes coneixedores dels seus terrers, en companyia d'en Raül Bobet (a Santa Engràcia i a Porrera) i en Joan Asens (al Masroig), en Francesc a Pla i Llevant (Felanitx, Manacor, Son Macià), però també a Santa Maria i etc. motor gold 2014 ha estat un regal seu, no només en sentit literal (no en puc dir el preu, com faig sempre, perquè me l'ha regalat!) sinó també metafòric: va obrir un camí nou a la manera d'entendre i vinificar el premsal blanc a Mallorca que és, també, un altre regal. 


D'esquerra a dreta, en Francesc Grimalt i en Sergi Caballero, caçadors de l'efímer plaer de l'instant gastronòmic, sorneguers i divertits sempre, exercint al carrer Agullers de Barcelona, si fa no fa un parell d'anys després d'haver embotellat el vi de què parlo avui. 

12 de maig, 2019

Kagami y Rita


Escribo este texto el domingo 12 de mayo de 2019. No sé cuándo lo publicaré (al final, ha sido el 8 de diciembre de 2025, sic) pero quiero destacar la fecha. Entre hoy y el próximo día en que suceda la luna llena de mayo (18), se celebra en el mundo el nacimiento de Buda y su iluminación. Dicen que sucedió en el año 623 a.C. pero mi deformación profesional me hace ser prudente ante una fecha tan lejana como precisa.

En cualquier caso, una parte del mundo, la que es budista, celebra durante estos días la luz, la exterior y la interior. La idea es, hoy, Buda para quien crea en él. Para mí, la idea es la vida y la luz, la energía que nunca nace ni muere sino que se transforma. El pretexto son unas horas de descanso: tenía que haberlas pasado en Tarragona (perdóname, Santi, estaba demasiado cansado como para ir de bacanal...), pero me he quedado en casa. He pensado que esta misma semana dos amigos queridos habían renovado su alianza con la vida a través de Rita. Y he abierto una botella de Kenjiro Kagami pensando en ellos tres, en Maggie, en Eloi y en Rita.

He pensado en el nombre de Rita. Me gusta mucho por su pasado reciente en mi vida (mi abuela materna se llamaba Rita y hacía honor al nombre) y por su pasado remoto, al que también hace honor la Rita recién llegada. En la antigüedad griega y romana, Margarita (y de aquí Rita), margarités/margarita, es nombre de preciosidad. Empieza aplicándose a algo duro pero enseguida significa "perla". Y de "perla" pasa a usarse para hablar de "algo precioso". Margaritarius es quien recoge ese tipo de preciosidades. Cuando Eloi me mandó la foto de Rita me sentí así, margaritarius, una persona afortunada porque la vida le ha regalado muchos momentos en que ha podido recoger cosas preciosas.

Y en el día de Buda, en que la fruta y el primer calor conviven con el cuarto creciente de la luna en un cielo limpio y azul como pocas veces he visto en Barcelona, abro una botella de Kagami, uno de los espejos de mi vida. Domaine des Miroirs, Sonorité du Vent 2014 (Les Saugettes de Grusse, Jura), 12,5%. La abro porque ha nacido Rita, porque Eloi y Maggie me han regalado su momento y su foto y porque Julien me regaló también este sonido del viento de chardonnay de Kagami. La abro también porque la puedo beber con los que más quiero. Y de amigos a amigos, a este recolector de momentos felices y preciosos le apetece compartir con todos ustedes la felicidad y la luz que me producen la vida nueva de Rita y el vino de Kagami.

Cuando he abierto la botella, se ha derramado un poco de vino sobre la mesa. Accidente, sí, pero de golpe el campo de las cepas de Kenjiro ha invadido el espacio de mi comedor. Con el vino ya en la copa, con los aromas, la nariz y el primer trago, el tiempo deja de existir. Flores de camomila frescas y con las horas, las mismas flores guardadas en un cajón de madera. Manojos de hinojo silvestre. Hatillos de cola de caballo. Mucha primavera y deshielo, mucha frescura sin matices. Prados con perlas amarillas.

La superioridad está en la humildad. La inteligencia en la intensidad. La brillantez en el tesón. Kenjiro, Maggie y Eloi son así. El dominio nace de la observación. Si el vino es el espejo del alma de quien lo hace, la de Kenjiro está llena de esa luz que siempre buscamos y él ya ha encontrado. Está llena de sinceridad, de ecos de sabiduría y de silencios. Oír al vino después de tantos años de experiencias únicas: el viento fresco se divierte entre los pámpanos. La lluvia cae, goterones resbalan hacia el suelo. Los abejarucos suenan a silbatos llenos de arco iris. Las águilas penetran con sus chillidos y su frío observar. Pasos quedos y atentos entre cepas. mochila a cuestas.

El silencio del crecimiento. Rita. Las plantas de Kenjiro y tú empezáis a buscar el sol que os dará la vida rodeadas de canastos de mimosa y de hierbaluisa. Flores del limonero en el patio. Abrid los ojos que son la luz para regalarnos la vida nueva que fluye ya en vosotras.




29 de maig, 2016

Ponce, Reto 2014

La geometría de la belleza. La expresión adquiere dimensión y caracteres precisos cuando se está ante las viñas de los Ponce (bobal, moravia agria, albilla de la Manchuela...): de abuelos a padres, de padres a hijos, la precisión, la minuciosidad, el conocimiento necesario para hacer un trabajo bien hecho... todo se refleja en el marco de plantación y en la disposición de las vides en el campo: dónde, cómo, para hacer qué vino. Mucho que observar, mucho que aprender, mucho que disfrutar en las copas de Reto 2014. Hoy en El País Semanal
Juan Antonio Ponce

13 de maig, 2016

Nin-Ortiz, Planetes de Nin blanc 2014

La cariñena blanca de Ester Nin y Carles Ortiz surge de la profundidad de la tierra para enamorarse de la luz. Tiene la capacidad de mostrar cómo es la tierra del Priorat en forma de vino blanco. Quizá sea ésta su naturaleza perdida. Puedes leer la página completa (en línea) en El País Semanal de 6 de mayo de 2016.
Ester Nin

23 de gener, 2016

Vinos en voz baja

Vinos en voz baja Costumbres 2013 garnacha
Apenas les conozco (una hora de conversación intensa con Isabel Ruiz y Carlos Mazo), no he pisado sus viñedos (sólo he visto alguna foto, que sugiere mucho, pero sólo eso) y no conozco su bodega (aunque sepa que han empezado en 2012 como bodegueros de garaje y, ahora, de prestado todavía en casa de otros). Pero me atrevo a escribir sobre ellos y a hablar un poco de su manera de ver las cosas. Por supuesto, a describir también las sensaciones que algunos vinos suyos me han regalado. Por razones muy variadas que no vienen al caso de este post, la Rioja está de nuevo en primera plana. Digan lo que digan, la Rioja estaba languideciendo. No hablo ya de dormirse en los laureles porque supongo que las ventas y el nombre y prestigio (muy bien ganados) de la DOC me desmentirían. Hablo de apego a la tierra, hablo de cultivo respetuoso y lo menos intervencionista posible, hablo de preservar las características de cada terruño (sí, terruño, porque aunque no tenga tradición la palabra como sinónimo de "terroir" en castellano, "terruño" es la tierra natal de uno -según la RAE- y, por supuesto, la de las uvas también: la lengua evoluciona) en la botella y en la copa, hablo de conocer con nombres y apellidos viñedos, viticultores y vinicultores como protagonistas y, casi, demiurgos en el descubrimiento de una alma renovada en esta tierra de privilegio.

En pasado, sin duda. Languidecía. Porque hace ya unos años que unos pocos (no voy a cometer el error de poner edades ni adjetivos porque, aquí y por fortuna, algunas generaciones se mezclan) han empezado a andar otro camino. Respetuosos con su pasado (no siempre el más reciente), sensibles con el trabajo de quienes no maltrataron el viñedo con productos de síntesis, amantes de la recuperación de cepas viejas (también con variedades muy propias), conscientes de la necesidad de que la Rioja hable en la copa y en la botella de otra manera. Casi siempre sin hacer ruido, cierto, y en voz baja. Casi siempre, también, con vinos y actitudes que me hacen detener, girar la mirada y escuchar con profunda atención. Después, beber y pisar algunas tierras (las de Carlos e Isa todavía no...) y entender que en la Rioja (no hablo de zonas porque en todas ellas detecto este movimiento) están sucediendo cosas. Como hace bien poco describía Víctor de la Serna (en un tuit que precedía una cata de Rioja'n'Roll en Elmundovino), es "excitante y emocionante". Porque los que amamos sin paliativos ni matices la viña cultivada con los mínimos aderezos y su fruta sabemos que este movimiento es lento pero imparable, También en la Rioja.

No voy a dar hoy más nombres que los de Carlos e Isa, Vinos en voz baja, pero sólo tenéis que repasar posts, tuits e instagrams (míos y de unos pocos más, sensibles a cuanto se mueva alrededor de lo que Goode y Harrop vinieron en llamar "authentic wines") para saber de quiénes hablo. Vinos en voz baja es de Aldeanueva de Ebro y trabajan, pues, en la Rioja Baja. Digo yo que la coincidencia de adjetivos no es casual porque su actitud es exactamente esa: estamos en una zona dura, casi denostada o, por lo menos, poco querida y apreciada y vamos a recuperar el orgullo y la pasión de los nuestros para iluminar de forma renovada las variedades más significativas, la viura y la garnacha. Después llegarán otras, autóctonas de la zona. Viticultura sana, responsable, con el uso de la menor cantidad de insumos (sustancias ajenas a la naturaleza) posible, con la mínima y sólo la imprescindible intervención de la tecnología y con respeto hacia la energía que esta tierra quiere liberar de nuevo. Y a la chita callando. Escuchando mucho, mirando y, además, viendo, aprendiendo y avanzando poco a poco.

Vinos que son Costumbres en esta bodega errante y que quieren devolver al bebedor de hoy sensaciones de antaño. No hay mejor "prueba del algodón" para estos jóvenes que el que los mayores beban sus vinos y suelten un "caramba... esto me suena!!! Me recuerda los vinos de cuando era mozo!!!". No pocas veces he escuchado ya esta expresión en la Rioja y en otras partes de España. Entonces, los ojos de los jóvenes se iluminan y saben que van por el buen camino. El tiempo no pasa en balde y no todo tiene porqué ser igual (tampoco es ese el objetivo. Si lo fuera, harían arqueología/antropología del vino. Y no es eso...). Pero los sabores y las sensaciones, ahí están...De dos de los vinos "en voz baja" quiero decir cuatro palabras hoy. Del Costumbres 2013 blanco, 13,5%, monovarietal de viura, y del Costumbres 2014 tinto, garnacha de la que no sé el grado ni nada porque Carlos me dio una muestra previa a la comercialización. El primero tiene la madera muy medida aunque se nota... Tiempo en botella le falta pero sus virtudes ya asoman: la pureza y aromas del sabinar en el monte bajo. La flor de manzanilla en su momento culminante. La retama. Algo de mantequilla salada, Juncos y vegetación verde. Pan tostado. Viveza. El segundo me enamora, sin más. Recupera las sensaciones de la garnacha de tierras duras y secas que ofrece frescura y vida al vino gracias al uso sabio del raspón: raspón y garnacha, unión imbatible, natural. Algo de madera hay, por supuesto, pero el placer es inmediato, no necesita mucho reposo ni diálogo con la botella este vino. Fruta fresca y maquia (maquis, "macchia"). Alegrías de la casa. Picotas  ácidas. Pimienta roja. Pimiento rojo asado a la brasa. Bolas de ciprés. Tinta china roja. Ciruelas negras crujientes. Sabroso y redondo. Sencillo que no simple. Fresco y austero.

Carlos Mazo e Isabel Ruiz pertenecen a este grupo de gente riojana (aunque no todos nacidos en la Rioja) que vuelve a excitarnos y a conmovernos con sus vinos. Siempre los ha habido, por supuesto, para los que amamos el vino y respetamos esta tierra histórica, y de todos los estilos y características además. Pero ahora unos pocos saben distinto y su "canción" y manera de explicar las cosas es, también, distinta. Renovada y mínimamente intervencionista aunque con la vista bien puesta en el retrovisor. La Rioja, también la Rioja Baja, mola de nuevo. Mola mazo, si me permiten el juego de palabras. Y perdón...

15 de gener, 2016

Josmeyer Gewurztraminer, "Cuvée du Centenaire", Vieilles Vignes 1986

Josmeyer Gewurzt Cuvée du Cent. Vieilles Vignes 1986
Cuando bebí este vino pensé en dos personas a las que no he conocido personalmente pero a las que debo cosas importantes por motivos distintos.

La botella, monovarietal de Gewurztraminer hoy seco (13%) pero que en algún momento tuvo un punto de azúcar residual, es de la cosecha de 1986. Muy bien conservada, sin apenas merma de vino, corcho casi intacto, sin precipitaciones. Desde hace tiempo abro los vinos que me apetecen en el momento que me parece mejor. Con éste hice lo mismo: evolución en el color y ligera oxidación. No lo dudé: decanté y dejé reposar unas horas.

Olí, bebí, dejé que el vino penetrara en mí y vino la primera persona. Una persona a quien los que la conocieron han definido como "uno de los mejores catadores de la historia de Francia", "metódico", "científico", "concienzudo", "frío", "sacerdote del vino". Jules Chauvet. A mí, tanto como ésa parte de su personalidad, me atrae otra, la que le hizo escribir: "algunos vinos no solo tienen caracteres precisos, tienen también siluetas ideales. Pueden evocar las mañanas fragantes de primavera y los emotivos atardeceres de septiembre".

El vino olía a melancolía, a flores marchitas en la mesa de madera junto a la ventana (camomila, lavanda), al humus que el hayedo, sus hojas y las brumas de otoño cubren con delicada atención, a musgo fresco, todavía fresco a pesar de sus casi 30 años en la botella.

Con las horas y los días seguí bebiendo y pensé en la segunda persona. En 1986 llevaba ya 20 años en la bodega familiar y todas las decisiones importantes eran suyas. Quienes le conocieron, le definen como "poeta del vino" y "vinificador extraordinario". Jean Meyer. Tuvo dos visiones trascendentes que siempre me han admirado y que sigo disfrutando: sus botellas contenían obras de arte en su interior y también en su exterior (en las etiquetas desde 1987). Además, y en una tierra compleja para ello (aunque con su buena tradición ya), en Wintzenheim (Colmar, Alsacia), decidió hace más de 15 años conducir toda su propiedad a la biodinámica.

El vino es (con la sencillez y viveza de quien lo hizo lo escribo) un vino extraordinario, que mantiene intacta su  columna vertebral de acidez y se muestra como una infusión de naturaleza verde y uva madura, envuelta en nube de algodón de azúcar. Jengibre y canela. Membrillo maduro y espliego. Miel de azahar y brezo. Es un vino evocador, que combina todavía los aires nostálgicos del primer otoño con la sonrisa provocadora de una primavera alsaciana. Un vino de Jean Meyer que intento describir con el espíritu de Jules Chauvet. Ellos me sabrán perdonar.

20 de desembre, 2015

Laventura 2013

Laventura viura 2013 dos
Mi vida en el vino está hecha de mil casualidades, de encuentros que el azar facilita, de puertas que se abren sin tan siquiera haber soñado que existían... Como en ningún otro de los mundos que vivo en éste, en el del vino me dejo ir, estoy abierto a todo y permito que las cosas suceden porque ellas quieren. Así ha sido, de nuevo, con Laventura Wines. Durante las cosechas de 2010 y 2011 en el Priorat, yo ayudaba en lo que podía y me dejaban (más bien poco...) en Terroir al Límit. En esa época (dos añadas muy distintas pero las dos, a mi modo de ver, excepcionales), Dominik Huber, Eben Sadie y Jaume Sabater formaban un equipo compacto y muy complementario. Jaume era (y es) la sabiduría espontánea que surge del roce íntimo con la tierra prioratina. Dominik era (y es) una combinación muy difícil de encontrar: intuición y método aderezadas con pasión. Eben...Eben era (y es, estoy seguro, aunque haga ahora años que no le veo) la fuerza de la naturaleza, el espíritu libre, el alma del Swartland sudafricano, que había comprendido a fondo la Borgoña y quería, ahora, hacer una simbiosis de ambas en Torroja.

Eben era como el crisol en el que todos los Pucks de la tierra se convertían en hombre barbudo (durante la vendimia): hábil, simpático, listo, abierto, generoso. La tierra amable hecha hombre. Le acompañaban siempre algunos "stagiers" del Swartland como él, gente que (intuía yo) gozaban de una conexión única con la tierra. Gente que había crecido y corrido entre viñedos, gente que había estudiado y sabía qué se llevaba entre manos, gente, al final, que se dejaba llevar por su amor a los viñedos y trasladaba ese amor  y esa pasión a cualquier cosa que hicieran en la vida. Aprendí mucho viéndoles, sintiéndoles, admirándoles. Mi vida en el mundo del vino cambió en esas dos cosechas. Bryan Mac Robert era uno de esos "stagiers". Bryan parecía tímido y poco dado a la expansión hasta que veías cómo cambiaba su rostro mientras preparaba las brasas para la carne: un hombre de la tierra nacido para ella y que en ella se sentía como en ninguna otra parte.

Bryan dio vueltas por el mundo, salió y volvío al Swartland, siguió ayudando a Eben y con su ayuda, algunos vinos míticos de la Familia Sadie son lo que son hoy. Pero Bryan se enamoró de Clara. Y Clara es riojana hasta los tuétanos... Bryan volvió a España, se enamoró de la tierra de su mujer y decidió lanzarse a la aventura porque "quien no se aventura, no ha ventura". Laventura Wines es la aproximación al alma de la Rioja de Bryan y 2013, si no me equivoco, es su primera añada. Resultó que el padre de Clara es íntimo amigo de un amigo mío de Logroño. Resultó que este amigo mío es médico. Resultó que Bryan tenía que pasar por su consulta y que hablaron de vinos, claro (mi amigo es presidente de una importante bodega de la Rioja). Resultó que salió en la charla que Bryan había trabajado en el Priorat. Resultó que apareció mi nombre. Resultó que eso sucedía quince días antes de que yo diera una charla en Logroño. Resultó, claro, que Bryan estaba en la sala ese día con una sonrisa en el rostro y dos botellas de su nueva aventura en la mano. Y resultó que ese abrazo con él fue una de las alegrías de este año vínico mío, intenso como pocos.

Bryan está empezando a entender qué son viura y tempranillo, tarea nada fácil por la increíble riqueza y variedad de suelos, de maduraciones, de alturas y de rasgos genéticos distintos que un solo nombre (DOC Rioja) esconde y atesora. Está trabajando y seleccionando buenas piezas para dar la mejor uva a sus vinos. Lo hace como ha aprendido a hacerlo: con la mínima intervención posible (aunque no se declara nada de nada ni se pone adjetivo alguno) y la máxima compenetración y respeto al viñedo. No los he pisado todavía y poco puedo decir: sólo hablo de primera mano cuando veo el trabajo en el viñedo y en la bodega. Pero conozco a Bryan y he bebido ya sus dos primeros vinos. Un Laventura viura 2013 (monovarietal de 12%) y un Laventura tempranillo 2013 (monovarietal de 12,5%).  Algo puedo avanzar...

El blanco va a ser un vino que crecerá y crecerá en botella. Nota todavía mucho el vino el efecto de la fermentación en barrica y muestra el trabajo de orfebre, paladiano y artesano como pocos, clásico pero con claros guiños de renovación que hay en él. La fruta está algo escondida todavía pero los aromas de retama y camomila seca se apoderan del paladar. Es un vino fresco y limpio, preciso y ortogonal. Posee la parte ácida de la flor de la mimosa, las lías acompañan amables pero la aireación y el tiempo se hacen todavía necesarias. La piel del membrillo y la flor de almendro. Es un primer buen blanco pero cuando Bryan defina mejor viñedos y carácter de la viura, este vino crecerá. Mucho. Al tinto apenas se le nota la madera. Si la tiene, que supongo que sí, el traje ha encajado con mayor rapidez que en el blanco y le ha dado una capacidad de ligereza, de trago fácil y placentero que pocos pueden mostrar en la Rioja.  Es sencillo y austero en el primer trago, pero pronto salen picotas ácidas. Con las horas, la amabilidad, los taninos pequeños y pulidos y el traje a medida, perfecto, avanzan: es un vino fino, un vino grácil. De acceso mucho más inmediato que el blanco, el tempranillo marca (hoy) más el camino hacia el alma de la Rioja que la viura. En el corazón de Bryan está la respuesta: cuanto más íntimamente sienta esta tierra de privilegio, más se acercará a sus uvas y viñedos y mejor sabrá cómo llevarlas a la botella. No tengo la menor duda: este 2013 es ya la muestra de que está en el mejor camino posible.
Sin título

28 d’agost, 2015

Frisach La Foradada 2014

Frisach La Foradada 2014
En el mes de febrero pasado escribía sobre un vino que no tenía nombre. Lo probé en la bodega y me sorprendió como pocas garnachas blancas lo han hecho hasta ahora. Un vino hecho por Francesc Ferré (Celler Frisach, Corbera d'Ebre, DO Terra Alta) como un homenaje a la dureza del secarral, a la tierra arcillosa, calcárea y con sales de moro, llena de avellanos, olivos y cepas, que se puede trabajar y mimar como pocas porque se encuentra a un cuarto de hora del pueblo. De este viñedo del "cuarto de hora a pie", del "quart", sale la garnacha del vino que, ahora, ya tiene nombre: La Foradada, el sobrenombre de Corbera, que se abre complacida a través de los mil agujeros de sus ventanas. Una garnacha blanca en plenitud, de plantas que ya tienen más de veinte años y que se trabajan en ecológico, se abonan con compost hecho por Francesc. Cubierta vegetal espontánea, sobre los 425 msnm y con un régimen de brisas que tanto aporta frescura y humedad como fungicida natural.

Las uvas han entrado en la bodega para recibir el mismo trato que la tierra: el homenaje de Francesc incluye el máximo respeto y la mínima intervención. Que hable su garnacha blanca, que hable su tierra, que hable su pueblo. Un mosto que nace brisado y fermenta con esas pieles unos cuantos días en inox. Un vino que permanece con sus lías sin remover durante casi un año, un vino que no se filtra, que se estabiliza por el frío del invierno y que no recibe sulfitos añadidos. Un vino que ha reposado un poco en botella y sale ahora dispuesto a explicar con claridad a qué sabe la garnacha blanca de Corbera d'Ebre, hecha con la huella de las raíces que Francesc lleva impresas en su ADN.

La sensación es de plenitud, de redondez, de esfericidad y de energía, tanto cuando hueles como cuando bebes. Es un vino de una entidad que impresiona y hace presagiar una evolución de vértigo. La Foradada 2014 (13,5%) huele a almendras verdes y tiene un punto casi voluptuoso, terpénico, de las pieles. Huele a miel de romero, a hinojo silvestre, a campo de cereal recién recolectado. Huele a noche de estío en la era. Es hermoso, cálido y directo como el primer rayo de sol de la mañana. Te llena todo. Huele a girasoles, huele a camomila seca, huele a musgo y huele a pera y a menta limonera. Resina y flor de almendro. Huele a hollejos y a levadura de París. Huele a vida y a orígenes. Huele al camino de la finca del "quart", huele a Corbera y a Terra Alta, huele a garnacha blanca y huele a vida. En el campo.

19 de juliol, 2015

Radikon Ribolla 2007

Radikon ribolla 2007 dos
En los Radikon se unen varias tradiciones que hacen que sus vinos sean algo emblemático para mí, en especial su Ribolla. En primer lugar, la tradición campesino y vitícola del Collio y del Friuli, en el que se vienen haciendo vinos apreciados desde el siglo I a.C., por lo menos: la bodega y sus viñedos (12 Ha) están en Oslavia, municipio de Gorizia, en el corazón del Collio de las hermosas colinas. En segundo lugar, la uva. Los Radikon trabajan con otras variedades (chardonnay, pinot grigio, sauvignon blanc, merlot, jakot), pero la que hunde sus raíces en esa tradición centenaria es, sobre todo, la ribolla gialla (en italiano), también llamada rabiola, ribuele, rébula (en la parte eslovena del Collio: Brda)  y documentada históricamente desde el siglo XIII. Radikon siente este tipo de cosas, y hace sus vinos con sensibilidad hacia el pasado.

En tercer lugar, Radikon vinifica con atención y respeto hacia esos antepasados, que sabían del sabor discreto de ese mosto pero conocían también el valor del hollejo de la "rabiola", su carácter algo tánico pero fino, y su tendencia a la oxidación. ¿Cómo se trabajaba esta uva? Seguramente no se desraspaba y esa es la mayor innovación de Stanko Radikon. El resto ha sido siempre ir recuperando el modo de hacer antiguo, paso a paso y despacio, empezando por el campo, donde desde 1995 no usa ningún producto químico de síntesis, ni pesticidas ni herbicidas, nada que no sea natural. Y siguiendo por la bodega, donde la ribolla hace la fermentación con sus pieles en grandes fudres troncocónicos, Allí se queda, cuando ya es vino, con esos hollejos entre tres y cuatro meses. Cuando se descuba y se prensa, el vino vuelve a otros "botti" donde pasa un promedio de tres años, sin filtraciones ni estabilizaciones y, desde 2002, sin ningún añadido de sulfuroso.

Cuando el vino se embotella (el Ribolla en botellas de 50 cl) pasa todavía otro año en la bodega. Después, al mercado, que no siempre va a entender un vino de este tipo, quizá, si antes no sabe que tiene en la copa historia y tradición de un paisaje único, máxima naturalidad y respeto por la tierra y sus procesos (de hecho, la única acción "forzada" que reconoce Radikon son las trasiegas...) y sensibilidad y conocimiento de qué hacían los antepasados y por qué lo hacían. Tierra de arcilla muy compacta (ponca), colinas de orientación sur y sur-este, vientos únicos, frescas brisas y muy alta densidad de población de cepas. Uvas únicas de ribolla gialla, pues, para un vino y una manera de hacer hoy casi únicos: el color del sol del atardecer ventoso en una botella. Hollejos. Austeridad. Sequedad cartujana, profunda y silenciosa. Concentración. Piel del membrillo. Flor seca de la camomila antes de la infusión. Intensidad. Raíces. Arcilla roja en tus manos, ya seca. Nuez moscada. Manojo de tomillo seco en la cocina. El sol del membrillo, el atardecer de la vida, el renacimiento a una manera de sentir las cosas que fue nuestra y volverá a serlo gracias a vinos como éste y a actitudes como la de los Radikon.

05 de juliol, 2015

R. Bernabé, El Carro 2013

Viñedos Culturales El Carro 2013
Rafa Bernabé es una persona imprescindible en mi geografía sentimental del vino en España. Es un soñador, es un luchador, es un visionario, hace de todo y lo hace bien. Sobre todo: lo hace con el corazón... Pero, ¡ay! Sólo con el corazón no se hacen grandes vinos... Hace falta más, mucho más. Rafa lo busca, lo tiene, lo da y lo transmite en cada una de sus botellas de Viñedos Culturales. No es azaroso el adjetivo, jamás lo fue. Cultura de la tierra: cultivarla como se ha hecho siempre, con el máximo respeto y la mínima intervención. Cultura de la tierra: cultivarla de esta manera porque, al mismo tiempo, se cultiva uno como persona. Cultura de la tierra: trasladar a la botella y a la copa una uva, esa tierra, un paisaje, una manera de entenderlo, una añada y todas esas cosas del campo, de la bodega y de las personas que hacen que no haya dos añadas iguales. Parque natural de La Mata, en Torrevieja (Alicante): paisaje de devastación y de especulación urbanística que las viejas cepas que viven de la arena y de la laguna salada miran con impavidez. Rafa, Simón actúan como ellas. Hacen bien, la vida sigue gracias a ellos.

Dunas fósiles del Cuaternario, muy poca materia orgánica, mucho carbonato cálcico, 80% de arena. Cepas en vaso y pie franco de moscatel de Alejandría plantadas hace 30 años, cultivadas en aquello que los franceses llaman "lutte raisonée": lucha biológica. Uva del pago "El carro", vendimiada  en agosto (de las primeras de la península), pisada, macerada con sus pieles durante doce días con frío, prensada en prensa vertical de husillo, fermentada por sus propias levaduras en barricas de roble francés usado de 500L. Ha hecho la maloláctica espontánea parcial en las propias barricas.  Sin filtrar ni estabilizar, sin clarificar ni añadir sulfuroso en ningún momento del proceso. El reposo en botella de un año y medio le está sentando de maravilla. 12,5%. El vino evoluciona a mejor con la botella abierta por lo menos durante una semana. Me costó, lo confieso... Pero hice la prueba. Evoluciona y mejora simplemente recorchado.

Flor de azahar. Toma una mandarina del árbol, arráncala con suavidad, huele esa zona del "cordón umbilical" que la unía a la planta: así es este vino, una mezcla de rara finura vegetal con aromas cítricos penetrantes y de varia complejidad. Hierbabuena. Delicado en nariz, poderoso en el trago. Toda la frescura, todos esos cítricos, toda la salinidad concentrados en un suspiro: nariz y boca. Limoncelo. Pomelo rojo. Astringente. Detonante. Madera vieja al sol. Hinojo marino encurtido. Ese punto de la olivada con aceitunas verdes. Tiene su color, además. Almendras con sal, ligeramente fritas: la almendra, su sabor, bien vivo. No hace falta que lo diga: es uno de mis blancos preferidos. Me lleva, me transporta, me seduce, me refresca, me aclara conceptos, me despeja dudas y  me abre caminos. En su mejor momento ahora mismo, en plena y adelantada canícula, sobre los 9-10ºC. 13,6€.

26 d’abril, 2015

Espenyalluchs 2013 de Enric Soler

Espenyalluchs 2013 d'Enric Soler
Hace ya más de dos años estuve en los viñedos y la bodega, que es casa, que es bodega, de Enric Soler. Hace ya más de cinco años que tengo la misma sensación con Enric: una persona discreta, una persona muy preparada, una persona sabia, una persona con una idea clara de cómo tienen que ser sus vinos de xarel.lo (aunque otras variedades de la zona o muy bien adaptadas a ella están en camino...) que consigue, como pocas, llevar a la botella esa idea. Un profundo respeto siento, además, porque él es de los pocos (el otro grande sería Víctor de la Serna) que ha conseguido pasar al otro lado del espejo y sobrevivir: reputado y muy reconocido somelier, su gran pasión está en el viñedo antes que en los manteles y las copas. Y a la que tiene la oportunidad, se vuelca, sin hacer ruido, y empieza su Can Raspallet con Nun Vinya dels Taus, con Improvisació y, desde ya en el mercado, con su vi de la finca Espenyalluchs 2013. Todavía siento emoción cuando recuerdo una última botella de Nun Vinya dels Taus 2004 (su primera añada): sin más, un vino que confirma lo que ya se presagiaba, vinos inmortales se están preparando en esta bodega, que es casa, que es bodega.

Un caso único, además, precisamente por eso: tener tu cama encima de donde se hace tu vino. Tener tu vino junto a los viñedos (uno de los campos plantados justo después de la Guerra Civil, en el antiguo aeródromo militar del Penedès alrededor del Vesper de la Gloriosa, está a 500 m: fácil lo tuvieron los topos con tanto agujero ya hecho...) de donde salen tus uvas viejas de xarel.lo, hace que el conjunto acabe siendo singular de verdad. Son vinos, además, hechos en viñedos tratados en biodinámica, con uva despalillada 100%, vinificados con las levaduras del campo y de la bodega, con controles de temperatura pero en fermentaciones espontáneas, con un uso alterno de maderas de distintos años y de huevos de cemento. Único el caso, en fin, porque Enric Soler es de los viticultores que tiene claro dónde está el futuro: por mucha viña vieja que tenga, ésta acabará muriendo...Las faltas empiezan ya a notarse y hace tres años toma la decisión más valiente y arriesgada.

De su mejor viñedo, del que nace Nun decide hacer madera y prepararla para una futura plantación. Las mejores cepas de Nun, con más de 50 años de edad, son el futuro del trabajo de Enric, a través de sus "descendientes" plantados (en 2013 hizo tres años: 2011, pues) en la finca que el cadastro denomina "Espenyalluchs" (con esta ortografía prefabriana). A 300 msnm, hacia Guardiola de Font-rubí, en esa zona del Alt Penedès más fresca y abrupta, en una ladera de suave pero firme pendiente sobre suelos de arcilla y cal con abundante y superficial sedimento marino, planta Enric una Ha de la madera de Nun. Es el vértigo de la planificación meditada de un viñedo desde cero en una tierra que, él lo sabe, lleva más de veinte años reposando. Es la emoción de saber que aquella vieja sabiduría de sus abuelos, en forma de energía, uvas, trabajo, cepas y vino, va a sobrevivir en un viñedo nuevo. Espenyalluchs 2013, 13%, la primera vendimia de esa Ha puesta al mercado, plantas de tres años tan sólo...

Porque... ¿para qué sirve el DNA de las plantas? Es decir,  ¿dónde reside la memoria de los seres vivos? Algún científico te dirá, sin dudarlo, que en su DNA. Yo, que no soy más que un bebedor que tiene la suerte de contar con amigos como Enric, puedo afirmar: la memoria (con toda la carga emocional y vital que esta palabra conlleva) de las cepas de Nun se ha transmitido, vive y prosigue en las de Espenyalluchs. De otra manera no puedo entender cómo cepas de tres años ofrecen, ya ahora, un vino tan destacado como este Espenyalluchs 2013: el trabajo se ha hecho muy bien, la plantación y su orientación son muy meditadas, las plantas están subiendo a la perfección, el terreno (más adecuado todavía que el del llano del campo de aviación) empieza a mandar señales positivas a la uva. Y el xarel.lo responde y nos dice "aquí estoy". Vértigo y emoción al entender en qué consiste realmente la parte de inmortalidad que afecta a un viñedo: ¿el abuelo de Enric ha muerto? ¡No! ¿El vino que Enric tiene en la cabeza nos sobrevivirá? ¡Sí!

Es cierto que se trata de un vino todavía "en construcción" (uvas de tres años...), pero la historia que se esconde tras esta botella, el vino que su interior nos regala ya, me parecen preciosos: citronela y hierbaluisa. Frescura que viene de lejos. Cepas nuevas de madera vieja: la memoria que vuelve.  Tiene cuerpo y volumen en boca y, al mismo tiempo, es un vino que corre ligero. Recuerdos de jengibre y de limón recién cogido. Ajedrea y la hierba aplanada en el viñedo. Levaduras y madera muy bien puestas. Todavía le falta estructura si aguantas el vino en el paladar. Pero al tiempo...hoy es ya un vino de placer. Transmite calidez tanto como frescura. Sabiduría y tesón. Audacia y paciencia. Eneldo y recuerdo salino. Frescura que lleva a los vinos blancos de las Corberas. Honestidad. Terruño e ideas claras. Vino de luz. Vino que completa un ciclo y una historia. Enric Soler devuelve a la tierra lo que la tierra dio a sus antepasados. Y nos ofrece el don de esta botella para que lo comprobemos.

18 d’abril, 2015

Vodopivec Vitovska 2009

Vodopivec Vitovska 2009
La vitovska (así, en femenino, la llaman los italoeslovenos) es una de las variedades más características y ancestrales del Carso triestino junto con la malvasia istriana. Es una uva que nace en la tierra y se adapta a sus características como el viento del bora cubre las colinas. Tierra seca, tierra árida, tierra de cascajos, calcárea y cercana al mar, tierra de uvas y vinos blancos únicos,  tanto en la parte italiana como en la eslovena (Brda). La vitovska ofrece unos racimos que son metáfora de una pirámide invertida: su dios es la tierra, su vértice la señala, pertinaz. Sus hollejos son verdes y gruesos y su ciclo de maduración es bastante precoz.

Creo que era un error que la mayor parte de vinificaciones de vitovska se hicieran en acero. Se atendía a su condición de uva temprana y de vino ligero y fácil y se perdía, en consecuencia, la oportunidad de que expresara su relación profunda con la tierra y el viento. Paolo Vodopivec dice que el Carso es la tierra de la verdad: áspera, hostil, difícil, auténtica. Vodopivec ha sabido observar y reconocer, interpretar y embotellar Carso con una sensibilidad especial. Tierra de piedra y viento (el bora), de naturaleza fuerte y vigorosa, de energía y de recogimiento, habla a través de la protección que las pieles dan a su mosto. Y Paolo las utiliza con sabiduría para que otorguen a su vino un carácter único, que es el del lugar donde nacen. Pieles y mosto reposan juntas en vasijas de barro enterradas en el suelo de la bodega entre cinco y siete meses, a temperatura ambiente constante. Uno de los elementos más naturales (el barro) asiste, cómplice, a la simbiosis que nos devolverá al cabo de los años el espíritu de lo que sucedió en el viñedo.

Después, sin filtraciones ni estabilizaciones, pasa el vino otros dos años en grandes botas de roble viejo, junto al viñedo. Paolo Vodopivec da a cada vino el tiempo que necesita para crecer y poder salir del vientre de la tierra. Sin prisas y buscando lo más sencillo, que es, por supuesto, lo más complejo: una expresión lo más natural posible de lo que uno ve y siente, huele y nota en las colinas del Carso  (Colludrozza/Koludrovca, sus viñedos, 10 mil plantas por Ha...). Es la elección de quien decide vivir en contacto con la naturaleza, atento a sus ritmos, sin forzar nada y con la sabiduría necesaria para esperar siempre el momento adecuado. El vino reposa en botellas otro año y el resultado es, sin más, algo que todos deberíamos poder beber y sentir algún día. 12,5% y abierto una hora antes.

Musgo. Madurez. Arcilla. Pan de cereales. Levaduras. Imponente. Desafiante. Sabores nuevos. Excitante. Ahumados con enebro: esa mezcla única de mar, sal, especias y hierbas aromáticas en un pescado graso recién pescado y marinado. Granos de mostaza. Miel de castaño. Vino de umbría, acidez de la Savoya en un vino del Carso. Guisantes en flor. Verdura fresca. Sabor de campo en un anochecer de verano. Fermentación poderosa. Levaduras enérgicas. Kamut. Casi velo en flor. Resina. Hollejos presentes. Aguja de pino en el suelo tras la lluvia. Piñas abiertas en ese suelo. Trementina. Corteza de naranja. La energía de una tierra en tu cabeza, en tu cuerpo. Cera y abejas. Própolis. Laurel. La sequedad, la pureza, la rusticidad en la copa. Al mismo tiempo, la elegancia y educación de quien sabe escuchar la tierra y llevarla a una botella. Un vino antiguo, un vino digno, un vino sabio. Un viticultor que representa la esencia de Cicerón: la agricultura es un oficio de gente sabia. Tres días con un vino único dan para una vida.

El vino es el espejo de la naturaleza y el Carso que está fuera, se reencuentra en esta botella. Es lo que más me emociona, lo que siempre deseo encontrar en una botella. Diría más, en éste y en algún otro caso: el vino es, también, el espejo del alma de quien lo hace. Sensibilidad, atención, discreción, tiempo, artesanía, sabiduría para dar pasos en el buen camino y llegar al corazón de la emoción que nos ofrece un vino hecho así. Leer las páginas de un viñedo es leer el libro de la sabiduría antigua que ha escrito la propia tierra. Beber y sentir un vino así es leer y aprender en el libro de la naturaleza, que es el libro de la vida.

28 de març, 2015

Restaké 2012 par Yoyo vigneronne

Restaké 2012
1,5 Ha en cultivo ecológico sobre pendientes de esquisto en el corazón de Banyuls. La bodega de Yoyo trabaja desde 2005 pero dedica los dos primero años de su actividad sólo a la tierra. Producción y vinificación, a partir del tercer año. En el campo se trabaja sólo a mano, se siguen los ciclos de la luna y no se usan productos químicos de ningún tipo. (Esta información procede de su página web: no he estado jamás en sus viñedos). Las cepas con las que se hace Restaké 2012 viven sobre esquisto negro pizarroso, laminado,  con abundante carbón. Hierro, azufre, pirita en un ambiente reductor del suelo (es lo que se encuentra en el esquisto negro pizarroso) alimentan las uvas de garnacha gris de este vino.  Es un vino de mesa de 13,5% cuyo mosto no ha sido trabajado con las pieles. La uva entra en la bodega y es prensada directamente con aquello que viene del campo y con las levaduras que encuentra por el camino. La fermentación alcohólica sucede en depósitos de acero inoxidable, donde permanece hasta la primavera siguiente, con sus lías pero sin bâtonnage alguno. El vino pasa entonces a barricas de madera usada (que no dejan impacto alguno en sus aromas ni sabor: no en marzo de 2015, por lo menos), donde pasa otros seis-siete meses en reposo absoluto.

Se embotella sin estabilizar ni filtrar y el vino termina de hacerse en su botella durante otro año. En Vitis Vinífera 2015 fue uno de los que más me impresionó: la garnacha gris me tiene el corazón robado desde hace tiempo, tanto en ensamblaje como en monovarietal. Puede que la de Yoyo sea una de las que más me haya gustado: un vino para la reflexión (la mía, por lo menos...), con aromas intensos pero delicados que no proceden de brisado alguno ni de trabajo prefermentativo con las pieles, sino del trabajo concienzudo con el suelo de Banyuls y de la aclimatación de la garnacha gris a él. Es un vino fresco,  con cierta corpulencia (viñedo de orientación norte), de uvas vendimiadas a finales de agosto, con aromas de lavanda algo seca, de escamas de jabón de Marsella, de manzanilla e hinojo, de tomillo y orégano. La madera le ha dado volumen y entidad en boca, pero su nariz es la del campo y la del mosto, la del mineral y la de la fruta. Es un vino que tiene matices en nariz y un largo, sápido y redondo recorrido en boca. Su tacto es sedoso, casi de mano de talco. 

14 de març, 2015

Las raíces de Jerez y de Montilla

Navazos-Niepoort vino blanco 2011
Esta semana he tenido una oportunidad única. En apenas cuatro días, he podido beber dos vinos que describen, dibujan, buscan y nos explican las raíces de una misma historia desde perspectivas distintas. La historia de dos vinos del 2011 que nos dice cómo fueron y cómo son las raíces de los vinos no fortificados en el Marco de Jerez y en Montilla-Moriles. Porque en el principio no fue el encabezado, o no sólo el encabezado. Desde el siglo XVIII por lo menos, tenemos documentado que la práctica del encabezado convivía en Sanlúcar de Barrameda, con la factura de vinos blancos: vinos de listanes (palomino fino) que se hacían con los mejores mostos de los pagos blancos de albariza y se criaban (sin alcoholes añadidos) buscando los efectos benéficos de la ingestión del velo en flor. La página web del Equipo Navazos lo explica a la perfección y la voluntad de sus creadores, en este caso con la colaboración del maestro Niepoort, es la de proponernos esa recreación de las raíces de Jerez y Sanlúcar en el siglo XVIII, con este Navazos-Niepoort vino blanco 2011.

Mosto de palomino fino de pago histórico sanluqueño en albariza que sólo ha conocido la fermentación en bota con las levaduras del viñedo y de la bodega, y la crianza con la levadura en flor durante nueve meses.  Ni más ni menos. Embotellado en 2012 a 12,5% (no hay, pues, otra cosa que mosto hecho vino gracias a la sucesión de levaduras y a la culminación de la faena con la saccaromyches cereuisiae, la "levadura flor") y reposado, afinado, meditado, evolucionado (en mi caso) durante tres años más. Este 2011 se muestra ya como un estilete, como un fino aguijón de sal, que atraviesa campos de flor seca de camomila y matas de hierbabuena (qué frescura...) antes de penetrar en tu paladar. Brisa de talco, raíces de albariza. Madera vieja noble, Recuerdo de setas secas rehidratadas. Se nota el trabajo fascinante de la botella: es, ahora mismo, un vino más fino, más pulido, brillante y vibrante.

José Miguel Márquez, en Marenas Viñedo y Bodegas, propone un ejercicio muy parecido pero desde una experiencia distinta. A mi modo de ver, claro. El proceso de Jose no es tanto el de la documentación historiográfica, cuanto el de la reflexión personal a partir de lo que él ha conocido en su tierra. Viñedos en Montilla y uva Pedro Ximénez que pasó, casi siempre, por el mismo tipo de proceso que el palomino fino. Jose, a la búsqueda de la memoria perdida de los viticultores que le precedieron, puso también en varias botas su cosecha de 2011. Dos de ellas, las nn.2 y 3, han pasado dos años con el PX bajo velo en flor, en la oscuridad y ligera humedad de su bodega subterránea. El vino se ha hecho solo, libre. Jose ha ido observando y aprendiendo, probando hasta decidir que en 2014 vaciaba las botas y embotellaba ese vino blanco  a 14%, sin traza alguna de alcohol añadido. Como también hizo Equipo Nazavos, Márquez ha querido embotellar memoria y tradición, raíces y PX  bajo flor.

Ni más ni menos: de nuevo, la recuperación del mismo tipo de vino pero en Montilla. Por supuesto, aquello que más destaca en el PX bajo velo 2011 de Marenas es el mayor tiempo que el mosto, después vino de PX, ha pasado en contacto con la levadura flor. La mutación de la levadura en dos años, sus fases de reposo, reproducción, mutaciones genéticas siempre en las mismas dos botas, nos ofrecen un tesoro único: un paisaje de opulencia, de exuberancia, de generosidad en un vino de oro que, como ya sucedió con el primero, ganará con años de botella. Si las encontramos... Ahora sabe a levadura, sabe a pan recién horneado tomado al fresco del amanecer (también es un vino fresco) con ese chorretón de buen aceite, sabe a brisa atlántica embotellada pasada por el tamiz de las tardes de agosto en la albariza montillana. Sabe a matorrales de la sierra y sabe a mieles.

Ambos vinos saben a tradición, saben a raíces recuperadas, saben a su tierra y al sudor de sus gentes, saben a sabiduría popular. Son vinos emocionantes, vinos para combinar con mil platos distintos (aperitivos encurtidos, pescados, pastas, algunos arroces, un montón de quesos...) pero que tomados solos ofrecen su perfil más auténtico: el beneficio de la reflexión de aquello que fue, en nuestros cuerpos y mentes, hoy. Un privilegio del que todos debieran poder gozar.
Marenas PX bajo velo 2011

28 de febrer, 2015

Frisach: un vino sin nombre, todavía

Al fondo a la derecha GB
La mano que muestra la cerámica de la foto inferior es la de un niño, hace más o menos 20 años. Hoy, esa mano pertenece a un joven de 27 años, Francesc Ferré, de Celler Frisach (DO Terra Alta). El amor sincero y desmesurado (como tienen que ser todas las cosas que se hacen sin medias tintas) por su tierra sigue en el corazón y en la cabeza de Francesc. Y cuando te cuenta las cosas de sus viñedos y la historia de su pueblo, Corbera d'Ebre, todo se mezcla, porque todo es uno. La historia de su familia, el empeño de su padre por mantener viva la tierra. La historia que no hizo más que dejar metralla en esos campos de la Guerra Civil española. Metralla y sangre. Ni la una ni la otra se olvidan, siguen vivas porque quienes viven allí quieren mantener el recuerdo de sus raíces. Que también son íberas y romanas y visigóticas, que son medievales y que llegan, hoy, a mostrar un paisaje que fue tan de paso como de establecimiento. La gente vivió y vive de la tierra y de quienes la usaban para moverse.

Y el paisaje se mantuvo fiel a sus formas y a los cultivos básicos de la dureza y del secarral, avellanos, olivos y cepas. Como muestra la foto superior: la finca "del quart", por el cuarto de hora que se necesita para ir a pie del pueblo al viñedo. Sobre los 425 msnm, en suelo arcillocalcáreo con una enorme riqueza en fosfatos cristalizados (sal de moro), las cepas de garnacha blanca de 20 años (ya en su madurez como plantas), que se entreven en la franja superior derecha de la foto, reciben el cuidado de alguien que se siente y sabe payés, no empresario. "Si la tratas bien, la tierra es generosa". Y con esta garnacha blanca, la tierra se porta de maravilla: en ecológico, sin cobre y con las mínimas pasadas de azufre, abonada con compost que el propio Francesc fabrica, con cubierta vegetal espontánea, la relación con el mar, el sol y los vientos es la mejor posible. Orientación este-oeste, el cierzo y el garbí aportan frescura y fungicida natural. El resto lo ponen el sol y el respeto por la tradición de las garnachas blancas en esta tierra.

El vino del que escribo no tiene todavía nombre, pero saldrá pronto. He tenido la suerte de beberlo dos veces y lo doy ya por esbelto, adolescente preparado y con muchas ganas de mostrar hasta dónde puede llegar. Uva 100% garnacha blanca de esta finca "del quart" que ha fermentado con las pieles hasta que Francesc cree que ya puede ser prensada (a una densidad cercana a lo que será el vino). Vino brisado, pues, que pasa a inox y finaliza su evolución en él en contacto con las lías pero sin removidos. No hay más: de allí a la botella. Sin filtrar, sin estabilizar, sin sulfitar. Tierra y clima de la garnacha blanca de Corbera d'Ebre en 2014 sin otros matices que la pureza del proceso y la generosidad que la cepa y la uva bien tratadas hayan querido dar al vino. Que han sido muchos...La sensación es de plenitud, de energía y de empuje, tanto cuando hueles como cuando bebes. Almendras y nueces verdes. Brotes tiernos de grosella negra ("bourgeon de cassis"). Levadura de París. Agujas de pino. Resina. Flor del almendro. Arcilla mojada. Hinojo salvaje. Un punto casi voluptuoso y carnoso: terpénico. Miel de romero. A la búsqueda de sus orígenes y en el camino de saber qué puede dar cada uno de sus viñedos, creo que Francesc ha encontrado ya a su primer "mirlo blanco".
La mano de Francesc de celler Frisac

08 de febrer, 2015

Masia Carreras 2012 (blanco)

Cepas paraMasia Carreras blanc
En Ardèche (Francia), donde hoy sigue haciéndose excelente vino, se encontró un fósil de hoja de vid del plioceno (5,3 millones de años...). No era uinifera (era preuinifera Saportensis), pero ahí estaba la vid salvaje de la que, tras las glaciaciones, se desarrollaría la trepadora. Con sus frutos seguimos sintiendo hoy a qué saben la tierra, sus colores y sabores. La sierra de las Alberas (Alt Empordà, DO Empordà) es una tierra de tránsito natural norte-sur, y de población, por lo menos desde el Neolítico medio (3500 años a.C.). Lo es porque, en esa zona, los Pirineos son más accesibles y amables que en cualquier otra de la cordillera: allí es donde se relajan, se abandonan y se dejan acariciar por los aires y los colores del mar cercano. Por esos montes, valles y ríos, siempre ha viajado gente. Otros se han establecido y han sembrado, cultivado, recolectado, pastoreado. Fijaos en los árboles que hay al fondo a la derecha del viñedo que protagoniza este post: en esa mínima elevación de arenisca y pizarra desmoronada se encuentra una tumba. No es anónima porque alguien escribió el nombre de quien reposa en ella hace más de 1200 años...pero lo hizo sobre el mismo tipo de piedra que hoy, de manera pobre y discreta, elegante, alimenta las cepas de las que nace Masia Carreras blanco.

Escribir sobre arenisca para honrar a un muerto tiene un problema: la letra se borra con los siglos, la lluvia y la vida tras la muerte, casi siempre a la intemperie. Tiene ventajas también. Quienes ahora viven del lugar saben que están en un buen sitio. Aunque quizá "sólo" (como si fuera poco...) sean conscientes de esa bondad desde el siglo XIV (unos 600 años después de la sepultura), Masia Carreras y los Fabra saben bien dónde están y cuál es la tradición que hay que respetar. La que habla de la más vieja Europa dedicada al cultivo de la vid (de Ardèche a Cádiz) y a la elaboración de vino. La que planta y respeta las cepas viejas y las cuida con atención benedictina. La que entiende qué necesita ese suelo pobre y qué puede dar en una botella el cupaje que nace de un viñedo de más de 70 años. La que es sensible a las variedadades que mejor se han adaptado a esa tierra, vinieran de donde vinieran: cariñena blanca y tinta, garnacha blanca y gris, picapoll blanco. Nada que se desviara mucho de ese camino (norte a suroeste) de tránsitos comerciales y religiosos tan bien dibujado por los milenios.

Esta familia, este viñedo, este vino me emocionan porque sintetizan como pocos la historia de una tierra y la tradición plurisecular de un campo, unos cuerpos y unos espíritus que han encontrado en las cepas y el vino su razón de ser y sus raíces. Y todo en una copa, en una botella, en un vino (14%) que hay que comprar y beber ahora, por supuesto. Pero porque se agota en un suspiro...Comprad y bebed pero guardad un poco. Este es uno de los grandes blancos del país y la botella no hará otra cosa que hacerle crecer. Tiene una acidez espectacular. Me imagino un cesto de mimbre con hierbas recogidas justo cuando la primavera revienta, algo ya secas cuando las huelo: hierba luisa, retama y lavanda. Tomillo y laurel. Frescura y granito. Textura de la madera todavía en el vino: es un vino tierno. Intensidad y seriedad. Profundidad y matices.  Miel de azahar. Polinización: las abejas zumban y el campo explota. Después, paz y reposo. Viento y perfiles discretos. Un punto de salinidad. Complejidad. La tramontana se entabla y ofrece el perfil único de esta tierra: transparencia y luz. Texturas de viento y sol, aromas de historia. Vale lo que vale (sin duda, muy poco para lo que da: sobre los 15€), pero este vino, por todo lo que representa, no tiene precio.
Masia Carreras Blanc 2012

25 de gener, 2015

Pedra de Guix 2011: fiesta y placer

Pedra de Guix 2011
Mañana es el cumpleaños de mi madre. Mujer imprevisible donde las haya, abierta y directa, sólo me pidió una cosa: que propusiera vinos que sirvieran para todo...para entrantes con pescado, para platos principales con pescado y carne, para un postre con chocolate (su pastel): la única precisión que tenía. Le gusta de veras cocinar y mucho de lo que sé lo he aprendido en años de ver y de comer con ella, con su madre y con mi abuela paterna. Pero hoy, que ha sido cuando nos hemos encontrado para celebrarlo, hoy...lo único que le apetecía era estar con y para nosotros. Y pensó que cocinar se lo impediría. Para gran sorpresa nuestra, se ha descolgado con los cocineros "pret-à-tout" de Pamboli, Jordi Llobet y Sergi Costa. Reputados profesionales que ejercen su arte de los fogones en Mont Sant Benet y en la Fundació Alícia, reparten también horas y talento en cocinas particulares. Juro (y no lo hago nunca) que ha sido un espectáculo emocionante ver, cómo con la complicidad de mi madre y de Joan, su esposo, preparaban, cocinaban, remataban emplataban, servían explicaban, recogían...Una gozada de alto nivel que nos ha dejado a todos con la sonrisa en los labios, el estómago reconfortado y la sensación de haber vivido una experiencia única.

Por el hecho de ser un cumpleaños que mi madre quería celebrar de manera especial y porque ha sido la primera vez en que he podido ver cómo unos grandes profesionales trabajaban con la sonrisa en la boca en cocinas que de profesionales no tienen nada...Experiencia única. Habrá sido casualidad, pero Baco estuvo hoy conmigo...y sin saber en absoluto de qué iba el menú, los platos y los vinos han ido desfilando con una sintonía notable de aromas y sabores. De todo lo comido y bebido, a pesar de los pesares, una combinación ha destacado para mi gusto por encima de las demás. Una crema de boletus suave y delicada, con tropezones de gamba de cuerpo entero, jamón ibérico crujiente y setas shimeji ha triunfado con una de las 300 botellas magnum de Pedra de Guix 2011 de Terroir al Límit (DOQ Priorat). Me gusta beber vino de los amigos en las ocasiones importantes... Y este es, para mí (en 2011), uno de los grandes blancos de la DOQ: 1/3 de Pedro Ximénez de El Lloar, 1/3 de garnacha blanca de Poboleda y 1/3 de macabeo de Torroja, con uvas sin despalillar y muy suavemente pisadas, que serán prensadas (vertical, de madera) con rapidez y sutileza para terminar su fermentación y su educación (durante casi 24 meses) en fudres. 13% de alcohol. Me gusta beberlo fresco, no frío: esencia del mejor Priorat. Romero, hinojo silvestre, miel, aceitunas arbequinas, almazara, sol y sal. Acidez y cuerpo. Agilidad y presencia. Con los minutos, auténtico buqué garni y, por encima de todo, laurel y hierbabuena.

Sutil mineralidad que ha acompañado de maravilla el bocado de shimeji; discreta salinidad que ha sintonizado con el cuerpo prieto de la gamba; aromas de sotobosque que han hecho su buen guiño al boletus. Y la amabilidad de la crema que ha hecho intuir un suave atardecer en el Priorat de octubre, con el recuerdo del sol sobre la piel sedosa del membrillo. Qué fiesta la de la buena compañía (presentes y ausentes), qué placer el de la buena gastronomía. Qué mujer y qué ideas, las de mi madre: per molts anys poguem celebrar el teu aniversari!
Crema de ceps

18 de gener, 2015

Forjas del Salnés Cos Pés 2012

Cos Pés 2012
Tengo una amistad de hace años con Rodri Méndez. No es extraño porque Rodri tiene esa magnetismo, ese atractivo especial: por donde pasa, hace amigos.  Los que hemos tenido la suerte de estar en su casa, además, y de gozar en su tierra de su proverbial, soberbia, veterotestamentaria, homérica hospitalidad, sabemos que va mucho más allá de los vinos. A Rodri se llega por Forjas del Salnés y sus vinos: él me ha abierto como nadie el camino de los tintos gallegos y el de los albariños de vieja guarda (Doña Lola...). Y, como veremos en un momento, sigue mostrando nuevas (viejas, de hecho) maneras.... A Rodri se llega a través de alguno de sus múltiples amigos (aunque no sea de los que piensa "tú eres amigo de mis amigos, pues también eres amigo mío"...no, no...Rodri elige, con discreción y gracia, pero elige...), por ejemplo, Mariano. Él me invitó por primera vez al jurado de los mejores vinos de España por debajo de 10 € (después han venido muchos, però él fue el primero...) y allí le conocí, en el viejo establecimiento de Bagos: no se me borra su imagen en esa cena, cargado de centollas cercanas a las bateas que conoce tan bien y de botellas de su primer, delicado, fragante, inolvidable pinot noir.

A él se llega, sin más, por su extraordinario carácter, por su bonhomía, por su espíritu abierto y por su manera de compartir todo. Tampoco se me olvida cómo trató a mi hijo pequeño en una época en la que tuvo que viajar más de una vez a Galicia, invitándole a cenar, animándole en los partidos que jugaba en Marín (con sus hijos vestidos con la camiseta del Barça!!!), llevando cajas de Leirana a toda una expedición deportiva a pie de autocar...Por tantas cosas, una persona imprescindible. Por supuesto, y ya no digo más porque esto (si no recuerdo mal!) es un blog de vinos y sus comidas, no olvido el día en que me puso delante la primera botella de Cos Pés 2012... Era en Cambados y con esa mirada tan suya que se mueve entre la sorna, la complicidad, la sonrisa y la expectación, me abre (sin etiquetar, ni siquiera embotellado: era una muestra...) la botella, sirve y se queda mirando fijamente...En ese momento era casi un albariño brisado (un caso único) con una fuerza y una energía enormes, aunque dominaban los hollejos sobre el resto de matices que la botella le ha ido dando.

Ahí está la cosa. Este Cos Pés 2012, con 12,5%, pisado con los pies (por supuesto), fermentado y criado con las pastas durante un año, fuera de cualquier atisbo de ortodoxia de la DO, reposado y con casi dos años ya de botella, no hace más que crecer y confirmar que se trata de uno de los grandes blancos de este país. Vino atlántico del norte, sí, con dos pares de narices y sin DO y con todas las virtudes que recordaba de los vinos viejos de Doña Lola, y unas cuantas cosas más: melisa, hierbabuena. La ría en otoño en tu paladar: sol y sal tamizados por el atardecer de poniente. Manzanas maduras pero crujientes, miel de azahar. Corre ágil por el paladar como el elfo por el bosque cuando cae la hoja. Manantial del corazón de la tierra. Flor de guisantes en primavera. Sutil y delicado, fresco y muy largo. Aromas suaves de hollejo, tan agradables que parecen terpénicos. Es un vino de gran calidad que acompañó de maravilla una lubina salvaje al horno: carácter con carácter se entienden. Tres días abierto, entero, perfecto y creciendo: musgo, helecho, líquenes, el corazón del bosque hace miles de años. Membrillo, recia acidez, largos años por delante todavía. Es un vino amable y seductor, como quien lo ha hecho, como la tierra en la que nace y se hace. Por 17€ da muchísimo más de lo que cuesta...
Pere i els fills de Rodri Méndez a Marin 31.5.12

17 de desembre, 2014

Táganan blanco/white 2013

Táganan blanco 2013
El Teide soñó un día que quería ser el Etna. Flor de manzanilla. Pedernal. Sapidez y madurez. En el corazón del volcán dormido: fuego antiguo y humedad latente. Aromas a tierra y a grava, a basalto y a magma. Perturba la intensidad susurrante de este vino. Sequedad y poder. El Teide soñó un día que quería ser el Etna pero pronto cayó en la cuenta de que no le hacía falta: ¡poesía otros poderes!...mayor concentración, mayor competencia, menor memoria y raíces echadas en la conciencia del volcán y no en una tradición de miles de años. Retama. Pan prieto, pan antiguo: levaduras en pan de kamut (Trade Mark) y de centeno. Pan ácido, pan con sal. (A ratos, casi parece un vino hecho por Pierre Overnoy cuando era más joven). Posgusto exquisito y amargo, largo, intenso pero con volares de elfo: corre con ligereza y precisión. Zumo de pomelo. Yesca y pedernal infinitos, siempre ahí. Vino de tierra profunda, vino de raíces, vino sin concesiones. Vino de una tierra, no de unas u otras uvas. Vino de una sensibilidad. Táganan blanco 2013: el sueño de un volcán que está despertando y se está convirtiendo en realidad. Un vino a un precio ridículo para lo que es, para lo que representa: ni más ni menos que el despertar de la conciencia de personas y cepas junto al volcán...

11 de desembre, 2014

Wine & People:Wine & Fun:Drink & Enjoy

Wineandpeople es una plataforma que facilita el encuentro entre personas que buscan compartir buenas botellas y mejores momentos. Monvínic es mi lugar de vinos de referencia, uno de los mejores del mundo. El pasado día 3 de diciembre tuve la suerte de poder compartir con unos cuantos amigos la presentación de Wineandpeople en Monvínic. La combinación fue mágica y las personas que vinieron, pusieron el resto. Me pidieron que eligiera las botellas que me apetecieran de entre una selección hecha por Fernando Angulo, qué privilegio... Y que las contara a mi manera. Eso hice. Lo pasé de primera y creo que los que me acompañaron no lo pasaron mal. Aunque en ese momento di mucha información sobre cada bodega y vino, centré mi atención en las personas. Ellas son las que, con su actitud, con su punto de vista y con sus gustos, interpretan al viñedo y lo convierten en material sensible que puede ser olido y bebido en una copa. Las personas. Ellas hablan de sus vinos tanto como los propios vinos. Intenté entrar en su corazón y en sus vinos a través de una foto. Así fue.
Pierre Clavel a punto de vendimiar
Domaine Clavel. Coteaux du Languedoc. Les Garrigues 2011. 60% syrah, 8% carinyena, 32% garnatxa. 14%. El antihéroe, el hombre con alma y sonrisa permanentes, el hombre hecho a si mismo y que ha sabido superar todas las dificultades, sonríe como su vino, es fresco y ágil pero con carácter. Tiene una nariz poderosa, de laurel y romero, de tomillo y, casi, de buqué garni, de aceitunas negras muertas y de aguja de pino en el suelo. Es un vino alegre y redondo, sencillo pero con una personalidad que no decae. Pasa como si nada...Un vino muy de su tierra, con frescura de arcilla roja y aires de hormigón.
Valérie Frison de Marne
Demarne-Frison NV (pero es 2011) Goustan BN. 100% Pinot noir. 12,5%. Degollado en noviembre de 2013. En esta época, Thierry de Marne y Valérie Frison hacían este champagne juntos. No sé qué es de quién en él, pero en el retrato de Valérie (desde 2015 estén ustedes muy atentos a la etiqueta Val'Frison!) veo algunas cosas que me gustan. Veo alegría y un perfil claro, veo también carácter y naturalidad. Veo estructura y agilidad. Goustan 2011 es un vino estructurado y sápido, con buena tanicidad y el perfil mineral de la tierra de cal y sedimentos marinos tanto como el de la fruta negra que lo integra. Un champagne vinoso y de muchas posibilidades de combinación. Con perfume de zarzamora y de violetas, íntegro y poderoso  tanto como fino en su evolución. Un vino que llena todo con persistencia e interés.
Françoise Bedel en su viñedo
Françoise Bedel, Dis, “Vin secret” NV, pero mayoritario de 2005. 80% Meunier, 15% Chardonnay, 5% Pinot noir. 12%. Degollado en diciembre de 2012. Françoise Bedel es una mujer discreta y firme, de profundas convicciones nacidas de crisis personales. Sabe qué hace y por qué lo hace. Con delicadeza y determinación. Su cuvée Dis, "vin secret"  de 2005 es un vino delicado. Hay que acertar con el día y las horas de descanso de la botella abierta (ella lo decanta, nosotros no lo hicimos...) pero es un vino fino. A pesar del poder del meunier dominante, la añada, el reposo y el largo degüelle ofrecen un perfil de finura, de manzana reineta madura, de ralladura de piel de limón, de galletas de mantequilla con ese limón. Tiene una burbuja delicada. Un vino que entra con suavidad y que no para de decirte cosas.
Laval, Vincent
Georges Laval, Cumières premier cru BN NV, pero 2011 (90%) y 2010 (10%). Chardonnay 50%, Pinot noir 30%, Meunier 20%. 12%. Degollado el 7 de abril de 2014. Vincent Laval es un hombre de la tierra. Cayó dentro de la "marmita" del champagne y la barrica de pequeño y ahí se ha quedado. Austero y firme en sus convicciones, sutil y delicado en su trabajo en el viñedo y en bodega. Serio pero con la complicidad a flor de piel. De todos los bebidos ese día, quizá sea este Cumières el que se muestra más tierno y, casi, todavía por ensamblar en botella. Los meses de barrica por separado, el degüelle reciente, hacen que el trabajo en botella se sienta, todavía, necesario. Con las horas, el vino acaba revelando la pureza de su terroir, su alma clásica, la belleza del equilibrio (que ya se intuye) entre las variedades y el ligero, persistente, dominio de las tintas.
David Leclapart bebiendo
David Léclapart, L’amateur NV pero es cosecha 2010. Blanc de Blancs pas dosé. 12,5%. Degollado en mayo de 2014. Léclapart es otra persona de convicciones, un alma sensible y con espíritu de artista tanto como de artesano. Su Amateur muestra esa sensibilidad puesta al servicio de la expresión radical de la tierra de sus cepas. Aromas de hinojo silvestre, aires de caliza, recuerdos de hierbaluisa,  acompañan a una boca llena de energía  y de fuerza. Es un vino que agradece las horas de botella abierta y en copa. Con ellas, acaba mostrando el perfil más íntimo y fresco de un chardonnay que nació, casi, con alma de tinto.
Joan veremant Arbossar 2013
Terroir al Límit, Roc d’Aubaga 2013, DOQ Priorat. 60% garnatxa blanca, 30% garnatxa negra, 10% garnatxa gris. 13%. Es el regalo de un amigo, Dominik Huber, que me permite hacer el vino que tengo en la cabeza en el Priorat. Viñedos en La Morera, orientados al norte en tierra de arcilla fresca y franca, de cantos rodados y sedimentos marinos. Un vino que sólo busca fruta y volumen en boca, aunque empiece con una reducción que pide a gritos una decantación. La fruta llega con el tiempo. No hablo por mí, faltaría más. Intento transcribir lo que escuché alrededor de la mesa. Emociona por su color. Cuesta entrar en él por esa reducción evidente. Recompensa con las horas por la intensa, sin filtros, carga frutal que esconde. Frambuesa (caramelo de palo Kojak), jarabe de fresas, zarzamora (con el recuerdo vivo de la vegetación) y frescura. En boca, se eleva y se hincha como un globo de garnachas, llena todo y acaba dando momentos de satisfacción a quienes tuvieron paciencia con él en la copa. Los meses van mostrando que, sin pretenderlo, hice un clarete de guarda...

El Bolli en la Mahina
Alba Viticultores, Alba sobre tabla 2013/2. Palomino fino de los pagos de Mahina y Miraflores, en Sanlúcar de Barrameda. 11,2%. La imagen es del Bolli. Él encarna el espíritu de la gran aventura de Alba Viticultores, con Fernando Angulo como ideólogo. La dignidad de la tierra pertenece a quien sabe escucharla. Las personas le dan lo mejor, la tierra lo agradece. Aunque haya otras personas que se emperren en hacer el mal y en acabar con esa vinculación personal, Alba Viticultores lucha por devolver la dignidad del trabajo, del esfuerzo a los viticultores de talento natural y fruta única, como el Bolli. Hablamos de la tierra albariza, hablamos de la expresión sin filtros ni máscaras del palomino fino con apenas un paso ligero por barrica sanluqueña muy vieja (manzanillera ella), de generoso velo en flor (la número 2 de 2013). Sal y cal. Hollejos y tierra. Levaduras y pan. Alegría de una buena idea y de un trabajo bien hecho. Frescura y alimento. Dignidad que viene del reconocimiento.

Los siete vinos evolucionaron positivamente a lo largo de las cinco horas en que convivimos con ellos. Descansan ahora en paz en nuestros corazones y forman ya parte de los cuerpos que han de volver a la tierra de la que salieron las uvas. Sensación de plenitud y de que, en ocasiones como ésta, el círculo se completa.