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05 d’abril, 2009
Semana Santa: mis "pasos"
11 d’abril, 2008
IEC # 9: armonías
Olaf ha tenido la buena idea, en su convocatoria de IEC #9 Maridajes, de provocar la imaginación de los participantes a la búsqueda de nuevas proporciones, maridajes, armonías. De todas las posibles definiciones del concepto, yo me quedo con la palabra griega y con ésta: "3. f. Conveniente proporción y correspondencia de unas cosas con otras." Tentado estuve de proponer una proporción que me ronda en la cabeza entre las formas de una escultura y las de un vino, pero se cruzó en mi camino una armonía inesperada y no tuve dudas. Para IEC # 9 ésta era la que me apetecía proponer. La otra, que espere su turno.
La que hoy propongo no es mérito mío y los parroquianos en Chiclana de Bodega Sanatorio (Manuel Aragón, S.L.) sabrán bien de qué les hablo. Para mí fue novedad absoluta y me llegó al corazón del paladar en pocos segundos. La propusieron, aún sin saberlo, Diego y Chano Aragón en la cata que hicimos en su bodega y es una de las habituales, junto con otras chazinas, buenas aceitunas y almendras, en su repertorio: ellos sacan, para acompañar a su fino Granero las mejores morcilla y butifarra chiclaneras (foto superior). Para quien no esté avezado al tema, hay que decir que, de siempre, Chiclana ha sido famosa por sus derivados del cerdo, por sus carnes y por sus verduras (ahí está la extraordinaria Berza de Resurección como muestra) y yo, que del cerdo bebo hasta sus andares y no había probado jamás estos embutidos, me quedé literalmente encantado.
Las mejores carnes, sus grasas, sus especias, embutidas y cocidas en tripa limpia, con o sin sangre, curadas y cortadas a rodajas sin freir, dan como resultado un embutido finísimo, delicado, en que sobresale la limpieza del sabor de la carne y la delicadeza y casi dulzor del combinado de especias que acompaña, con el comino y la sutil pimienta de aliados. Tuve la ventaja de que la variedad de vinos de crianza biológica y oxidativa de los Aragón seguía en la mesa mientras íbamos tomando el embutido. Y amigos, con el fino y el fino amontillado la cosa estaba rica, sin duda, pero cuando uní, en casi áurea proporción en mi paladar, la butifarra de Chiclana con el oloroso de la muestra del tonel (que comercializan con el nombre de Oloroso Tío Alejandro), la armonía echó casi chispas: la ligera untuosidad de este oloroso, el buen pero no excesivo grosor en boca, iban acompañados de un carácter ligeramente abocado que se complementaba a la perfección con la finura y dulzor de la butifarra. Dos dulzores que corrían casi en paralelo pero acababan cruzándose en un instante mágico en que uno, el del oloroso, potenciaba y realzaba en boca al otro, el del embutido. Dos finuras, además, la de la palomino tratada con mimo en soleras de muchos años, y la de la carne del cerdo chiclanero, que armonizaban a la perfección y se ofrecían, la una a la otra, nuevas, desconocidas (¡para mí!) y muy convenientes proporciones. ¿Chiclana pura en vías de extinción? Chiclana pura que hay que reencontrar, preservar, reconocer y potenciar.
04 d’abril, 2008
Camarón en la Venta de Vargas
La Venta de Vargas (en la plaza de Juan Vargas, s/n, telf. 956881622) es uno de los restaurantes más tradicionales de San Fernando. Trabajan sólo productos de la tierra, de Chiclana, de Estero, de Sanlúcar, de La Isla, de Cádiz...El lugar es conocido por el disco de Camarón, por supuesto, pero a mí me gustaría destacar que se trabaja allí desde 1924 y que merece la pena echar un ratillo, bien en la barra, bien en las mesas, para disfrutar lo que me parecieron a mí sus dos productos estrella: las tortillitas de camarones y el tocino de cielo. Había berza también, pero quedó ya para otra ocasión. Sobre las primeras, y habiendo dejado ya atrás la harina de garbanzo, destacaría su textura sabrosa y el buen camarón de la Isla que llevan, aunque quizás les sobre un poco de aceite. Del segundo, que es el postre estrella de mi cuerpo, nada puedo decir: mirad la fotografía, que habla por sí sola. El mejor tocino de cielo que he probado jamás en Andalucía. Y habré comido...
02 d’abril, 2008
La Bota de Amontillado
En esta ocasión, y a la vuelta del viaje al Marco de Jerez, una de mis botellas de la serie La Bota de..., la n.9, me estaba llamando a gritos. Había probado amontillados muy interesantes, pero de perfiles bien distintos (Coliseo, por una parte, de Valdespino, en Jerez, pero sanluqueño; El Neto, por la otra, de Bodega Sanatorio, chiclanero: ambos de muestras de bota), y me había desayunado con la trágica muerte de una joven cocinera, Judith Oliveras. Tocaba rehacer mi mapa emocional y mi pacto con el destino y nada mejor para ello que una comida sencilla pero con ingredientes de primera clase. Este amontillado (en este caso, manzanilla que ha abandonado ya la frontera de la crianza biológica para adentrarse en las profundidades de la oxidativa) ha sido seleccionado por Navazos en la bodega de crianza de Sánchez Ayala y embotellado en octubre de 2007 (¡1400 botellas!). La bodega se encuentra en el barrio de La Balsa de Sanlúcar, zona ganada al río en su tramo final en terrenos de cultivo trabajados durante años para aprovechar la humedad del subsuelo del estuario (terreno de navazos). Con 20ºC y una solera de muchos años, conviene abrir la botella unas horas antes de la primera copa, si es posible conviene no terminar la botella y dejar que se vaya expandiendo a lo largo de unas semanas en la fresquera. Se puede empezar a tomar sobre los 13-14ºC pero es recomendable dejar que suba de temperatura en copa, para ir notando su evolución. Como suelo hacer sólo con los vinos excepcionales, transcribo directamente mis notas, sin más:
"Capa baja, filtra la luz dándole una tonalidad verde ambarina, caoba joven poco tostada. Leve acetaldehído en nariz, cumpliéndose lo anunciado: abro la botella dos horas antes de la degustación primera (la botella evolucionará, lo sé) y el comedor se impregna de aroma de bodega sanluqueña. Muy poderoso y penetrante en nariz. Salino pero templado al mismo tiempo, calor de poniente. Almendras saladas, un mínimo toque amielado, avellanas ligeramente tostadas. Untuoso en copa y en boca pero, al mismo tiempo, de leve perfil acerado, fino. Envuelve, se alarga tras el primer trago: el mar, la oscuridad de la bodega, la aceituna, la madera vieja en el aire de la bodega, se apoderan por larguísimos minutos de tu boca. Con un poco de temperatura, dirías que asoman cáscaras de naranja amarga." Hasta aquí mis notas. Es un vino enorme, que hay que probar alguna vez, que hay que disfrutar bien solo, bien con un pescado de raza y carnes prietas, sabroso pero que no quite protagonismo al vino (¡cosa difícil, por otra parte!). En mi caso, fue el bejel ("lluerna" en catalán, Trigla Lucerna) que mira curioso a vuestra derecha. Una pieza enorme con la que hicimos (espinas y cabeza) un sabroso caldo de pescado (fumet), estilo Carme Ruscalleda, que acabó en sopa de pescado con fideos y arroz. Y el bejel, de la forma más simple posible: horno a 200ºC, sal, un mínimo de pimienta, aceite, laurel, un chorretón de limón y a la mesa. Resultado espectacular: qué grandes son estos Navazos y cuánto saben. No os privéis de probar este vino, por favor: en Coalla Gourmet lo ofrecen por 31,90 euros. Es una inversión que beneficiará a vuestro cuerpo y alegrará vuestro espíritu a lo largo de intensos y largos momentos.Postscriptum. Tras esta primera nota, la botella sigue por supuesto bien viva y evolucionando su contenido, precioso y bien protegido. El vino se está volviendo más redondo, se abre más y su paso es cada vez más amable y, casi, de guante de terciopelo. Van ganando, aunque poco, peso los matices cítricos y los frutos secos (algo de almendra amarga, quizás) y se va atemperando su salinidad.
28 de març, 2008
En Medina Sidonia, el convento "de arriba"
Medina Sidonia era una de mis asignaturas pendientes en Cádiz. Nos acercamos a ella un soleado día de marzo, transparente, frío, brillante (casi como el de la foto), trepamos por sus cuestas, nos maravillamos con su alcazar, con los restos del castillo en lo alto del monte, con sus extraordinarias vistas a los cuatro vientos, con su universo de pájaros. Gozamos de su mercado de abastos, de su ayuntamiento, de sus iglesias y calles enrejadas y casi sin buscarlo, topamos de golpe, casi en lo más alto, con un convento...
"En Cuaresma y Semana Santa, sólo se atiende el torno", rezaba un letrero. Avisados como estábamos de la riqueza de la pastelería de Medina Sidonia y aún sin haber identificado el sitio al que entrábamos, nos dirigimos rápidamente al torno. Allí esperaba una persona que trabaja para el convento y le preguntamos. "Nunca se sabe...si han hecho dulces, se los venderán...", contestó a nuestra pregunta. Sonó la campana y tras interminables minutos de espera (ya se sabe: el tiempo en clausura no es el mismo que fuera de ella), se oyó una dulce voz, "¿Tienen algo de dulces, hermana?", le pregunté. Y por respuesta, la callada, unos segundos más, tras los cuales gira el torno y reaparece su interior abarrotado de dulces presentes. La hermana informa "son tortas pardas y rosquillas". Pienso "si pudiera, la besaba". Nos lo quedamos todo, dejamos un buen donativo para que las hermanas sigan rezando y trabajando para todos nosotros, y marchamos la mar de satisfechos con nuestro "botín".
En el convento de Jesús, María y José, el convento de "arriba" de Medina Sidonia (calle de la Misericordia), de las Agustinas Recoletas, se vive y reza en clausura desde 1687 y desde que el dulce es dulce en la capital del ducado, dos son los manjares que destacan y brillan más que el sol: el alfajor y la torta parda. Ésta, de la que nos llevamos una buena provisión, da fama al convento y a la ciudad. Hecha con pasta de almendras, se rellena con cabello de ángel y la masa se recubre de nuevo con almendra y azúcar. El cabello endulza y suaviza, engalana la almendra, y para un goloso como yo, el resultado es de fiesta mayor. De vuelta a casa, y tomada la pasta con una buena copa de Ariyanas, el placer está garantizado. Ya sabéis, si pasáis por Medina Sidonia, para arriba y sin pereza...

Foto de "Ventana asidonense" By Miguel Roa
26 de març, 2008
Bodega Sanatorio en Chiclana
Chiclana de la Frontera es conocida en los últimos años por el turismo de playa; por sus mastodónticos hoteles convertidos en metáfora de la anticiudad; por los rebaños de turistas hiperbóreos, sanísimos, haciendo deporte desmedido; por los campos de golf antinaturales, que han convertido marismas y caños en real anécdota, y etc. Yo no voy a criticar eso porque da de comer a mucha gente, pero sí voy a decir que ese tipo de crecimiento ha sido desmedido en Cádiz (¡y en tantos lugares de las costas españolas!), descontrolado y se ha comido, en el camino, a otra Chiclana que existía y era conocida y apreciada por muchísima gente, en la zona y fuera de ella.La foto de la playa de Chiclana By MeLicA.
24 de març, 2008
De toneles y pijotas
21 de març, 2008
Pasos y armonías
Dicho de otra forma, ¿con que vino digeriría yo las emociones vividas ante la visión de un paso como éste? Muchas vueltas le he dado y mucho ha pesado en mí, en positivo por supuesto, la muy reciente visita a Valdespino (en Jerez, de la mano de Eduardo Ojeda, de la que escribiré pronto). Mi respuesta es: una botella de Amontillado Coliseo. Por supuesto, tratándose de la COLECCIÓN, con mayúsculas, de Valdespino, se trata de un vino único. Nacido de soleras centenarias, este vino generoso de 22ºC catado a pie de tonel, ofrece sensaciones tan únicas como las de Dolorosa: un color ambar subido, casi de caoba recién bruñida, pero con matices de yodo y ese reflejo mínimo de verdor que presentan todos los vinos de palomino que han envejecido muchos años en bodega y que están en una fase evolutiva importante. Aromas de barniz de inmediato, de cola de carpintero y de pegamento, aires de lentitud y de parsimonia en copa, de meditación, se alteran ante la finura del cítrico, ante el recuerdo de las nueces y ante un fondo de licor de abadía. De pronto, la saeta rompe el silencio del paso, en la bodega: una entrada en boca poderosa, casi afilada, con poder, con alcohol asombra por su carácter amable, por su persistencia, por su final interminable. Llega, lo ves, te emociona su andar vivo, pero al mismo tiempo de cadencia amable y lenta, y no quieres que se marche. El amontillado Coliseo es, sin duda, un vino para la meditación y para saborear, de puertas para adentro, las emociones vividas en el exterior.16 de març, 2008
Cádiz

Días de descanso entre el Marco de Jerez y la Bahía de Cádiz. Tierra de privilegio, tierra de ensueño para quien ama el buen comer y el mejor beber. Momento llegará para comentar alguna de las cosas que hayamos podido hacer. Hoy quiero concentrarme en la ciudad de Cádiz. Tarde de vigilia, tarde de preparativos para las primeras procesiones de Domingo de Ramos. Tarde de agradable temperatura, de cálida luz y de cielo deslumbrante. Cádiz me atrae por variedad de cosas, pero las que más son tres y dos de ellas las recoge esta sobrecogedora fotografía de bitacora1967: la calidez de su luz y de su cielo en los tránsitos de estación (de invierno a primavera y de otoño a invierno) es una de ellas. Su catedral, trasunto hispano que transita de Bramante a Borromini, es la segunda. Parece levitar cuando la baña la luz de poniente: hoy hemos entrado en ella a las cinco de la tarde y la calidez que filtraban los rosetones, la atmósfera que creaba, nos ha conmocionado por su belleza. La tercera son sus plazas. Cádiz vibra en sus plazas, la vida surge de las callejuelas del casco histórico y explota en ellas, con la misma alegría que las burbujas desbordan la copa: la plaza de las Flores, la de la Candelaria, la de San Francisco, la de San Antonio, la de la Catedral, y mi preferida, la del Mentidero (uno que es frívolo "colecciona" "plazas" triangulares que ha ido conociendo con los años...). Cádiz revienta bajos los naranjos en flor y los mirlos en cortejo. Cádiz: hay que vivirla. No os la perdáis.
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