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16 de febrer, 2012

Postre en Quimet&Quimet

Esto que sigue es un buen ejemplo de por qué sigue existiendo este blog y, además, un perfil de contenido distinto para Twitter (todos los ríos, por lo demás, van a parar a la mar, que se llama feisbuc). Suelo escribir demasiado y los 140 caracteres, comidos ya de entrada por el peso de la foto que uno ponga, se quedan en nada. El fogonazo, con todo, era más propio del momento, de móvil y de Twitter. Pero quería decir cuatro cosas más. Por ejemplo, que ayer me perdí, a la hora de la comida, en el Raval de Barcelona. Nada del otro jueves: el paisaje urbano y humano han cambiado tanto que me sentía como en cualquier gran ciudad del mundo, con miles de emigrantes intentando ganarse la vida en ella. Anécdotas y espectáculo: de todo tipo y variado. Comí una deliciosa empanadilla de carne uruguaya y me supo a nada. Seguí y de pronto me encontré con la calle de las Carretes. ¡Caramba! (pensé) mi destino me ha puesto en la senda de Lo de Flor sin buscarlo. Hubiera traicionado a mis compañeros de viaje futuro (nos hemos confabulado Vincent y Fredi para hacer la katábasis juntos), pero estaba dispuesto a todo. Fiasco: sillas encima de las mesas apuntaban a un cielo que todavía no se ha abierto para mí: "a partir de las seis..."
Postre en Quimet&Quimet BCN
Carretes para abajo, Sant Pau del Camp y como quien no quiere la cosa, salté el Rubicón (avinguda Paral.lel) para sumergirme en los placeres del Poble Sec. Mi cerebro empezó a salivar. La empanada uruguaya estaba ya quién sabe dónde...y tras darle dos vueltas, fui directo a uno de los clásicos de mi vida, al bar donde se sigue sirviendo la mejor y más imaginativa comida fría de Barcelona: Quimet&Quimet, en C/ Poeta Cabanyes, 25. Siguen en plena forma, inventando montaditos y tapas y con una buena carta de vinos en las paredes y de botellas por copas (ahí menos, pero suficientes como para que el cliente avezado pueda jugar un poco y Quim aconsejar con libertad. Por lo demás, cambian con frecuencia). Me monté un festival de tomate en conserva: un montadito de sardinas ahumadas con base de tomate; otro de erizo y un tercero, sublime (el mejor), de bacalao con olivada sobre fondo tomatero. Con un cava rosado de Llopart, la cosa funcionó de maravilla. Pero el "escándalo" llegó con los postres. No estaba en la carta, pero Quim me dijo que tenía plum cake casero. Yo le había echado el ojo al Robert Weil Spätlese 2004 que estaba en copas. Y pensé que sería una buena combinación. Pero la cosa superó todas las expectativas: el platillo llegó acompañado de un queso de pasta blanda y castaña en almibar. Ya lo decía nuestro padre intelectual, que es el que da nombre a este queso: "Un postre sin queso es como una bella dama a la que le falte un ojo". Pues eso, un delicioso, en su punto de madurez, corteza algo dura, interior entero pero que se deshace en la boca, punto dulzón, Brillat-Savarin se aliaba con una castaña que revelaba su alma salvaje, menos dulce de lo que uno suele esperar. A su lado, el plum cake, con las pasas y algo de naranja formaban una trilogía digna de un renacido Capitolio. El águila de Robert Weil, con un Spätlese 2004 que es uno de mis preferidos, no hizo más que ensalzar y dar profundidad y calidez al conjunto. Salí al calor del sol de invierno en las laderas de Montjuïc y agradecí a los dioses que me permitan vivir en una ciudad donde locales como Quimet&Quimet siguen siendo posibles y necesarios.

19 de gener, 2012

Sixteen candles

Georges Vernay Le pied de Samson 2009
Éste va a ser un post de pocas palabras. American Graffiti: genial unión de Lucas y Coppola para retratar el tránsito de la adolescencia a la madurez en una sola noche de 1962. Me gustan los rituales de tránsito y me da igual el formato en que me los sirvan: novela, poesía, música, film... Sixteen candles, en su versión original de 1958 por The Crests, es una de las canciones emblemáticas de la película. Mi hijo pequeño cumple 16 años. Le veo y pienso en John Milner. Veo retazos de ese rebelde aunque sé que terminará mejor. Me veo y pienso en Wolfman Jack, un lobo solitario que disfruta en la oscuridad.
16 candles
Mi hijo no bebe (que yo sepa...), pero decido abrir un par de botellas y darnos un homenaje. Wolfman Jack se lo pasa tan bien cuando elige su música como cuando la pincha en la radio. Georges Vernay, Le pied de Samson 2009. Vin de pays des Collines Rhodaniennes. Viognier con cuerpo y trabajo de lías.  12,5%. Una de las referencias de Condrieu. Heno. Agua fresca. Miel de tomillo. Flor de manzanilla. Vino profundo, de tierra adentro. Corteza. Brezo. Recuerdo de mínimo carbónico en boca. Con unos spaghetti al nero di sepia fuimos felices. Basserman-Jordan, Muskateller Auslese 2007. 8,5%. Uno de los moscateles de mi vida, referencia en el Palatinado. Qué más puede pedir un amante de la moscatel: frescor hiperbóreo para una uva que ama el sol y lo busca con el anhelo del explorador. Sirope de mandarina. Lemon curd. Dulce etéreo. Ligero, ágil. Caramelo de lima-limón. Balsámico de mentuccia. Flor de azahar. Con las horas gana en frescor y en perfil, cada vez es más limpio. Qué bien bailó con los restos de un panetone. Mi hijo olvidará pronto su 16 cumpleaños. Yo, en cambio, no pierdo ocasión de beber vinos que serán semilla de recuerdo en mi futuro.
Basserman Jordan Muskateller Auslese 2007

01 de gener, 2012

Si ayer era sábado, existe la perspectiva razonable de que hoy sea domingo

Cleopatra con Astérix y Obélix
Y si ayer publicaba, porque era sábado, mi post 899, existe la razonable posibilidad de que éste de hoy sea mi post 900, porque es domingo. Me acuerdo de uno de mis álbumes preferidos de Astérix y Obélix, Astérix y Cleopatra: "14 litros de tinta china, 30 pinceles, 62 lápices de mina blanda, 1 lápiz de mina dura, 27 gomas de borrar, 38 kilos de papel, 16 cintas de máquina de escribir, 2 máquinas de escribir y 67 litros de cerveza han sido necesarios para la realización de esta aventura". Y me acuerdo de él porque el divertido guiño de Goscinny y Uderzo a las grandes y épicas producciones de peplum de Hollywwod (el álbum es de 1965 y Ben Hur del 1959; Espartaco, del 1960...), me hacen pensar en lo que los amateurs, que seguimos escribiendo en nuestros blogs de vinos, hacemos desde hace años: no menos de 5 años y medio de trabajo; 899 posts; más de 10.000 comentarios contestados; más de 20.000 lectores mensuales de  promedio de los cinco continentes (con gran predominio de Europa, América del Norte y del Sur y Asia) y más de 1000 botellas bebidas han sido necesarias para llegar a este post 900.

¿Será que ayer fue sábado y hoy es domingo? Es una explicación razonable. Y aunque me pregunto con demasiado frecuencia por qué lo sigo haciendo, la habitual falta de respuesta me produce desasosiego, y entonces me concentro en el cómo y en el cuándo. Porque hoy es domingo, el Señor descansó. Porque ayer fue sábado 31 de diciembre, hoy es domingo 1 de enero. Porque hoy es 1 de enero de 2012 y nunca más volverá  a ser 1 de enero de 2012, me he concentrado en el cuándo y en el cómo. Lo mejor de este fuego de trincheras cruzadas en que se han convertido mis "vacaciones" navideñas: la selección de salmones ahumados de Carpier, natural, con alga nori y con eneldo. Compramos los troncos y hacemos nosotros los tacos. Con un poco de rúcula como único acompañamiento y un vino extraordinario, que casa a la perfección con el mejor ahumado que se hace en España, el Génesis y el reposo dominical que Dios se tomó (hace más de cinco mil años), cobran una dimensión inusitada. Porque ayer era sábado y Dios creó a hombre y mujer a su imagen y semejanza. Porque hoy es domingo y la tierra, aún sin labrar ni haber llovido, se muestra feraz, miro de nuevo al Sarre y saco de mi nevera uno de los grandes Kabinett de 2010, el Scharzhofberger Kabinett 2010 de Egon Müller. Con poco azúcar residual y un carbónico que envuelve y arrastra la untuosidad del salmón salvaje noruego (9,5%), es un vino de una verticalidad y una acidez desorbitantes. Frescor por completo jovial, suave envoltura, guante de cal, caramelo de limón con corazón de petazeta. Dios se sentó, porque era domingo, y contempló su creación.

Hombre y mujer retozando al Oriente, entre el Tigris y el Eufrates. La tierra virgen alrededor. Las estrellas que brillan con fuerza primigenia en el cielo para un solo ojo, que es el de todos. Me imagino a Dios tomando con su diestra una copa de este delicioso Kabinett, mientras saborea con placer homérico (acabarían siendo casi colegas...) un delicado taco de salmón con eneldo. Porque era y es domingo y todos merecemos el mejor de los descansos posibles.
Surtido de salmones Carpier

20 de desembre, 2011

Egon Müller Scharzhof 2010

Egon Müller Scharzhof 2010
El Sarre (en alemán Saar) es el afluente del Mosela que más alegrías da a los amantes de la uva riesling. Por dos razones fundamentales: Egon Müller y Geltz Zilliken (alguno también nombraría a Van Volxem). Müller representa la gran tradición, asentada en uno de los mejores viñedos: Scharzhofberg (en el pueblo de Wiltingen). Zilliken representa la revalorización de un viñedo algo olvidado, el de Rausch (Saarburg, pero en el lado occidental del río). De Müller hay que beber todo. De Zilliken, también, pero sobre todo (en mi humilde opinión) su Kabinett, una de las mayores expresiones de este tipo de vinificación de la riesling (su 2009 es enorme). La añada 2010 levanta pasiones en Alemania, tanto en positivo como en negativo y creo que una buena manera de empezar a beberla es con uno de los mejores básicos que se han hecho en ella. El Scharzhof 2010 de Egon Müller es el primer peldaño en los vinos de la casa. Alguien podría llamar a este vino "genérico", pero creo que cometería un error. Más sencillo: es lo que Müller mismo define como "la puerta de entrada" a sus vinos. Sus uvas proceden de una variedad de viñedos (en Saarburg, Oberemmel, Wawern y, en Wiltingen, Braunfels y Kupp) con lo que aquí no ha lugar el concepto de "terroir" concreto y sí el de características del vino de la zona. En sus momentos más mozos (¡estos!) el vino muestra un buen equilibrio entre un ligero dulzor, una buena mineralidad y una acidez muy refrescante.

Con 10% de alcohol y una temperatura de servicio sobre los 8ºC-10ºC (para dejar que suba hasta los 12ºC), el corcho muestra ligero poso de cristal de bitartrato potásico, que en nada afecta ni a la calidad ni al sabor del vino. Éste tiene un primer aire de ligera turbidez y de claro carbónico. Es un vino que se irá aposentando con los años y que, aunque se pueda beber desde ya con gran placer, no hará más que crecer en botella en los próximos cinco. Es chispeante casi, pero con gracia y armonía, Tiene la frescura y el aroma de la hierbaluisa y de la citronela. Agua del Sarre, se me ocurre escribir. Eau de Saar, vaya, porque es un vino de suave perfume (corteza de limón), goloso como el lemon curd. Fresco como un manantial de Elfos. Carne de membrillo con poco azúcar. Vino fugaz, lábil, que se escurre entre los labios pero deja el poso del gran arte efímero. Realmente terso y vibrante. Uno de los grandes Scharzhof de Müller que haya probado yo. Lo compré en Wein&Umami por 18€ (más IVA). (Ya puestos: si a alguno de Ustedes les interesa realmente la uva riesling -mi caso es el de un enamoramiento fuera de control-, no se pierdan, por favor, los Spätlese y Auslese 2010 de Egon Müller.)

04 de juliol, 2011

¿Equilibrio?: dulzor y frescor

Haag Brauneberger Juffer Sonnenuhr Spaetlese 2008
Una pasión ya añeja en mi cuerpo: los riesling. Un descubrimiento más reciente: la pastelería japonesa. Un reto constante: cómo combinar el segundo con los vinos, en general . Una botella de uno de los mejores pagos de Fritz Haag (Mosel, la bodega del año que está ahora cosechando años de trabajo bien hecho), el de Juffer Sonnenuhr en el pueblo de Brauneberg. Cepas de 80 años miran al sur sobre suelos de pizarra desmoronada. En mis notas de un descompensado 2008, Haag se lleva la palma en varios aspectos, quizás el que más en este Spätlese, aunque su Trocken básico no está nada mal. El Spätlese está pasando, ahora mismo, por una fase más modesta que cuando probé las primeras botellas. Pero en un año volverá a crecer (¡ya lo hizo! : aguanté la botella abierta una semana y cada día estaba mejor) y vivirá no pocos años de gloria...Kastera: ese precioso bizcocho japonés que sube  y se hace sin levadura. Con seguridad, el que más me gusta es el que amasa la dueña de Una mica de Japó (¡atención, nota de servicio!: han cambiado de lugar). Tras ella, los del maestro Ochiai. Me gusta mucho combinar el de miel con la fresca gelatina de albaricoque que el maestro Takashi prepara sólo en verano. Pero el maestro se olvidó de mi gelatina...y no habían salido todavía las kasteras de miel. Así que me llevé a casa kasteras de té verde y una gelatina distinta y especial: mizu-wanju de grosella. Hay que servir la kastera templada, como si hubiera salido del horno hace un rato...añádele la textura delicada y el sabor amable de la gelatina fresca (que salga de la nevera, por favor) y combínalo con el Spätlese. Buenos azúcares (80 gr/L) compensados por un gran acidez que casan de maravilla con los dulzores muy contenidos de la kastera y el mizu-wanju. Piña algo madura, mango, raspadura del limón, maríaluisa y, todavía, un punto de carbónico. El dulzor del té no es empalagoso, es discreto como este Spätlese. La finura de la gelatina y la acidez contenida de la grosella (algo de nata había en la fruta) encajan muy bien con esa fuente de verde frescor que es el vino de Haag (7,5%: comprado en Vinialia por 20 y pocos euros). Pienso en cómo será un manantial en Tierra de Elfos y me viene este vino a la cabeza. Dulce y fresco equilibrio, preludio de una buena siesta de verano...quién fuera fauno...

wizu-wanju

03 de setembre, 2010

Septiembre

Está resultando un inicio de septiembre atípico en la ciudad. Cuando en casa decimos "fa setembre, setembreja", hablamos de un cambio de temperatura en el ambiente, sentimos una transparencia en el aire, vemos una luz que acompaña y recoge pero no quema, notamos y disfrutamos de una atmósfera que convierte a tu piel en algo agradable, suave, ligero. Me gusta septiembre: tiempo de cambios suaves, de luces amables, de vendimia, de exaltación y de renovación al mismo tiempo. El verano empieza a mudar su piel.

Descubrí hace tiempo el libro de Henri Brunel, El año zen, J.J. de Olañeta Editor, Palma, 2004, que releo por puro placer, a modo de dietario. Coincidimos por completo en nuestra percepción de este mes (p.137): "siempre me ha gustado el mes de septiembre. Las mañanas iluminadas por tiernos soles, con algo de cristal en el aire. Septiembre, esa primavera sin impaciencia. Los hijos de septiembre conocen la gracia del silencio y la lentitud de las estaciones".

BlancBlau per Carlos Pons

Llevaba días dándole vueltas a este texto pero no encontraba la foto que recogiera mi estado de ánimo, que reflejara, además, cómo es el cielo y la luz de mi septiembre. Hasta que di con Carlos Pons, y respiré. ¡Por fin! Aquí está la textura de mi cielo, la amabilidad de la luz, el cristal en el aire. Quería saborear estos días (¡volverá el calor!) con un vino que me sugiriera, que me diera esa descripción en mis ojos, en mi piel, pero también en el paladar y en la nariz. Más vueltas (¡cómo me gusta "perder el tiempo" en estas cosas, siempre a solas, sin comentar nada a nadie!), hasta que di con una conclusión que me pareció feliz: un Riesling Kabinett.

Aunque alguno pueda pensar que un Kabinett está en la parte baja en la consideración de la clasificación de vinos alemanes, nada más lejos de la realidad. Esa clasificación habla de características técnicas, habla de niveles de azúcar y habla de selección de la uva. Pero la calidad, o la falta de ella, tanto se puede encontrar en un Kabinett como en un TBA. Precisamente el origen de la palabra, "gabinete cerrado", designaba el lugar donde se guardaban y protegían algunos de los mejores vinos de las uvas maduras cosechadas en septiembre. Uva madura, bastante azúcar residual (53 gr/L, aunque no lo parezca: me acaba de pasar el dato el Herr!!!), una fermentación detenida en los 8,5% de alcohol y uno de los mejores, si no el mejor, productor del Nahe adornan mi botella de presentación del septiembre.

Dönnhoff Oberhäuser Leistenberg Riesling Kabinett 2008 es mi vino. ¡Que nadie se asuste! No es tan complicado de encontrar y, en cambio, es muy sencillo y agradable de disfrutar: basta la percepción de que el septiembre climático que aquí describo ha llegado. Propusimos, mi santa y yo, unas verduras y unas patatas (últimos restos del desembarco tras Mallorca) en tumbet, unos tacos de atún a la pancha, sencillamente sellados y servidos con sal de cocó y aceite de Caimari. Y el riesling Kabinett de Dönnhoff. Sobre los 10ºC, limpio y fresco como ese aire que respirábamos y ese cielo que veíamos. Cálido en su color pero sin abrasar: amarillo discreto con vetas del limón en envero. Algo goloso y muy agradable. Tiene una gran acidez este 2008 y se bebe como agua con un punto, todavía, de aguja. Lima-limón. Caramelo ácido de hierbas medicinales con limón. Mentuccia. Ágil y con nervio. Brioso pero sin locuras. Madurará muy bien en botella, como este septiembre que pronto se nos convertirá en otoño.

09 de març, 2009

Riesling 2007: ¿la añada?


Mi primera, general, sensación es que se trata de una añada con altibajos: se habla mucho de ella y en términos elogiosos. Pero yo siento obligado sólo por lo catado: no me atrevería a calificarla de histórica ni de extraordinaria en todas las zonas del país. Más que nunca, hay que afinar un poco. Como siempre, los vinos del año que se cata están bastante o muy por hacer: uno tiene que hacer cierta abstracción e intentar superar niveles de sulfuroso que, en nariz y ahora, son difíciles de llevar porque la botella hace, en esto, milagros. Uno tiene que pensar, también, que esta uva madura muy bien en botella y que cierta falta de expresión es “bastante” habitual en los primeros tiempos del vino. No hay que preocuparse mucho por faltas de mineralidad o por ausencia de características habituales en los vinos de una zona o una bodega concretas. Con la riesling (de hecho, con todo el vino), el tiempo siempre deja a cada cual en su lugar. Es recomendable, pues, fijarse mucho en el comportamiento en boca del vino y en su posgusto, siempre que hablemos de 2007. También se ofrecen en degustación otras variedades de uva (golden Muskateller, Gewürztraminer, sobre todo) y riesling con azúcares ya importantes, de añadas anteriores. Estos juegan con otros parámetros de valoración.

Comentaré algo de estos últimos vinos, pero mi intención es ofrecerme, por así, decir y compartir con los amigos lectores de este cuaderno, unas notas de compra: a febrero de 2009, si yo tuviera que comprar, ¿qué haría? En cuanto a boca y a posgusto, 2007, en general, es una añada bastante vibrante, con volúmenes notables de cuerpo y acidez en boca y, probablemente, una añada que envejecerá muy bien en botella. A grandes rasgos, Pfalz y Nahe sobresalen algo, como zonas, del resto de lo catado. En Pfalz, los conjuntos (no hablemos todavía de individualidades) de Bürklin-Wolf (en Auslese), de Basserman-Jordan (sobre todo moscateles) y de Rebholz (todo), merecen ser destacados. En Nahe, casi un peldaño por encima de Pfalz, Dönnhoff y Schönleber (sobre todo este último), han sido para mí de lo mejor. Rheinhessen y Rheingau andan bastante por debajo en 2007 y Mosel-Saar-Ruwer es, quizás, la zona con más altibajos, con un Grans Fassian en su línea habitual (buena, vamos), un Fritz Haag y un Heymann-Löwenstein enormes (sobre todo el primero) y unos Prüm y Egon Müller algo más escasos. Si me tuviera que quedar con algunas bodegas y con la sensación general de que todo lo probado de ellas va en la dirección muy adecuada, éstas serían, en 2007, Schönleber y Fritz Haag. Pasemos a mi “lista de la compra” por bodegas. Digamos que si yo tuviera varios armarios botelleros vacíos o una enorme bodega, a temperatura estable de 10-12 ºC y 90% de humedad, me compraría cajas (sí, sí, cajas, que con La Diva no se juega: cuando se detecta algo bueno, hay que comprar y dejar que el tiempo obre maravillas en la botella) de lo siguiente (sólo apunto aquello que más me gustó):


Dr. Bürklin-Wolf: la gama básica estuvo bien, pero demasiado jóvenes, inexpresivos. Compraría sólo Pechstein (Forst, GG). En cambio, sus Auslese me cautivaron de nuevo: brutal mineralidad, membrillo maduro, pera limonera, algo de azúcar quemado, pero ambos conjuntos con una contención y delicadeza enormes. Gerümpel “R” del 1990 se presentó, pero yo compraría una caja de Gaisböhl (Monopol en Ruppertsberg), del 2002. De A. Christmann me quedaría con algunas botellas de su Königsbach SC 2007, con una auténtica mineralidad, fresco en boca, algo de carbónico; y de su Idig Auslese (Königsbach) 2007, todavía con mucho acetaldehído, pero con trazos de miel muy bonitos y, sobre todo, con una boca impresionante y lemmon curd en posgusto. De Dr. Von Bassermann-Jordan, me gustó bastante su riesling Probus (segundo vino de los GG de Forst) 2007, con algo de almendras crocantes en nariz, buena acidez y un enorme cuerpo en boca. De su Kirchenstück (Forst) 2007 nada descubro: es, ahora mismo, un vino que demuestra una sedosidad impresionante y un cuerpo que le dará muchos muchos años de buen envejecimiento en botella (acidez 7,8 y azúcar 7,2!!!). Me compraría un par de cajas (pero a qué precio... De todas formas, lo que más me impresionó de esta bodega palatina fueron sus golden Muskateller: tanto del Auslese 2007 como del Eiswein 2007, me compraría todo lo que me dejara el espacio libre y mi mujer, sobre todo del primero. No lleva uva botritizada este Auslese (me confesó el propietario, legítimamente orgulloso), y tiene un dulzor de una viveza que cautiva por completo. Mucha flor de flor de rosa, tremenda agilidad en boca (7 de acidez para 114 de azúcar residual), baila sobre tu paladar como si fueran las mariposas de otra famosa bodega…Me atrevería a decir que el Auslese está un peldaño por encima del Eiswein y que, sin duda, su cata fue, sin más, un Momento Theise para mí. De lo mejor de la presentación, y no se trata de una riesling…

De mis queridos Ökonomierat Rebholz (no me han hecho pasar ratos de placer esta gente…por cierto, una de las mejores imágenes de la jornada fue la de ver a padre e hijo atendiendo a la gente codo con codo y, después, ver cómo el heredero, que no tendrá más de 15 años y tiene un aspecto de Tazio de Muerte en Venezia que echa de espaldas, iba probando y bebiendo absolutamente de todo: pensé “estamos en buenas manos, sí señor”), me quedo, ahora mismo, con su Vom Muschenkalk 2007, con una boca muy fresca pero golosa al mismo tiempo. Y, qué queréis que os diga, así como suelen destacar por sus Muskateller, en esta ocasión me dejaron absolutamente enamorado sus Gewürztraminer: tanto su Spätlese 2007 como su Latt (Albersweiler) Auslese 2007 impresionan, sobre todo el segundo: hay que darle un poco de temperatura en paladar al vino, pero acaba sacando un jazmín escondido muy intenso, algo de geranio, dulce de membrillo a media cocción y azúcar. De estos compraría un par de cajas también.

De Wittmann, me sabe mal pero este año me quedaría sin comprar nada: sus Morstein o están completamente cerrados u ofrecen algún tipo de perfume nada franco y que no sé identificar, pero lo que probé no me suena que esté bien. Y de Georg Breuer apenas compraría un par de botellas de Berg Schlossberg Auslese GK 2007, aunque sus lacas echan un poco para atrás. De Peter Jakob Kühn, me quedaría con su Quarzit 2007, que me supo a diferente, quizás raro, fuera de su línea habitual, pero con unos aromas de acacia brutales, muy aromático y, casi, con un punto de glándula animal, que todavía me tiene pensando: ¿de dónde le viene todo esto al Quarzit 2007? Un par de botellas para experimentar. De Hermann Dönnhof, las mejores sensaciones me llegaron de Felsenberg 2007 (GG) y de los Spätlese y Auslese de Brücke y Hermannshöhle. Como conjunto de azúcares residuales (sobre los 70 los Spätlese y sobre los 100 los Auslese), con una acidez alta y muy pareja (sobre 8), boca impresionante y capacidad de larga guarda, me pareció de los más sólidos de la sesión. De Emrich-Schönleber lo compraría todo y ya puestos, una caja de cada. El Lenz y el Mineral 2007 ofrecen ya un presente de enorme estructura en boca (el primero de Frühlingsplätzchen, el segundo de Halenberg) y sin demasiado temor a mostrarme aquí categórico, el monopolio de Frühlingsplätzchen 2007, tanto el GG, como el Auslese me parecieron la mejor muestra de mineralidad, equilibrio y brillante sencillez del Nahe y, casi, de la sesión entera. El GG es espectacular en boca, sutil; el Auslese es brillante. De Grans-Fassian no voy a descubrir nada: me gustó la efectividad, quizás algo demasiado madura (veo que lleva 19,6 de azúcar este GG), de su Catherina y me siguieron pareciendo impresionantes (nunca me han defraudado, vaya) los Apotheke de Tritenheim, Auslese de 1999 y Auslese GK del 97. Del primero compraría un par de cajas, y una la regalaría entre amigos interesados en el vino pero poco iniciados en la riesling, para que supieran qué es la mineralidad en este vino.

Fritz Haag me ha convencido mucho en todo el conjunto que presentó. Su básico Fritz Haag Riesling, tiene un poco de residual, que se irá puliendo con un par de años, pero su boca es de las mejores. Su línea de Juffer Sonnenuhr 2007 (tanto el Spätlese, como el Auslese y el Auslese GK me parecieron de las más compactas, con un equilibrio y una boca enormes, que la nariz acompañará con unos años de paciencia. Para comprar y guardar. De Heymann-Löwenstein me impresionaron las bocas de su Schieferterrassen y de su Röttgen 2007 y, con un año más a sus espaldas, su Uhlen 2006 me ofreció una de las mineralidades más profundas de la sala, con gran cuerpo y estructura. No tengo datos de la analítica aquí, pero tiene un nivel algo alto de azúcar con una tremenda acidez: de éste, compraba un par de cajas por lo menos y repetía el ejercicio filantrópico que he comentado antes. Reichsgraf von Kesselstatt me supo a poco en todo lo que probé (Scharzhofberger y Josephshöfer sobre todo): poca nariz y poca estructura en boca. Habrá que tener paciencia con ellos...pondría a Joh.-Jos. Prüm en la misma categoría: sus Sonnenuhr 2007 necesitan larga guarda y que les demos otra oportunidad. El gran Maximim Grünhaus llegó con unos niveles de sulfuroso apreciables, pero haciendo abstracción, me compraría a montones su Abstberg (M) Superior 2007: con 21 gr/L de azúcar y una acidez de 8, este vino va a dar grandes alegrías a los aficionados en un par de años. Del gran Egon-Müller y su Scharzhofberger me quedo con su Kabinett 2007, con un punto de amargoso exuberante, muy interesante, y un cuerpo y acidez enormes y su Spätlese 2007, sin duda de los mejores de la sesión. Los lectores saben que no es una desviación por diagnosticar, que el Sekt alemán me gusta, pero en esta ocasión no probé nada digno de ser reseñado.

Quiero terminar dando las gracias a los organizadores de la sesión, a Josep Roca y Michael Wöhr; a Lluís Pablo y a Damià Amo; a todos los que colaboraron con ellos y a los bodegueros que, un año más, unidos, convirtieron esta cita en algo imprescindible para los amantes de la riesling. La lista actualizada de los precios se puede encontrar en la página web de Vinialia, recién inaugurada: Vinialia (¡felicidades, amigos!).

La foto de La Diva que encabeza esta entrada es de Winzerblog.

07 de gener, 2009

Sensaciones (iv): el efecto "Ratatouille"



Se conoce como "efecto Ratatouille" al impacto que provoca en el comensal un plato, una receta, un postre, que te transporta de inmediato al primer momento en que comiste algo parecido en el pasado. La receta del presente provoca una tal alteración de ánimo que H.G.Wells se convierte, sin más, en aprendiz de brujo y su máquina del tiempo en sencilla chapuza ante el poder de evocación que la cocina y sus maravillas producen en un ser viviente y recordante: la sensación de abducción en el "túnel del tiempo" es fulminante.

Ésa es, exactamente, la cara que le queda a M. Anton Ego (el más francés de los franceses de la extraordinaria película de Disney-Pixar Ratatouille, ¡a pesar de no llevar acento alguno en su nombre!) justo en el momento en que se zampa la "ratatouille" que ha preparado Remy. Y una cara parecido debió de quedarme a mí cuando probé por primera vez el turrón de yema quemada de Isaac Balaguer (Pastisseria Balaguer. C/ Bisbal, 29, Barcelona). Yo nací y crecí en un, entonces, pueblo llamado Igualada, conocido entre otras cosas por su carácter goloso: había no pocas pastelerías de referencia y la gente usaba y abusaba con alegría de ellas. Pero cuando se acercaban las Navidades, los del lugar compartíamos un "secreto a voces": el mejor turrón de yema quemada del mundo se hacía y despachaba en la Droguería de Ca'n Parera (en un ángulo, tras la Basílica de Santa María). Entre escobas, sacos de matarratas y demás lindezas, surgían unas barras delicadas, con un punto exacto y ligero de azúcar quemado y un interior nada empalagoso, que pasaban como agua de mayo, eran etéreas, casi frágiles, se deshacían en la boca. Fue exactamente la misma sensación que tuve con el turrón del más discreto de los Balaguer pasteleros, que pasa por hacer los mejores cruasanes con mantequilla de Barcelona, extraordinarias texturas de chocolate, deslumbrantes mousses. Estrella de la cocina pastelera catalana del siglo XXI (¡uno de los mejores y menos comentados argumentos de la multiestrellada cocina catalana!), abre su tienda en el Guinardó, lejos del mundanal ruido, cuando le parece (telf. 934555674) y pone por delante a su familia y a su tranquilidad artesanas. Mis cuñados trajeron este extraordinario turrón, que me sorprendió y me hizo pensar, de inmediato, en Remy y Anton: no hacen falta grandes inventos ni rocambolescas recetas, basta con hacer muy bien las cosas de toda la vida para que la gente te recompense con su cariño eterno y una lagrimita de placer.

Grave compromiso se presentaba para el vino que tuviera que acompañar a Remy y su "ratatouille". Aunque quizás no tanto porque, en el fondo, mis recuerdos vínicos de la infancia se reducen, casi, a la quina San Klemente...Decidí, de entre las varias opciones que tenía, marchar bien lejos, a Landau, en el Palatinado. Allí, en su parte noroeste, está el pueblo de Godramstein y desde Siebeldingen, para allá van los Rebholz a vendimiar uno de sus preciados "tesoros", el golden Muskateller del pago de Münzberg. Entre Dioses de piedra (Godramstein: "Götter am Stein..."?) y monedas enterradas en el viñedo ("Münz + Berg"), ¿no iba a salir un vino digno del mejor efecto dulce Ratatouille? Moscatel "Auslese" (a veces les sale BA) de tan sólo 9,5%, este 2005 es, radicalmente, un vino para comprar y disfrutar ya, tanto como para guardar y dejar que la botella vaya afinando su contenido. No tengo análisis, pero estoy casi seguro que su acidez y su ph lo permitirán. Servido a 10-11ºC es un vino, en su conjunto, excepcional. Del color del limón en envero en el limonero (amarillo algo pálido con reflejos verdosos), se ofrece con una nariz de gran frescor, con cierta humedad de hongos de primavera, con orejones de melocotón. Tiempo en copa y el dulce de Isaac Balaguer, que acompaña y no tapa, animan a este moscatel a seguir luciendo sus "armas": aires de campo fresco (hierbaluisa revuelta), flor de naranjo y "lemon curd" dan paso a una boca con cuerpo y presencia, volumen y largos momentos de posgusto: sol de equinoccio, liviano, cálido pero sin avasallar, en copa. Ligera botritis, discreta, suave. Es un vino de perfume cierto, incluso ostensible, pero amable y discreto al mismo tiempo, como guante de seda que acaricia y sosiega. Es un vino fresco, fácil de beber, de estructura moderada, que recuerda el trago de agua fresca en la fuente. Demuestra, una vez más, que los Rebholz saben muy bien qué hacer con la golden Muskateller y que a esta variedad de uva, el clima fresco, a ratos frío, sea por latitud, sea por altitud, le sienta de maravilla.

La combinación del turrón de yema quemada de Isaac Balaguer con el Muskateller Godramsteiner Münzberg Auslese 2005 de Rebholz ha sido uno de los mejores momentos de las pasadas "fiestas", un momento entre Ratatouille y Theise, sin duda.

El fotograma de M. Anton Ego en trance procede de Ultimatedisney.

19 de desembre, 2008

Robert Weil Riesling Kabinett 2004


La Bodega Robert Weil, en el Rheingau alemán, es una de las que suele producir cosas que me gustan en la zona (viñedos e instalaciones en el pueblo de Kiedrich). De cierta irregular tendencia todavía, creo que tiene unas características de agilidad en boca y tenue mineralidad que la distinguen. Floración algo temprana en 2004, frío en las flores, meses de estío cálidos pero con lluvias compensadas y perfecta maduración de la uva en septiembre y octubre, configuran una añada importante para esta casa, sobre todo en sus vinos QmP, con un nivel mínimo de grados Öchsle y de azúcar residual. Su Spätlese 2004 me gustó mucho en su momento y CepaVinis, que comercializa ahora estos vinos, me puso en bandeja la posibilidad de catar su Kabinett 2004.

Los Kabinett, que se podrían definir como vinos secos con alma algo "dulce", tienen que tener un mínimo de 16 gr/L de azúcar residual y suelen ofrecer, en dosis desiguales pero muy apreciadas cuando se encuentran en una misma botella, acidez y dulzor, fruta y finura, agilidad y frescura. Este Weil confirmó la buena opinión que ya tenía de su hermano mayor: de tez oro pálida y un aroma que desprende frescor, mínimo carbónico y buena y madura fruta, seduce por sus notas de lima-limón, por sus aires de pera limonera, por un poco de melocotón y por una tenue mineralidad de tiza. En paladar es un vino vivo y ágil, en el que manda la fruta madura. Tras una buena aireación y con algo más de temperatura, acaba su paseo como si estuvieras en un parque de atraccciones: cacahuetes algo salados y fritos con miel y vaporosa nube de azúcar para un conjunto de suave carrussel más que de agitada montaña rusa. Un peldaño por debajo del Spätlese, pero se trata de un vino muy agradecido, que se bebe bien a gusto y que disfrutamos de veras.

La foto de la nube de azúcar en el cielo es de Javier Azul.

02 de desembre, 2008

Riesling: entre Señores e Iglesia


Cuando uno entra a la hora acordada en un restaurante para una cena/cata de rieslings y se topa con una imagen como la que véis en la foto, ¡sabe que la cosa va en serio! Tratándose de algo que organizaban los amigos de Vinialia, uno ya sabe que la calidad será la máxima y la organización le irá a la par. No era mi mejor noche: ya sabéis que soy de los que piensa que hay que "enfrentarse" a los grandes vinos bien dormido y reposado y por la mañana de un día de cada día. Pero la afición se va completando a pequeños retazos, no pocos de los cuales entre los viernes, sábados por la noche y lunes por la tarde. Algo cansado, pues, pero con muchas ganas me puse a la faena, de la que voy a destacar "sólo" algunas cosas, de las que tomé muchas notas y que me agradaron sobremanera. Como reza el título, entre Señores e Iglesia anda el juego, entre la Mosela, el Ruwer y el Palatinado. No voy a descubrir ahora la sopa de pan, es decir a una de las grandes del Mosel-Saar-Ruwer, Maximin Grünhaus. Propietaria de varios pagos en la montaña mágica de la riesling, uno de sus dominios clave (Qba = Qualitätswein bestimmter Anbaugebiete, Vino de calidad de una zona de cultivo determinada), el mayor además, es el "de los Señores", Herrenberg. De aquí procede este Qba impresionante, del 1998, que atesora una combinación que le dará, todavía, larga vida: 42 gr/L de azúcar residual junto con un nivel de tartárico de 9,8 gr/L.


Quedan pocas botellas de esta joya, menos de 1000. Pizarra roja desmoronada para una cosecha de primavera primeriza, mayo cálido y septiembre-octubre muy lluviosos. Amarillo bastante pálido en copa, tremenda mineralidad en el primer golpe de nariz: gasolina de zippo que se evapora con rapidez gracias a una copa Mikasa. Tierra mojada, cerilla consumida, jazmín. Tremenda estructura en boca, acidez, cuerpo y brío. Zumo de pomelo en posgusto y la sensación de que a este 98 le quedan largos años por delante. Como decía quien más sabe: será Qba pero tiene alma, cuerpo y estructura de Kabinett de gran calidad este vino. Para comprar, disfrutar ya y lo que sobre, guardarlo algunos años más.



El otro plato fuerte de la noche era la cata comparada de varias parejas. Una ya la conocía bastante bien (y tengo a buen recaudo algunas botellas todavía, de varias añadas): el pago de la farmacia de Tritenheim de Grans-Fassian. Lo pasé en grande con ellos, pero me quedo, hoy, con la narración de la "lucha" habida en el trocito de la Iglesia, Kirchenstück, quizás el pago más valorado del Palatinado. Como bien recordaba un amigo, una estaca con el nombre de la bodega separa la uva de Dr.Bürklin-Wolf de la de Basserman Jordan. Pero las diferencias son más notables en nariz y en paladar. Gran ejercicio el propuesto por Vinialia, sin duda, al comparar Kirchenstück GG 2002 de ambas bodegas. En mi percepción de esa noche, Bürklin-Wolf estuvo superior. Del color, casi, de la miel de castaño, es un vino con aromas de flor seca y todas las variedades (¡a lo largo de una hora!) del caramelo y del dulce de leche (toffee y azúcar). Es un vino con músculo, estructurado. Mi sensibilidad iba más por ahí, pero reconozco que Basserman Jordan, con un grado, un tartárico y un azúcar residual casi paralelos (13,5ºC / 7,6 gr/L / 7,5 gr/L) al anterior vino, ofrecía un perfil muy distinto, mucho más austero, mineral, con aromas de infusión de manzanilla, con ceniza más marcada, casi con crema de cacahuetes al final. Mis dos vinos de la noche, sin duda, fueron estos dos, de dos de las mejores bodegas alemanas, Von Schubert y Bürklin-Wolf. Del Grans Fassian Trittenheimer Apotheke Auslese 1990 ya he hablado en otra ocasión: otro vinazo, sin duda.

La foto de Herrenberg (de la montaña, vaya) es de Winepage. La de Kirchenstück, de Polakia.

04 d’agost, 2008

Prüm Wehlener Sonnenuhr Auslese 1994


A lo que parece, los Prüm habitan en Wehlen (en el Mosela medio) desde mediados del siglo XII, pero no se dedican a la viticultura desde el siglo XVII. La actual empresa, Joh. Jos. Prüm (familiarmente J J), se funda a principios del siglo XX y sufre un problema de herencias que acaba en dos entidades distintas, la mencionada y SA Prüm (a no confundir). Sebastian Prüm y su hijo Manfred (Dr.), desde 1969, llevan a la bodega a altísimas cotas de calidad, entre otras cosas porque algunas de sus hectáreas se encuentran en pagos importantes de la DO Mosel-Saar-Ruwer. Su viñedo más emblemático es el del "reloj de sol" (ya sabéis que hay bastantes en Alemania con esta denominación): el "Sonnenuhr" de Wehlen se encuentra al otro lado del río, al norte del pueblo, y sus suelos son de pizarra gris-azulada. De sus distintas vinificaciones y puntos de madurez de la uva riesling al ser vendimiada, puede que los Auslese sean los que más buenas críticas han recibido a lo largo de los años. A mí, literalmente, me vuelven loco.

Este 1994 se ofrece con 7,5%, conviene ser decantado por lo menos 4 horas antes del servicio y éste tiene que rondar los 10-11ºC. Fue uno de los vinos que elegí para la primera cena con amigos en la nueva casa y los amantes de la riesling ya sabéis por qué: una de las grandes bodegas de Mosel-Saar-Ruwer, con uno de sus grandes vinos para una receta sencilla pero de combinación muy resultona. Amarillo limón bastante maduro pero con trazos aún de mínimo verdor, sus primeros aromas son los de esa mineralidad fosil (casi queroseno de avión, en este caso), tan propia del Mosela medio. Con la aireación en copa, este "perfume de la tierra" se ve arropado y completado por aires de albaricoque maduro (casi orejones: alguna uva botritizada habrá caído en la selección) y por caramelos de miel, melisa y limón. En boca es extraordinario, su punto mejor para mí: esa contundencia aromática inicial contrasta con un paladar ligero, casi de seda, liviano, de estructura clara y brillante, casi como agua pura del manantial, con una fabulosa perseverancia que remite, al final, a las hierbas medicinales de monte (esos caramelos que los chinos intentaron birlar a loa suizos, vaya). El frescor de este 94, el suave dulzor del Auslese corregido y atemperado por los años de guarda casaron de maravilla con unos tacos de atún ligeramente escabechados: en la cazuela va directamente la disolución de agua y vinagre de Jerez, con tomillo y laurel (algo de vino debería de ir también, pero en esta ocasión, lo ahorramos) y la cebolla cruda, sin más: todo el protagonismo para Prüm. Cuando ha reducido la vinagreta y la cebolla anda ya transparente, se añaden los tacos de atún, sin enharinar, se salpimientan (pusimos unas bayas de pimienta roja también) y se dejan cocer lentamente. El escabeche tiene que reposar por lo menos 8-10 horas (al día siguiente, mejor), pero no tiene que comerse frío, sino a temperatura ambiente. Con el Prüm 94 a su buena temperatura casi os digo ¡que me pongo a hacer otra mudanza para celebrarla de nuevo!

La foto del viñedo procede de Germanwine.

23 de juliol, 2008

Vinos antes de la partida















Con un calor sofocante a ratos (campo de trigo agostado y azotado por el sol canicular), con un frescor que casi recuerda el de una playa al atardecer, tras la tormenta y batida por el gregal, Barcelona debate si entra de lleno en el verano o se lanza de cabeza al otoño. Mientras, servidor de Ustedes y su familia, ultiman los preparativos de la mudanza con un frenesí casi impropio de la edad que me contempla. Y sin ánimos de beberse la bodega entera (por aquello de aligerar el traslado y minimizar el riesgo de botellas rotas), se da uno cuenta de que salen y salen botellas de las que por alguna razón le apetece dar cuenta. Los resultados son desiguales, la selección bien deslabazada, pero ahí van las notas apresuradas, sin asomo de documentación (llegarán tiempos mejores para ello, lo prometo), por si a alguno de los lectores que por aquí pasan le apetece contrastar opiniones o tomar ideas: empiezo con un claro disgusto, un Viña San Román 2004, de la DO Toro. Lo que pasaría por ser una de las máximas expresiones de la tinta de Toro llega con un maderazo que no sé si los años arreglarán. Entre la madera, el serrín y algunos atisbos de madera noble decapada se mueve la cosa, con restos dispersos de fruta casi irreconocible y un paladar pesado y fondón. Un vino y una añada del que esperaba mucho y que me ha decepcionado más, claro. Del celler Mata d'Abelló, en Gelida (DO Penedès), sus propietarios me mandan, y yo lo agredezco, varias botellas de las que reservo una para el próximo invierno por lo menos. Pruebo las dos de xarel.lo que produce la bodega y reconozco que le encuentro poca personalidad varietal al que sólo ha conocido el inoxidable. En cambio, el Mata d'Abelló tot tó 2007, fermentado en barrica (mi botella, la nº 1356), procedente de cepas viejas de Gelida y con 13%, es un vino que me gusta mucho: a pesar de su vinificación, tiene un amarillo bastante palido y aporta aromas de hinojo, el frescor de la mata de hierbaluisa. En boca es sápido y con gran estructura, con posgusto de pimienta blanca y de canela. La madera le cae muy bien y es agradable. Remata con notas de incienso y hace gozar de un frescor que casi recuerda el de un lejano carbónico Para conocerlo, sin duda. El segundo vino intercambiado con El Baranda es un Viña Salamanca 2007, rosado de lágrima y VT de Castilla-León. Procedente de frutas (rufete y tempranillo) de las laderas del Alagón, en la Sierra de Francia, y con 13,5%, se trata de un rosado hecho por Joan Milà para las Bodegas Valdeáguila, en Garcibuey (Salamanca). Tiene un color frambuesa brillante e intenso y huele a fresón no muy maduro. Tiene mayor cuerpo y taninos, más extracción que el otro rufete probado (la tempranillo le da más estructura). Con mínimo carbónico, es amplio y casi carnoso en boca. Es un vino que tomo con gran placer, un rosado que me gustaría tener con más frecuencia a mano, con una alianza que se muestra muy afortunada, suculenta y eficaz, entre la rufete y la tempranillo. Un gran blanco ha "caído" también antes de la partida: de una de las mejores bodegas del Mosela-Saar-Ruwer, Heymann-Löwenstein, 1990er Wininger Uhlen trocken. Con 11,5% y una decantación de un par de horas, servido a 12ºC, es de un amarillo intenso, casi de oro viejo, con un sequedad grande, acompañada, paradójicamente, de un gran frescor. Hierbaluisa, citronella, pedernal, fruta blanca de hueso, es un vino intenso y pletórico, todavía en plenitud. Termino con dos tintos de raza que me han hecho disfrutar en noches más bien frescas, tomados ambos sobre los 16ºC: procedentes de suelos probres, donde la cepa tiene que trabajarse a conciencia su futuro, el Parraleta Emoción 2005, de Bodegas Ballabriga, monovarietal de parraleta de la DO Somontano, es un vino de capa media, de aquellos que Manuel Camblor quizás definiría de "acuoso". Del color del fruto de la granada, huele intensamente a monte bajo, a orégano y tomillo, a cereza madura y a odre viejo. Remata con una nota de cedro noble y se deja beber con peligrosa facilidad. Dejo para el final el que más me ha emocionado: de Vinya Natura, Quatre Vents 2006, un vino de cepas castellonenses (entre Benlloch y Les Useres), con mucha merlot y menos cabernet sauvignon (80-20), que se presenta como vino de mesa (14%), y tiene una capa media alta de color rojo rubí intenso. Huele a oliva negra bien madura, a pimiento verde a la brasa, es tánico y poderoso en boca. Muy mineral y sabroso es, al mismo tiempo, austero y, casi, áspero. Cerezas maduras te regalan el posgusto y te recuerdan que cepas bordelesas como éstas tienen, también, un brillante futuro en tierras meridionales.

La puesta de sol en verano tras el campo de trigo By Victor Nuno. La de la playa de Kamamura tras la nube By Altus.

02 de juny, 2008

Barzen Riesling Sekt Brut Natur 2004


Los límites se difuminan, las fronteras se desdibujan y todos hacemos de todo en cualquier parte del mundo. Lo único que cuenta, en mi opinión, no es qué pone tu DNI o tu "tarjeta de presentación" (quién eres, de dónde vienes, cómo te has formado...), sino qué eres capaz de hacer y cómo te valora la gente por lo que les presentas. Por supuesto, el mundo del vino no es una excepción a esta globalización que vive el siglo XXI, que tiene ventajas e inconvenientes. Puede darse el caso, claro está, de que uno encuentre una garnacha tintorera extraordinaria en California y, quizás, una gran chardonnay en Granada. Puede ser también que el método llamado "champenoise" encuentre ilustres adeptos más allá de la montaña de Reims y que una pinot noir diga maravillas de la tierra australiana. Y todos conocemos no pocos ejemplos de casos contrarios. Tiendo a pensar que lo que es tradición secular en un territorio, en cuanto a uva y a vinificación, suele ser lo que se hace mejor en ese lugar, porque se conocen todos sus secretos y desde hace muchos años. Pero también tiendo a probar cualquier cosa antes de opinar y dejarme llevar por apriorismos.

Y esto es lo que me pasó con este espumoso (Sekt en alemán) de la Mosela, monovarietal de riesling realizado por Alex Barzen. Algo comentaron recientemente los amigos de Vadebacus (muy de paso y sobre la añada 2005) y tenía yo en la fresquera una botella del 2004 a la espera de un momento que apeteciera. Y llegó el momento y con él la sopresa. Confieso mi mínima experiencia con Sekt, pero éste de Barzen me ha gustado mucho, lo digo ya de entrada. Procedente de riesling de un solo pago (Reiler vom heissen Stein), pizarroso y con gran desnivel, este espumoso de 2004 está en un momento óptimo de consumo. Con 12ºC y servido en una copa Mikasa de espumoso (¡era la primera vez!) a 10ºC, mostró un amarillo uniforme algo pálido, con burbuja fina y muy persistente, pujante y viva (pensé en la lava intentando salir por el cráter). Aromas de fruta blanca madura en nariz, melocotón y albaricoque maduros, algo de tiza tras un poco de temperatura, también. En boca se muestra muy agradable, suave, cremoso, con terpenos marcados y aires de uva madura. Se nota mucho, ¡y gusta!, la tipicidad de una buena riesling, fresca y jovial con el carbónico bien integrado, regalando un posgusto festivo, con más melocotón, aires de pera limonera, fruta tropical (piña) y cierta, discreta, mineralidad caliza. Ni rastro, aquí, de fósiles animales licuados. El vino es algo caro para mi gusto (me salió por 14 euros en tienda), pero me gustó mucho la sensación de notar los sabores de una de mis uvas blancas preferidas tan bien conjuntada con una burbuja suave, fina y bien integrada. Recomendaría la experiencia sobretodo a los amantes de la uva diva. Creo que esa variación en el tacto, con un parecido paisaje de fondo, les gustará.

19 de maig, 2008

Maximin Grünhäuser Abtsberg Superior 2005


A estas alturas de mi vida en común con la riesling no me voy a poner a presentaros a la bodega Maximin Grünhaus, propiedad de la familia von Schubert. Situada en un brazo del Ruwer (Mosel-Saar-Ruwer, pues, ya Ruwer), la bodega explota en monopolio uno de los montes viníferos más importantes y de calidad de Alemania: el formado por los pagos de los Hermanos, "Bruderberg" (la tradición, monástica, arranca de la Edad Media), de los Señores, "Herrenberg" y de los Abades, "Abtsberg". Viniendo la tradición de la iglesia, a nadie extrañará que las cepas más privilegiadas produjeran el vino para los padres abades. Este riesling superior 2005 Abstberg es una de las máximas expresiones de la casa, en sus vinificaciones en seco. Me quedaba una botella, tenía necesidad de un poco de paz espiritual y me dije: "ya que no me puedo largar dos días a Poblet, ¡¡¡que vengan los abades a mí!!!". Y abrí la botella. En esta ocasión, pues, literalmente la montaña (de los abades!) vino a mí. Menudo privilegio.

Éste es uno de los grandes rieslings secos. En un año complejo, en que la vendimia vino precedida de una poderosa granizada y de un tornado que arrancó árboles centenarios, a la que se abrió el cielo y las condiciones fueron propicias, se vendimió a toda prisa, a partir del 10 de octubre y en dos semanas. Uvas protegidas por San Maximin, sin duda, que tienen las características habituales de este pago, aunque algo matizadas: 11,5% para un vino que se puede consumir sobre los 10-11ºC, con hidrocarburos muy suaves, un mínimo carbónico (en boca, no en visual), un color de trigo casi en sazón, leves aromas de fruta blanca madura, de pera limonera y de heno cortado. Su gran punto, con todo, llega en boca, donde este pago se manifiesta con su gran esplendor (ahora mismo, más incluso que en nariz): un volumen y un cuerpo, una estructura, alucinantes, pletóricos, sí, pero ligeros al mismo tiempo como la brisa sobre el Ruwer cercano. Te devuelve un largo posgusto vegetal y, también, de membrillo, de parmesano y de polvos de talco. Fruta, fineza, pero sobre todo, cuerpo, estructura con paso ligero, esto es Abtsberg. El vino lo tomamos con una deliciosa merluza de palangre como a mí más me gusta, enharinada y frita. Qué maravilla. Tanto este vino (sobre los 25 euros), como su primo hermano (Abtsberg riesling Kabinett 2005, sobre los 14 euros) los distribuye Vinialia.

La foto de los viñedos procede de Winepage.

11 de març, 2008

Kühn Quarzit Riesling trocken 2005


Peter Jakob es la onceava generación de Kühn (desde 1786) al frente de la bodega de Östrich-Winkel, en el curso medio del Rin (en pleno Rheingau, 50 km al este de Francoforte del Meno). No sé si será "literatura" porque no conozco personalmente al personaje, pero parece muy orgulloso de su condición de viticultor y hace gala de ello en su página web. Con esmero por el cultivo de la tierra y con la etiqueta de ecológico (natural, por seguir con el tema de hace unos días), Kühn es una de las referencias en Alemania para la riesling y alguno de sus vinos ha cosechado grandes reconocimientos. Su Quarzit es uno de mis secos preferidos, de uvas cosechadas en su afamado pago de Doosberg, sobre terrenos de drenaje fluido, y arcillas entre cantos de cuarcita, de donde procede su atractiva mineralidad.

Con 13% (la foto es del 2006, conste, de Estintobásico) y una temperatura de servicio sobre los 10ºC, presenta un color de oro joven, pero maduro al mismo tiempo, intenso y brillante. Su mineralidad es sutil y ligera (alguien lo llamaría de mineralidad debil), con aromas de pera conference y unas notas de humedad (tierra) interesantes. Ofrece gran frescor en boca y un mínimo punto de perlaje. Ese paso por boca es muy grande, intenso, y deja un poso de cierto amargor vegetal, junto con un recuerdo de flores blancas: margaritas húmedas recién cogidas. Su recorrido remata con aires de tierra mojada tras la lluvia y con aromas de cítricos recién exprimidos. Se trata de un seco muy satisfactorio que se puede encontrar sobre los 20 euros, creo recordar (¡¡¡necesito llevar un registro de compras y precios, lo sé!!!: para dudas, Vinialia).

¿Y qué le echamos a este buen riesling? Pues resulta que mi santa pasó por nuestro proveedor habitual, se agenció unas colas de rape increíbles y, a la vuelta, descubrió, para su sorpresa, que la pescadera, nos había puesto en el zurrón unas gambitas descabezadas. Y me puse a la labor: un sofrito lento de cebolleta, tomate maduro rallado encima, sal, azúcar y una pizca de orégano. Cuando está al punto, le echo un traguito de Kühn, que se evapore y aromatice el conjunto y, a continuación, le echo un par de vasos de caldo de pescado que ya habremos hecho y reservado. Fuego lento, patatas del buffet cortadas a laminas muy finas, 10 minutos más y las colas de rape, que se salan en ese momento. Un cuarto de hora el conjunto con la chup-chup y se le echan las gambas. Cinco minutos más, otros 10 de reposo, y a la mesa. De escándalo, vaya, con el riesling seco del Rheingau.

27 de febrer, 2008

Molitor Zeltinger Sonnenuhr auslese 1999


Entre finales de noviembre y diciembre, sobre todo si ha habido suficiente calor e insolación en la viña en primavera y verano y, después, un buen período de fresco y de lluvia, muchos racimos enteros de uva riesling están preparados para ser convertidos en Auslese (vendimia tardía seleccionada). No se trata de un vino en esencia botritizado, aunque parte de sus uvas puedan serlo. No se trata, tampoco, de un vino seco, aunque a veces pueda ser considerado así (en función del azúcar residual que haya quedado, seco o semiseco). Se trata de un vino extremadamente seleccionado, que sólo se da en las grandes añadas y cosechas y que, en mi opinión, reúne lo mejor de la escalas seca y dulce de la riesling, pero con un equibrio único. Un buen Auslese posee la viveza y tenacidad de la juventud, la expresión de lo auténtico en esta uva, la sedosidad y calma de la experiencia y el poso de dulzor que deja la pasión. Por supuesto, refleja también la personalidad de la uva y de su terruño y clima. Qué mezcla tan perfecta allí donde se encuentre, sea persona, sea vino...Pocas palabras para resumir por qué creo que este tipo de vinificación es el que más satisfacciones me viene dando últimamente con la uva diva.

La bodega Markus Molitor es la más importante, por volumen de producción, del Mittel Mosel (Mosel-Saar-Ruwer). Consideran, como los grandes expertos (leed el comentario sobre la añada de Herr Direktor, en mi comentario de 17 de febrero pasado) que 1999 fue un año excelente para los Auslese. Este "rincón de tienda" que hallé en Verema i Collita (Pl. Joanic, 1, Barcelona), de dos ** (sobre los 100 grados Öchsle) tiene "sólo" un 8% de alcohol, y fue un buen hallazgo, vaya que sí. Lo compré por 22 euros y ha valido mucho la pena. Está en un momento óptimo de degustación pero creo que podría aguantar perfectamente unos cinco años más por lo menos, pues su acidez y estructura están todavía intactos. De un impresionante oro verde con una hora y media de decantación y a 12ºC, ofrece un sutil panorama de hidrocarburos, combustible fosil, carne de membrillo, levaduras y mermelada de limón. Tiene una boca portentosa, viva, ácida, algo glicérica, ligeramente untuosa, y regala un largo posgusto de lavanda, campo de flores en la Provenza. Con el pastel dominguero reseñado en la entrada que antes citaba, casó de miedo y me confirmó, por si me quedaba alguna duda (tras la Riesling-Parade de Girona), que el riesling Auslese es, ya, uno de mis vinos amados hasta mi próxima reencarnación, en que lo más probable es que aparezca convertido en mariposa: ya sabéis los expertos, ¡la que tiene más números es la Apollo Winningensis!

Leonardo da Vinci concibió al hombre como medida de todas las cosas y utilizó, para expresar su idea, este dibujo, a partir de Vitruvio. El "Hombre de Vitruvio" de Leonardo es una buena metáfora para hablar de perfección en el vino. La perfección no existe per se y me parecería supérfluo decir que un vino es perfecto. Un vino lo es en un momento idóneo de su vida, para una persona en concreto en otro momento adecuado de su vida, con una compañía que complemente y en un ambiente y con una comida adecuados. Entonces, llega uno a la idea, que no puede más que ser estrictamente personal e intransferible, de que un vino es "perfecto". Este Auslese 1999 de Molitor lo fue para mí, por ejemplo.

La foto de la vendimia tardía es de Weingutwinterling en Flickr.com.

06 de febrer, 2008

la "Diva" riesling reina en Girona


La presentación en España de la cosecha del año de la uva riesling es un acontecimiento extraordinario. Organizado por Vins Alemanys, que es el gran importador de vinos alemanes aquí (empresa capitaneada por Josep Roca y Michael Wöhr), bien secundados por Vinialia, distribuidores sobre todo en el área de Barcelona (al mando, Lluís Pablo y Damián Amo), este año ha tenido lugar en el Mas Marroch del Celler de Can Roca, una bonita masía gótica catalana muy cercana a Girona, donde los invitados pudieron moverse con comodidad para conocer los detalles de la cosecha del 2006. De Pfalz, Rheinhessen, Rheingau, Nahe y Mosel-Saar-Ruwer, los importadores y distribuidores trajeron a algunas de las mejores bodegas alemanas e hicieron gala de su divisa: calidad por encima de cualquier otra consideración.

Para un amante de la riesling la ocasión es única porque te permite, en una sola jornada, catar todos los básicos del año, los Grand Crus (Grosses Gewächs) y hacerte una idea bastante precisa de las características y potencialidad de la misma, por zonas. Al mismo tiempo, las bodegas traen algunos de sus vinos más "maduros" de añadas anteriores y, claro, tampoco falta quien te saca una botella de detrás del mostrador...En suma, una gran jornada de la que, para los amantes de comprar y guardar, quisiera destacar algunos vinos. No están todos los que fueron, lo confieso (ya sabéis que me saturo cuando llego a los 50 y llegué algo tarde, además), pero para eso os aconsejo que leáis las notas de Calamar en DaP (suya es, también, la foto que muestra a Wöhr dando instrucciones y a Pitu Roca a su lado), que son muy detalladas.

Mi pequeña selección (poca broma, eh!, que se presentaron 118 referencias) de favoritos RCP, es decir, los vinos que yo, si fuera persona de posibles y tuviera una bodega como mi amigo Ramon, compraría son: de Pfalz, Bürklin-Wolf con Gaisböhl 2001 GG y Rechbächel Auslese 1998 (éste, a 19 euros la botella de 3/4 es un escándalo); A. Christmann, Idig 2006 GG; de Rebholz, Im Sonnenschein 2006 GG; de Rheinhessen, Wittmann 2006 trocken y Morstein 2006 GG; de Rheingau, Peter Jakob Kühn, St. Nikolaus Auslese 2006; del Nahe, Hermann Dönnhoff Brücke Auslese 2006 y Hermannshöle Auslese 2006; de Emrich-Schönleber, Halenberg 2006 GG; de Mosel-Saar-Ruwer, Grans-Fassian Mineralschiefer 2006, Apotheke Auslese GK 1997 (oído, compradores de presente y de futuro: 25 euros la botella de 3/4) y Eiswein GK 1992; de Heymann-Löwenstein, Röttgen 2004 y Uhlen Auslese GK 2006; de von Kesselstatt, Nies'chen Eiswein 2002 #28; de Maximin Grünhaus, Abstberg Auslese 2006 #45 (46 euros la botella de 3/4: impresionante de veras, una de las mejores compras posibles); de Joh. Jos. Prüm, Sonnenuhr Auslese 1994 (la otra gran compra y descubrimiento: 39 euros!!!) y, finalmente, de Egon Müller, Scharzhofberger 2006 (uno de los mejores secos de la velada, a 30 euros la botella). Supongo (¡y ya me corregirán los distribuidores!) que estos precios son sin IVA.

Mis conclusiones, en línea de máxima, son dos: la primera, estrictamente personal, es que cada vez me siento más cómodo con los Auslese y encuentro en ellos una de las expresiones más puras y hermosas de la riesling. En la selección se nota. En mi opinión, en ellos y en los secos es donde se nota al gran viticultor y bodeguero de esta uva. La segunda es que, en general, la cosecha del 2006 me ha gustado más que la del 2005. Es más abierta, más franca, menos hidrocarburada y más placentera a término inmediato y medio. Y de ella, he encontrado que los vinos del Mosel-Saar-Ruwer alcanzan un nivel algo superior al del resto de zonas alemanas. Alguna nariz privilegiada del entorno opinaba lo mismo, pero sobre opiniones...

Contactos. Para Vins Alemanys, S.L.: vinsalemanys@email.de; telf. 972209089; móv. 637956041. Para Vinialia: info@vinialia.com; móv. 670911911.

27 de gener, 2008

Wittmann Kirchspiel 2005


Weingut Wittmann es una de las grandes bodegas de Alemania, situada en el pueblo de Westhofen, en la zona de Rheinhessen. Con una dilatadísima experiencia que arranca de 1663 (ahí es nada) es de las pioneras en el cultivo biodinámico de la zona. Por supuesto, como en casi todas estas bodegas, la riesling no es la única variedad cultivada (la silvaner, la albalonga, la pinot blanca, la pinot gris y, también, la Spätburgunder -pinot noir- tienen su hueco en la casa), pero sin dudarlo, la Diva es mi preferida. Y de entre las bodegas que la vinifican en seco, la Wittmann es una de las que ofrece mejores vinos a precios más que interesantes y con una calidad media muy alta.


De sur a sureste de Westhofen, en la colina de los viñedos (Wingertsberg), que protege a las uvas de los vientos del norte, se encuentran los mejores pagos de la casa: Aulerde, Morstein y Kirchspiel. De este último (mirad qué foto tan bonita), que se abre sobre el Rin como si fuera su teatro natural, proceden las uvas del riesling seco probado, el Wittmann Kirchspiel riesling 2005, sobre suelos de margas arcillosas y piedra caliza. Con 13% y muy poco azúcar residual (sobre los 7 gr/L), este 2005 se me antoja ya en un buen momento de consumo y a lo largo de este 2008 (el 2006, catado en junio de 2007, necesitaba todavía un buen año de botella). Por supuesto, puede ser guardado y mejorar no menos de 4/5 años.

Tiene un bello color amarillo algo pálido con reflejos verdosos, y su primera nariz exhala frescor por los cuatro costados: cítricos, con el pomelo, y también agua de rosas, presiden un conjunto en el que también tienen su parte importante los aromas de albaricoque maduro y de melocotón de Calanda. A sus 10-11ºC, en boca deja un rastro de frescor vegetal, de húmedo verdor muy agradable y ahí, precisamente, es donde encuentro yo su punto más fuerte. Su paso por boca es portentoso, con buen volumen, un resto delicado de carbónico y una expresión en posgusto grandes, muy grandes. Cuando sube un poco de temperatura, asoma una nota de avellana ligeramente tostada. Es un vino "peligrosamente" bueno, que se bebe con gran placer y que incita a más...Su precio, sobre los 32 euros, no es un aliciente añadido a cuanto os he dicho, es cierto, porque puede parecer caro. Pero se trata de un riesling de altísima calidad y, en mi opinión, muy recomendable.

Todas las fotos utilizadas son de la página web de la bodega Wittmann.

11 de gener, 2008

Robert Weil riesling Spätlese 2004


Robert Weil es una de las bodegas de mayor tradición en el Rheingau (en Kiedrich) y, sin duda, una de mis preferidas. Si bien es cierto que su línea de mayor prestigio y calidad es la de las botellas cuyas uvas proceden del Gräfenberg (por algo es "el monte de los condes"!), la producción más "básica" (Gutsriesling) proporciona también grandes dosis de placer a los amantes de esta uva diva. Mi preferencia, desde que probé la primera botella, está con sus Spätlese: no puedo librarme de su encanto y gracia. 2004 fue un año, en la zona, que empezó mal y parecía ir peor (con temperaturas, tras el 2003, muy por encima de la media de los últimos treinta años), pero julio y agosto pusieron las cosas en su sitio, la vegetación acabo subiendo espléndida y la fruta maduró bien y a tiempo. A mediados de octubre empezó la vendimia, con una fruta (para pasmo declarado de la propia bodega) sanísima, perfecta y un potencial de calidad para los Kabinett y los Spätlese, sorprendente. Este 2004, con 8% y una temperatura de servicio aconsejable sobre los 12ºC, conviene que se decante por lo menos una hora antes del servicio.


Me gusta tanto este vino que no me atrevo ni a redactar de nuevo mis notas. Éstas son, directamente salidas de la libreta: oro "verde" (joven, gran potencial de crecimiento). Muscat. Fruta blanca de hueso madura. Fineza. Discreción. Lima en boca. Volumen y cuerpo. "Carnoso" en boca. Mínimo carbónico todavía. Vegetal, frescor de su alma verde todavía. Acídulo. Verde de musgo. Corazón del bosque al atardecer. "La fageda d'en Jordà" en otoño. En posgusto, mineralidad fósil muy discreta. Lima-limón. Zippo. Caretas de goma de El Relámpago. Un vino que gusta y enamora con su discreción y delicadeza, no exenta de una vibrante acidez en boca y de un azúcar residual bajo que lo convierten, en mi opinión, en ideal compañero de foies y micuits.

Por si alguien piensa que se trata de un vino difícil de encontrar, he comprobado que este 2004 se puede comprar en Cepavinis por 28 euros. Creo que merece mucho la pena, aunque os pueda parecer algo desorbitado su precio. Y si alguien tiene dinero y puede comprar algunas botellas y guardarlas por lo menos tres años más, el día que abra una, aullará de placer. Yo estoy en enero y ya sabéis que no aguanto mucho...

24 de desembre, 2007

Barzen Auslese Trocken 2005 Edition alte Reben


Justo antes de uno de los bellos meandros del Mosela medio se encuentra el pueblo de Reil, que vive, según su propio lema, por y para el vino desde hace más de mil años. Visitando su página web, ¡no me cabe la menor duda! En Reil trabajan los Barzen desde hace 500 años: aquí nada se improvisa. Orgullosos de su tradición y de su presente, Alexander Barzen está, ahora, al frente de la bodega familiar y junto a productos llamados al gran consumo interior en Alemania, tiene una gama que me llamó, hace poco, la atención. Yo había pasado la vista por encima de alguna de sus botellas, pero al no ser una de las "grandes" marcas alemanas, ni llevar (¡en sitio visible!) la famosa VdP, pues no hice mucho caso.

Por supuesto, incumplí uno de mis preceptos: cata y después, opina; no prejuzgues. Eso pienso hacer. Este vino nace de viñedos de más de 100 años de antigüedad, todos ellos cultivados y vendimiados por los Barzen, prefiloxéricos y sobre pizarras mezcladas, grises, azules y rojizas. Es un vino ecológico. Con una vendimia manual, realiza la fermentación alcohólica y, parcialmente, la maloláctica, a baja temperatura. Remueven periódicamente las lías y filtran parcialmente el vino. No conoce la madera pues todo el proceso se hace en inox. Este "alte Reben" (viñas viejas) del Mosel-Saar-Ruwer, sale con 13,5% y a pesar de ser de vendimia tardía, la fermentación se ha comido prácticamente la mayor parte de azúcar del mosto (tiene un total de 8,1 gr/l). Por ello es seco ("trocken"), aunque lleva en su alma algunas sensaciones de esa maduración de la uva en la planta. Conviene servirlo sobre los 9-10ºC y creo que no pide decantación: abriendo la botella media hora antes de la degustación, basta.


Con un color amarillo bastante intenso (limón maduro), es un vino limpio y brillante, con visual de carbónico. Muy bonito. Ofrece aromas de piña madura y de lichy y en boca, se confirma el leve carbónico y posgusto a muscat y terpenos. Es muy agradable y aporta, a partes iguales, frescor y volumen, junto con un cierto amargor vegetal. Al cabo de un rato y con más temperatura en copa, sale su mineralidad y su fondo calcáreo, discreto y sutil, junto con apuntes de flor de tilo y algunos anisados. Un vino interesante, realmente, que con un Stilton curado unos meses (si no lo tenéis, ponedle un buen Gorgonzola), hará las delicias de Tirios y de Troyanos.

La foto de Reil en otoño me ha sido facilitada por Óscar (Vadebacus).