Casa Manolo es el restaurante de referencia de Ses Salines y una de aquellas citas gastronómicas que yo recomendaría como imprescindibles en cualquier visita a Mallorca (telf.971649130). Situado junto a la carretera que atraviesa el pueblo y va de Santanyí (Es Llombards) a la Colonia de Sant Jordi y Campos, aprovecha la natural y armoniosa compañía que le ofrece la iglesia para proponer una maravillosa terraza de verano en el callejón que ocupa el lateral de la iglesia. Pero lo importante de Casa Manolo no es su situación ni tan siquiera los centenares de famosos que pueblan, con sus fotos y sus nombres, paredes y sillas. Lo importante son las personas que lo llevan y el tipo de cocina que hacen: mi familia, para ellos, no éramos nadie especial, a mí no me conocían de nada y, en cambio, el trato que recibimos fue de una profesionalidad y una cordialidad que jamás olvidaremos. Estuvimos dos veces y a cual mejor. Manolo y su hija Apolonia ofician en las mesas, con la inestimable ayuda de Toni y de los amigos de la gran Buenos Aires, con amabilidad, discreción e información (cuando la pides). Margalida y Juan hacen los honores del lugar en la cocina. Jamás había visto una tan armónica combinación de padres e hijos trabajando juntos. Y sobre el tipo de cocina, una sola expresión: el mejor pescado de la isla, comprado por un pescador reciclado a restaurador que sabe como nadie dónde y a quién comprar (gambas, raors, caproigs, lubinas, doradas salvajes...) y cocinado siempre con lo justo para que llegue a la mesa con el sabor intacto del mar. La estrella para mí, sin dudarlo, es el calamar de potera. 
Este artilugio mágico que véis a la izquierda es el artífice de una de las maravillas culinarias de la isla: con el sistema de pesca tradicional, el calamar encuentra la irresistible atraccción de la fluorescencia de la potera, se engancha y cuando llega a la cocina de Manolo, es cocinado, sin más, a la brasa, entero y sin limpiar. Así es presentado a la mesa, donde el oficiante lo abre con la navaja que cualquier pescador lleva siempre consigo, lo limpia, esparce la tinta por la carne del cefalópodo, lo corta a trocitos pequeños, lo aliña con un poco de aceite de la isla y le añade un poco de sal de cocó, recolectado por el propio Manolo. El resultado, el contraste entre el sabor dulzón de la tinta, la acidez de la mejor sal del mundo y la untuosidad y morbidez de la carne del calamar, es espectacular y jamás dejará, mientras me queden facultades, mi memoria olfativa y gustativa. Uno no puede perderse esa maravilla. Uno no debe perdérsela.
Para acompañar este ilustre manjar (ya no entro en sus croquetas de camarón, en sus pescados a la plancha, en sus arroces de Cabrera o del notario, en su ensaimada, en su gató con helado de almendra...), elegimos uno de los monovarietales de la isla: el Chardonnay de Jaume Mesquida 2005 (www.jaumemesquida.com), de la DO Pla i Llevant, con bodega y viñedos en Porreres. Se trata de un vino de 13,5%, servido en un fantástico cubo (invención del marido de Apolonia), a su buena temperatura (10-11 grados) y vinificado según marcan los cánones (todo está explicado en la página web de la bodega). Me concentro en mis sensaciones: es un vino del color del oro pálido, con brillantes reflejos verdosos (ese verde inolvidable de Es Trenc a primera hora de la mañana) y una expresión del varietal que me sorprendió, por pura y nada ambigua (¡estábamos en Mallorca!), con la flor de arce blanco en primer término, junto con la de acacia y tilo, después. En boca muestra, con brío, el verdor y la fogosidad de su juventud: es un vino con nervio, con una acidez importante, con un gran carácter vegetal (poca fruta en boca), sin maderas y que acompaña a la perfección el calamar que antes os he descrito. Un buen vino, a un precio adecuado (cerca de los 10 euros en carta), que me permite decir que, tras el terrible accidente de Jaume Mesquida, las cosas siguen yendo bien en su bodega y todavía irán mejor. ¡Ánimos!En pocas palabras, vaya, Casa Manolo es una cita imprescindible para quien guste del buen comer en la isla y Jaume Mesquida Chardonnay es un gran acompañante para algunos de los mejores manjares que allí se sirven.



