04 de novembre, 2006

Produttori del Barbaresco, Barbaresco DOGC 2002

En Le Langhe, las colinas prealpinas del sur del Piemonte, la tradiciòn vinìcola se remonta a muchos siglos atràs (por lo menos al s.XIV). La denominaciòn de origen controlada y garantizada del Barbaresco acoge a tan sòlo tres municipios (Barbaresco, Treiso y Neive) y trabaja, fundamentalmente, con tres varietales: nebbiolo, dolcetto y barbera. El Barbaresco, que goza de los vinyedos màs privilegiados, se hace como monovarietal de la uva nebbiolo y ofrece algunas diferencias con los, quizàs, màs famosos barolos de que hablaba el otro dìa. Es un vino que se puede tomar antes que el barolo y ofrece unas notas màs frutales y vegetales que los barolos que caté el otro dìa.
La cooperativa de la que compré la botella, Cantina Sociale dei Produttori del Barbaresco, nace en 1958, pero goza de una enorme tradiciòn en la zona y en el mismo pueblo, Barbaresco, donde està afincada. Me ahorro de explicar su historia y los productos que comercializa porque tienen una estupenda pàgina web con toda la informaciòn:
www.produttoridelbarbaresco.com

La botella que he catado es la de màs reciente comercializaciòn de la cooperativa: la de 2002, y segùn las apreciaciones de sus creadores, se puede beber antes sin perjuicio de perderse uno sus sabores fundamentales. Vendimiada la nebbiolo a mano y en cajas de 20 kg, ha hecho la fermentaciòn alcohòlica en depòsitos de acero, a 30 grados controlados y con 3/4 remontados diarios. Tras su estabilizaciòn, ha pasado 15 meses en barricas de roble, ha reposado no menos de seis meses en botella para su afinamiento y se ha comercializado, hechas las cuentas, hacie bien poco. Se trata de la botella de la derecha de la foto, en su anyada de 2002. Fue comprada en la Enoteca Costantini a un muy conveniente precio de 14 euros.

Es un vino de capa media, con un corazòn del color de la grosella roja y un ribete que se acerca al anaranjado de las tejas de la Toscana. Ofrece un poderoso aroma de grosella y mora y de sotobosque mediterràneo (orégano, mucho tomillo y algo de hinojo silvestre, al final). En su retrogusto, prosiguen los aromas de tomillo, junto con algo de pimienta. Su punto màs fuerte viene en boca: es un vino delicado, de taninos muy suaves y redondos, pero de gran persistencia. Es un vino elegante que, tomado a 17/18 grados ofrece sus mejores notas. Fue un companero ideal de la pasta con funghi porcini con que lo tomé.

Este vino me ha dejado un grato recuerdo y un mejor sabor de boca y me ha demostrado que, también en las zonas de mayor prestigio de Italia, existen cooperativas que hacen buenos productos a un precio todavìa mejor. Se trata de una bodega que pienso seguir.

02 de novembre, 2006

La "pajata" y el recuerdo de los muertos

Ayer y hoy, dìa de Todos los Santos y de los Difuntos, son dìas especiales en que, de una u otra forma, la gente suele tener un recuerdo hacia sus seres queridos desaparecidos. Yo no fui menos, por supuesto, y estuve un buen rato dedicado a tales menesteres en el que considero el cementerio màs atractivo e interesante de Roma, un espacio casi dirìa màgico, con vegetaciòn exhuberante en el centro de la ciudad y relativamente poco conocido y frecuentado. Me refiero al Cimitero Acattolico per gli Stranieri al Testaccio, es decir, al cementario donde en Roma (la capital mundial de lo catòlico y apostòlico!) reposan los que no creen o los que tienen otras confesiones distintas de la del catolicismo romano, extanjeros en la ciudad que es la ciudad de todos (Via di Caio Sestio, al Testaccio, n.6).
La tradiciòn de enterramientos en el lugar arranca de un "excéntrico" ciudadano romano, Gaio Cestio, que se hizo construir una "modesta" tumba al estilo de los faraones en el centro de la ciudad, hace dos mil anyos.


Tras él, y en un largo parèntesis medieval, la tradiciòn ha seguido, y a la sombra del Monte Testaccio, este campo santo ha seguido creciendo, cuidado y mimado de forma primorosa, con tumbas, panteones y làpidas, siempre en el suelo, rodeadas (como debe ser) de generosa vegetaciòn, de frondosos àrboles y de abundantes granados y olivos. Se trata, sin duda, de un lugar muy especial al que voy con cierta frecuencia, pues siempre descubro cosas nuevas. Es perfecto, ademàs, para descansar, para meditar y para pensar en tus cosas y en las de los demàs.


Por supuesto, el cementerio acatòlico de Roma tiene a algunos muertos ilustres, por ejemplo, a Antonio Gramsci, con flores siempre frescas regalando la visiòn de sus cenizas (a la derecha); o la que es, quizàs, su tumba màs visitada, de hecho su doble tumba: en él reposan los restos del poeta Keats, a la izquierda, en un solo parterre (compartido hasta la muerte!), junto con los del pintor Severn (su amante). La làpida de Keats no lleva nombre porque, como ella misma nos explica, el nombre de su inspirador està escrito sobre las olas del mar (sus cenizas fueron lanzadas al Mar Tirreno).

Tras tanta emociòn y recuerdo (los no creyentes somos muy emotivos, pues sabemos que no hay màs supervivencia, tras la muerte, que la del recuerdo que tengamos de nuestros difuntos), una punzada de hambre azotò mi estòmago. Recordé aquellas famosas sentencias de las làpidas romanas, cuando el muerto dice al vivo que lee su inscripciòn ES BIBE LVDE VENI, "come, bebe, pàsalo bien, que has de acabar viniendo". Me di cuenta de que estaba junto al Monte Testaccio, junto al antiguo matadero de Roma (hoy reciclado en Museo de Arte Comtemporàneo), paraìso de la "cucina povera" romana, de la cocina de los despojos, de la casquerìa... En fin, mi "otro" paraìso. Y mis piernas me dirigieron sin dilaciòn hacia uno de los santuarios màs apreciados para este tipo de comida: "Da Oio" a casa mia, en Via Galvani, 43-45 (telf. 065782680). Ha empezado a hacer frìo en Roma y una de las maravillas que la gente prepara aquì en este tiempo es la pasta "con la pajata" (normalmente rigatoni). Asì que regalé mi maltrecho espìritu con unos" rigatoni con la pajata" (en italiano no romanesco, "pagliata"). Se trata de algo que reconcilia la muerte con la vida: al tierno ternerillo que acaba de chupar la leche de su madre, se le sacrifica antes de que haya podido digerirla, es decir, cuando ésta se encuentra todavìa en sus intestinos. Estos intestinos (la "pajata"), bien lavados y cocinados con la leche dentro constituyen la base con la que se aderezan los rigatoni, que llevan, ademàs, un senzillo sugo de tomate y un leve toque de pecorino romano. Impresionante: cuando uno mezcla ese dulzòn requesòn en el interior del intestino, con la piel del mismo y el tomate con el leve picor del pecorino, se ve elevado hacia lugares "casi" celestiales!!! El "banquete de muertos" con que me regalé me reconciliò con la vida, como tiene que ser, lo confieso. Del vino hablaré otro dìa.

01 de novembre, 2006

Piazza di Spagna, 57

Ayer tuve la fortuna de que mi trabajo me llevara a Piazza Spagna, n.57, es decir a la Embajada de Espanya ante la Santa Sede. Se trata de un palazzo del Cinquecento en el que han intervenido no pocos arquitectos y que desde 1647 ejerce la funciòn de embajada. En estos momentos es la màs antigua sede ante el Vaticano (antes Estados Pontificios). Nuestro actual embajador, Don Francisco Vàzquez, tuvo la enorme gentileza de recibirme y de comentar conmigo los detalles de aquello que me llevaba a tan ilustre sede. Uno, que ya ha dado muchas vueltas por el mundo, agradece especialmente este tipo de detalles, tan poco habituales en nuestras representaciones diplomàticas. El Embajador Vàzquez es hombre muy amable, atento, culto y la gente que trabaja con él le aprecia mucho. Irradia simpatìa, bonhomìa y cultura. Està haciendo un buen trabajo y los frutos de aquello que se le ha encomendado tienen que llegar. Me estuvo ensenyando el Palazzo di Spagna y su colecciòn de piezas romanas y me mostrò su preocupaciòn por el estado de conservaciòn en que lo ha encontrado. Estoy seguro de que su habilidad por encontrar fondos pùblicos y privados harà maravillas y en poco tiempo empezaràn a notarse los frutos de aquello que uno no puede olvidar jamàs: el edificio es, también, un elemento clave de representaciòn y como a tal tiene que ser cuidado y mimado.


De todos los detalles que lo adornan, me quedo con las huellas de F. Borromini en él: tuvo una intervenciòn decisiva en la reestructuraciòn de los elementos claves del palazzo (patios y escalinata central), pero los cambios de comitente, hicieron que su plan incial se viera modificado y, en parte, mutilado: aquello que tenìa que haber configurado un eje de simetrìa perfecta a través de la relaciòn entre dos patios interiores y una escalinata central, quedò finalmente en un solo patio, el que véis en la foto que, tal y como senyalò el Embajador, necesita de una profunda remociòn.



La otra huella del genial arquitecto es, còmo no, la escalinata que ya no es central sino, tan "sòlo", principal. Una fastuosa forma de comunicar, a través de tres tramos, el plano de entrada con la zona noble del palazzo, una escalera mimada y cuidada y que se ha convertido, a pesar de los cambios en la estructura del palazzo, en el elemento màs noble e interesante del mismo.

A través de este mìnimo escrito, quiero mostrar mi agradecimiento al Embajador Vàzquez y a su gente por las facilidades que me dieron en mi trabajo. Sòlo les deseo la mejor suerte para que puedan llevar a cabo los objetivos que se han marcado.