07 de setembre, 2007

Vinos ingleses en Inglaterra: una frustración



Acabo de pasar unos días de trabajo en Inglaterra. Puede que uno de los más espectaculares efectos del cambio climático en este bello país (qué queréis que os diga: me gustan sus gentes, me gusta su amor por al campo y los animales, me gusta su paisaje y, sí, ¡¡¡me gustan su comida y su cerveza!!!), sea el que ha afectado a los viñedos. Hace unos pocos años, hablar de "vino inglés de calidad" sonaba casi a broma. Hoy en día, por lo que llevo leído (y de ahí nace la frustración que expresa este comentario), merece seriamente la pena echar unas horas y alguna cata para conocer a los más importantes productores del Reino Unido.

Y contento que me fui pensando que, entre mis objetivos, uno de ellos sería probar algunas botellas in situ. De Heathrow a Oxfordshire y Oxford y de vuelta a Heathrow (esta vez sin pisar Londres), fue absolutamente imposible encontrar una sola botella de vino o de espumoso inglés en Inglaterra: visité no menos de 8 tiendas, comí o cené en múltiples lugares, pateé el aeropuerto arriba y abajo. NI UNA SOLA BOTELLA, ni de Denbies ni de Ridgeview ni de Chapeldown ni de nada. No pude conocer ninguna de las variedades que tenía en la cabeza (optima, orion, ortega, bacchus, phoenix, entre las blancas; regent, rondo, triomph, entre las tintas), no pude conocer a qué sabían los vinos de las tierras de Kent o de Surrey (ahora, también en Gales hay vinos) y me llevé, en consecuencia, una buena frustración. Sí, sí, ya sé que puedo comprar todo eso a través de la red (incluso en las tiendas virtuales de las bodegas que he citado), pero a mí me apetece conocer las cosas in situ. Y no pudo ser.

Los productores ingleses tienen, además de ir incrementando la calidad de sus vinos y la mejora en el cultivo de sus vides, un serio problema por resolver: hacerse creíbles y poder distribuir sus vinos en su propio país.

05 de setembre, 2007

Macià Batle blanc de blancs 2006 en Casa Manolo


La Bodega Barahona (más conocida por Casa Manolo) es, ya, uno de los restaurantes emblemáticos de Mallorca. Ubicado en la plaça de Sant Bartomeu (entre el callejón que véis al fondo y la iglesia dedicada al santo, patrón del pueblo , a la izquierda), n.2 de Ses Salines (telf. 971649130), brilla como luciérnaga en las noches de verano. La alegría de las mesas en plena calle, junto a la carretera, el bullicio, el buen hacer de la cocina y la bonhomía de Manolo (¡es falso que se haya retirado y pasado los trastos a sus hijos!), ofrecen una fórmula que sería, casi, imbatible, si no fuera por la factura final. Ya sé que se trata, en muchas ocasiones, del precio del pescado en el mercado (que el cliente compra a peso sin haber visto la pieza: mi único "pero" al modus operandi de Manolo), pero que cuatro personas salgamos a 200 euros, habiendo entre los platos una ensalada, unos calamares a la romana y un vino de 16 euros, me parece excesivo. Ahí recomendaría yo algo de moderación pues no todos los clientes de Manolo somos altos ejecutivos de Fecsa.

Apuntado algo que, en esta ocasión, me parecía necesario, el resto de la cena fue tan extraordinaria como siempre: se sirven los calamares de potera más alucinantes que yo haya probado jamás y el pargo a la sal que tomamos (ahí estuvo el problema: su peso a 58 euros / kg -sic!- hubiera dado para un segundo de 4 personas y nos lo sirvió para 2), era de una textura, una firmeza de carnes fuera de lo común. Manolo compra el mejor pescado de la isla y antes que cura fue monaguillo! El postre, para mí, estrella de la casa es el que sirve la pastelería de Ses Salines, Xesquet (C/ Sitjar, n.6, telf. 971649748) y se trata de "la bomba": una extraordinaria, sabrosísima y contuntende ensaimada de crema quemada.

Elegí para acompañar al calamar y al pargo uno de los blancos mallorquines más logrados del 2006: el Blanc de Blancs de Macià Batle. Se trata de una de las bodegas emblemáticas de la isla (con más de cien años de antigüedad), de la DO Binissalem-Mallorca, con sede y viñas en los alrededores de Santa María del Camí. Su Blanc de Blancs no me había llamado especialmente la atención en añadas anteriores. pero este ensamblaje de 2006 está especialmente logrado: a partes iguales chardonnay y prensal blanc ("moll"), y con vendimias y vinificación (sin secreto alguno) de variedades por separado y en su momento adecuado, es un vino que presenta un color amarillo brillante, oro intenso aunque con reflejos verdosos. Manzana ácida en nariz, acompañada también de aromas de uva moscatel y de pera madura. En boca es un vino pleno, sabroso, casi poderoso, redondo. Ofrece un mínimo apunte vegetal al final, muy agradable. Se trata de uno de los mejores blancos del 2006 que he probado en Mallorca (a la espera quedan algunas botellas que guardo ya en Barcelona) y se puede encontrar en tienda sobre los 11 euros (en Casa Manolo a 16,90 euros).

NOTA BENE: por "culpa" de las vacaciones y de no haber podido tener acceso a la red durante los días de vendimia, se me pasó, literalmente, la convocatoria #4 de Iberoamérica en cata, que se inició en este blog. La iniciativa ha sido, en esta edición, del blog de Carlos (Roco&Wines), quien propuso comentarios sobre vinos que ensamblaran variedades autóctonas con variedades foráneas. Este Macià Batle blanc de blancs 2006 responde bien a ese criterio (prensal y chardonnay) y Carlos ha aceptado acogerlo en su resumen de IEC#4, a pesar de haber sido publicado unos días antes de la fecha propuesta. ¡Muchas gracias, Carlos!

02 de setembre, 2007

Restaurantes de Mallorca


Para alguien como yo, a quien gusta descubrir y dejarse llevar por el olfato tanto como estar bien informado de antemano, un libro como el de Lucía Alemany es, sin más, un tesoro. Mi santa lo encontró medio perdido entre anaqueles de una vieja y muy ilustrada librería de Sóller casi al inicio de nuestra estancia y junto con otra bibliografía básica, para el zurrón se fue. Leímos la información que publicaba de algunos de los restaurantes que ya conocíamos del año pasado y vimos enseguida que se trataba de un libro-guía atípico: comentarios muy personales (aquello que más le gusta a Lucía; los detalles de la personalidad de quien hace la comida; localizaciones especiales...), grandes acuerdos con aquello que ya habíamos probado y gusto por los lugares tradicionales, recónditos y con solera, además de un fuerte aprecio por la Mallorca interior.

Este Restaurantes de Mallorca (segunda edición revisada de 2007, en J. J. de Olañeta Editor, ISBN 84-9716-461-X) nos ha dado buenas alegrías este verano. Para muestra, algunos botones. De la zona de la Serra de Tramontana, en Sóller, descubrimos (es un decir: ¡lleva abierto desde 1880 y desde 1925 lo regenta la misma familia!) un pequeño hotel junto a la estación, El Guía (de sobrenombre Ca's Pentinadó), con un camarero que canta la carta y las bondades del restaurante, que merecería por si mismo ya una visita: excelentes calabacines rellenos de verduras (plato estrella), croquetas de pescado, canelones de los de la abuela para los niños, anfós (mero) a la plancha, extraordinario gató y muy conveniente precio.

De la zona de Migjorn (la nuestra), uno de los que más nos gustaron es Sa Plaça, en S'alqueria Blanca (Santanyí), plaça Sant Josep, 22 (971164022). Con un bello local, en verano ocupan con alegría la plaza del pueblo y han tenido el acierto de convertir su cocina en un "restaurante de tapas", algo muy poco habitual en la isla. Raciones completas o medias raciones desfilan a buen ritmo: patatas bravas de tierno corazón y suavemente picantes (la patata mallorquina, qué monumento); tumbet sabrosísimo con un concentrado de tomate de aúpa; caseras croquetas de pollo; caproig a la plancha, con espinacas y sobrasada con miel en pasta de bric. Pocas complicaciones y calidad al fresco de la noche de verano.

Y ya para terminar este breve recorrido por las páginas del libro de Lucía y por algunos de sus tesoros, otro Sa Plaça, pero en este caso de la zona central de Raiguer i Pla, en Petra (Plaça Ramon Llull, 4, telf. 971561646). Otra bella plaza alberga lo que, también, es un hotel de interior, con tres bellas y cuidadas habitaciones. La cocina de Jaume Dam brilla en la interpretación de los platos de toda la vida y aunque disfruté de lo lindo con unos fideos marineros hechos según una receta de un pecador de Alcúdia, mi plato estrella fue un frit de pescado (foto de cierre) espectacular: patatas, pimientos, acelgas, tomates salteados junto con mejillones, gambas y calamares, en un brillante "apaño" del frit con casquería, otro de los monumentos de la cocina de Mallorca.

En pocas palabras, amigos, no se trata de una recomendación bibliográfica más, la que os propongo, sino de una llave maestra que os irá descubriendo y abriendo algunos de los lugares gastronómicos más interesantes de Mallorca, con una única concesión, que no es a la moda, sino a la calidad ubicada en lugares con interés.