09 d’octubre, 2008

Guia de vins de Catalunya 2008-2009


La Guia de Vins de Catalunya 2008-2009 es un proyecto singular y digno de toda la atención. No nace como "vocero" de las empresas que trabajan en el sector (no admite publicidad de las mismas y este detalle dice mucho de la indepencia del asunto) o con una orientación administrativista. Tal y como la veo yo, su único norte es el beneficio del consumidor final. Su objetivo es ofrecer mucha información de los vinos que se catan (todos los de las DOs catalanas), hacerlo rigurosamente a ciegas y cruzar las opiniones sobre cada botella de 8 personas que proceden de todos los sectores implicados en el mundo del vino (consumidores, ¡también!). El resultado es una valoración exhaustiva de cada muestra, imparcial y estrictamente en función de su contenido. Pero no se contentan sólo con eso (no dejaría de ser una guía más, en este sentido, en un mercado ya algo saturado). Tras catar y puntuar, destapan la botella y valoran otra serie de parámetros, muy importantes también para ese consumidor final: información de las etiquetas, diseño de las mismas, tapón, precio en relación con la puntuación ya otorgada, posibilidades de combinación del vino con la comida...Toda esta información la ofrecen, después, precedida de una breve introducción a cada DO y a sus cifras de producción en la cronología de referencia. Cada botella catada viene acompañada de su puntuación, coloreada según el tipo de vinificación del vino; de las variedades de uva que lo forman; de los meses de crianza y del precio de la botella. Tres notas muy breves (por ejemplo "complejo, original, afrutado"), dan una mínima orientación de cata al lector y una serie de iconos gráficos anotan trazas de combinación del vino con gastronomía variada. Cuesta adaptarse un poco a la información servida de esta forma, pero cuando tu memoria te va dando las claves, la guía se convierte en un instrumento realmente útil y valioso.

La completan una descripción del método de trabajo empleado (importante: es el que da credibilidad a estas páginas), firmado por su director y alma máter, Jordi Alcover; unas páginas dedicadas a los vinos mejor puntuados, los que más han gustado al equipo de cata; y otra, dedicada a los vinos "troballa", a aquellos vinos emergentes que más han sorprendido al equipo. Por supuesto, un completo e imprescindible índice sirve, al final, para moverse con soltura por las 300 páginas de la Guía. Me quedo con dos palabras para condensar su espíritu: "equipo", es la primera, pues éste ha sido un extraordinario trabajo coral, dirigido por Jordi Alcover, sí, pero que no hubiera llegado a buen puerto sin la participación de un montón de gente entusiasta y muy competente: Silvia Naranjo, Francesc Ortiz, Jordi Benach y un largo etc. de apoyo en la cata y en la gestión de tanta información. Y "credibilidad útil" es la segunda: éste es un trabajo que me da confianza (en la lista de vinos mejor puntuados, por ejemplo, coincidiría con ellos en mucho de lo valorado), su información es buena y, lo más importante, es útil para el consumidor. Cuando me la regalaron, me pidieron que escribiera con sinceridad sobre ella. Lo he hecho, por supuesto, y también quiero apuntar un par de cosas que yo intentaría hacer evolucionar: las tres palabras que suelen usarse para la descripción organoléptica del vino son demasiado genéricas y eso no ayuda mucho a quien quiere ser informado. Propondría, por ejemplo, que en vez de "afrutado", se dijera el tipo de fruta que recuerda, y etc. La segunda es que, en ocasiones, se acumula demasiada información gráfica, de iconos y colores, en una página. La idea es muy buena pero tendería a unificar o simplificar iconos y colores.

Creo que éste es un primer paso muy importante, bien dado, con competencia y transparencia. Me parece que el equipo y sus impulsores van a conseguir su objetivo, que no es otro que el de elevar el nivel de consumo consciente y bien informado del vino que se produce en las DOs catalanas. Yo, en la medida de mis posibilidades, les ayudaré, claro. Caramba, casi me olvidaba: la Guía la distribuía El Periódico de Catalunya en quioscos, aunque también la he visto en muchas tiendas de vinos. Su precio es de 10,95 euros. Estará en circulación por lo menos hasta enero de 2009.

El dibujo de la garnacha procede de la página web de Bodegas Jesús Díaz.

06 d’octubre, 2008

Día de acción de gracias y momento Theise


En mi particular día de acción de gracias (¡el día después de que me dieran el premio al blog! y sin dar todavía demasiado crédito al asunto), mi santa hizo un pastel para celebrar la fiesta mayor de Barcelona, la Mercè. Huevos, harina, levadura, azúcar, mantequilla, ralladura de limón, tres melocotones de viña maduros y un poco de azúcar glaseado dieron como resultado un afrancesado, casi otoñal pastel de aquellos que nos vuelven locos en casa: con los sabores de la más casera pastelería bretona y ese toque mediterráneo y algo decadente del melocotón maduro. Decidí convertirlo en un "momento Theise". Sin muchas explicaciones, con sencillez, asistimos todos a una mágica combinación, a un instante que yo, en mi intimidad ya compartida con vosotros, llamo un "momento Theise", por Terry Theise, en "The Fun Principle", WFW, 18 2007, p.130: "...and I had my bottle of Muscat...sat on muy little balcony, and glugged a wine that seemed to encapsulate the keen mountain air.

...the wine was perfect, the moment was perfect, and it was perfect because the wine was content not to occupy my whole attention, but rather to keep me company". Eso fue exactamente lo que pasó con la combinación que propuse entre este delicado pastel de melocotón y el Beerenauslese 2004 de Stiegelmar. Con bodega en Gols (Austria) y una fuerte dedicación durante cuatro generaciones a las variedades características de la zona (más alguna foránea), sobresale entre sus vinos, la dedicación a la Muskat Ottonel, una variedad de moscatel de grano menudo. Un BA de moscatel ottonel (¡el muscat es la variedad preferida de Theise!) tenía que ser un candidato ideal para lo que buscaba. Vendimia seleccionada el 17 de noviembre de un solo pago (en Podersdorf), fermentación larga y controlada, reposo y embotellado al año, este BA posee 12% y 105gr/L de azúcar residual. Lo tomamos sobre los 10-11ºC y nos dió ese momento "Theise" tan deseado, aunque no siempre encontrado: de un color ambarino discreto, es un vino de matices moderados, no muy concentrados. Orejones de melocotón, aires de la moscatel suavemente perfilados, un poquitín de miel de milflores y un paladar amplio, jugoso y generoso, que ve invadidos todos sus recovecos por la suave brisa del lago que ha visto crecer estas uvas. No es un vino, en efecto, que exija gran concentración o que pida a gritos soledad y meditación, sino un vino ideal para acompañar un buen postre, en agradable compañía, charla de sobremesa y en día de acción de gracias. Es un vino que te acompaña fielmente y no te pide mucho a cambio. Bueno sí, 14 euros la botella, pero para lo que nos dió parece un precio casi ridículo.

02 d’octubre, 2008

Urta y Ribera en la "ciudad del sol"



Heliópolis es uno de mis barrios preferidos en Sevilla. La gente suele acercarse, por razones casi obvias, a otras zonas de mayor reclamo turístico, pero a mí me gusta Heliópolis. Y no es que sea por el tema futbolístico, vaya. Veo en mi memoria una foto, de los años 50, en que mis abuelos, con cara sonriente ella, aspecto resignado él, ofrecen sus productos de la huerta y frutales a los clientes. Forma parte de la historia minúscula de este país, pero el barniz rojo y catalanista de mi familia materna, les echó del mercado de trabajo en la dura posguerra civil (en mi pueblo, donde todos se conocían demasiado) y les hizo emigrar de Igualada a Sevilla. Abrieron una frutería y mi madre y tíos pasaron una buena temporada, precisamente en Heliópolis. Años después, me he acercado a Sevilla con frecuencia y he disfrutado de la ciudad, gracias al cariño y amistad de no poca gente. Y el barrio en el que, de siempre, me he sentido más cómodo ha sido Heliópolis: es como una isla de sosiego y paz dentro de la gran ciudad, con muchas casas de dos plantas (los hotelitos del Guadalquivir, de la Exposición Iberoamericana del 29), una distribución de calles racional y cuidada (casi hipodámica) y mucho naranjo y limonero en los patios. El encalado de las casas y el amarillo casi toscano de muchos detalles de las mismas, completa el milagro en pleno siglo XXI.


Otra de las razones de mis estancias en el barrio es que se encuentra en él uno de los restaurantes históricos de Sevilla, un lugar que no engaña a nadie, que ofrece con transparencia y buen hacer desde hace años (ahí es nada: ¡raíces en 1951 y restaurante en 1963!) muestras de la gran riqueza de la cocina andaluza. El Jamaica es un sitio tranquilo, donde se come con sosiego y se dedican generosas raciones de tiempo al aperitivo y a la sobremesa: no te achuchan para que te vayas. Servicio atento sin empalagos y una decoración sobria y algo "atemporal", completan el panorama de uno de mis sitios de referencia en la ciudad. Sin saber nada, pero nada, de todo esto, un querido amigo celebró el otro día un acontecimiento importante en su vida. ¡Y no se le ocurre otra cosa que llevarnos al Jamaica! Mi felicidad fue doble, claro: por celebrar con él lo que en Sevilla nos reunía y por hacerlo en mi Heliópolis. Una manzanilla correcta, con gordales de la casa, buen jamón, croquetas y un manchego superior, oficiaron de correcto entrante. Pero la traca y los pañuelos llegaron con el segundo. Me despaché, como varios compañeros de mesa, con una urta a la Roteña, receta que bordan en el Jamaica. Con el pescado en su punto y el aderezo de un gran aceite de oliva en que se habían confabulado tomates, cebollas, pimientos verdes y pimienta, resultó un segundo sabroso y a la altura de lo habitual en esta casa.


Andaba la bodega del restaurante un poco floja en vinos blancos de empaque y cierta crianza y, sabedor mi amigo de mi pasión, me dejó hacer. Y nos fuimos hacia la Ribera del Duero, donde trabaja Matarromera. Se trata de uno de los grandes grupos de la DO, con fama y prestigio consolidados que se tienen que ir contrastando a cada botella que uno prueba. No en vano, mis disgustos con los riberas en los últimos años, me hacen ir con tiento en su elección. Este Matarromera Crianza 2005 ofrecía dos cosas importantes: un período ajustado de madera, por una parte, y el suficiente reposo en botella en buenas condiciones, por la otra. 12 meses en roble americano y monovarietal de tinta del país, se mostró, ya de entrada, como gran aliado del plato que tomé. Sus colores armonizaban a la perfección, el rojo casi granate del tomate sofrito con cariño y tiempo y el rubí ya apaciguado del vino. Con 14,5%, fue tomado a 16ºC (más o menos) y se ofreció con una capa media y un recuerdo casi lejano de la madera. La nariz asombró por los aires limpios de mora a medio madurar, de mirto y, ya en boca y en posgusto, de compota de grosellas (dulce, pero no dulzona) y de un mínimo de vainilla y de regaliz. Taninos medios, amables y bien torneados, completaron un panorama que me reconcilió plenamente con la Ribera. Salí al sol de mi barrio con la gratitud rebosándome los poros de la piel, hacia mi amigo por su celebración y por el acierto del lugar y hacia Heliópolis y el Jamaica, por seguir estando ahí, haciendo las delicias de los amantes de la buena gastronomia en ambiente distendido y en lugar amable.

La foto de Heliópolis procede de la página web del Hotel Holos.