12 d’octubre, 2009

Alícia Rojas: vida y vinos en la Rioja

Alicia Rojas: una bodeguera en La Rioja from manuel gago on Vimeo.

Mi amigo Manuel Gago, en su imprecincible blog Capítulo 0, acaba de editar la parte más jugosa y narrativamente compacta de la conversación que tuvimos con Alicia Rojas, en la parte más alta de su finca. Merece mucho la pena escuchar la narración: ponedle de atrezzo una mañana fresca en la Rioja casi otoñal; una cabaña con el fuego del hogar crepitando; una finca única en que los viñedos conviven con bosques, rebaños y zonas húmedas; una agrable compañía; una mejor charla; unos chorizos a la brasa que me hicieron soltar una lagrimita de placer; fragante aceite arbequino de la finca y una buena copa del Finca Alicia Rojas reserva 2001, fino, delicado, redondo, con uva fresca, pimienta y canela, amable. Pensé "que pare de girar el mundo, que yo me bajo aquí un buen rato".

PS. No sé cómo hacer para que el vídeo aparezca en el tamaño proporcional a la pantalla de mi cuaderno...en fin: mi consejo es que lo miréis a pantalla completa.¡Y disfrutéis con la charla de Alicia!

PS.2. Mi ángel custodio en temas de diseño de este cuaderno, Peter, acaba de arreglarme lo del vídeo, así es que ahora, demás, se puede ver bonito. Gràcies, Peter!

08 d’octubre, 2009

Las cosas del campo

Hoy no va de vinos la cosa. Excepción en mi cuaderno, sí, pero siento que es día para ello. Hoy va de libros y de escritura, de admiración y de reverencia, de emoción siempre, de lenguaje y de comprensión de la vida, de transmisión de sus sentimientos y de una forma de verla y vivirla. Hoy va de José Saramago y de José Antonio Muñoz Rojas. Hoy va de las cosas del campo. Parecerán distantes y distintos los asuntos, los personajes, sus cosas. Para mí no lo son tanto.

Umberto Eco hablaba en El País de 6 de octubre de 2009 de "Un 'bloguero' llamado Saramago". Mostraba su simpatía por un hombre que lo ha sido, que lo es todo en las letras y que, embargo, decide concentrar sus retazos de vida cotidiana en un blog. Y decide ofrecerlos, como no puede ser de otra forma tratándose de este medio, libre y generosamente. El Cuaderno de Saramago es un de los ejemplos que tengo siempre en la cabeza cuando escribo. Llegó hace poco y lo hizo para bien. Textos breves, prosa directa, descripción cuidada, sintaxis transparente. Precisamente él, "que cuida la puntuación hasta el extremo de hacer que desaparezca", precisamente él que "no afronta jamás los problemas de frente sino que los rodea poéticamente" (entrecomillados, de Eco), precisamente él que nació en 1922, nos muestra con frescura, con alegría, con diligencia, cómo escribir un cuaderno en la red.



El libro que más me ha impresionado de Saramago se titula Levantado del suelo (Alfaguara, Madrid, 2000, isbn 84-204-8443-1) y muestra como pocos la fuerza de su literatura. Saramago es hombre de campo, aunque no del Alentejo. Pero su prosa decidió tomar como tema esa tierra portuguesa y su mano, diestra, consiguió culminar el sueño de cualquier escritor: dar vida a aquello que su cabeza ha reescrito mil veces. Este libro es el Alentejo. Quienes hemos paseado por él, conocido a sus gentes, comido y bebido sus vinos lo sabemos. "Del suelo sabemos que se levantan las cosechas y los árboles, se levantan los animales que corren por los campos o vuelan sobre ellos, se levantan los hombres y sus esperanzas" (Saramago). A muchos parecerá una obra menor. A mí me emocionó y me habló de las cosas importantes de la vida.

Como lo hizo siempre José Antonio Muñoz Rojas. Él no tiene ya días ni cosas que contarnos. Nos dejó hace muy poco y ayer mismo, de nuevo El País, publicaba un obituario, firmado por Miguel Martínez Cuadrado. Yo le lloro más quedo y recordando otras cosas que las que describe el Sr.Martínez, aunque conozca y reconozca la extraordinaria labor de Muñoz Rojas como filántropo. Yo me quedo con su Las cosas del campo (Pre-Textos, Valencia, 1999, isbn 84-8191-250-6). No repetiré elogios ni sonsonetes. Para fortuna de muchos, Muñoz Rojas salió ya del limbo de las ediciones agotadas o inencontrables. Si tenéis la suerte de no haber leído todavía este libro, corred a las librerías, compradlo y daros, dadle al autor el mejor homenaje posible, el de la lectura. No estoy muy de acuerdo con Martínez cuando finaliza su "in memóriam" hablando de un "reconocimiento que sólo los medios de comunicación pueden mantener". Los lectores estamos sobre todo para eso, para perpetuar el recuerdo y para promover nuevo reconocimiento.

Muños Rojas fue siempre un autor en el que las aguas de la prosa y la poesía encontraron imprecisa y perfecta confluencia. Su prosa se bebe como la poesía, su poesía narra como la prosa. Su castellano es terso, delicado, transparente como sus preferidas mañanas de enero, "lavado el aire, tan recién vestidas tierras y sierras, todo estrenándose" (de "Finales de enero", p.111). Tiene la precisión de la mejor manzanilla y, al mismo tiempo, el volumen del gran oloroso. Confieso mi adicción y reconozco, de paso, mi debilidad, un "adúnaton": me gustaría escribir con la elegancia y esbeltez de Muñoz Rojas, con la puntuación de Saramago y, ya puestos, con la intuición, descaro y sentido del humor de MVM. Las cosas del campo es uno de mis libros de cabecera, uno de los pocos que releo con constancia, una de las razones por las que mi vista y mis sentidos se vuelcan, siempre que pueden, hacia el campo, hacia la cepa y el ciclo de la naturaleza en el viñedo:

"El campo saca incansables bellezas escondidas y acumuladas, las renueva y ofrece sin tasa a los ojos y al alma de quienes quieren gozarlas. Advierte con su descansado silencio que sólo volviendo a él encontrarán los hombres lo mejor de ellos mismos" (Muñoz Rojas). Descanse en paz. Mientras, seguiremos leyéndole. ¡Leyéndoles!

La foto de J.A.Muñoz Rojas procede de Antequera.es; la de J.Saramago, de davidfs.

04 d’octubre, 2009

Matassa 2007 y Taleia 2008



Voy a seguir hablando de gente que hace vinos en tierras donde no ha nacido, de gente que se enamora de esas tierras (en el caso de Tom Lubbe, se enamora también de la hija de su anterior jefe, Nathalie Gauby) y decide poner en ellas su dinero, su capacidad de trabajo y su saber vitivinícola. Con resultados espectaculares, en mi opinión. Se me criticó que hiciera algo parecido cuando hablaba de Dominik Huber y Eben Sadie en el Priorat, pero sigo pensando que el trabajo que esta gente hace (Tom Lubbe, en el Rosselló catalanofrancés; Raül Bobet en Talarn: ahora resultará que me equivoco y Raül nació en los alrededores del Castell d'Encús: es una información que no he podido contrastar), con conocimiento profundo del entorno, con respeto hacia la tierra, con pasión, es compatible con el que hacen quienes nacieron en esas tierras. No veo intrusismo, veo colaboración y complementariedad naturales. Tom Lubbe y Sam Harrop MW querían hacer vino en Francia y tras la experiencia de Tom en Domaine Gauby, sabían que eso sólo podría pasar en el Rosselló. Dice Tom que es una de las pocas zonas de Francia donde un joven viticultor puede iniciar un proyecto sin un peso financiero insoportable. Domaine Matassa es el sueño de los tres, en una colina pedregosa rodeada de bosques (detalle importante: Tom es biodinámico y la protección de los bosques impide la llegada de productos químicos por lo menos del entorno), con esquisto y mucha vegetación mediterránea (espliego, romero, hinojo salvaje, tomillo).



Vendimias en cajas pequeñas, mosto a partir de prensado muy suave, levaduras exclusivamente autóctonas y fermentación en barricas viejas de Borgoña, por lo menos durante diez meses en el caso del Cuvée Marguerite 2007, que es el vino de que hablo ahora. Cuanto hacen no se adapta a nada (estos van por libre) y por lo tanto, nos quedamos en un modesto "Vin du Pays des Côtes Catalanes". 13% para un 50% de viognier y un 50% de muscat de petit raisin. Pálido amarillo, profundidad de la madera, oscuridad de la bodega. Frescor y austeridad son notas dominantes, con un mínimo carbónico al inicio. Tremenda mineralidad: grafito y, en posgusto, matas de espliego azotadas por el viento. Me viene a la cabeza una imagen: el armario de la ropa que perfumamos, en casa, con bolsitas de lavanda: lavanda seca y jabón de Marsella. Perfume y frescor de esta tierra. Muy atractivo y seductor. Es uno de los grandes blancos que bebo con cierta frecuencia.

Otro "extranjero" ambulante llama mi atención desde hace tiempo. Es paradójico, puede, pero sé menos de él que de Tom Lubbe. Raül Bobet (antes en Torres y ahora, también, en Ferrer-Bobet) ama el anonimato (así lo confesó en una entrevista/ cuestionario con Jordi Melendo) y jamás he tenido la oportunidad de charlar con él. Qué más da, pienso: sus vinos ya hablan por él, y eso es lo que importa. Tom y Sam (como Dominik y Eben) han encontrado la respuesta a los estragos del cambio climático en el cultivo biodinámico. Raül, sin ir exactamente por ahí (creo), sí practica el cultivo orgánico en sus viñedos de Castell d'Encús (Talarn, Pirineu de Lleida, en la DO Costers del Segre). Bobet, además del cultivo, buscaba climas más fríos en el terreno adecuado, con buena orientación y, lo más importante, una tradición vitivinícola que él resucita pero que arranca del siglo XII. 95 Ha rodeadas de bosque (sólo 23 son de viñedo), para una plantación de las variedades que Raül considera más aptas para el clima, orientación, altura (casi 1000 metros) y suelos que tiene. Sólo sé de sus métodos de vinificación lo que, de nuevo, Melendo publicó en El Mundo. Puedo imaginar prácticas parecidas a las citadas hace un momento, con especial atención a la vinificación por separado de las variedades, quizás a una maceración prefermentativa de las blancas (Ekam, que no he probado, es de albariño y riesling; mientras que Taleia es de sauvignon blanc y sémillon) y, eso sí lo dice Jordi, a una fermentación parcial en lagar de piedra. Taleia 2008, que es el vino último que me sedujo, está hecho con un corte Sauternais, sauvignon blanc y sémillon (algo anunciará eso de cara a un futuro vino dulce, digo yo).

Con 13% también, es un vino que sorprende por su poderío y vivacidad y porque, en aparente contraste, su dueño lo ha embotellado en un envase que pesará casi el kg y con tapón de respeto y guarda, de 48 mm (seguramente pensará que éste, como algunos otros grandes blancos, puede aguantar años). Amarillo pálido para un vino que, en parte, me recuerda a los caballos salvajes de Daguenau: vibrante acidez, le va al pelo. Cuerpo en boca, amabilidad de la sémillon también (sobre todo en nariz: confieso mi devoción por la sémillon vinificada en seco). Mineralidad muy tenue pero atractiva. Pera limonera, hierbas medicinales. Qué desgraciado soy: acabo de topar con otro vino que bebería por cajas, con mucho placer. Ambos vinos se pueden comprar sobre los 18 euros, el primero en Cuvée 3000. El segundo en la cadena Vinus et Brindis (en mi caso, en su tienda de Torrent de l'Olla, con un tipo que aconseja y entusiasma al mismo tiempo).

Viñedos y bosque: qué buena combinación...