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05 de novembre, 2009
Cita en Porrera
El detalle de toda la información que els Cellers de Porrera ofrecen a los amantes de los vinos del Priorat lo podréis encontrar aquí. 03 de novembre, 2009
Monsieur Baobab
El baobab es una metáfora de la grandeza de África y es, además, el árbol simbólico del Senegal. A los senegaleses les encanta poner motes y llamar a las personas por ellos. Tanto empeño puse en conocer todo lo relativo a este árbol que me acabé ganando el apodo: ¡"Monsieur Baobab"! Ese soy yo en Dakar. Estar debajo de un baobab es como cobijarte bajo un elefante: su piel es coriácea, su presencia casi intimida. Tras superar la primera impresión, lo que te transmite el árbol es plenitud, entereza, integridad, bienestar, cobijo. Uno se siente, casi, como en el hogar de un hobbit. De hecho, los baobabs son un árbol sagrado en el país y hubo un tiempo en que bajo sus raíces se enterraba a las personas. No había lugar mejor. He tenido la suerte, además, por la época de sus "estaciones" en que he estado allí, de haber visto a los baobabs en plenitud, tras las lluvias, con ramas bien pobladas, con frutos que pronto alcanzarán la sazón y, menuda gozada, con flores a la vista. Grandes y blancas,vistosas se ofrecen a los insectos con generosidad.
El baobab sirve para todo. No sólo acoge en la muerte, también da guía en la vida: se aconseja a quien tenga problemas, que apoye su mano derecha en el tronco del árbol, reflexione un rato y piense en cómo se puede arreglar lo suyo. El árbol ayudará y pondrá su parte. Puedo asegurar que apoyarte en el árbol, estar sentado bajo él, tocar y sentir su fuerza, te hace sentir bien. Su fruto, además, se cosecha, se seca, se trocea y se sirve en infusión. El bouye, que todo el mundo toma a todas horas con un poco de hielo (ahora que hace ya mucho calor) tiene un sabor dulzón, aunque con un punto vegetal, con aires de melocotón maduro y de mango, denso y consistente. Es un excelente remedio para el dolor de panza y da, además, vigor ante la fatiga. El mismo fruto, troceado y seco, se vende en saquitos. Nuestro guía en Goré nos dio algunos y nos explicó que es un excelente sistema para mantener la felicidad en la casa y alejar el mal de ojo y la envidia: hay que repartir trocitos de fruto de baobab por la casa, ¡y ya está!
Y por supuesto, no me salí con la mía: mi otro objetivo era escuchar en directo a la mítica Orchestra Baobab, resucitada hace dos años tras más de diez de separación. El club Just 4 you no estaba lejos de mi casa, allí donde ellos solían tocar. Pero no me esperaron...Volverán el 14 de noviembre al Centro Cultural Francés pero yo no podré estar allí. Me conformé con otro de los momentos mágicos que he vivido estos días. Estábamos esperando la llegada del amigo Bachir que tenía que llevarnos al aeropuerto. La puerta de la residencia, cerrada por precaución. Pedí que la abrieran para despedirme del cielo de África, la luna en cuarto creciente hermoso. Y pensé pedirle a Abdoulaye, responsable de la recepción, que pinchara en su ordenador alguna cosa de la Baobab en la red. Sonrió cómplice...y esa mezcla fantástica de ritmo africano y cubano rompió el silencio de la noche en el jardín y me brindó la mejor despedida posible, al son de la Baobab.
01 de novembre, 2009
Los matices de la negritud

Vuelvo emocionado y desencajado al mismo tiempo de Dakar. En efecto, aunque pude conectarme a ratos, no he tenido tiempo ni de editar con dignidad mis fotos ni de pensar en escribir con cierta pausa y afecto. No me he movido de la capital de Senegal y de sus alrededores y no conozco, por lo tanto, qué sucede en el campo, qué en la Casamance, qué en Saint-Louis. Cumplo ahora, ya instalado en la cómoda Barcelona, con mi idea de ofrecer algunas pinceladas de mi experiencia en el África negra. Dakar cae a trozos, Dakar vive en un mito que, como siempre, nada tiene que ver con la realidad. Su aventura, la aventura que la gente cree poder vivir en ella, no es la de los centauros del desierto que llegan a una playa que es rosa sólo dos veces al año. Su aventura es la de la supervivencia, con unas modulaciones, una profundidad y unas estridencias tan ensordecedoras, que no olvidaré jamás, en los mercados, en Yoff, en Ngor. La fractura social es enorme: unos poquísimos viven muy bien, unos muchos viven con muy poco pero han decidido hacer bandera de su dignidad y trabajan 18 horas cada día. Y unos muchos más han dimitido ya de la vida y malviven en mercados y mercadillos, pidiento, robando o intentando vender a cuanto toubab (blanco) se les pone por delante.

He conocido a mucha gente joven, he conocido a mucha gente contenta y alegre, he conocido a muchos que jamás podrán explotar sus habilidades y competencias en beneficio propio y de su país. El gobierno les desampara y la gente se siente sin recursos ni capacidad para llevar adelante sus ideas. He caminado mucho, me he pateado la ciudad, he hablado con un montón de gente y he hecho muchos amigos (blanco de alma africana, llegaron a llamarme): es lo mejor que me llevo. A pesar de la situación en que vive la mayoría, son gente vital y acogedora, hospitalaria y alegre. Tienen el ritmo de vida que les impone el clima, sin duda (y comen de acuerdo con ello: ¡ya hablaremos del tema!), pero trabajan mucho para muy poco (incluso la mayor parte de dirigentes que he conocido). Esa es la tónica, sea el nivel de clase social con que haya tratado. Mucho para muy poco, con muy pocos medios, pero con mucha reflexión e ideas en la cabeza. Este país no tiene solución, lo siento pero así lo veo. No tiene apenas recursos naturales y su clase dirigente es exclusiva y trabaja para muy pocos y en muy pocos sectores productivos. Los beneficios no llegan al pueblo. Las calles seguirán cayendo a trozos, los servicios no se arreglarán y los recursos seguirán llegando tarde y mal. Este país, con todos los matices de la negritud que he podido conocer, con ese conjunto de enorme potencial político y cultural que tiene la gente en esa zona, sólo tiene una esperanza: que entre todos encontremos cómo dar salida a los miles de jóvenes que he visto en las calles y en la universidad, en las escuelas y en los comercios, en los restaurantes y en los mercados.
Cuantas más oportunidades les demos de formar a los más jóvenes, mayor será la masa crítica de gente que querrá quedarse en Senegal para cambiarlo todo desde dentro. Hasta que esto suceda, tendremos que seguir aguantando cómo se gasta el gobierno millones de euros en una mastodóntica escultura (en un monte junto al mar, entre Dakar y el aeropuerto), de mujer, hombre y niño, llamada "La renaissance africaine", a la que se accederá por unas escalinatas que parecen las de Keops. La "renaissance africaine" puede que llegue, pero será sólo si muchos jóvenes formados y con capacidad e iniciativa toman el poder en cuanto estamento se les ponga por delante. Sé que existen, los he conocido y desde ya haré cuanto pueda por ayudarles. Con ellos, comiendo buen thiof, bebiendo buen bisssap y escuchando a la fantástica Baobab...
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