05 de març, 2011

Vino puro del Maule

Clos Ouvert Tomenelo 2007

Clos Ouvert Tomenelo 2007. Vino puro del Valle del Maule, en Chile. No tengo datos sobre su vinificación, pero sé que estos chicos trabajan los viñedos en biodinámica y su método es natural. Lo que, dicho por unos franceses, significa (en principio...), que no le añaden al vino más que el mínimo SO2 que el viaje de Chile a Europa requiere. Carmenère, syrah, cabernet Sauvignon, por lo menos. 14%. Vino denso, con empaque y cuerpo. Vino de eucalipto y brezo. Vino abierto, vino redondo que se asienta con gran placidez en el paladar. Casi sorprende su frescor con esos 14% declarados. Perfecta maloláctica. Vino, otra vez (qué suerte tengo últimamente) sin aristas. Tomillo y orégano. Cereza madura. Muestra una intensidad y complejidad aromáticas de largo recorrido. Atisbos de raspa. Aromas de verdor. Impresiona y se disfruta. No sé si quedan botellas, pero la mía (tras ardiente recomendación de Rafa Bernabé), la encontré de lance en Lavinia, por unos espléndidos 16€ (¡aunque en la tienda virtual la vendían a 9€!).

28 de febrer, 2011

Fastvínic

Logo de Fastvínic

Digamos que el diseño y las marcas, per se, no me dicen nada. Digamos (aunque alguno no se lo crea) que antes de entender de verdad qué significaba Monvínic tardé unos cuantos meses. Me echaban para atrás, casi me intimidaban, los uniformes, la decoración, cierto tipo de gente que solía encontrar allí...hasta que descubrí el alma del local: los que lo han hecho, los que trabajan en él y su pasion por el vino y por la gastronomía. A partir de ese momento, me siento y me hacen sentir allí como en casa. Digamos que con Fastvínic me ha pasado algo muy parecido pero con un desencuentro mayor. Estuve cuando abrió y me colapsé: por la gran cantidad de gente, por el ambiente casi claustrofóbico (yo lo soy...) que supone la circulación por el local, por la iluminación nocturna, por los vasos en que se servía el vino...

Ensalada de lentejas en Fastvínic

Me dije: "hay que darle tiempo al local, tú tienes que darte tiempo para entender de qué va". La segunda ocasión en que estuve, salí casi igual. Cometí el error de ir solo y casi tengo que hacer un curso de especialización para entender el mecanismo del servicio, el del pago de la comida, el del vino y su propia tarjeta de pago. Por no decir que no me hacía a la idea de los vasos, todavía. Y que, además, tenía casi que dislocarme el cuello para intentar combinar los bocadillos que se me ofrecían (o explicaban) en una pantalla y los vinos, que se mostraban en otra pantalla, 90º oeste. El local, con todo, mostraba ya una de sus grandes bazas: lo que se sirve, aunque todavía algo desigual, empezaba a gustarme bastante o mucho, siempre con productos muy cercanos y de exacta trazabilidad. Pongamos esta ensalada de lentejas como ejemplo, deliciosa, bien aliñada, con contraste de fruta y de verduras y un tomate (en invierno...) convincente. Pongamos otro ejemplo, que no me convenció tanto: un bocadillo de pies de cerdo con espinacas baby, que falla en el tipo de vinagreta que, en mi opinión, tendría que ensamblar el conjunto.

Bocadillo de perdiz en vinagreta de Fastvínic

Me repetí: "vamos a darle una tercera y última oportunidad". Esta vez con la familia y en horario sabatino. Tranquilidad y bonita luz en la ciudad que se transmitía, no sé cómo, al local. Entramos, pedimos, nos sentamos, esperamos nuestros bocadillos y ensaladas. Había poca gente hasta que entraron otras dos familias con niños pequeños. Sin apensas darme cuenta, empecé a sentirme cómodo en el local. La selección musical es extraordinaria y por primera vez podía oirla con calma y en esplendor. Me repanchingué en el asiento, mi espalda tocó la pared, mi nariz se asomó a un La Lluna La pruna 2008 (samsó y monastrell del Penedès, de Alemany y Corrió) y el vaso, por primera vez, me dejó entrever los matices de este buen vino (fresco, con aceitunas negras tipo Kalamata, ciruelas, muy agradable). Una niña cogió uno de los rotuladores que cuelga de una larga pared-pizarra y empezó a dibujar en ella. Llegó un extraordinario bocadillo de tibia perdiz en escabeche, envuelta en crujiente pan rústico (en la foto). Mordisco, vino, música, conversación relajada. De golpe percibí la amabilidad del local, la caricia y naturalidad de sus materiales (te envuelven), la sensibilidad de quien ha pensado los bocadillos (el susurro de la tierra cercana en ellos), la preparación de quien ha escogido los vinos y la inteligencia de quien se dedica, con tesón, a contar cuantos cochecitos con niños pequeños pasan por Fastvínic. Y, por primera vez, me sentí cálido, confortable, cómodo, bien acogido en él, comiendo y bebiendo a gusto.

La lluna i els vins a Fastvínic

Que nadie busque en Fastvínic un alterego decorativo, más barato y alternativo de Monvínic. En Monvínic se puede comer un platillo y una copa de gran vino por 20€. Y en Fastvínic, ese último día, comimos por 15€ por cabeza. La diferencia no está en el precio. Está en el tipo de sensaciones que te transmite el local. Vibras con cosas distintas, con otro tipo de comida, con otro tipo de utensilios, con otro tipo de compañía y otro concepto de local. Lo más importante: vibras porque sintonizas. Eso me pasó a mí. Por supuesto: hay cosas que mejorar y arreglar. No todos los panes están a un mismo nivel. La idea del vaso, si fuera un "impitoyable", sería genial. Los postres suenan todos demasiado igual y, sinceramente, les falta "un hervor". La carta de los vinos tiene que poder leerse en el mismo momento en que estás eligiendo la comida. Y el proceso por el que lo que has pedido llega a tu mesa, con el vino que has elegido y te has puesto tú mismo, es algo complejo. Ahora sé que funciona bien con poca gente, pero no estoy tan seguro de que aguante cierta aglomeración.

Todo esto no me preocupa. Sé que el hombre que cuenta cochecitos y su gente piensan constantemente en cómo mejorar lo que han empezado. Y yo sé ya por qué he empezado, también en Fastvínic, a sentirme como en casa. Cuando marchábamos, miré a los ojos de la sumiller que nos había presentado los vinos (ese sábado, ella y su compañero, a los que no conocía de nada ni ellos a mí, lo hicieron con paciencia con todo el mundo) y le pregunté, casi a bocajarro (aunque con una sonrisa...), para que no pudiera meditar la respuesta: "¿te sientes a gusto trabajando aquí?" Sonrió y asintió. Yo también salí con una sonrisa de satisfacción.

22 de febrer, 2011

Beberás el vino de tus sueños

Los Cipreses de Usaldon 2010

Los Cipreses de Usaldón 2010. Viñedos Culturales. Rafa Bernabé, de Bodegas Bernabé Navarro (Beryna, Casa Balaguer) con una nueva idea en su cabeza. Nace (son sus propias palabras) "de lo mas profundo de su amor por la tierra, nace con más corazón que cabeza. La apuesta es bien fácil: tierras, viñedos hambrientos de agua y comida pero deseosos de cariño, de cuidado. Y un pacto con ellos, un gran pacto entre caballeros: 'dame y te devolveré'". Cuando uno lee una declaración de principios como ésta, se le pone la piel de gallina. Uno ya ha disfrutado con los vinos de Rafa y conoce más o menos al tipo. De una pieza. Amante de lo suyo. Conocedor del territorio y de sus uvas. Tozudo. Soñador.

Finca Usaldón, en Villena (DO Alicante). Suelo calcáreo, cubierto de gran cantidad de piedras y guijarros. Cepas en vaso, de 46 años. 700-730 metros sobre el nivel del mar. Cultivo de secano riguroso, diferentes exposiciones, terruño originado en roca de granito, pobre en materia orgánica. Garnacha peluda vendimiada entre el 27 y el 28 de octubre de 2010. 15 días de encubado con los racimos enteros sin despalillar: 500 litros de mosto en el fondo de la cuba formados por el propio peso de la uva (maceración semicarbónica, vamos, pero con la estructura vegetal), entre 15º y 18º naturales (sin frío artificial). 10 días de fermentación, entre 16º y 19º (sin camisas de frío). Maloláctica completa en barricas de roble francés de cuarto año. Vinificado sin adición de SO2 y sólo con levaduras autóctonas del propio viñedo. No clarificado ni filtrado.

Los cipreses de Usaldón

A Rafa le gusta llamar a este vino NO: NO se presentará a ningún concurso; NO viene de cepas de 200 años; NO es bio; NO es dinámico; NO ha llevado viruta; NO ha estado en roble nuevo; NO ha sido catado por Parker; NO entiende de fases lunares; NO ha sido microoxigenado; NO es un Selección; NO es un Selección Especial; NO es un Selección Personal; NO es un Selección de la Familia; NO es Show; NO entiende de modas; NO es un vino de autor...se lo concedo todo, por la sencilla razón de que éste es un VINO como la copa de un ciprés. Sé que a él le gustará esta comparación porque la lleva en la cabeza y en el corazón: imaginaos a Marcel Lapierre (epd) haciendo vino en Villena y no en Morgon. Ésto es Los Cipreses de Usaldón 2010. No digo más. O sí (aunque me ahorre detalles que no todos, ni Rafa!, comparten, sobre cuándo y cómo me he bebido las dos botellas que me mandó):

cárdeno vivísimo. Zumo de fermentación. Intenso olor de la bodega cuando el mosto está en plena transformación. Voluble. Sedoso. Fresco. Muy fresco. Amplísimo en boca. Te abre el paladar de forma asombrosa. Sin aristas. Huele a antiguo este vino. Huele a buqué garni este vino. A guiso de antes. A vermú con fórmulas secretas de hierbas silvestres. Huele a matorral al fresco veraniego del anochecer. Huele a ortigas y a zarzamora este vino. Huele a vino y a grosella negra. A inquietud. Huele a la cocina de mi abuela y a la bodega donde se guardaban las cosas importantes. Huele a caldo de Navidad. A infancia y a tinta azul huele este vino. No sé cuándo ni a qué precio lo sacará Rafa. Pero desde ya os digo: atentos a lo que proceda de estos Viñedos Culturales porque el sueño de Rafa se ha hecho botella, su intuición se ha hecho vino y este vino formaba parte de mis sueños: uno de esos vinos que llevo en la cabeza y que jamás haré. Rafa lo ha hecho por mí.

Rafa Bernabé, cosecha del 59