26 de setembre, 2011

Kosher: la flor del flor de primavera 2007

La flor del flor de primavera 2007
Una de las cosas que más me gusta del mundo del vino es que está lleno de primeras ocasiones. No tengo la menor duda: podría pasar toda esta reencarnación bebiendo vino sin repetirme jamás. Y no terminaría de repasar todo lo que quiero probar...Ésta es una primera ocasión que no había buscado y que surgió, como tantas otras, por casualidad...No será porque no haya bebido yo pocos vinos de una de mis cooperativas de referencia, el Celler de Capçanes. No será porque no haya leído yo no sé cuantas veces que el Celler es pionero en España en la elaboración de vino kosher. Pues resulta que jamás había probado una botella kosher del Montsant. En una pausa de mi trabajo, paseaba por el barrio medieval de Barcelona (dicho sea de paso, uno de los mejor conservados de Europa), en su zona judía (el "call") y de golpe topé con una tienda íntegramente dedicada a productos judíos. Call Barcelona Wines & Books se llama. Y es bastante nueva. No hace falta decir que me faltó tiempo para entrar...Husmée, pregunté y cogí algunas botellas de vino bajo la atenta y discreta mirada de un rabino. Al final, el hombre no pudo aguantarse y me preguntó, muy amable "¿le interesa el vino?" A bodas me convidas, ¡pensé! Resultó que el hombre era ni más ni menos que David Libersohn, el rabino encargado de las certificaciones kosher y hombre profundamente interesado en el Priorat y en el Montsant.

Charlamos un rato, intercambiamos datos e informaciones y nos propusimos para algún, quizás, proyecto futuro del rabino. Por el camino se fue un correcto (sólo eso) vino rosado Galil Mountain Rosé 2010 a base de barbera, sangiovese y pinot noir y un extraordinario la flor del flor de primavera 2007 del Celler de Capçanes (36€). Los amigos de Directo al Paladar describieron bien qué es un vino kosher. No me detengo, pues, en eso. Digamos que era mi primera vez y que no he notado especiales diferencias. Sé que el control de la producción, desde la cepa hasta el embotellado, está en manos de Libersohn y que si él no da el certificado, el vino no se venderá como kosher. No hace falta decir que eso no ha influido para nada en mi percepción del vino. La fruta es una garnacha muy vieja (cepas a 500 metros entre 80 y 95 años, en suelo de arcilla y granito), con 28 días de maceración, 12 meses en barricas nuevas francesas de tostado medio y tres meses de reposo posterior en inox, más otro año de reposo en botella. 14,5% para ser tomados algo frescos y, en mi opinión, sin decantación. De un rojo rubí intenso y brillante, el vino destaca por su frescor, delicadeza y perfecta asimilación de la madera. Aporta aromas de la humedad del bosque en otoño: oscuridad de la hojarasca perdida entre musgo. Es un vino elegante, profundo y complejo que, sin embargo, no le pierde la cara a sus orígenes: monte y arcilla, cierta rusticidad, tomillo, madera de boj, acidez de las primeras cerezas y tabaco maduro. Un vino que disfruté largamente. Kosher, sí, pero por encima de todo, un gran vino.

22 de setembre, 2011

Barcelona: ¡dos citas con el vino!

VinoArtesano
Para todos los que estén de paso. Para todos los que vivan en la ciudad. Para todos los que estén pensando si vienen o no. Para todos los amantes de probar vinos que, quizás, no habían probado antes. Dos citas en Barcelona este fin de semana. Si no sabéis qué hacer. Si os da el ataque del "¿qué pasó con mi verano?". Si queréis pasar un buen rato. Dos citas en Barcelona este fin de semana. La primera es la de los debutantes absolutos. Amor por el buen vino. Pasión por una manera de entenderlo y de venderlo. Amigos enófilos en acción: allí estaremos. La segunda es la consolidación absoluta, tras el éxito de la 30 edición. Junto al mar y en el puerto viejo, con un gran despliegue de vinos catalanes y de medios. Muchas bodegas amigas: no faltaremos. Dos citas radicalmente distintas. Dos citas que se complementan. Dos citas que ofrecerán perspectivas y variaciones sobre un mismo tema: la pasión por el vino en momento de fermentación. ¡Es tiempo de fiesta!
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19 de setembre, 2011

Sevilla y el vino

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No quisiera que se me enfadara nadie en Sevilla. Me gusta la ciudad, me pierdo por alguno de sus lugares (sobre todo, qué poco original, en Triana y Santa Cruz) y, sobre todo, tengo a no pocos amigos entre sus habitantes. Estoy en la ciudad (no me gusta decir "voy y vengo": mi presencia es más o menos permanente desde el exilio interior que les tocó vivir a mis abuelos, allá a finales de los 50 del siglo pasado y primeros sesenta) desde los tres años y sus texturas, aromas y sabores forman parte de mi DNA emocional. De una forma más intensa, estoy y trabajo en la ciudad en los últimos diez años. Y caramba, tras mis dos últimas estancias (en junio y en septiembre de 2011), si no lo digo, reviento: ¿qué le pasa a la hostelería de esta ciudad con el vino? ¿Es un problema de la clientela? ¿Somos tontos, insensibles a buenos vinos servidos en buenas copas? ¿No pedimos jamás los vinos de la tierra? ¿Les trae al pairo a los hosteleros qué sirven y cómo lo sirven porque la gente bebe lo que se les pone y punto?

No consigo entenderlo, de verdad. Todos sabemos que es una ciudad donde se come bien o muy bien a ratos. Y el vino debiera formar parte del alma de cualquier gastromía. En estos meses, enumero, he comido en lugares muy interesantes: pongamos por caso dos establecimientos de tapas creativo-recreativas. Cádiz Nueve es uno de ellos (una morcilla espléndida; unas albóndigas de humus con cuscús muy ricas; un pionono con galleta María...). Pura Tasca es el otro (quesos bosqueño y pajarete, de delirio; morcón Sánchez, espléndido; arroz meloso con magret como tomado en Doñana, muy sabroso). He comido también en lugares correctos tirando a buenos en algunas de sus propuestas. Pongamos por caso, el Bar Giralda (con una fritura de verduras muy rica); o Modesto, el restaurante de toda la vida (en Cano y Cueto 5, junto a la Puerta de la Carne), con una fritura de pescado más que correcta; o el San Marco (el de la C/ Mesón del Moro), con un salmorejo en verdad delicioso. Nunca hemos pedido grandes vinos (presupuesto manda..) y siempre me he fijado en los que se servían como vinos de la casa, en las copas que tenían pensadas para esos vinos.

Un desastre sin paliativos. Sólo se salva (con buena nota, de veras) el Ocnos Rosado 2009 (tomado en Cádiz Nueve) de Colonias de Galeón (Sierra Norte de Sevilla), un rosado por sangrado de syrah, con frescura (hierbabuena) y estructura, con aires de especia delicada (pimienta roja madura). Las copas, con todo, no estaban por la labor.  Y a cierta distancia, un Montsant, del que no diré nada porque no es un vino de la tierra. Quiero destacar sobre todo ese detalle: cada vez que pido vinos tranquilos de Andalucía (no hablo de velos en flor, aunque, vaya, el discurso no es muy distinto...), sean blancos o tintos (rosados hay pocos) o, directamente, de Sevilla, me miran como si fuera marciano. Cada vez que me fijo en las copas, se me cae el alma a los pies. Generalizar es malo y ya sabéis: sólo escribo de primera mano y a partir de mi experiencia (seguro que hay sitios que no conozco que van por otro camino...). Mi experiencia es mala, sin más, y sólo puede hablar de una pésima y muy falta de calidad "riojitis" (ni "riberitis" galopante, vaya) y de un notable poco amor por el servicio adecuado del vino. Que se pongan las pilas, por favor, porque si siguen así, flaco favor le hacen a la gastronomía y a la viticultura de Andalucía. Que no sólo de vender cualquier cosa vive la restauración. También hay que saber vender bien y de la tierra.