17 d’octubre, 2011

Sela 2009 o del por qué de este cuaderno

Con su permiso, voy a interrumpir la emisión de los croquis argentinos para dar paso a un comentario de actualidad.
SELA 2009_
Bodegas Roda me manda una botella de Sela 2009. Un rioja de cepas de 20 años, 89% tempranillo, 11% graciano, con una maduración perfecta de la fruta y una crianza de 12 meses en barricas de roble francés. La nota de la bodega que acompaña a la botella no especifica otras prácticas enológicas o de viticultura ni tampoco si las barricas son nuevas, de segundo año, mezcladas...Por razones obvias, que todos los que hemos amado en alguna ocasión (y no han sido pocas las mías) algún vino de Roda sabemos, se presenta Sela 2009 como "el vino más joven de Bodegas Roda".

La descripción que hace la bodega de su vino dice: "es un vino con muy buena expresión frutal, sin presencia aromática de la madera, en la línea de las frutas rojas dulces y frescas, en boca tiene un tacto sedoso muy fresco, y con los taninos perfectamente integrados".

La bodega habrá mandado botellas a otras muchas personas que, con seguridad, opinarán sobre el vino. Una de ellas lo hace en el suplemento El Viajero de El País, de fecha 14 de octubre de 2011. Carlos Delgado. Le da una nota de 9/10, nos aclara (información que yo no tenía) que las barricas son seminuevas (¿qué significa eso, segundo, tercer, cuarto año, mezcladas?) y nos dice del vino: "consiguen...que...ofrezca un atractivo y elegante aroma a frutillos silvestres, rojos y negros, bien maduros pero frescos, con la leve presencia de la madera fina, especias y tostados. Sabroso, complejo, vivo y de gusto muy agradable, te llena la boca de sedosa y lozana frutosidad. Para terminar con la amplitud y enjundia de sus hermanos mayores, pero todo expresado de una manera más asequible y menos apabullante".

No voy a hacer comentario de textos porque cada cual se expresa como mejor le parece pero a mí me gustaría que me dijeran a qué frutillos rojos o negros huele el vino, por ejemplo. Porque no huelen ni saben igual una mora, una frambuesa, una fresa silvestre o un arándano negro. O a qué sabe una leve presencia de madera fina: ¿madera de grano fino? ¿tostados por debajo de la media? Pero dejo eso. Bebí el vino y anoté: "Sela 2009. DOC Rioja. 14%" (y los datos que ya he dado). "Madera, incluso en grano. Se perciben sus taninos -i.e. los de la madera- en boca. Casi masticable. Superado el primer impacto, la fruta negra madura" (aclaro que hablo del color, no del lugar de cultivo de la fruta) "(mora en compota y ciruela negra pasa) y golosa, domina la nariz, aunque el paladar sigue siendo hostil. Es un vino poco ensamblado con su madera que necesita bastante tiempo de botella para mostrar lo que probablemente lleva dentro". No anoté más porque pensé "tiempo".

Es evidente (por lo menos, en lo que a mí se refiere) que quien redactó la nota de la bodega, Carlos Delgado y un servidor no bebimos de la misma botella. Pero no alcanzo a explicarme las diferencias de percepción que las tres notas muestran. ¿No bebimos el mismo vino? Mi botella, con seguridad, es la que va al mercado y habiendo probado la primera añada de Sela y esta segunda, 2009, sigo con la misma idea del principio: por mucho que quieran forzar la percepción del vino, la marca de la bodega y su impronta (y hablo en sentido positivo) están también aquí. Y este Sela 2009, como los otros vinos de Roda, nace de un proceso de vinificación y de maduración y crianza que piden a gritos años de botella. Esto, ni más ni menos, es lo que sucede con este vino.

¿Qué sucede pues? Constato que tanto Bodegas Roda (en su nota) como Carlos Delgado (en El Viajero de El País) describen un vino que yo no encontré en la botella. ¿Por qué? Creo que están describiendo un vino que en unos meses (bastantes...) puede estar en esa botella, pero que ahora mismo, yo no he sabido encontrar. Sacar un rioja a 15€ con ese aparato de "fuerza, juvenil, fácil de armonizar con la comida...muy agradable al paladar, sabroso y fresco" (nota de la bodega), pide, casi necesariamente, un consumo a corto plazo. Y eso, claro, es lo que quieren reflejar las notas que he transcrito. No la mía. Si se me permite la osadía, yo aconsejaría que se compre este vino (a ese precio, sin dudarlo) pero que se le dé el reposo extra en botella que la bodega no ha podido darle, por razones bien comprensibles, por otra parte: ¡hay que vender! Aunque, claro, también puede pasar que la razón de todo esto sea más sencilla: mi paladar y mi nariz son sólo los de un amateur y yo no he sabido encontrarle, ahora mismo, la punta a este Sela 2009, que Carlos Delgado y la propia bodega sí han sabido percibir. Por si acaso, con todo el respeto que me merecen las personas y entidades que he mencionado en esta nota, yo les transmito mi humilde e independiente opinión. Vamos a darle esos meses (pongamos seis) a otra botella de Sela 2009 y ya les cuento.

14 d’octubre, 2011

Aldo's en San Telmo

Aldo's en Moreno 372, un Monvínic con vinos argentinos
Ha sido mi restorán de referencia en la estancia de Buenos Aires. Podía no haberlo sido pero se encontraba en los bajos de mi hotel (por otra parte, un establecimiento muy recomendable, en las estribaciones de San Telmo, junto a Belgrano: Moreno Hotel Buenos Aires, en Moreno 376) y algunas cosas en mi primera visita me encantaron: el local es agradable y tiene la luz correcta (lleva apenas cuatro meses abierto); la selección musical es la del mejor soul y jazz americano (es una música que me gusta) y tienen una carta con más de 400 vinos argentinos. Parece, casi, una pequeña alma gemela de Monvínic: la carta de vinos se presenta en una tableta informatizada (en este caso, iPad); la música; la gente que atiende es joven, muy amable, cómplice y, en algunos casos (aquí está la primera y mayor diferencia: en Monvínic todos saben mucho), suficientemente preparada. La segunda diferencia es que, a pesar de las 400 referencias, hay una clara decantación hacia la gran industria y poco cuidado hacia el pequeño e independiente viticultor. De esas referencias, demás, no más de diez se sirven por copas. Esa selección se mantiene a lo largo de toda la semana...La tercera diferencia es la cocina: muy correcta, con pequeños detalles  porteños de calidad (la milanesa de pollo, por ejemplo, es deliciosa), pero muy lejos de la creatividad, elegancia, técnica y cuidado por la identificación del producto, que exhibe Sergi de Meià. En cualquier caso, es un local que llena cada noche  y que, a lo que me pareció, está en el buen camino para convertirse en uno de los buenos restoranes de/con vinos de Buenos Aires. A poco que se lo propongan, mejorarán seguro y se convertirán en una referencia. No hay muchos sitios así en la capital.

12 d’octubre, 2011

Matambrito tiernizado

El tipo está pintado en la pared pero el colectivo paró
Tómense Ustedes la pequeña etiqueta con la que denominaré mis notas argentinas tal y como la propone el DRAE: "Croquis: diseño hecho sin precisión ni detalles". Ni más ni menos. No quiero hacer gran documentación y sí, en cambio, dejar estos croquis más o menos escritos y preparados para su publicación antes de que salga mi vuelo, esta noche del 9 de octubre de 2011.  Son mis impresiones, no busquen otra cosa. Más de uno pensará que estoy jugando con mi destino...pero me apetece hacerlo así. Que los dioses me permitan leer estas notas cuando vuelva a casa...

Argentina, tras siete años de ausencia, se me aparece en trampantojo. Casi todo parece ser lo que, en realidad, creo que no es. Como este estudiante de la facultad de letras de la Universidad Nacional de La Plata, pintado en la pared y que parece estar pidiendo el alto al colectivo. El edificio, visto así, parece cualquier cosa menos una facultad universitaria. El país, visto desde lo alto (digo sin mirar con gran detalle) parece haber salido de las profundas crisis que le viví desde los primeros noventa. Parece que hay más actividad en la calle y en los comercios. Hay montones de jóvenes "laburando" en todas artes (me gustaría saber qué cobran, por cierto...). Se ve movimiento y, claro, las próximas elecciones generales hacen que todo aparezca en ebullición.

Pero me da la sensación de que todo aparenta lo que, en realidad, no es. Esa identificación, puramente publicitaria e icónica, entre los K., su núcleo de poder y la nación argentina, casi me da vergüenza. Conozco un poco el país, gente de todas las clases, de todos los estados y la Argentina, para su suerte futura, es muchísimo más que los K. y su próxima mayoría absoluta. Y hablo en plural porque el difunto presidente participa muy activamente en la campaña. Vaya si lo hace. Y la iconografía, los discursos, todo está construido al más puro estilo de Augusto. Augusto se inventó todo esto hace más de dos mil años: el estado soy yo, la perpetuación de mi poder garantiza el bienestar de todos, quienes estén contra eso, no están contra mi persona sinó contra la nación, etc. Náuseas, en ese sentido.

Miras hacia todos lados, miras todas las "alternativas" y te das cuenta de que no parece haber nada sólido ni consistente. Malos tiempos, pues, se acercan para la Argentina si el país no es capaz de educar y de levantar a la gente joven, que está en las facultades (les he visto inquietos y pletóricos), que sea capaz de ofrecer alternativas a lo que ahora veo. La economía: uno diría que funciona mucho mejor que siete años atrás. Y es cierto. Pero se trata de un gigante con pies de barro. A la que los chinos y los brasileños hundan el precio de la soja; a la que los EUA y Europa consigan salir de sus crisis y apreciar su moneda, la Argentina empezará a sufrir de veras. De nuevo.

Y lo peor de todo es que hay una amplia parte de la población a la que no ha llegado para nada esta pequeña época de bienestar. La gente sigue comprando a crédito: nunca fue tan fácil (dicen los bancos) conseguir pequeños créditos personales que alimenten el consumo, que hace crecer ficticiamente la economía. Pan para hoy, hambre para mañana. Pero es que aquellos síntomas que hace siete, diez años atrás, me hacían salir del país con la cabeza hundida y pensando "de esta no salen", siguen ahí, enteros, tercos, en pie y sin ápice de cambio. En el centro de Buenos Aires, por la noche, la gente se pelea por las bolsas de basura de según qué oficinas. Las autopistas, en todas direcciones, siguen rodeadas de villas que no tienen la más mínima infraestructura de nada ni nada para vivir. Bueno sí: se ponen los chavales en los arcenes con sus buenas piedras. Y cuando pasamos los coches, las tiran al parabrisas. Si aciertan y paras, pringaste. Te quedas sin nada. Por pirmera vez en mi vida, tuve miedo en La Boca. Iba andando hacia un restaurante obrero (sic), en la parte más deprimida de la república independiente (en Caffarena) y me increparon varias veces, me pidieron dinero para bebida y tuve que ponerme duro. Ellos eran más, claro, y yo tenía todas las de perder, pero me respetaron todavía no sé por qué...Aparqué una noche casi en el puro centro, muy cerca de la Avda Santa Fe. Ni me di cuenta: dos tipos estaban tirados junto al lugar donde dejaba el coche. Me preguntaron "¿le guardamos el coche?". Y yo no caí...¿cómo iba a caer en el puro centro, que me estaban pidiendo un "impuesto revolucionario"? No les contesté y aunque mis amigos reaccionaron rápido, de nada sirvió: un cuchillo había atravesado la rueda delantera...

Todo eso sigue existiendo porque es síntoma de una enfermedad no curada. Muchos quieren hacer creer que las cosas van mejor. Yo creo que van mejor, claro que sí, pero sólo para unos pocos. La gente no es mala por definición pero hace cosas malas porque no tiene demasiadas opciones para llegar a plata decente...Junto a esto, la Argentina, sigue teniendo, por supuesto, lo mejor de lo mejor, aquello que te hace volver una y otra vez. Lo de siempre: la inmensa mayoría de personas con las que uno trata son muy amables, están siempre dispuestas a ayudar y, lo más, son generosas con aquellos que tienen menos que ellos. Ahí está el auténtico capital del país, su mayor riqueza. A mí me han pasado unas cuantas de estas cosas: salía del aeropuerto en el coche que alquilé y no había tenido tiempo de cambiar a pesos argentinos. Por dos veces pasé por un peaje, intenté pagar con tarjeta de crédito, por dos veces dos chavales jóvenes se quedaron mirando la tarjeta como si fuera la de un marciano y por dos veces dijeron "¿y la plata?". Por dos veces, aceptaron mi explicación, abrieron la barrera, me dejaron pasar y me desearon mucha suerte. Y he visto montones de detalles de estos, con gente que se respeta en sus trabajos, que se ayuda, que muestra cariño.

Esa es la fuerza que tiene este país, sí. Llegará un día en que estos jóvenes estudiantes que he conocido en mi  estancia, atentos, entusiastas, inquietos, con ganas de aprender, mandarán. El país seguirá teniendo grandes potenciales y sus riquezas llegarán a más gente. ¿Cómo puede ir mal un país que se inventa una concentración de cariño lingüístico y delicadeza gastronómica como es el matambrito tiernizado? Matambrito tiernizado...ya es uno de mis mantras preferidos. Lo vi por primera vez en un cartel en La Plata y me quedé prendado de la afortunada expresión. Matambrito tiernizado...un matambre delicadamemte cocido, que tomé envuelto en suave brioche. Estaba comiendo yo lo que parecía "sólo" un rico emparedado de matambre, cuando se me acerca un querido amigo al que había contado mi atracción por la expresión y me dice "pues, Joan, esto es matambrito tiernizado". Matambrito tiernizado...qué país. ¿Qué quieren que les diga? Yo le quiero y quiero a sus gentes, a su forma de decir y hacer las cosas. Y perdón por la paliza...¡salió así! Ya les hablo enseguida de algún restorán y vino que merece la pena ser anotado en la agenda del viajero inquieto.