10 d’octubre, 2012

Finca La Emperatriz garnacha 2010

Finca La Emperatriz garnacha cepas viejas 2010Lo que van a leer ustedes tiene más que ver con el entorno en que se mueve un vino que con el vino en sí mismo. Es cierto que quienes vinifican ahora en Finca La Emperatriz son los responsables de que Neal Martin haya situado a su Garnacha Cepas Viejas 2010 en la lista de The Wine Advocate de M. R. Parker en el rango de los 93 puntos. Y lo son porque hacen las cosas cada día mejor, porque reflexionan sobre sus técnicas de vinificación (sobre todo) y sus vinos evolucionan casi con mayor rapidez que la fruta (garnacha de cepas viejas, en el caso que nos ocupa) con que los hacen. Porque esa garnacha llega donde llega y da para lo que da (que no es poco), pero la manera como la trabajan, la hace más accesible y placentera que muchas de las garnachas que he probado en las DOC Rioja y DO Navarra (perfiles bastante parecidos). También son responsables, y bien que hacen, de gestionar esos 93 puntos Parker como oro en rama y de buscar (a través de una agencia de comunicación que hace muy bien y con transparencia las cosas) la máxima repercusión posible entre los medios y, de ahí, entre los consumidores. Aquí entro yo. Aunque muchos me consideren "medio" y me manden de vez en cuando botellas, soy un consumidor que escribe sobre lo que bebe y paga. En algunos casos, hago una excepción.

Como éste. La bodega, a través de la empresa de comunicación, me pidió recibir una botella de la "parkerizada" garnacha, yo les expliqué mi modus operandi, ellos aceptaron (con la misma transparencia, es sencillo: digo lo que pienso tras beber el vino y, además, manifiesto que esta botella no la he pagado, aunque veo que está sobre los 18€ en tienda), y aquí estamos. Sobre suelo franco-arenoso tapizado de cantos rodados, viven estas cepas en vaso de garnacha de 65 años. 2010 fue año de nieves en la Rioja Alta (la finca se encuentra en Baños de Rioja), con primavera seca y verano sin sobresaltos, ni térmicos ni meteóricos. Ello permitió una madurez lenta pero buena, con uva sana y sin alteraciones. La vendimia, como en casi todas las zonas altas del planeta con garnacha, fue algo tardía, en la segunda quincena de octubre. Los responsables del vino buscan la expresión de la fruta gracias a su concentración previa, en el racimo, a través del frío. Antes de la fermentación, la uva pasa una noche en cámara y cinco días en maceración pelicular prefermentativa (a 5ºC). Cuando arranca ésta, la concentración es ya grande y la gracia del asunto es que, en este momento, compensan con una extracción que es muy suave para lo habitual: en barricas abiertas que, casi, parecen demi-muids (500L), se fermenta el mosto con bazuqueos manuales diarios. La maloláctica la hace el vino en las mismas barricas usadas. Y la crianza, de 11 meses, se hace en barricas de la misma capacidad, pero con lías finas. Por lo que huele el vino, debe usar una parte no menor de barrica usada. Todo ello me parece positivo y nos lleva a un vino que, sin llegar a lo que llamaba priorats 3.0, empieza a seguir esa pista en la Rioja. ¡Ésa es una buena noticia para mí!

Es un vino (qué paradoja la suya), que no ha nacido para satisfacer a M. Parker, sino para ser bebido como gran compañero de mesa. La madera se nota, pero más en boca que en nariz. Es un vino con extracción más suave, con una capa media, más expresión de fruta, más ligereza y, casi, liquidez. Es un vino más fino. Mora silvestre, tanino algo rústico (de la madera), brezo, madera de boj. Es un vino agradable y que pide tragos. Sólo tiene un problema: la gracia que muestra en nariz y en su deambular por la copa, la pierde un poco en boca. Pasa muy bien, pero le falta "punch", mordiente y energía, se muestra algo pesado y abatido en el paladar. Sigue con alguna nota bonita de cacao maduro y de cassis, pero al final, para lo bueno y para lo malo, pesa más la vinificación que el deseo de mostrar la fruta. Quizás, pienso, porque la fruta da para lo queda. Y ahí viene el problema: el Sr. Martin está construyendo su criterio sobre los vinos españoles a bandazos y parece que no termina de ubicar bien a las garnachas y, tampoco, a algunas de sus mejores amigas, las cariñenas. Hay otras cuestiones...pero serían ya tema para otro artículo. Lo decía: éste no es el problema de Finca La Emperatriz garnacha 2010, es el problema de quienes leen y confían en The Wine Advocate, que tienen ahora que lidiar con un asunto casi tan peliagudo como el que representaba el método de trabajo del Sr. Miller.

Porque el Sr. Martin, en su primer listado de 2012, ha hecho jugar a este vino en la liga de los 93 puntos. Y en esta liga ha puesto a competir en un mismo grupo, a Finca Dofí 2010 de Álvaro Palacios (con un 80 de garnacha), un vino, en mi opinión, extraordinario; a Clos Mogador 2008 (con un cupaje más variado, dominado por garnacha y cariñena) de René Barbier; a L'Espectacle 2006, de René Barbier y el Dr. Zamora, una garnacha pura del Montsant que mira al norte y que es de lo mejor de España, ¡en esta añada!; a un Vinyes Domènech Teixar 2008, una de las mejores garnachas peludas del mundo. Y, por poner dos ejemplos más del desvarío del Sr. Martín, muy próximos al perfil de vinos de que estamos hablando, citemos a las cariñenas de Ferrer-Bobet Selecció Especial 2009, el primer gran vino de esta casa en el Priorat (dará que hablar con los años); y de Orto Vins, La Carrerada 2009, uno de los grandes de Joan Asens e integrante de la tríada capitolina de la DO Montsant con Teixar y Mans de Samsó. Todos ellos son vinos que tienen una profundidad y una expresión en boca que está algunos peldaños por encima de Finca La Emperatriz garnacha cepas viejas 2010. Que este vino puede llegar a esas cimas... Creo que sí: tienen potencial en el viñedo, inquietud en la bodega y, por lo que sé, muchas ganas. Pero todavía no está ahí y le han hecho jugar en una "liga" que no es la suya. El problema, claro está, no es del vino ni de quienes lo hacen y promocionan. Es de los Srs. Parker y Martin y de quienes se creen expectativas cuando vean en un rango de puntos unos vinos junto a otros y piensen, "¡esto no lo conozco, hay que probarlo!". Hay que probarlo, claro, pero después (precios aparte, porque Martin no puntúa por precios), hay que ser honesto y decir con claridad lo que uno bebe y piensa.

07 d’octubre, 2012

Una semana particular

Sophia Loren from The ten best of articles, the100.ru
Ha sido una semana particular, intensa, con muchas experiencias y sensaciones. También con muchas grandes botellas. No sólo las del W&CIF...¿Ha sido una confabulación entre Baco, Epicuro, Sileno y algunas ninfas la que ha puesto ante mis narices tal cantidad de buen vino? No lo sé, pero quienes hayan sido, tienen mi agradecimiento eterno. Tras dos días catatónico, anduve otros dos pensando si dedicaba un post entero a alguno de estos vinos. Se cruzaron otras dos citas con dos nuevos grupos de grandes botellas. Tras la cena con unos amigos ayer por la noche y el carácter rotundo, espléndido de los vinos que abrimos, vi la imposibilidad de tal empresa. Aunque no sea mi costumbre, hoy prefiero citar con nombres y apellidos todos los vinos que he bebido esta semana y destacar alguna de sus bondades. No es mi costumbre, pero no quiero dejar a nadie fuera. Tampoco sé por qué pero no tomé ni una nota y me concentré en las sensaciones. Ha sido una semana realmente particular. Empezó con la clausura del W&CIF, en Mas Rabell. Por ser un vino muy especial, que marcó la historia de Torres y contribuyó a que el "equipo no bordelés" arrasara en el Juicio de París de 1979, me emocionó beber el Torres Gran Coronas Reserva  (Mas La Plana) Dry 1977. Es cierto que si Paris tuviera que elegir ahora, su Helena no sería, quizás, este Mas La Plana CS (más o menos en 30 años parece estar el límite para el declive de este vino), pero no lo es menos que conserva la belleza y, casi, la serenidad de la edad última. En otra división juega en estos momentos el Torres Grans Muralles 2001, un vino que ha llegado a una espléndida madurez, fino, fragante, envolvente, con todos los aromas del entorno otoñal de Poblet.

La siguiente estación de esta Via Paradisi tuvo lugar en Monvínic. Juro que entré para comer unas croquetas de ceps y beber media copa de algún tinto atractivo (¡eso es un aperitivo!). Salí con: unos blinis ligeramente ahumados y caviar de trucha (muy atractivo, en el paladar, el que combinaba con salvia); una tortilla de setas variadas (soy muy pejiguero para las tortillas, me gustan un poco más jugosas y con cierta altura: que la forma de la sartén no condicione la de la tortilla); una reinvención de los postres de músic espectacular (con una pasta choux y una suave crema al vino rancio que me hicieron aplaudir -en silencio- al joven Pol Contreras, un pastelero que reparte discreción, ingenio, imaginación y sabiduría a partes iguales); Domaine Pascal Cotat, Chavignol Réserve des Monts Damnés 2008, un bastión de acidez y de fruta apabullante: algunos años nos darán la mejor versión de este sauvignon blanc, pero está ya enorme; Adega Algueira  Carballo Gallego 2009, con mencía, una finura, una fragancia, un frescor  y una clase a la altura de los mejores atlánticos del Loire y PN del sur de la Borgoña; René Rostaing Cuvée Classique 2006, la esencia de la syrah, regaliz, cassis tomada en la rebotica del apotecario de Ampuis (en el período de Entreguerras). Es un vino antiguo; Azienda Agricola Roccolo Grassi, Amarone della Valpolicella 2004, además de la deshidratación propia de las uvas de un amarone y del sabor de los hollejos, Grassi vendimió algo tarde esta uva, fino aunque con taninos asperos en boca, es demasiado opulento y maduro en nariz (quizás los años le den un mejor momento); Moreno (Montilla Moriles) amontillado de los Siete Sabios,  me hizo pensar que los Siete Sabios de Grecia no tenían ni idea de qué era el placer...este vino es generoso, con una fragancia y un atrevimiento enormes, descarado, abierto, con todas las cualidades de un gran amontillado y una frescura y un volumen inusitados, un grande; terminé esta estación con otro grande, no olvidado, pero casi...de la DOQ Priorat, De Muller, rancio dulce Dom Berenguer Solera de 1918, lo escribí en twitter, "todo el mundo debiera beber y pensar sobre este vino" y, añado ahora, sobre su precio y la discreta y atractiva tradición que De Muller representa en Tarragona. 

La penúltima estación de esta gozosa uia fue en el restaurante Matamala. Convocados por la revista Cuina y acompañados de pequeños bocados que resultaron ser una agradable sorpresa (volveré para comer con calma), una serie de grandes vinos se sometieron a una injusta pero determinante prueba: si se beben en las copas adecuadas, su perfil aromático y gustativo gana mucho. Pasaron por esa prueba, Colet Navazos Extra Brut Reserva 2006, degollado en octubre de 2010, que mostró al principio su alma más champañera y al cabo de media hora, desbordó por el lado sanluqueño (el mejor Colet Navazos que he probado); Alemany-Corrió, Principia Mathematica 2011, un xarel.lo con DNA borgoñón que empezó algo reductivo para terminar como uno de los grandes vinos de esta semana, con una viveza y una fragancia que en cuanto integren la madera, dará muchos momentos de placer (no sé cuantas botellas hay...);  Pardas, Collita Roja 2009, un sumoll (con algo de marselan) de altura y gran nivel, con una estructura rústica y un tanino delicado; Lustau Brandy Solera Gran Reserva, un brandy de Jerez de hermosa caoba bruñida y un deje de oloroso que enamora. La última estación de esta semana fue en casa, terreno casi siempre amigo, donde la selección de vinos que preparé salió redonda. No siempre sucede, alguna botella falla por lo que sea...Redonda, lo que me llevó a a este poco habitual post, versión almanaque semanal: Champagne Agrapart&Fils. Avize Grand Cru, Blanc de Blancs NM Extra Brut Terroirs, mi pasión por cómo trabaja y es Pascal Agrapart no tiene límites: elegancia, precisión, finura, profundidad sin maquillajes. Por favor, ¿alguien podría venderlo en Barcelona? Gracias; Domaine Newman, Pommard Vieilles Vignes 2006, la quintaesencia de una elegante rusticidad, con un perfil sedoso, de raso, y austero al tiempo. Violeta y hojarasca. 2006 en un momento brillante; Rita&Rudolf Trossen, 2009 Kinheimer Rosenberg, Riesling Spätlese, de Kinheim-Kindel (Mosela) y biodinámicos desde 1978 (¿alguien recuerda cuándo empezó Joly?), ofrecen el perfil más auténtico y espontáneo, vivaz, fresco y espontáneo del riesling tardío sin botrytis. 9%. Me tienen a sus pies desde hace años y tampoco consigo comprar una botella aquí. Entre este Spätlese y el Kabinett de Egon Müller-Scharzhof 2011 (que un particular como yo ya no puede comprar) debe estar la verdad. No ha sido una semana dura, por supuesto. Y tuvo su colofón... Et in Paradiso ego. 

La foto de Sophia Loren procede de The 100 best of articles. La de Marcello Mastroiani, de Listal.
Marcello Mastroiani from www.listal.com

02 d’octubre, 2012

Wine&Culinary Int. Forum: impresiones

Wine & Culinary Int. Forum 2012
Izquierda: Gastón Acurio. Markus del Monego. Linda Milagros Violago. Yo. Jancis Robinson. Miguel A. Torres. François Chartier. Nick Lander. Ignacio Medina. Victor de la Serna. Alain Senderens. Vuelvo a la izquierda: Christophe Brunet. Johan Agrell. Juan Manuel Bellver. Josep Roca. Ferran Centelles. Joan Josep Abó. Faltan Oriol Balaguer y Javier y Sergio Torres: ¡estaban trabajando!

Apetece escribir estas notas (impresiones, sensaciones, flashes) en caliente. Ayer despedimos esta primera edición del W&CIF  y, hoy, los fogonazos conservan su calor y luz en mi libreta y en mi cabeza. Lo prefiero así. Un maestro en estos menesteres me aconsejaba: "tienes que desarrollar aquello que percibes en el momento en que te llega, escribirlo en una libreta y ser más natural, directo, cercano". Allá voy. Quiero mostrar mi agradecimiento a las personas que confiaron en mí para hacer de presentador del fórum con Juanma Bellver. Era una decisión arriesgada porque, aunque supusieran que tenía experiencia en esto de hablar y moderar una sala llena, nunca me habían visto actuar en directo. Me gusta prepararme a fondo para parecer lo más natural posible (sigo a mi maestro Cicerón en esto)  y, cuando haga falta, improvisar (siempre con fundamento). Y me gusta analizar mis sensaciones justo cuando acaba lo que he hecho. Fueron casi 10 horas en directo y perdí el control dos veces: la primera, cuando tenía que presentar a Ferran Centelles y Oriol Balaguer (genial y divertida ponencia sobre "El vino y la cocina dulce"), Oriol no estaba todavía en la sala (cuidaba la temperatura de sus chocolates pero yo no lo sabía...) y el ruido de las copas cuando eran retiradas (¡servicio casi perfecto para 230 personas!: solo anoté dos roturas de copa, ¡unos cracks!) me descentró. Improvisamos un diálogo con Juanma sobre la tradición repostera en Catalunya y me fui al siglo IV dC. Tremendo... La segunda: había apagado el aparato del micro inalámbrico y no recordé volver a conectarlo. Me tocó subir al escenario para hablar, el técnico de sonido me hacía señales de que yo estaba muerto por decapitación (en su jerga habitual: "no tienes sonido, lo has cortado"), no entendía nada y me tuvieron que traer un micro de mano.

El resto fue bien y, a ratos, muy bien. Juan Manuel Bellver y yo nos compenetramos y las sesiones, gracias (esto sí) a la profesionalidad de las personas que salen en la foto y de todas aquellas que no salen (¡muchísimas más!), fueron fluidas. Enseguida hablaré de contenidos, pero no quiero dejar de decir que en un fórum que tiene una dificultad logística tan grande es, literalmente, imposible que todo salga perfecto. He leído aquí y allá críticas razonables a cosas que los responsables de la organización tienen que mejorar. Aunque yo no me ocupé más que de la presentación y su preparación, sé que esos responsables van a leer con mucho cuidado todo lo que se ha escrito y van a aprender sobre todo de aquello que se puede mejorar. A mí no me toca hablar por ellos, lo tengo claro, pero como participante puedo decir que el Hotel ME tenía todos los requisitos para cumplir con las leyes de la hospitalidad (que Nick Lander tan bien ha establecido) menos uno: el espacio era insuficiente y no llenó las expectativas de mucha gente que hubiera querido disfrutar en directo de un acontecimiento único en Barcelona por la cantidad y calidad de los participantes, tanto en el escenario como en la sala.

La energía, el talento, la emoción, las ganas de compartir y de vivir la experiencia del fórum se notaban en el ambiente, vibrante y con mil reencuentros, abrazos, charlas e intercambios a lo largo de una jornada casi homérica. Jancis Robinson pasó, en una ocasión, junto a la libreta de la que sale todo esto y soltó un "it seems exciting!" (mi letra es muy bruta, rápida y descontrolada...la suya y la de su santo esposo, Nick Lander, son pulcras y ordenadas: ¡también escribieron mucho!). Lo fue. Realmente lo fue. Josep Roca demostró que ha trascendido la dimensión espacio-tiempo de la física clásica. Lo suyo es ya cuestión de física cuántica: aunque en su trabajo diario se rija por una tabla periódica de aromas (ríanse ustedes de la química), su propuesta final nos llevó al mundo de los cuantos de energía, de lo que siempre ha sido y será porque nunca deja de ser. Sílvia Pérez Cruz y Toti Soler con la "Lágrima" de Amalia Rodrigues, para sublimar la saudade en una gota de Dow's Colheita del 1961 en tu mano. Josep, François Chartier, Alain Senderens, Oriol Balaguer, Ferran Centelles y algunas intervenciones del público, pusieron encima de la mesa una de las conclusiones del fórum: cuanto mejor conozcamos las propiedades físicas y químicas de los alimentos, antes y después de su cocción, y de los vinos con los que vamos a comer (ahí no hubo acuerdo: ¿quién fue antes, la gallina o el huevo, la receta o el vino, quién inspira a quién?); cuantas más intersecciones podamos proponer en la complementariedad de nuestras propuestas, más tenemos que tender a la sencillez. La máxima complejidad consiste en hallar, precisamente, la propuesta más sencilla y efectiva para nuestro comensal. Sencillez no es sinónimo de banalidad o de superficialidad sino de encuentro de esos invisibles cuantos de energía que son capaces de conectar con el consciente remoto de cualquier persona, venga de donde venga y tenga la cultura y experiencias que tenga. Ahí es donde compartimos, incluso sin saber.

La segunda gran lección/conclusión que aprendí: la persona que sentamos a nuestra mesa vuelve a ser el gran protagonista, absoluto y sin concesiones, de todo trabajo gastronómico, sea en la cocina o en la bodega. Insistieron en ello Josep Roca (cómo superar la hiperformación y el superego en sumillería y en cocina), Markus del Monego, Linda Milagros Violago (la más radical: no tiene el menor problema en adaptarse como guante a su interlocutor, le pida lo que le pida, el único objetivo es que se sienta cómodo), Johan Agrell, Nick Lander, Jancis Robinson, Victor de la Serna...Como clientes, no somos capaces de procesar  (a ratos, proclamo, ¡ni queremos!) siempre todo, de entender siempre cada propuesta, de atender a todas las explicaciones cuando nos enfrentamos a un menú con 24 platillos y 18 vinos. El cerebro no conoce límites, cierto, pero sólo en el no-espacio de Max Planck. En éste, el que Einstein empezó a repensar, sí los tiene y vuelve a ser hora de que respetemos los tiempos reposados y los modos de aprendizaje que conducen a la sencillez de la primera conclusión. La máxima sencillez está en el Génesis, por supuesto. Y Gastón Acurio e Ignacio Medina nos explicaron cómo volver a ella, con dos palabras escritas en una página, con una foto, con un solo bocado. Qué gran ejemplo. Profundidad que lleva a la sencillez. Complementariedad que lleva a la emoción como mejor forma de entendimiento. Respeto y complicidad máximas hacia las raíces de las que venimos (la naturaleza que nos da todo) para ser capaces de llevarlas al plato y a la copa. Y que quien coma y bebe, las sienta, las viva. Sin demasiadas explicaciones.

Dejo para el final los momentos de fascinación, en el sentido clásico de la atracción irresistible, del encanto que te provoca esa atracción, casi bruja, hacia una persona, una situación, una conversación que perviven en tu memoria, cálidas y hermosas, ya para siempre. Viví algunas (otra de mis suertes estos días: estuve muy atento a todo) y por eso estoy, hoy, tan cansado como satisfecho, molido pero con una sonrisa que no se quiere ir. El viaje, el frío, la lluvia, la noche cerrada en Montjuïc, una recepción en pie, dejaron a Alain Senderens exhausto y con ganas de volver al hotel. En compañía de Joan Josep Abó (¡otro crack!), tuve la suerte de poder llevarle en mi coche. Y en esa conversación nocturna, íntima, casi a oscuras, fue contando Senderens, más reposado y en voz baja, cómo había evolucionado un plato en su cocina gracias a los diez años en que unas botellas de Porto habían evolucionado también en su bodega. Otro momento fascinante fue el de la comida durante el fórum. Son intermedios que no me gustan, necesarios pero...: mucho ruido, demasiadas conversaciones cruzadas, poca atención a lo que se come y bebe. Fortuna me sonrió y me puso de compañera de mesa a Mireia Torres, una mujer de muy sólida formación, atenta, amable y siempre con una sonrisa, que me introdujo en las claves de su proyecto de recuperación de variedades autóctonas catalanas (puro ejercicio de Indiana Jones, como definiría a la operación el Sr. Miguel A. Torres) y me mostró, a través de sus manos y de su charla, quién está en el campo en esa familia (entre otros muchos, por supuesto). Poder beber, al día siguiente, mi primera copa de Querol 2012 ("querol" como nombre de variedad de uva catalana, ¡no nombre comercial de vino!) y comentarla con Linda y Ferran, fue otro momento fascinante. Termino con una imagen, un detalle de sublime humanidad y de arte coquinaria muy refinado: una oca "à la Royale" preparada por Joan Roca como guiño-homenaje a la liebre eodemque more de Alain Senderens. Una copa de Grans Muralles 2001 en un momento álgido de finura y elegancia. Un aplauso para los Roca y para el vino. Un micro. Una conversación improvisada entre maestros, Senderens y Roca. Fuera, el frescor de la brisa y la luz anuncian la llegada del otoño. Un momento para la inmortalidad.

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