07 de juny, 2013

Bodegas Puiggròs

Será la Vinya del vent de Bodegas Puigròs Alta Anoia
La historia no pasa en vano y la de la aparcería parece, casi, un residuo medieval. Hasta que te topas con los Puiggròs. Primos hermanos, Josep (en la parte comercial de la bodega, pero echando todas las manos que hagan falta en el campo) y Vicenç (el auténtico y, en el mejor sentido, payés de la familia, el hombre de campo que todo lo conoce y domina, verduras, legumbres, cepas, abejas, maquinaria agrícola...) son la cuarta generación de aparceros que perpetúan contratos y cultivos de viña en el Alto Anoia, encima de Òdena. Son tan distintos el uno del otro, tan complementarios y, al mismo tiempo, tienen ambos tan la misma ilusión, que creo con sinceridad que su joven bodega tiene que funcionar bien. Porque lo que es trabajar, la familia Puiggròs trabaja en la viticultura desde 1843, en Can Pau Palomas. Los campos que hay en la Sierra de Rubió (entre Òdena, Perafita, Maians…) fueron viñedos. La filoxera, la crisis pre- y posindustrial los dejó, con suerte, en campos de cereales. Pero quedaron algunas cepas y los Puiggròs heredaron la aparcería de algunas de las mejores (Molins, Les Malloles, la del Mestre Vilavell: foto central): garnacha blanca de 70-80 años y sumoll de grano menudo (quizás el sumoll más peculiar), en suelos francoarenosos y calizos, pobres y de buen drenaje. En 2008 dieron el gran paso: dejamos de vender uva y hacemos nuestro vino. Esa tierra, que tan de viñedo había sido, quedaba ahora fuera del territorio de cualquier DO, menos una, la Catalunya. La DO Catalunya nació, precisamente, para albergar a gente como los Puiggròs: viñedos en zonas de tradición centenaria, ganas de hacer vino en su casa y la historia que les dejaba fuera de las otras DO territoriales. Las cepas de Òdena, gracias a la DOCat, forman parte de nuevo del mapa vitivinícola catalán. Vinya Mestre Vilavell de Bodegas Puiggròs Alta AnoiaLas primeras botellas de su marca emblemática, Sentits Blancs (garnacha blanca de cepas viejas en pureza), son de 2008, y las de su sumoll de grano menudo (vino de un único viñedo, el del Mestre Vilavell), de 2009. Vinos que hablan de altura (más de 600 msnm), que tienen frescura (no sólo hay una gran diferencia térmica día/noche; el viento es otro factor muy determinante en la viticultura de la zona: sopla fuerte y fresco) y que proclaman la pureza de las variedades de uva. No es nada sencillo, en mi opinión, encontrar una garnacha blanca en Catalunya que tenga las características de la de los Puiggròs: con un paso ligero por madera francesa de 300L (todas sus barricas son iguales), esa garnacha es ácida, se come los taninos de la madera con rapidez y, aunque tenga ese carácter meloso del varietal, palpas la energía y el vigor, la frescura y la acidez de la tierra. 2012, que probé recién embotellada en mayo de 2013, va a ser una gran añada para este vino. Como lo ha sido su Signes 2010, el tinto de ensamblaje que hacen con garnacha negra y sumoll mayoritario (plantas de 60 años y sumoll, 60%), que muestra lo mejor del clima de ese año: un vino alegre, con una gran acidez, sencillo y muy agradable de beber. 2011, en cambio, es un vino mucho más fragante, con zarzamora, brezo, ciprés. Qué bueno es que estos vinos, cuyas cepas reciben sólo el mínimo azufre y cobre (nada más), sepan reflejar tan bien qué pasó en cada cosecha. Su monovarietal de garnacha, Sentits Negres, sigue la línea de la casa: 2010 es más fresco, floral (violeta deliciosa) y amable, mientras que 2011 (también lo bebí recién embotellado) es más denso, concentrado y carnoso. Ganará mucho con la botella (finales de 2013, inicios de 2014; ahí empezará a beberse bien). Punto y aparte merece ese vino de viñedo único, el ya citado Mestre Vilavell, un sumoll de grano menudo, de un sitio especial: uno de los dos viñedos donde trabajan las abejas de Vicenç, junto a la riera de Ódena, con un durísimo tiempo en invierno y claro riesgo de heladas primaverales, las plantas sobreviven en ese mínimo altiplano rodeadas de laderas boscosas.

Tuve la suerte de probar la añada 2011 en el mismo momento en que lo hacían por primera vez Josep y Vicens, tras el embotellado. Menudas caras de placer pusimos los tres (hay que reconocerlo: también gracias al extraordinario jamón de jabalí que cura Vicenç en la masía): muy honesto el vino, muy varietal, más salvaje, algo más rústico que el 2009 (último que había probado), más concentrado, más limpio y fragante. Será un gran vino para comer carnes de caza, discreto pero firme acompañante. El futuro se abre espléndido para los Puiggròs. Han encontrado un camino que les gusta, que les une, que devuelve, además, a su comarca la tradición de los grandes vinos catalanes de interior. La aparcería…ahí sigue, pero estos dos no paran. Acaban de comprar (sí, por primera vez propietarios) 1,3 Ha de un campo de cereal, en el que antes hubo viñedo (foto inferior). Puede que se acabe llamando La Vinya del Vent. Plantarán en ella, tras la última cosecha de cereal, garnacha blanca con madera de sus mejores cepas. Caminando los tres por ella, mientras mis manos acariciaban la cebada que llegaba hasta las rodillas, la cabeza se me fue a la niñez, cuando no muy lejos de allí, hacía exactamente lo mismo. Y pensaba en lo valientes que son Josep y Vicenç, cuánto arriesgan con todo lo que están haciendo (por amor a su tierra, a su tradición y a sus cepas) y lo mucho que me gustaría que les fuera bien.Ilusión en Bodegas Puiggròs

03 de juny, 2013

Celler Escoda-Sanahuja

Els Bassots d'Escoda-SanahujaJoan-Ramon Escoda se muestra tal y como son sus vinos: sin dobleces, francos y sinceros, con los matices que la tierra de la Conca de Barberà (DO Conca de Barberà) y las características de la añada quieran dar a sus uvas, y sin tapujos. Es de los que dice lo que hace y hace lo que dice. Su manera de trabajar la tierra (en suelos muy calcáreos, con variada profundidad de arcilla y bastante canto rodado, 9 Ha en la zona de su bodega, en Prenafeta; y 4 Ha en la de la viña La Llopetera, todas de propiedad, más la uva con certificación ecológica que compra en Blancafort) es la de la biodinámica: hace su propio compost con boñiga de oveja y de los caballos percherones que tiene en la propiedad (aprenden a labrar los viñedos, pero ése es un oficio complicado y su tierra la trabajan, todavía, las máquinas, aunque poco: una de sus viñas emblemáticas, Els Bassots, de chenin blanc, llevaba cinco años sin haber sido labrada hasta que tuvo que darle una ventilación a principios de 2013); aplica, con unas maravillosas mochilas metálicas que le hicieron ex profeso en Alemania, las dinamizaciones de los preparados 500, 501 y Maria Thun; no utiliza cobre y sus cepas reciben sólo azufre (una mano). Es de los que se atreve a trabajar sin sulfitos en todo el proceso de vinificación y de embotellado, aunque no atiende de manera especial al cuidado de una atmósfera anaerobia y superreductora. Obviamente, sus vinos saben a ese concepto, como saben a lo que más importa a Joan-Ramon: la añada. Para él, y eso es en lo que más insiste, lo único que cuenta es la añada, la añada y…sí, ¡la añada!

Su bodega está llena de depósitos de acero inoxidable y de barricas con la excepción de la pequeña tinaja de barro en la que elabora, junto a la otra mitad de su alma (Laureano Serres, de Celler Laureano Serres Montagut, en Pinell de Brai), el vino ¿Vamos? ¡Vamos!, del que se siente muy orgulloso de su cosecha 2012. Laure aporta el 50% de los mostos con que se hace este vino único, de cariñena y macabeo, mientras que Joan-Ramon propone el otro 50%, con cabernet sauvignon y sumoll blanco. El resultado, con fermentación alcohólica en tinaja de barro y algo de velo en flor, es un vino muy atractivo, con aromas a tierra mojada tras la lluvia de agosto, con aires de ceniza de sarmiento (¡y no ha tocado la madera!) y de cerezas. También probé lo que va a ser el Brutal 2012, es decir la parte de Joan-Ramon embotellada sola pero hecha de la misma forma y con el añadido de algo de sumoll tinto. Incisivo, vertical, eléctrico…Y en el patio están ya, reposando, dos enormes vasijas de barro de Miravet de 2000L, ¡hechas en 1904! Los vinos de Escoda-Sanahuja tienen otra característica: sus fermentaciones alcohólicas arrancan cuando quieren y paran, claro, cuando quieren. Normalmente son muy largas. Eso le da un plus de complejidad al vino y a sus sabores. Cuando probé lo que va a ser Els Bassots 2012 (100% chenin blanc), el trabajo de las lías estaba muy presente (aromas a levaduras prensadas), pero el vino te llenaba todos los poros: flor de tilo, complejidad muy grande, carnosidad e intensidad. Va a ser una gran añada para uno de sus vinos emblemáticos. El otro vino que más me gusta de Joan-Ramon, La Llopetera, es un monovarietal de pinot noir y 2012 va a ser, de nuevo, una añada especial, para seguir de cerca. Con apenas una maceración de cuatro días, prensado y fermentación alcohólica en inox, será un vino casi sin barrica, que va a devolvernos la esencia del puro zumo de fruta (uva, se llama uva) fermentado. Creo que va a ser de las mejores que he probado jamás de esa finca, con una floralidad grande y un sabor a picota desbordante. ¡Aires del sur de la Borgoña en la Conca de Barberà!

Me fui contento de Prenafeta. Escoda-Sanahuja sigue progresando y pronto vamos a ver allí un edificio que va a integrar un pequeño restaurante y la nueva bodega: en la foto, Joan-Ramon me muestra el trabajo hecho con las paredes subterráneas, increíble. El comedor de ese restaurante será una atalaya de privilegio sobre la llanura de Montblanc. Desde allí, un programa de cocineros de todo el mundo, que Joan-Ramon ya tiene apalabrados (secreto, secreto…), hará nuestras delicias en períodos de por lo menos seis meses. Comer allí y beber vinos de Escoda-Sanahuja y de los viñerones que trabajan como él va a ser delicioso. Y una realidad dentro de no mucho tiempo.
Tu es Petrus