09 d’agost, 2013

Diario (y uno)

Sittin' on a dock
Tras una noche en vela, sin duda influenciado por la lectura recién terminada de La vida simple de Sylvain Tesson (libro muy recomendable); y con la presencia, que nunca me deja, de Nani Moretti (Caro diario) y su linfoma de Hodgkin (película muy recomendable), decido que el Cuaderno de Mallorca de 2013 se convierta en un diario. Cada día suceden cosas, cada día las anoto (en mi cabeza, en una libreta a ratos). Voy a tirar de memoria y de notas y a escribir sobre lo que más me apetezca, vinos, mercados, recetas, restaurantes, lugares, personas, situaciones...Lo que me venga a la cabeza, cuando me ponga a escribir. Sin filtrar ni estabilizar. No sé si os gustará, pero me apetece hacerlo así este año. Tengo la sensación de que las cosas ya no volverán a ser igual. Los "niños" crecieron y se me antoja imposible volver a arrastrarles para pasar unos días en la isla. Y las cosas están cambiando y lo harán más. Un diario me permitirá un registro más en primera persona que, esta vez, siempre será la misma. Estáis avisados...si no apetece el planteamiento, ¡es el momento de abandonar la lectura!

5 de agosto. Me gusta coger el barco solo. Viajar a Mallorca: siempre que puedo, en barco. Cuando existía Iscomar, eran los más grasientos, olían mal pero me llevaban a remotas travesías en mercante. Pura imaginación, Conrad, pero eran los que escogía. Ahora es otra empresa, con tripulación italiana y bandera española, aunque todas las referencias en el barco son a Bari. Me gusta Bari, es tan decadente y hermosa como Brindisi, como Messina, como Lecce, como este barco de nombre imposible, Visemar  One...Llego pronto. Los aires del puerto de Barcelona al anochecer siempre me han atraído. Acomodación: la más barata. El coche va bien, yo en cubierta no pierdo detalle de las maniobras y cuando me doy cuenta, el overbooking ha pasado sobre todos los asientos decentes de la cafetería. Decido dormir en cubierta. Por supuesto, no duermo. A ratos en una tumbona de plástico, a  ratos en el suelo, reparto mi tiempo entre los grupos de jóvenes, el mar que se nos traga y el cielo que se abre generoso, con la Vía Láctea más lechosa que nunca.

6 de agosto. La noche en vela pasará factura, pero todavía disfruto de la llegada a la bahía de Palma. El horario me ahorra la visión de la tierra quemada por los incendios y justo cuando atracamos, se abre el día desde Cabrera. Antes, la llegada coincidía con el primer sol sobre la catedral, un edificio que me tiene el corazón robado. Ya no. Hay que esperar un poco. Solía hacerlo desde el único bar que queda en el Pòsit de Palma, pero estaba cerrado. No poder comer mi primera ensaimada me pone de mal humor...No cambiará hasta que, por la tarde, decido acercarme a la bodega de Toni Gelabert, en el camí de son Fangos, ante el cruce a Son Macià (terme de Manacor). El saldo de vinos interesantes del supermercado donde tomamos nuestras provisiones no frescas es decepcionante. Salgo sin vino...Pero Toni y su mujer me lo arreglan en un periquete. Algunas botellas de su vino joven Eloi 2012 (callet, cabernet sauvignon, merlot y syrah) y una de su Blanc Selecció 2011 (macabeo FB). Me quedo sin Son Fangos rosat 2012, vendido por completo y sin botellas en la bodega. Entrar en su casa, respirar ese ambiente, charlar un rato y salir con vino bueno, me reconcilian con todo. Cena de pa amb oli y una botella de Eloi 2012: un breve paso por madera resalta su austeridad. Se nota la fruta (sobre todo, la callet y la CS, en el fondo el merlot, que no me gusta mucho), pero es un vino más trapense que benedictino. Se agradece ese primer trago. Tomàtigues de Manacor al mercat de Santanyí7 de agosto. Miércoles, día de mercado en Santanyí. Uno de nuestros preferidos: sabemos donde comprar buena fruta y verdura, buenas aceitunas, buen embutido (Obrador). Cargamos con todo el producto fresco que nos apetece, incluídos estos fantásticos tomates "cor de bou" de un payés de Manacor. Tengo tantas ganas de pescado fresco para la comida que cometo un error de principiante. Entro en el edificio (antiguo mercado) donde trabajan las dos pescaderías de Santanyí. A la izquierda, una señora mayor, a la derecha una pareja de jóvenes. Quiero comprar y se me nota tanto que soy guiri, que la anciana se ceba conmigo: me dice que los calamares de potera son a 23€ (por otra parte, extraordinarios...) y me los cobra a 30€ cuando ya están preparados. Pido boquerones y cuando ya he pagado, escucho que me los ha cobrado más caros que a un señor del pueblo que ha comprado tras nosotros. Lo dicho: si vais a Santanyí a comprar pescado, no lo hagáis con la señora mayor. Engaña cuanto puede. Pero me apetecía tanto esa fritura de calamar y boquerón...Limpio todo en casa, lo preparo y paso un buen rato en la cocina. Nos han engañado pero disfrutamos del género con el Blanc Selecció 2011 de Toni Gelabert, un macabeo en pureza, FB. Se le nota el paso por madera todavía, pero tras una buena ventilación saca un brío y una energía grandes, una presencia en boca con buena acidez y flor de tilo y de manzanilla a mansalva. Es un blanco que vivirá años y acompañará, incluso, a buenos arroces con caza (tipo paloma torcaz).

A la vuelta del mercado, disfruto de la carretera de Santanyí a Felanitx por Cas Concos: me gusta mucho ese paisaje y sus curvas y laderas. Jonathan Richman y su Icecream Man al aparato y a todo trapo. Alguien se asusta...en el cruce de Cas Concos casi me come un camión de reparto...No puede uno bajar la guardia al volante. Cruzo Felanitx por el camino del cementerio y voy flechado a 4 KilosVinícola. Están muy cerca de Son Grava, son otra de mis grandes bodegas de referencia y, además y sobre todo, me caen muy bien. Saludos, besos y al grano: Xesc no está y charlo un buen rato con Eloi Cedó, Sistema Vinari, que trabaja también en la bodega. Cuando estuve en junio, su Château Paquita, que acababa de salir del fudre y estaba reposando en inox, me llamó la atención.Y quería que mi primera sobrasada del Obrador y el primer pan moreno de Ca'n Figaseca fueran con su vino. Nos ponemos de acuerdo enseguida en el precio: me regala una caja de ese 2012. Él es feliz de regalar a un amigo bebedor su vino (pronto saldrá al mercado: ya avisaré) y yo, más contento que unas pascuas de debutar con él. Segundo objetivo: el impresionante igloo (rectangular...) de paja que Xesc Grimalt se ha inventado para poder almacenar dos depósitos de inox en condiciones, 10 mil litros que ya no cabían en la bodega. Con las chaquetas de frío del inox y la conservación natural de la temperatura en un interior de paja, ¡el invento funciona de maravilla! Dos gatos pequeños, de precioso color gris marengo, completan el paisaje.

8 de agosto. Hoy he dormido con Château Paquita 2012 por primera vez en mi cuerpo. El nombre del vino lo puso Eloi en honor a su madre. 2010 le gusta mucho (monovarietal de cariñena), pero yo no lo he probado todavía. Lo haré pronto...2012 no tiene nada que ver, pero lo disfruté mucho. Fue una sorpresa y así la viví: 40% callet, 40% mantonegro, 15% monastrell y 5% syrah, estas dos últimas vinificadas con maceración carbónica. 9 meses de fudre. Sin filtrar, sin más estabilización que unos días en inox, y embotellado en la primera semana de junio de 2013. La mejor descripción que se me ocurre: fue como tener el Regnié de Charly Thévenet en la copa, pero hecho en el sur de Mallorca y con mayoría de uva de aquí en vez de gamais del Beaujolais. En breve, esto quiere decir que me gustó mucho: es un vino fragante pero sin grandes discursos, fresco y ligero, directo, oscuro y de trago fácil, con mirto, frambuesa y corazón vegetal, restos mínimos de carbónico. No sé cuantas botellas saldrán a la venta, pero el hacedor del Cantamanyanes en su Tivissa natal, ha dado con una buena receta en su Felanitx de adopción. Esto sí es un tinto de verano, caramba. Sistema Vinari Chateau Paquita 2012

05 d’agost, 2013

Qué es Mallorca

A Sineu, es padrí
Mallorca es una sensación. Tengo suerte, quizás: no he nacido en ella. No necesito la genealogía ni reconocer a nadie ni que nadie me reconozca como suyo para estar a gusto en la isla. De dónde eres, de dónde vienes, qué has hecho, cómo se llaman los tuyos, son cosas importantes para un mallorquín. Yo no he nacido allí: siento Mallorca de una manera más ingenua, más visceral. Mallorca es una sensación desde los 17 años. Mallorca es periferia: puedes ir a bañarte en ella, pero harás bien si evitas sus zonas dolorosas, destrozadas de hace años por un turismo que ha intentado comerse la esencia de esta isla. Muchos vendieron, sí, se construyó destruyendo, también. Pero la esencia sigue bien viva.
Betlem  per imprimir
Mallorca es periferia construida pero conserva lugares en los que puedes olvidar si el Tigris queda a mano derecha y el Eufrates a la izquierda. ¿O era al revés? Sa Canova hasta el Cap Ferrutx, por ejemplo, cuando cae el sol y estás tan quieto mirando el Cap rebozado de mágica luz que parece que hayas cometido un grave delito. ¿Son esos los gritos de Polifemo? ¿No estábamos en Sicilia? En el Mediterráneo, todas las islas grandes se parecen, también algunas penínsulas (Mani, el sur del peloponeso). Por eso me gustan tanto todas. Mallorca es la sensación de los mercados, del espíritu del campo, nunca recuperado porque jamás se ha perdido. Mallorca, a ratos, es naturaleza (desde es far des Cap de Ses Salines hasta cala Tugores), a ratos paisaje. Es Salobrar de Campos s'hora baixaMallorca es harina, son lagunas de sal al atardecer. Mallorca es aceite, son almendros, algarrobos y limoneros. Mallorca es albaricoque, patatas y olivas con hinojo marino. Mallorca es recuperar la sensación de respeto hacia los animales: solo en Mallorca se me ocurriría tener a un perro conmigo. Un "ca rater", por supuesto. Mallorca es un mundo de llanuras cultivadas y de acantilados salvajes. Mallorca es sensación de aves en libertad. Mallorca es volver a sentir, oler y comer aquello que toca cuando toca. Mallorca es un cerdo. Mallorca es un hermoso racimo de uvas. Mallorca es la tierra que me permite volver a la esencia pausada de las cosas sencillas. A la adoración, renovada cada año, del dios de las pequeñas cosas. Cada cual encontrará su lugar, no tengo dudas. El mío es Mallorca. Ya lo sabéis, ¿verdad? Volvemos. ¿O vamos...?

02 d’agost, 2013

Pol Roger, Sir Winston Churchill 2000

Sir Winston Churchill 2000 de Pol Roger
Mi primer encuentro serio con el trago largo, placentero, traqueal para entendernos, tuvo lugar este lunes pasado en Monvínic. Con la esperanza de que todo el galimatías médico de semanas anteriores terminara bien, Isabelle Brunet me había guardado plaza para una sesión única: con complicidades como la suya, uno va muy tranquilo por el mundo del vino... Se trataba de la primera vez (por lo menos que yo haya visto en Barcelona) que ella y su hermano, Christophe Brunet, preparaban y presentaban una cata con algunos vinos de la asociación que él representa como "wine ambassador": Primum Familiae Vini. Sesión única para mí: reencuentro con buenos amigos, con algunos enormes vinos y sentimiento de plenitud, de que mis sentidos y capacidad de complicidad para entenderlos estaban al 100%, tras una depuración total como la que había vivido. La sesión no decepcionó, al contrario, hubo momentos de gran esplendor (uno, quizá, más que otros: el que da título al post) que me han llevado a proponeros hoy algún comentario. Ellos son poderosos (Drouhin, Antinori, Mouton-Rotschild, Vega Sicilia, Torres, Tenuta San Guido, Beaucastel, Müller, Hugel, Graham, Pol Roger...), ellos no me necesitan en absoluto para comunicar sus vinos.

Pero yo sí necesito decir que en ese reencuentro hubo momentos muy afortunados. No todos los asistentes a la sesión (esa es la gracia del asunto, claro) nos pusimos de acuerdo en cuáles fueron. Y tras cada presentación, tras la comprensión y goce de cada vino, hubo comentarios y debate. Contrastres. Genial, sin duda. Qué necesidad hay de ponerse de acuerdo: todos tenemos nuestros parámetros de felicidad vínica sintonizados de manera distinta. Y entendemos y valoramos las cosas según esa sintonía. En la mía, destacaron un Château Clerc Milon 1998 (Pauillac): las muy minoritarias cabernet franc y petit verdot (apenas llegan al 17% de ese vino) estaban extraordinarias, aportando una gran frescura y una expresión aromática que me sedujeron. En boca estaba algo delgado el vino, pero en nariz...Un Bolgheri Sassicaia 2003 de Tenuta San Guido, con un primer golpe de fruta en nariz de gran impacto (mermelada de frambuesa) y una figura estilizada y fina (con 24 meses de madera...). En boca perdía algo de consistencia, pero su buqué me gustó mucho. El Château de Beaucastel, Ch-du-P, Hommage à Jacques Perrin 2001 me elevó un palmo por encima del suelo. Dicen las fichas (lo confirmó Christophe) que es un monovarietal de monastrell, pero mi nariz me decía que no, que había algo de garnacha, quizás algo de syrah y un toque de variedad blanca. En cualquier caso, es un vino de una frutosidad impresionante, elegante pero firme, sedoso pero de impacto brutal. No se me va de la cabeza.

Y sobresalió entre todos, llevándome directo al séptimo cielo, el champaña Sir Winston Churchill 2000 de Pol Roger. Lo confieso: tomé tres copas y no cayó un milímetro en las tres horas en que anduvimos juntos. Al contrario...Ramon Francàs (con quien tuve la suerte de compartir uno de los flancos de mi cata) apuntaba "es un trabajo de orfebrería, de gran precisión". Vaya...ese espíritu que Pol Roger quiso embotellar, el que dominaba a uno de sus clientes preferidos, estaba allí bien vivo: ligeramente tánico pero con una finura excepcional. Burbuja delicada pero siempre presente. Sentido del humor con gotas de malicia (acidez en boca, más que en nariz, vertiginosa). Avize, Cramant, Bouzy: mayoría de pinot noir (más de dos tercios), y chardonnay. La finura de la brioche recién horneada. La mantequilla ligeramente salada. La avellana poco tostada. Las pieles de la uva. Naturaleza de albaricoque y melocotón. La fruta y el trabajo del artesano siempre presentes. Las lías que sugieren, jamás enmascaran. La madera a lo lejos, casi en el bosque, pero también en tu copa. Gloria bendita del reencuentro con un gran vino en una añada que, ahora mismo, se muestra en plenitud. Viñedo de Pol RogerLa foto de las botellas procede del equipo de Monvínic. La de los viñedos pertenece a Pol Roger.