08 de setembre, 2013

Quien sabe beber, sabe vivir

Joan recepta
Quien sabe beber, sabe vivir es la frase de cabecera de una campaña institucional que defiende el consumo moderado del vino. Que defiende el consumo sensible del vino. Que defiende el consumo del vino apegado a las tradiciones de las recetas de cada tierra. Que defiende, en pocas palabras, que hay un vino para cada ocasión, para cada tradición, para cada hora del día, para cada sensación, tengas la edad que tengas y te encuentres donde te encuentres. Es sencillo: busca esa sensación, ese vino, esa receta y encontrarás cómo ser un poco más feliz.

Quién se iba a negar a participar, de forma altruista, en una campaña de este tipo...yo podía haberlo hecho, pero por vergüenza. ¿A quién se le ocurre proponerle al Gómez, que es cualquier cosa menos famoso o mediático, que se una a personas de la importancia y capacidad tractora de Josep "Pitu" Roca, de Julia Otero, de Amaya Arzuaga, de Santiago Dexeus, de Manel Fuentes, de Adoni Aduritz, de Pastora Vega, de Juan Echanove, de Quique Dacosta, de Paco Pérez, de Olga Viza, de Eneko Atxa, de Francis Paniego, de Roberto Verino, de Quim Vila, de Meritxell Falgueras, de Nerea Garmendia, de Javier Gurruchaga, de José Martínez y etc., para promover la idea que contaba hace un momento?

Por supuesto, sólo se le puede ocurrir a un amigo. En mi caso, estas cosas te llegan por amistad y la persona que lidera en Barcelona la empresa que crea la campaña (Grey) y, claro, el libro  (que he enlazado al principio del post y que podéis bajar y leer de forma gratuita), es amigo mío. Así de sencillo se explica. Y de vez en cuando, con gran regocijo por mi parte (que miro todo esto como si estuviera en primera fila de un teatro), me llama para apuntarme a "saraos" como éste. Hay que difundir la idea, hay que hacer que cale, hay que procurar que llegue a todo el mundo: en nuestra tierra, en nuestro clima, el aliado natural para una mejor comida es el vino. No hay más. "Una comida sin una copa de vino es como un día sin sol", escribió Alberto en su osteria romana hace más cincuenta años. Quien sabe vivir, sabe beber.
llibre (1)
Postscriptum. Por cierto, más de uno lo ha preguntado, por qué las papas arrugás con mojo picón...Por dos razones: porque me gustan mucho y porque Canarias se ha convertido en la tierra de adopción de mi hijo pequeño y es como si fuera la mía también. Un pequeño homenaje. Y me negaría a mí mismo si no terminara recomendando aquí los vinos, con nombre y apellidos, que me tomaría, ahora mismo, con unas papás arrugás. Entiendo que en el libro no tocara, pero aquí, ¡sí! Me las tomaría con un Hoya del Navío 2011, 100% negramoll, con un empuje aromático enorme. Guarda todavía algo del CO2 de la fermentación y tiene un punto de rusticidad y frescura que recuerda el cabernet franc del Loire. O con uno de esos vinos de cepas centenarias de cordón trenzado de Suertes del Marqués, El Ciruelo (listán negro), por ejemplo, un vino que parece surgido de la noche de los tiempos. Fragante, ligero, intenso, delicioso. Con estos dos y unas buenas papas me iba yo al otro lado del espejo.

05 de setembre, 2013

Antoine Arena Cuvée Lisandra 2011

Antoine Arena Lisandra 2011
Patrimonio se encuentra en la zona más al norte de la isla de Córcega (Haut Corse), en la base de un dedo que, no pocas veces, ha acusado tanto a Francia como a Roma (cuando allí existía un imperio que quería invadir la isla, claro). Las colonizaciones han pasado sobre la isla, pero su carácter y sus maneras siguen. El paisaje, también. He podido charlar un par de veces con Antoine Aréna y he bebido sus vinos muchas más. Siempre he tenido las mismas dos sensaciones: darle la mano a él...se me antoja lo más parecido a que Córcega te estruje tu mano. Y beber sus vinos es lo más parecido a tomarte el paisaje del norte corso entero en una copa. Es de aquellas personas que hace vinos que son como él. Y sus vinos, además, son muy parecidos a la tierra de la que nacen. Da igual que sean de vermentinu, de nielluciu, de bianco gentile, da igual. Sus vinos son él. Sus vinos son paisaje, tierra y clima. Pueden gustar más o menos (Aréna es radical en su aproximación), pero a mí esa sensación, esa doble identificación con viticultor y paisaje, me apasiona, me encanta, me atrae irremediablemente y, por lo que acabo de decir, nunca me decepciona.

Cuvée Lisandra 2011. 13,5%. Monovarietal de nielluciu. Es uva muy extendida en la isla, de relativa poca coloración y que suele usarse para rosados. El tinto de Antoine abrió camino en su momento para una comprensión más compleja, radical y profunda de esta variedad de uva. Porque es roca y mineral este vino, aunque sea de capa media. Porque huele a campo y a rusticidad. Porque es fresco y es corso. Casi oigo a Polifemo gritar, aunque estemos en Córcega y no en Sicilia: "¡no os bebáis mi vino!" Bajo un castaño, en el monte, ovejas y cabras. Color divino, entre el rubí brillante y el granado filtrado por el atardecer, a poniente de la isla. Taninos cuadrados, pequeños pero jugosos. Grafito. Acidez tremenda. Vibra de energía y transmite valores esenciales, este vino. Pomelo anaranjado: más frescor, cítrico. Necesita aire, seguro, para liberar reducción. Astringente, rampante. La mora justo cuando termina su envero. Un hombre, sus hijos, las variedades de la tierra, la tierra y su condición. En una copa. Siempre fieles a lo que cada año dé. Me gusta. Mucho.
Contra Arena Lisandra 2011

01 de setembre, 2013

24 horas con Nistal 2008 de J.L. Mateo

Nistal 2008
He escrito ya sobre José Luis Mateo y su bodega Quinta da Muradella (DO Monterrei, Verin, Ourense) más de una vez en este cuaderno. Es de los pocos que repite con cierta asiduidad. Y eso lo dice ya todo para mí. Todo sobre cómo son sus vinos, pero también sobre cuál es su sensibilidad hacia la tierra y sus gentes y, lo más importante, sobre cómo es él como persona. Superó los corsés de la formación y dedica, ahora, toda su intuición y pasión a entender qué pasa cada año en sus viñedos, cómo debe ir modificando su laboreo y sus técnicas de vinificación. Cada año se pone él mismo y pone todo en duda. Las horas que pasamos juntos en mi último viaje son de las más intensas que he vivido en él.

Uno de los ejemplos más notables de su inquietud es este vino único, rosado (bastardo, garnacha y mencía, por sangrado, 13%), Nistal 2008, del que no sabemos si habrá segunda edición...Un caso para reflexionar porque sin someter al vino (no, por lo menos, que yo lo huela o sienta) a una vinificación específicamente pensada para el envejecimiento (como podría pasar con los rosados de Viña Tondonia o de Tobía), el vino lleva ya cinco años en botella y esta, mi tercera botella, está en una forma todavía espléndida que dice, sin más, que la cosa sigue. Sabéis de mi pasión por los rosados que andan al otro lado de la línea del tiempo. Suelo encontrarlos más en Francia (Champaña sobre todo) que en España o Italia. Sin duda, Nistal 2008 es uno de ellos. En las botellas que queden, es uno de ellos.

Rosado con alma y andares divinos: en el color, cuando cae en la copa y cuando deambula por ella. Púrpura. Enterísimo y con un cuerpo redondo. Endrinas. Cerezas. Brezo. Mora madura en la zarza. Espliego. Cinco años y está en pleno vigor este vino. Un rosado más allá de los tópicos y las marcas. Poderoso y sugerente en nariz, aromático y fragante. Ligero y ágil en boca. Vegetal que me hace pensar en humedad y frescor: musgo y líquenes. Es un vino radical y profundo. Arcilla húmeda. Flor de mirto. Es un vino azul. Con las horas, cada vez hunde más sus raíces en la tierra. Mirto y más brezo. ¿Se acabó ya? Apenas me ha durado 24 horas. Con Zweig, 24 horas en la vida de este vino son una gran experiencia.
Viñedo en Castrillón 100 años de JL Mateo