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19 de gener, 2014
A Pita Cega 2011: cosechando sabores
Mi relación con Pilar es muy reciente (10 de enero de 2014, a las 21:19 empezó) y puedo decir que casi no nos conocemos. No he pisado sus tierras, no conozco su viñedo ni su casa. No he visto sus manos ni su sonrisa. Pero ahora ya sé, pequeños detalles que ella misma me ha contado o he leído, que lo que encuentre el día que vaya a San Amaro (Ourense) me gustará. La cosa empezó mal: una botella en una cata a ciegas (cada vez las soporto menos...) estuvo a punto de mandar al garete todo. Yo había leído cosas de A Pita Cega (quién no...aunque ahora ya creo que a Pilar no le gusta nada esta parte de su nueva vida, es así: se habla de ella y de su vino) y la botella salió mal, con una reducción importante y el vino casi roto...Por poco la borro de mi lista mental porque pensé "un blufff...". Nunca te fies de tu primera impresión, sobre todo si viene de una cata a ciegas. Nunca. Esa lección he aprendido con los años. Da a los vinos que crees (por lo que sea) que te pueden decir algo, una segunda oportunidad.
El cartero siempre llama dos veces y casi siempre tiene que ver la cosa con fermentaciones varias y levaduras, del tipo que sea...El 10 de enero a la hora apuntada, Pilar me escribe "Muchas gracias por aceptar desde las viñas de A Pita Cega (organic wine)". Hablaba de "la amistad" en feisbuc y yo, que uso poco ese programa para "charlar", me enganché...que si "me estoy bebiendo tu libro"; que si "¿has bebido A Pita Cega?"; que si "sí, pero la botella salió mal"; que si "tienes que darle otra oportunidad"; que si "la jodimos si me la mandas porque no escribo de los vinos que me mandan, a no ser que sean amigos"; que si "yo no quiero que escribas sino que le des otra oportunidad"; que si "¿cómo te llamas" (porque con tanta canela andaba yo ya mosca); que si "yo te mando la botella y si la disfrutas, bien; y si te parece muy perra, pues al estofado o con la ensalada"; que si "¿la ensalada, perra?"; que si "no...perra la botella"; que si "soy yo la que trabaja en la viña, en el gallinero y en el corral"; que si "el vino se hace solo; una enóloga hace las analíticas"; que si "yo estudié pero aprendí lo que no le haría jamás a mi tierra y lo dejé"; que si "yo aprendo poco, dejo que la viña viva como quiera y que el vino fermente cuando quiera. Los respeto: ellos saben más que yo"; que si "mi paisaje de viña es un lugar mágico"; que si "los viticultores ofrecemos nuestro vino como parte de nosotros mismos".
Y aquí paro. Lo que he transcrito entre comillas, lo reproduzco con permiso de Pilar. Cuando alguien se identifica así con un paisaje con cepas y hace vino como parte fundamental de su manera de ser ante ese paisaje, me interesa. Cuando alguien escribe (en la etiqueta del vino) que "cultivamos de forma orgánica biodinámica para lograr el equilibrio de este organismo vivo (i.e. la tierra), tratamos las cepas con infusiones de hierbas del propio terreno y de forma homeopática", me interesa. Cuando alguien considera que su masa madre (con la que hornea pan de aire desde hace muchos años), sus gallinas y sus ovejas, forman parte de su viñedo tanto como sus cepas, me interesa. Cuando alguien escribe que "en bodega somos meros observadores de un proceso natural y dejamos que la naturaleza se exprese, no necesitamos reparar errores", me interesa. Cuando alguien afirma que "elaboramos el vino desde el viñedo y actuando con sutileza, entregamos al vino la personalidad de la tierra que lo alberga", me interesa. Cuando mis amigos de Elmundovino consideran que un vino blanco nacido de un viñedo cultivado de esta forma (¡homeopatía!) es su mejor vino blanco de España en 2013, me interesa.
Albariño, treixadura (cada vez me llama más esta uva...) y otras...13,7%. Para los detalles, vayan ustedes al blog y verán, sin más, que estamos ante una tierra feliz, que habitan personas, animales, cepas, insectos, árboles y flores que se sienten cómodos en ella. Esta tierra, estas personas, tienen que dar un vino feliz, que provoque sonrisas, que coseche y ofrezca los sabores de la tierra en forma de vino. Ni más ni menos. En copa de respeto (Borgoña) y bebido a lo largo de varios días. Escribo sin haber leído ninguna nota de cata. Esto es la descripción de varios momentos de felicidad presentidos, la crónica de una segunda oportunidad bien aprovechada: monte, musgo, cuerpo. Paseo señor por la copa. Graso en nariz y en el paladar. El prado al amanecer. Verdor y salud. Frescura con empaque. Zumbido de abejas en el campo. Polinización y alegría. Albaricoque. Pureza y profundidad. Anchura y vastedad. Nísperos maduros. Vino de matices que va contando cosas desde un carácter aparentemente sencillo. Casi goloso. Frutales y cepas. Sol de atardecer. Entre rapaces andan las bestas. Membrillo casi maduro. Merienda, pan y levadura. Cera de abeja. Hierbabuena y verbena. Ajedrea y lavanda. Hinojo salvaje y romero. Las cosas del campo. Gracias, Pilar, por esta segunda oportunidad y por la celofana violeta que cubría con delicadeza los huevos que se rompieron (no todos) junto a la botella que llegó sana. Nos veremos pronto.
12 de gener, 2014
¿Mi condición? Escribidor de emociones
Subtítulo: A tiempo parcial.
Con el título de este post despedía hace poco nuestra primera conversación a distancia (he descubierto que el chat de feisbuc también sirve para comunicarse con la gente. De hecho, cualquier cosa sirve: bastan dos personas dispuestas a charlar para conocerse) Pilar, de A Pita Cega. Aunque mis amigos del DRAE piensen que la palabra (casi sinónima de "escritor") tiene un matiz entre irónico y peyorativo, Pilar lo escribió como elogio y, creo, con mucho cariño. Me gustó. me encantó, vamos. Ella embotella sueños e ilusiones a muy pequeñas dosis, casi como jugando (A pita cega...) y de forma por completo artesanal y yo, tras más de seis años de romperme los sesos, acabo de encontrar mi auténtica condición: soy un escribidor de emociones vínicas a tiempo parcial.
Esto último es importante. A tiempo parcial. Parte de mi "sufrimiento", de mi "romperme los sesos" pensando que no daba lo que la gente buscaba en este cuaderno partía de la idea, falsa (teóricos del bloguerismo: al carajo todos), de que era imprescindible publicar cada tres o cuatro días. Es imprescindible si quieres mantener e incrementar tu número de lectores, pero por una sencilla razón estadística: cuantos más posts publiques, más te localizarán los navegadores y más caerá la gente en tu blog, sin saber qué haces ni quién eres ni sobre qué escribes. A tiempo parcial: uno escribe cuando puede y la gente pasa por aquí cuando quiere porque sabe que va a encontrar, de vez en cuando, algo que le distraiga. Punto. ¿Bajará el número de lectores? Sí. ¿Y? Se quedarán los mejores, los más conscientes de qué tipo de cosas hago. Vosotros. Me gusta la idea: con vosotros estoy contento y me siento bien.
Echaba cuentas de los días de vacaciones en que el escribidor de emociones ha dedicado casi todos sus ocios al mundo del vino (diversas facetas, ¿eh?): desde el solsticio de invierno, en que me devanaba los sesos ante vosotros por última vez (lo juro) haciendo metabloguismo, tuve tiempo y ganas de escribir sobre el vinazo El Reto 2011, sobre cómo y por qué nos sentamos a la mesa por Navidad, sobre otro vinazo, Mas Doix 2003 en mágnum, sobre Rasoterra, sobre un tercer vinazo, Le Mont Benoit y sobre un proyecto muy bonito, el Viver de Celleristes. En esto llegaron los Reyes con sus rebajas y la peste provocada por meses sin bañarse y a lomos de camellos (¿para qué pensáis que eran el incienso y la mirra?). Y volví al trabajo a tiempo completo...En dieciséis días había publicado seis posts que me habían dejado satisfecho. En una semana de escribidor de emociones a tiempo parcial, he acumulado un montón de sensaciones y de cosas interesantes, pero este es el único post que voy a publicar en siete días. De A Pita Cega a Las 7 Fuentes (del bueno vino y de la inspiración nacida del tiempo a tu disposición).
Así son las cosas, así es la vida del escribidor de emociones a tiempo parcial. Escribe cuando puede pero lo hace muy a gusto y sobre los temas de siempre. Casi le ronda por la cabeza, me ronda (perdón: recupero la primera persona del singular: hablarme en tercera no me va...) que este cuaderno se va a convertir en el suplemento de fin de semana de las vidas enogastronómicas de quienes pasen por aquí. Me es más fácil encontrar momentos de paz para escribir entre el sábado y el domingo. Iremos viendo. La semana ha tenido momentos muy atractivos. Después de un buen primer día de trabajo, hambriento y sediento, mis pasos me llevan al Lola Tapes, en Tarragona: es un sitio muy recomendable. Allí me quedo con sus platillos y paso de los gins. Hay tantos vinos interesantes que no conozco...Tuve la suerte de encontrar a unos queridos amigos y entre tapas de Torta del Casar sobre pan con tomate y una anchoa (delirante y exquisita combinación: os lo prometo), espardenyes y una sabrosa cazuela de sepia con albóndigas, circuló el que, para mí, es uno de los mejores vinos alsacianos: el Nature 2012 de Julien Meyer, vigneron en Nothalten. Biodinámico, cupaje de sylvaner y pinot gris, este blanco es un vino pura fruta, con gran estructura en boca, empaque y seriedad y, al mismo tiempo, fresco. Acompañó un Les Petites Fleurs 2012 de los Tricot, en Orcet, pueblo de gran tradición, donde la gamay es una de las reinas de lugar. Ligereza, flor de violeta, acidez, agua en forma de vino: peligrosamente adictivo.
El segundo momento culminante de la semana lo he vivido en Hisop. Oriol Ivern está en una gran forma y sus platos convergen, cada vez más, hacia una fórmula mágica: pureza y sinceridad de sabores siembre combinada con pequeños trampantojos que equilibran el conjunto. Una ensalada de pularda ligeramente ahumada, por ejemplo, con una vinagreta de trufa y un toque acídulo. O un escandaloso, delicioso, gran cochinillo crujiente con cardamomo negro y daditos de manzana ácida. Muy bueno. Todos los vinos de la cosecha 2011 de Orto Vins son destacables y sus tintos me parecen sobresalientes. Incluso el que podría parecer más sencillo, el Orto 2011 (el que bebimos), está en un momento grande: poca crianza, con madera de cuarto año, mucha garnacha y cariñena, es un vino fragante y que se deshace en boca. Pasa de maravilla. Completamos con uno de los cavas que nunca me fallan: el Huguet Gran Reserva Brut Nature de Can Feixes, 2007. Pillamos una botella con ocho meses de degüelle y estaba estupenda: mucha parellada y macabeo pero con un toque importante de pinot noir, que le da una vinosidad y un juego gastronómico grandes.
Semana intensa, dirán ustedes...pues lo mejor estaba por llegar, vaya. Sábado y comida sorpresa, en casa, con un amigo viñatero. Rigati rellenos de alcachofa y me lanzo al vacío: pienso sólo en el acero de las alcachofas y busco acero, aunque bien perfilado por lías. Sesenta e nove arrobas 2012 de Xurxo Alba (Bodegas Albamar) para Enoteca Filgueira-Guerra en Pontevedra, es una nueva dimensión de albariño, con un corazón casi metálico pero unos ropajes delicados y sutiles. Perfecto con las alcachofas si lo que buscas no es compensar el óxido sino realzar la parte metálica. Siguieron unas supremas de rodaballo salvaje con patata y cebolla y Tarlant Rosé Zero Dosage. No tengo palabras. Y por si todo esto fuera poco, aprovechamos la cerrada noche que caía sobre la ciudad, nubes, llovizna, calles vacías y todos viendo en televisión a unos tipos en calzón corto corriendo tras una pelota. L'Ànima del vi era la respuesta final a nuestra inquietud de descubridores de vinos emocionantes. Buen pan con tomate (del Baluard el pan...), excelente jamón de Trevélez, correctas anchoas, muy buenos quesos y embutidos y lo más importante, un ambiente convivial y de sana confraternización vínica difícil de encontrar en Barcelona. Cayó, en honor al asunto que llevábamos entre manos, un Amistad 2012 de Rafa Bernabé, un vino de rojal que fluye como las olas del mar cuando sopla el garbí. Me encanta. Y vaya, que la noche (de ayer para ser exactos) no podía cerrarse sin alguna de las sorpresas que un local canalla y bebedor como éste suele darte, en forma de nuevos amigos: llegaron, nos vimos, nos abrazamos, nos besamos, bebimos. Claro...Dos sorpresas para mí y una confirmación. Un ligero, atractivo, suave, floral Bourgogne Épineuil (al norte, tocando a Chablis) de Clos de Baccarat 2012 y un sorprendente, ligeramente musculoso, intenso, muy varietal y puro, me atrevería a decir que único por varias razones (no toca hoy desarrollar este tema), Clos Cristal, Les Murs 2011, un Saumur Champigny alucinante. La confirmación: Les Rachais 2006 de Francis Boulard. Chardonnay de una única parcela en biodinámica, ligera evolución, algo de oxidación, pureza, levaduras, limones, frescura. Un gran champagne para cerrar una semana normal. ¿Cerrar? Pero si estoy escribiendo esto en domingo por la mañana y ¡faltan la comida, la merienda y la cena!
Digo yo que tendré semanas en que un solo vino o un única comida llenen este post. Como tantas otras veces ha sucedido. Pero hoy me apetecía alargarme y escribir un post desmedido, muy dominical. Y contarles, contarles todas las cosas emocionantes que suceden cuando estamos atentos a nuestro entorno. Atentos y con ganas de atrapar y disfrutar cada momento. Y la verdad: tampoco creo que me sintiera mejor siendo escribidor a tiempo completo. Puede que la vida me permita hacerlo algún día, pero mientras tanto, voy a disfrutar al máximo de mis dobles, triples, cuádruples pequeñas vidas...Hay tantas vidas en una, que cuantas más descubramos y más las disfrutemos, mejor nos sentiremos. O así lo creo yo.
Con el título de este post despedía hace poco nuestra primera conversación a distancia (he descubierto que el chat de feisbuc también sirve para comunicarse con la gente. De hecho, cualquier cosa sirve: bastan dos personas dispuestas a charlar para conocerse) Pilar, de A Pita Cega. Aunque mis amigos del DRAE piensen que la palabra (casi sinónima de "escritor") tiene un matiz entre irónico y peyorativo, Pilar lo escribió como elogio y, creo, con mucho cariño. Me gustó. me encantó, vamos. Ella embotella sueños e ilusiones a muy pequeñas dosis, casi como jugando (A pita cega...) y de forma por completo artesanal y yo, tras más de seis años de romperme los sesos, acabo de encontrar mi auténtica condición: soy un escribidor de emociones vínicas a tiempo parcial.
Esto último es importante. A tiempo parcial. Parte de mi "sufrimiento", de mi "romperme los sesos" pensando que no daba lo que la gente buscaba en este cuaderno partía de la idea, falsa (teóricos del bloguerismo: al carajo todos), de que era imprescindible publicar cada tres o cuatro días. Es imprescindible si quieres mantener e incrementar tu número de lectores, pero por una sencilla razón estadística: cuantos más posts publiques, más te localizarán los navegadores y más caerá la gente en tu blog, sin saber qué haces ni quién eres ni sobre qué escribes. A tiempo parcial: uno escribe cuando puede y la gente pasa por aquí cuando quiere porque sabe que va a encontrar, de vez en cuando, algo que le distraiga. Punto. ¿Bajará el número de lectores? Sí. ¿Y? Se quedarán los mejores, los más conscientes de qué tipo de cosas hago. Vosotros. Me gusta la idea: con vosotros estoy contento y me siento bien.
Echaba cuentas de los días de vacaciones en que el escribidor de emociones ha dedicado casi todos sus ocios al mundo del vino (diversas facetas, ¿eh?): desde el solsticio de invierno, en que me devanaba los sesos ante vosotros por última vez (lo juro) haciendo metabloguismo, tuve tiempo y ganas de escribir sobre el vinazo El Reto 2011, sobre cómo y por qué nos sentamos a la mesa por Navidad, sobre otro vinazo, Mas Doix 2003 en mágnum, sobre Rasoterra, sobre un tercer vinazo, Le Mont Benoit y sobre un proyecto muy bonito, el Viver de Celleristes. En esto llegaron los Reyes con sus rebajas y la peste provocada por meses sin bañarse y a lomos de camellos (¿para qué pensáis que eran el incienso y la mirra?). Y volví al trabajo a tiempo completo...En dieciséis días había publicado seis posts que me habían dejado satisfecho. En una semana de escribidor de emociones a tiempo parcial, he acumulado un montón de sensaciones y de cosas interesantes, pero este es el único post que voy a publicar en siete días. De A Pita Cega a Las 7 Fuentes (del bueno vino y de la inspiración nacida del tiempo a tu disposición).
Así son las cosas, así es la vida del escribidor de emociones a tiempo parcial. Escribe cuando puede pero lo hace muy a gusto y sobre los temas de siempre. Casi le ronda por la cabeza, me ronda (perdón: recupero la primera persona del singular: hablarme en tercera no me va...) que este cuaderno se va a convertir en el suplemento de fin de semana de las vidas enogastronómicas de quienes pasen por aquí. Me es más fácil encontrar momentos de paz para escribir entre el sábado y el domingo. Iremos viendo. La semana ha tenido momentos muy atractivos. Después de un buen primer día de trabajo, hambriento y sediento, mis pasos me llevan al Lola Tapes, en Tarragona: es un sitio muy recomendable. Allí me quedo con sus platillos y paso de los gins. Hay tantos vinos interesantes que no conozco...Tuve la suerte de encontrar a unos queridos amigos y entre tapas de Torta del Casar sobre pan con tomate y una anchoa (delirante y exquisita combinación: os lo prometo), espardenyes y una sabrosa cazuela de sepia con albóndigas, circuló el que, para mí, es uno de los mejores vinos alsacianos: el Nature 2012 de Julien Meyer, vigneron en Nothalten. Biodinámico, cupaje de sylvaner y pinot gris, este blanco es un vino pura fruta, con gran estructura en boca, empaque y seriedad y, al mismo tiempo, fresco. Acompañó un Les Petites Fleurs 2012 de los Tricot, en Orcet, pueblo de gran tradición, donde la gamay es una de las reinas de lugar. Ligereza, flor de violeta, acidez, agua en forma de vino: peligrosamente adictivo.
El segundo momento culminante de la semana lo he vivido en Hisop. Oriol Ivern está en una gran forma y sus platos convergen, cada vez más, hacia una fórmula mágica: pureza y sinceridad de sabores siembre combinada con pequeños trampantojos que equilibran el conjunto. Una ensalada de pularda ligeramente ahumada, por ejemplo, con una vinagreta de trufa y un toque acídulo. O un escandaloso, delicioso, gran cochinillo crujiente con cardamomo negro y daditos de manzana ácida. Muy bueno. Todos los vinos de la cosecha 2011 de Orto Vins son destacables y sus tintos me parecen sobresalientes. Incluso el que podría parecer más sencillo, el Orto 2011 (el que bebimos), está en un momento grande: poca crianza, con madera de cuarto año, mucha garnacha y cariñena, es un vino fragante y que se deshace en boca. Pasa de maravilla. Completamos con uno de los cavas que nunca me fallan: el Huguet Gran Reserva Brut Nature de Can Feixes, 2007. Pillamos una botella con ocho meses de degüelle y estaba estupenda: mucha parellada y macabeo pero con un toque importante de pinot noir, que le da una vinosidad y un juego gastronómico grandes.
Semana intensa, dirán ustedes...pues lo mejor estaba por llegar, vaya. Sábado y comida sorpresa, en casa, con un amigo viñatero. Rigati rellenos de alcachofa y me lanzo al vacío: pienso sólo en el acero de las alcachofas y busco acero, aunque bien perfilado por lías. Sesenta e nove arrobas 2012 de Xurxo Alba (Bodegas Albamar) para Enoteca Filgueira-Guerra en Pontevedra, es una nueva dimensión de albariño, con un corazón casi metálico pero unos ropajes delicados y sutiles. Perfecto con las alcachofas si lo que buscas no es compensar el óxido sino realzar la parte metálica. Siguieron unas supremas de rodaballo salvaje con patata y cebolla y Tarlant Rosé Zero Dosage. No tengo palabras. Y por si todo esto fuera poco, aprovechamos la cerrada noche que caía sobre la ciudad, nubes, llovizna, calles vacías y todos viendo en televisión a unos tipos en calzón corto corriendo tras una pelota. L'Ànima del vi era la respuesta final a nuestra inquietud de descubridores de vinos emocionantes. Buen pan con tomate (del Baluard el pan...), excelente jamón de Trevélez, correctas anchoas, muy buenos quesos y embutidos y lo más importante, un ambiente convivial y de sana confraternización vínica difícil de encontrar en Barcelona. Cayó, en honor al asunto que llevábamos entre manos, un Amistad 2012 de Rafa Bernabé, un vino de rojal que fluye como las olas del mar cuando sopla el garbí. Me encanta. Y vaya, que la noche (de ayer para ser exactos) no podía cerrarse sin alguna de las sorpresas que un local canalla y bebedor como éste suele darte, en forma de nuevos amigos: llegaron, nos vimos, nos abrazamos, nos besamos, bebimos. Claro...Dos sorpresas para mí y una confirmación. Un ligero, atractivo, suave, floral Bourgogne Épineuil (al norte, tocando a Chablis) de Clos de Baccarat 2012 y un sorprendente, ligeramente musculoso, intenso, muy varietal y puro, me atrevería a decir que único por varias razones (no toca hoy desarrollar este tema), Clos Cristal, Les Murs 2011, un Saumur Champigny alucinante. La confirmación: Les Rachais 2006 de Francis Boulard. Chardonnay de una única parcela en biodinámica, ligera evolución, algo de oxidación, pureza, levaduras, limones, frescura. Un gran champagne para cerrar una semana normal. ¿Cerrar? Pero si estoy escribiendo esto en domingo por la mañana y ¡faltan la comida, la merienda y la cena!
Digo yo que tendré semanas en que un solo vino o un única comida llenen este post. Como tantas otras veces ha sucedido. Pero hoy me apetecía alargarme y escribir un post desmedido, muy dominical. Y contarles, contarles todas las cosas emocionantes que suceden cuando estamos atentos a nuestro entorno. Atentos y con ganas de atrapar y disfrutar cada momento. Y la verdad: tampoco creo que me sintiera mejor siendo escribidor a tiempo completo. Puede que la vida me permita hacerlo algún día, pero mientras tanto, voy a disfrutar al máximo de mis dobles, triples, cuádruples pequeñas vidas...Hay tantas vidas en una, que cuantas más descubramos y más las disfrutemos, mejor nos sentiremos. O así lo creo yo.
05 de gener, 2014
Viver de Celleristes de la Conca de Barberà
En una vida anterior que, de hecho, ha sucedido hace bien poco, me ocupaba y preocupaba de lo que llamábamos "incubadoras de empresas", "viveros de empresas". Dos palabras usadas por transferencia de significado que tienen intensa relación con la "vida joven que hay que proteger", sea de manera natural o artificial. Cuando las condiciones en "el exterior" son duras, cuando la vida nueva encuentra dificultades para crecer y remontar las corrientes adversas, suele haber una mano amiga que ayuda a que el porcentaje que se lleva M.Darwin (de cualquier proceso de selección natural) sea algo menor. ¿Que estamos jugando un poco a ser Dios? Puede...pero los resultados suelen merecer mucho la pena. Cuando hay convencimiento, cuando hay pasión, cuando hay proyecto, cuando hay ilusión y ganas de emprender, hay que ayudar. Cuanto acabo de describir sucede muy a menudo en cualquier tipo de proyecto de empresa, pero nunca, que yo sepa, había sucedido de forma premeditada y organizada en el mundo del vino. Nuestras empresas nacientes, nuestros proyectos se llaman bodegas.
Aquí nace todo. Y si una zona que quiere crecer y recuperar su tradición (quizá demasiado vinculada a otra DO...), pongamos la Conca de Barberà, territorio y DO, no encuentra la manera de impulsar algunos proyectos jóvenes (no siempre impulsados por personas jóvenes, cierto, pero sí por gente muy ilusionada: y eso es lo que cuenta), está casi muerta y condenada a seguir haciendo lo que venía haciendo: vender uva anónima para que otros hagan sus cosas. No digo que eso sea malo, por favor: todo el mundo tiene la libertad de ganarse la vida con sus manos y con sus cepas como pueda y quiera hacer. Pero sí digo que una zona como la Conca, que tiene una riqueza de viñedos antiguos impresionante; que tiene una variedad de suelos, de climas y de terruños grande; que tiene, además, el tesoro de unas variedades de uva muy identificadas con ella (el trepat, por supuesto; pero también el garrut o el macabeo o la parellada) y, además, tiene un territorio casi incontaminado (aunque sea por efecto de sucesivas crisis industriales y económicas a lo largo del siglo XX)...una zona así tiene casi la obligación moral de encontrar ese camino, ese vivero para que las bodegas jóvenes empiecen a repoblar el territorio con nuevos vinos y nuevas sensibilidades.
La idea primera de Jordi París y Ramon Ribas encontró el apoyo de la DO Conca de Barberà, del Consell Comarcal de la Conca de Barberà, de la Diputación de Tarragona y de los Fondos Europeos necesarios para reconstruir la historia y proyectarla hacia el futuro. Porque eso es el Viver de Celleristes: retomar el edificio y el espíritu de la Societat Cooperativa Agrícola de Barberà de la Conca y darles forma. Espacios reformados en 2007 y finalmente rematados por una segunda nave en 2011. Capacidad para albergar a ocho jóvenes bodegas que no tenían ni posibilidad ni capacidad de instalarse por su cuenta. Contrato por seis años (no estrictos). ¡Y a trabajar! Hay espacios comunes para entrar la uva, para seleccionar, para embotellar, para analizar, para envejecer el vino, para conservar las botellas, pero cada cual tiene, además, su propio espacio interior, no sólo físico...Porque lo más atractivo y apasionante, que pude comprobar cuando estuve, es que la gente, los impulsores de cada proyecto, tienen sus ideas, su formación, su experiencia, su camino hacia el tipo de vino que llevan en la cabeza (o que no llevan y todavía buscan: hay gente maravillosamente joven allí). Pero además, todos comparten experiencias, conocimiento, técnicas y sensibilidades. Cada bodega (ahora mismo están a tope de capacidad y creo que con lista de espera: ¿no es genial?) va a lo suyo pero cuando estuvimos catando y conociendo la realidad de la cosecha del 2013 (y algunas botellas muy interesantes del 2011 y el 2012), lo hicimos todos juntos, probando todo de todos e intercambiando impresiones de una forma abierta y sincera.
Me fui con una gratísima impresión. Es un proyecto que nace de una apuesta tremenda de los responsables de la zona por su futuro y que está funcionando. ¿La mejor prueba? La "tasa de bajas" es mínima y ya hay una bodega que se ha instalado por su cuenta fuera del Viver y que hace vinos que me encantan. Y, vaya, que en este post no toca personalizar, pero probé cosas allí dentro que me gustaron mucho. Y vi actitudes y maneras de trabajar en el campo y en la bodega que van a calar en el territorio. Y todo esto es muy bueno. Por el ejemplo que están dando a otras zonas vitivinícolas que quieran hacer una apuesta de futuro a partir de una realidad de viñedos y terruños importante, aunque quizá algo perdida en su historia. Y porque, y en el fondo esto es lo más importante, algunos de los vinos que están saliendo ya del Viver de Celleristes son interesantes y atractivas realidades que nos proyectan a un futuro mucho mejor. Vayan ustedes y compruébenlo. Sé que lo agradecerán. Por mi parte, les digo que con esa visita, con lo que sucedió ese día y con lo mucho que aprendí de esos emprendedores del vino, me hice un estupendo regalo anticipado de Reyes.
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