23 de febrer, 2014

La tiranía de los 140 caracteres

Me levanto contento y descansado. Ayer por la noche tuve un estimulante (menudo adjetivo...será que el sueño me roba inspiración adjetival...) encuentro con los amigos que organizan el Salone del Gusto de Slow Food (otoño de 2014, en Torino). Vamos a montar una buena con vinos españoles allí: "in bocca al lupo!" Ayer por la noche, en L'Ànima del vi, topé, además, con varias realidades: la de un amigo que acababa de superar (me dio esa impresión, y por eso le felicité) un complicado y duro examen que le ha llevado meses de prepararación. Supe, además, que varios otros amigos estaban implicados en esa prueba y estoy contento por ellos: ¡seguro que acaban todos con el diploma deseado! Eso sí...me dejó con la mosca tras la oreja, su despedida final: "por fin, puedo beber vino sin más".

La de una amiga que había confiado ciegamente en otro amigo para un cambio de trabajo, se queda tirada "en medio de la noche" y todavía espera una explicación... El tiempo acabará colocando a cada cual en el lugar que se merece, y quien siembra vientos, ya sabemos qué acaba recogiendo...Mi amiga ha tenido suerte y ya está trabajando de nuevo, tras el insólito plantón, en otro proyecto vínico interesante.

Ayer me fui a la cama con la impresión de que José Miguel Márquez (Bodegas Marenas) cada día trabaja más fino y acertado, con más luces y conexión con su tierra y con lo que ésta puede dar. Su Cerro Encinas 2011 (montepila) me pareció un vino soberbio. Y su 2012, con poco más de botella, creo que será un gran vino también. Ayer me fui a la cama con la sensación de que Jordi Llorens (Celler Jordi Llorens) es ya una bonita realidad: su Blankaforti 2012 (CS y garnacha) es un vino de placer, con cerezas golosas, fresco, también serio. Ambos son gentes a las que hay que tener en cuenta.

Hoy me he levantado con varias convicciones. Una. Dentro de menos de una hora, Orlando Lumbreras y Juancho Asenjo nos harán pasar un rato estupendo en R3, Placeres Mundanos. ¡Atentos, pues! (y si no, al podcast todos). Dos. No te fíes de las personas que no te aguantan una mirada limpia a los ojos. Te la acabarán pegando. Tres. Siguen sucediendo un montón de cosas interesantes en el mundo del vino en este país. Y hay que estar atento para conocerlas, beberlas y contarlas para que otros las conozcan y beban también. Cuatro. No me acabo lo que sucede en nuestra vieja  Europa vitivinícola en esta reencarnación entera. Cinco. ¿A quién le preocupan los 140 caracteres?

22 de febrer, 2014

Carmen y Salvador


Carmen es hija de una de mis mejores amigas. La conozco desde los diez años y hemos crecido juntos. Es simpática, sensible, inteligente y lista, pizpireta y alegre. Representa casi un ideal para mí: la gracia y la sal de la tierra en la que ha nacido, Andalucía, junto con el tesón y la fuerza de voluntad, también la seriedad, que hacen falta para sacar adelante unos estudios complejos y hacerlo, además, muy bien. Por si fuera poco, fue deportista de gran nivel y es, a la vista está, mujer de belleza singular y despampanante. Creo que estoy ya en la edad en la que me gusta quedar con los hijos de mis amigos sin mis amigos...Tuvimos una cena estupenda ayer en Rasoterra, con Carmen y José Carlos. ¿Médicos que están en Barcelona para un congreso sobre arteriosclerosis...? Comida vegetariana de calidad y vinos que van directos al corazón, ¿no? Pues ahí estuvimos: con el excelente pan de siempre; con unas alcachofas al vino blanco y frutos secos deliciosas; con unas patatas bravas hechas al horno con su piel y romero; con un hinojo rebozado en suave cabrales y con unos sabrosos, paradójicamente ligeros, gnocchi de patata (mucha más patata que harina) en un caldo con calabaza y castañas. Había bajado la temperatura en la ciudad. De golpe. La lluvia arrasó la turistada. Y nosotros, calentitos y llenos de confort en el rincón de uno de los tavoloni más bonitos de Barcelona , veíamos las horas pasar. Con charla y buen vino. Y una selección de los mejores quesos de Rasoterra, que es mucho decir porque Daniele y Chiara saben mucho, de quesos, Y seleccionan muy bien.

Salvador, de Còsmic Celler, tanto  en la sierra del Montmell (Baix Penedès), como ahora en Agullana (Alt Empordà), es una de las personas a las que hay que seguir y de las que hay que beber. Tiene una sensibilidad muy especial hacia la tierra, hacia el cultivo de sus cepas. Tiene, además, una intuición bastante clara de cómo vinificar y embotellar terruño. Y tiene tres cosas más que hacen que le considere, sin más, uno de los espejos en que la vitivinicultura de este país tendrá que mirarse. No quiere crecer deprisa...de hecho no quiere crecer. Quiere sólo vivir de las pocas botellas que, por ahora, produce. Es joven, además. Y no hay vino suyo que no me guste. En Montmell, su sauvignon blanc 2012 es un vino de raro equlibrio entre fragancia floral e intensidad mineral. Su cabernet franc 2007 (el último que he bebido) es de una pureza perturbadora. Suena a Cahors de los buenos, de verdad...Y el último que ha llegado a mí (dos botellas, bastante parecidas además, en dos meses) es su espumoso (sin DO) Gran Reserva Brut Nature 2005. Tierra de arcilla, cepas en altura (sobre los 500 msnm), ensamblaje clásico con mayoría de xarel.lo y algo de chardonnay, 60 meses en rima y 1008 botellas... La de ayer por la noche estaba soberbia, sin apenas notas de evolución, con una frescura galopante, una burbuja fina, un sabor suave de manzanas algo maduras (no al horno), un poco de nuez recién cascada, hinojo silvestre y una promesa, todavía, de larga vida por delante. Con dos quesos, en especial, estuvo muy bien: con un formaggio di fossa de oveja de la Emilia-Romagna, muy curado, y con el excepcional Fiore Sardo, también de oveja, que no me canso de comer. Salvador no sabe quién es Carmen. Carmen no sabía quién era Salvador. Jamás han oído hablar el uno del otro. Pero ayer estuvieron compartiendo mesa conmigo, para alegría de nuestro paladar y de la tierra que nos da de comer.

Con Salvador, Iolanda Bustos y unos cuantos amigos, compartiremos mesa, charla, deliciosas recetas y vinos el próximo viernes (si los dioses lo permiten) en La Calèndula. En esta cena, habrá sorpresa muy agradable...

17 de febrer, 2014

Vino friki: Vueling y Ling, febrero '14

Escribo el post desde la habitación de un hotel en Valladolid. Villanubla y el páramo estaban preciosos este atardecer y el viaje en avión ha sido casi de placer. Raquel Pardo me había mandado un pdf con su artículo para la revista Ling de Vueling (sobre un bar, en Barcelona, que ofrece "nuevas experiencias" brutales). Confieso que lo había leído demasiado rápido y el avión y la revista en papel me han dado la tranquilidad que necesitaba. Su lectura, la forma cómo iba surgiendo en mi cabeza una conversación improvisada con Raquel sobre el tema de fondo del artículo (los vinos naturales), otras charlas sobre el qué, el para qué y el cómo de los blogs y de su decadencia, de los tuits y su auge, me han llevado a este post.

Lo escribo como si fuera un tuit pero sin la tiranía de los 140 caracteres. Total, pensaba en el avión, si blogger va a llevar este escrito a todos los que sólo leen tuiter. Y tuiter hará lo propio con los que leen feisbuc. Por supuesto, tiene la inmediatez de un tuit: en cuanto le diga "publícate", saldrá de inmediato. Y, claro, si alguien quiere comentar algo, podrá hacerlo aquí mismo, en el post, o en tuiter o en feisbuc. Qué más da el formato. Lo que importa es la comunicación y su contenido. Si quiero hacer un artículo de fondo y enjundia, de investigación, novedades y fotos, lo haré. Si quiero un formato breve y sin fotos, lo haré. Si quiero escribir una columna de opinión, la escribiré. Y cada cual leerá desde donde quiera. Y contestará desde donde quiera. Si le apetece. Y puedo escribir, además, desde el dispositivo móvil o fijo que me convenga. Se acabó la tiranía de la autoimposición en esta casa editorial.

"Son raros, pero molan". ¿Vino friki = vino natural? No creo que sea ésta la idea-fuerza de Raquel, pero es la que destaca (también de forma gráfica). Los vinos que son más naturales nacen y se hacen en el campo y así termina el artículo: "con prácticas que enlazan con lo ancestral, respeto a la tierra, a las raíces, a los ciclos naturales del entorno...viticultura sostenible, transparente, responsable..." Esto es lo sustancial. El "quítame allá ese sulfito", frente a todo lo que se hace (o no se hace...) en el campo es, sólo, un detalle en la vinificación. No baladí, pero uno más. Antes tienen que pasar muchas cosas, en el campo y en la bodega. No es, tampoco, una cuestión de sabores mas o menos raros. O de perfecciones o imperfecciones. Es una cuestión de "cuantas menos intervenciones, mejor", en una gradación y con una intensidad en la que no encontrarás a dos viñerones que trabajen de la misma forma. El resultado final será el de un vino más cercano que otros (de su entorno) a la realidad de la que surge (tierra, cepas, clima, personas). Eso es lo que cuenta. Y tanto para el viticultor como para el consumidor (ambos suelen confundirse, además), no es ya una cuestión de modas o de tendencias. Es una actitud de la que no hay que vanagloriarse. Hay que ejercerla y, si se puede, hay que explicarla. 

Algunos de los mejores vinos que se hacen siguiendo esta forma de entender la vitivinicultura, no suelen llevar nada escrito en sus etiquetas. Y nosotros, como consumidores, tampoco tenemos que llevar un cartel que diga "bebedor de este y no de aquél tipo de vino". "Realmente atrayentes", ¿"extrañamente seductores"? (los signos de interrogación son míos), propone Raquel. Yo creo, con ella, que son muy atrayentes, pero no "extrañamente seductores". Son necesariamente seductores, inexorablemente seductores diría, porque nos hablan con apenas filtros de algo que forma parte de nuestro ADN como seres humanos: de la tierra y de sus aromas y sabores. 

Me ha salido un poco largo este tuit...Qué más da.