22 de febrer, 2015

Clos Saron Out of the Blue 2012

Clos Saron Out of the Blue 2012
California Sierra Foothills: una zona de viticultura bien delimitada  (American Viticultural Area: AVA)  y de larga tradición. No sé si en toda su extensión (más de 10 mil Km2), pero una de sus características más llamativas es que el suelo de arenisca volcánica permite que las cepas sean plantadas en su propio pie y al margen de la filoxera. No hablamos, en el caso de Clos Saron y su cinsault Out of the Blue 2012, de cualquier cosa: cepas en pie franco de 1880... Sin duda se trata de un experiencia singular con un tipo de uva que conozco más o menos bien pero de la que no paro de descubrir matices y gracias. Out of the Blue 2012 es 94% cinsault, más un 3% syrah y otro 3% tempranillo. Con una viticultura entre biodinámica y orgánica y una intervención mínima en la bodega (no hay siembra de levaduras, no hay trasiegos, no hay estabilizaciones, no hay filtrados, puede que sulfiten un poco pero sólo en el embotellado...), 13,4% y madera siempre vieja, este vino me ofrece un titular inesperado: cinsault que vuela con alas de garnacha.

El primer golpe de nariz es perturbador, arrollador, de una fragancia y un atractivo enormes: pastel de cerezas, volumen, esfericidad, sedosidad, perfección aérea. Es un vino que sube y sube. Tiene una sólida base en las raíces, cierto, pero al contrario que sus lejanos parientes europeos, este cinsault en pie franco californiano no se queda en ellas, no profundiza en vertical. Sube y te lleva en volandas. Huele también a aceitunas negras, casi a olivada con buen aceite (el toque del syrah). Muestra gran fluidez y alegría, pero también pide sus dosis de concentración: es un vino de matices con una enorme capacidad para ser bebido y disfrutado. Sencillo y complejo al mismo tiempo. Ciruelas en sazón. Aromas de fermentación, secundarios. Levaduras, cake  de grosellas. Acidez y frescura. Cinsault dibuja vinos casi azules: Out of the Blue 2012 sale del fondo del sedimento marino y toca el cielo con escaleras de fruta roja. Vino rojo, casi cárdeno que sube por peldaños de fuego hacia un cielo que le sonríe, azul y lleno de luz.

15 de febrer, 2015

Pagos de nona Mil Razas 2014

Mil razas 2014
Los caminos por los que uno llega a un vino no tienen número ni fin. Una de las cosas que más íntima satisfacción me da es descubrir un vino del que no sabía nada pero para llegar al cual tenía todas las pistas a mi disposición. Pero no sabía nada de él. Y el azar (¿o no...?) me puso en cuestión de un par de horas no sólo una copa en la mano, sino la posibilidad de poder charlar con una de las personas que lo hacen. Tenía en la cabeza y en mis notas, incluso había probado ya una botella, el nombre de Finca Las Caraballas. Un verdejo del que pensé "hay que ser pacientes y seguirle la pista". Sin más. Pero retuve el nombre de los dos enólogos que lo hacen: Jesús Hermida y Esmeralda García. Miércoles por la tarde. Tras el trabajo, había quedado con una persona que nos va a proporcionar una de las mayores sorpresas del año en garnachas blancas. No puedo decir más ahora mismo porque el vino no tiene ni nombre. Pero va a romper los esquemas... Antes, tenía una cita con otra persona. Y antes, justo cuando salía de casa, me llama un crack: Orlando Lumbreras. Un tipo que lleva tanto vino como música y amor por el buen comer en la sangre. Una pieza, una joya. Me cuenta un nuevo proyecto que va a explotar en el próximo Fenavin (estén atentos).

Y termina la charla, como quien no quiere la cosa, diciéndome "¿conoces Pagos de nona? Hacen un clarete de los que nos gustan a ti y a mí! Son los de Caraballas pero en sus tierras del Bierzo" Y ahí queda la cosa...Me voy para Monvínic, tengo mi primera entrevista: ¡no hay mejor oficina para mí en Barcelona, mi segunda casa! Y mientras espero a mi segunda entrevista, me levanto y voy a charlar con Isabelle y Cèsar. Con ellos en la barra, una pareja ante una botella de forma curiosa (foto superior, tomada con poca luz y el iPhone...lo siento). Me acerco discretamente para intentar ver el nombre del vino y leo "Mil razas". Caramba, pienso..."¿será como un mil leches pero en vino? Qué interesante!" Isabelle rompe mi aproximación silenciosa y me presenta "Joan, ¿conoces a Esmeralda y a Israel? Nos están hablando de este vino" No, no les conocía...pero "Esmeralda"?... "Un vino que tiene un precioso color de mezcla de castas y, sin más, parece uno de mis tintos/rosados/claretes preferidos"? "Serán ellos!!!???" Y vaya si era Esmeralda García (con su representante en Catalunya, Israel Burgos) y una botella del vino del que, apenas dos horas antes, Orlando me cantaba maravillas. Esas casualidades de la vida me atrapan, me sorprenden, me alteran, me enamoran, me encantan. ¡Me suceden!

En Pieros (Bierzo, León), Esmeralda y Jesús tiene puestas sus esperanzas personales. Suelos de pizarra, mezclados con tierras de arcilla profunda, roca madre muy abajo, viñedos entre 80 y 200 años y  un nombre para la bodega que quiere rendir homenaje a las abuelas que, con su esfuerzo, hicieron posible su realidad, hoy. Un vino, este Mil razas, de 13,8% de alcohol, que mezcla, ¡en efecto!, todas las variedades de la zona en una sola vinificación, con un 25% de raspón: mencía y alicante (garnacha tintorera), entre las tintas; jerez (palomino fino), godello, treixadura, donablanca, garnacha blanca, malvasía, jijona, entre las blancas. Levaduras indígenas, mínimo sulforoso total (10 mg/L!). Unos pocos meses en madera de la zona, castaño, y a la calle. Necesita el vino algo de reposo, centrarse en botella y encontrar sus mejores condiciones gastronómicas (miren la foto inferior: yo no estuve nada lejos con esa fastuosa y fina terrina de caza, con conejo de protagonista) pero apuntó unas maneras tan interesantes, que no me resisto a este apunte dominical: rústico y fino al mismo tiempo. La fuerza y acidez de la jerez en equilibrio con los aromas de la alicante. Cerezas en alcohol, fresas salvajes, cielo azul y tierra roja. Arcilla y sal. Ciruelas algo pasas. Fragancia y sapidez. Amabilidad y tensión. Versatilidad y autenticidad. Lleva el vino un mínimo filtrado que no parece sustraerle aromas ni sabor. Orlando llevaba razón y yo me quedo, de regalo, con el nombre de una nueva bodega, Pagos de nona, que creo que nos seguirá dando alegrías.
Terrina de caça 2
Postscriptum. Y de golpe me doy cuenta de que la tienda que va  a vender este vino a partir de la semana que viene es la que está más cerca de mi casa. Bajo, doblo la esquina sin bajar de la acera y: El celler del Ninot!!! Gente con sensibilidad y que se está abriendo a  todo tipo de vinos. ¡Qué suerte la mía!

08 de febrer, 2015

Masia Carreras 2012 (blanco)

Cepas paraMasia Carreras blanc
En Ardèche (Francia), donde hoy sigue haciéndose excelente vino, se encontró un fósil de hoja de vid del plioceno (5,3 millones de años...). No era uinifera (era preuinifera Saportensis), pero ahí estaba la vid salvaje de la que, tras las glaciaciones, se desarrollaría la trepadora. Con sus frutos seguimos sintiendo hoy a qué saben la tierra, sus colores y sabores. La sierra de las Alberas (Alt Empordà, DO Empordà) es una tierra de tránsito natural norte-sur, y de población, por lo menos desde el Neolítico medio (3500 años a.C.). Lo es porque, en esa zona, los Pirineos son más accesibles y amables que en cualquier otra de la cordillera: allí es donde se relajan, se abandonan y se dejan acariciar por los aires y los colores del mar cercano. Por esos montes, valles y ríos, siempre ha viajado gente. Otros se han establecido y han sembrado, cultivado, recolectado, pastoreado. Fijaos en los árboles que hay al fondo a la derecha del viñedo que protagoniza este post: en esa mínima elevación de arenisca y pizarra desmoronada se encuentra una tumba. No es anónima porque alguien escribió el nombre de quien reposa en ella hace más de 1200 años...pero lo hizo sobre el mismo tipo de piedra que hoy, de manera pobre y discreta, elegante, alimenta las cepas de las que nace Masia Carreras blanco.

Escribir sobre arenisca para honrar a un muerto tiene un problema: la letra se borra con los siglos, la lluvia y la vida tras la muerte, casi siempre a la intemperie. Tiene ventajas también. Quienes ahora viven del lugar saben que están en un buen sitio. Aunque quizá "sólo" (como si fuera poco...) sean conscientes de esa bondad desde el siglo XIV (unos 600 años después de la sepultura), Masia Carreras y los Fabra saben bien dónde están y cuál es la tradición que hay que respetar. La que habla de la más vieja Europa dedicada al cultivo de la vid (de Ardèche a Cádiz) y a la elaboración de vino. La que planta y respeta las cepas viejas y las cuida con atención benedictina. La que entiende qué necesita ese suelo pobre y qué puede dar en una botella el cupaje que nace de un viñedo de más de 70 años. La que es sensible a las variedadades que mejor se han adaptado a esa tierra, vinieran de donde vinieran: cariñena blanca y tinta, garnacha blanca y gris, picapoll blanco. Nada que se desviara mucho de ese camino (norte a suroeste) de tránsitos comerciales y religiosos tan bien dibujado por los milenios.

Esta familia, este viñedo, este vino me emocionan porque sintetizan como pocos la historia de una tierra y la tradición plurisecular de un campo, unos cuerpos y unos espíritus que han encontrado en las cepas y el vino su razón de ser y sus raíces. Y todo en una copa, en una botella, en un vino (14%) que hay que comprar y beber ahora, por supuesto. Pero porque se agota en un suspiro...Comprad y bebed pero guardad un poco. Este es uno de los grandes blancos del país y la botella no hará otra cosa que hacerle crecer. Tiene una acidez espectacular. Me imagino un cesto de mimbre con hierbas recogidas justo cuando la primavera revienta, algo ya secas cuando las huelo: hierba luisa, retama y lavanda. Tomillo y laurel. Frescura y granito. Textura de la madera todavía en el vino: es un vino tierno. Intensidad y seriedad. Profundidad y matices.  Miel de azahar. Polinización: las abejas zumban y el campo explota. Después, paz y reposo. Viento y perfiles discretos. Un punto de salinidad. Complejidad. La tramontana se entabla y ofrece el perfil único de esta tierra: transparencia y luz. Texturas de viento y sol, aromas de historia. Vale lo que vale (sin duda, muy poco para lo que da: sobre los 15€), pero este vino, por todo lo que representa, no tiene precio.
Masia Carreras Blanc 2012