20 de desembre, 2015

Laventura 2013

Laventura viura 2013 dos
Mi vida en el vino está hecha de mil casualidades, de encuentros que el azar facilita, de puertas que se abren sin tan siquiera haber soñado que existían... Como en ningún otro de los mundos que vivo en éste, en el del vino me dejo ir, estoy abierto a todo y permito que las cosas suceden porque ellas quieren. Así ha sido, de nuevo, con Laventura Wines. Durante las cosechas de 2010 y 2011 en el Priorat, yo ayudaba en lo que podía y me dejaban (más bien poco...) en Terroir al Límit. En esa época (dos añadas muy distintas pero las dos, a mi modo de ver, excepcionales), Dominik Huber, Eben Sadie y Jaume Sabater formaban un equipo compacto y muy complementario. Jaume era (y es) la sabiduría espontánea que surge del roce íntimo con la tierra prioratina. Dominik era (y es) una combinación muy difícil de encontrar: intuición y método aderezadas con pasión. Eben...Eben era (y es, estoy seguro, aunque haga ahora años que no le veo) la fuerza de la naturaleza, el espíritu libre, el alma del Swartland sudafricano, que había comprendido a fondo la Borgoña y quería, ahora, hacer una simbiosis de ambas en Torroja.

Eben era como el crisol en el que todos los Pucks de la tierra se convertían en hombre barbudo (durante la vendimia): hábil, simpático, listo, abierto, generoso. La tierra amable hecha hombre. Le acompañaban siempre algunos "stagiers" del Swartland como él, gente que (intuía yo) gozaban de una conexión única con la tierra. Gente que había crecido y corrido entre viñedos, gente que había estudiado y sabía qué se llevaba entre manos, gente, al final, que se dejaba llevar por su amor a los viñedos y trasladaba ese amor  y esa pasión a cualquier cosa que hicieran en la vida. Aprendí mucho viéndoles, sintiéndoles, admirándoles. Mi vida en el mundo del vino cambió en esas dos cosechas. Bryan Mac Robert era uno de esos "stagiers". Bryan parecía tímido y poco dado a la expansión hasta que veías cómo cambiaba su rostro mientras preparaba las brasas para la carne: un hombre de la tierra nacido para ella y que en ella se sentía como en ninguna otra parte.

Bryan dio vueltas por el mundo, salió y volvío al Swartland, siguió ayudando a Eben y con su ayuda, algunos vinos míticos de la Familia Sadie son lo que son hoy. Pero Bryan se enamoró de Clara. Y Clara es riojana hasta los tuétanos... Bryan volvió a España, se enamoró de la tierra de su mujer y decidió lanzarse a la aventura porque "quien no se aventura, no ha ventura". Laventura Wines es la aproximación al alma de la Rioja de Bryan y 2013, si no me equivoco, es su primera añada. Resultó que el padre de Clara es íntimo amigo de un amigo mío de Logroño. Resultó que este amigo mío es médico. Resultó que Bryan tenía que pasar por su consulta y que hablaron de vinos, claro (mi amigo es presidente de una importante bodega de la Rioja). Resultó que salió en la charla que Bryan había trabajado en el Priorat. Resultó que apareció mi nombre. Resultó que eso sucedía quince días antes de que yo diera una charla en Logroño. Resultó, claro, que Bryan estaba en la sala ese día con una sonrisa en el rostro y dos botellas de su nueva aventura en la mano. Y resultó que ese abrazo con él fue una de las alegrías de este año vínico mío, intenso como pocos.

Bryan está empezando a entender qué son viura y tempranillo, tarea nada fácil por la increíble riqueza y variedad de suelos, de maduraciones, de alturas y de rasgos genéticos distintos que un solo nombre (DOC Rioja) esconde y atesora. Está trabajando y seleccionando buenas piezas para dar la mejor uva a sus vinos. Lo hace como ha aprendido a hacerlo: con la mínima intervención posible (aunque no se declara nada de nada ni se pone adjetivo alguno) y la máxima compenetración y respeto al viñedo. No los he pisado todavía y poco puedo decir: sólo hablo de primera mano cuando veo el trabajo en el viñedo y en la bodega. Pero conozco a Bryan y he bebido ya sus dos primeros vinos. Un Laventura viura 2013 (monovarietal de 12%) y un Laventura tempranillo 2013 (monovarietal de 12,5%).  Algo puedo avanzar...

El blanco va a ser un vino que crecerá y crecerá en botella. Nota todavía mucho el vino el efecto de la fermentación en barrica y muestra el trabajo de orfebre, paladiano y artesano como pocos, clásico pero con claros guiños de renovación que hay en él. La fruta está algo escondida todavía pero los aromas de retama y camomila seca se apoderan del paladar. Es un vino fresco y limpio, preciso y ortogonal. Posee la parte ácida de la flor de la mimosa, las lías acompañan amables pero la aireación y el tiempo se hacen todavía necesarias. La piel del membrillo y la flor de almendro. Es un primer buen blanco pero cuando Bryan defina mejor viñedos y carácter de la viura, este vino crecerá. Mucho. Al tinto apenas se le nota la madera. Si la tiene, que supongo que sí, el traje ha encajado con mayor rapidez que en el blanco y le ha dado una capacidad de ligereza, de trago fácil y placentero que pocos pueden mostrar en la Rioja.  Es sencillo y austero en el primer trago, pero pronto salen picotas ácidas. Con las horas, la amabilidad, los taninos pequeños y pulidos y el traje a medida, perfecto, avanzan: es un vino fino, un vino grácil. De acceso mucho más inmediato que el blanco, el tempranillo marca (hoy) más el camino hacia el alma de la Rioja que la viura. En el corazón de Bryan está la respuesta: cuanto más íntimamente sienta esta tierra de privilegio, más se acercará a sus uvas y viñedos y mejor sabrá cómo llevarlas a la botella. No tengo la menor duda: este 2013 es ya la muestra de que está en el mejor camino posible.
Sin título

13 de desembre, 2015

Nada 2014

Nada 2014
"Nature peinture"... Nada 2014 es un vino que hace pensar. No pregunté a quien lo hace (Raphäel Baissas de Chastenet en Calce: Vandal Wine) el porqué del nombre, pero el subtítulo del vino (Nature peinture) y haber tebido la ocasión de beber dos botellas en pocos días, me da alguna pista. También me la da la "escuela" donde la gente de Vandal Wine ha estudiado, trabaja, crece y empieza a hacer su vino: la república independiente del vino auténtico alrededor de Calce y de Latour de France, con Gauby, Lubbe, Pithon, Fahl... Nada porque el vino no contiene otra cosa que la pintura que la naturaleza ha querido ofrecerles en este 2014. La naturaleza es la que pinta el vino, la que ofrece su fruta, sus colores, sus aromas. El hombre observa e interviene, por supuesto, pero lo menos posible. De una forma ideal, simbólica, no interviene "nada": vendimia, infusiona la uva con su raspón, fermenta, deja pasar el invierno en maderas viejas, embotella, bebe. La naturaleza en la botella. Nada más.

La naturaleza en forma de viñedo de garnacha peluda ("lledoner pelut" en el Languedoc Roussillon), una variedad  de matices infinitos y tan poco presente... Un viñedo en el Col de la Done en Calce, sobre pendientes de esquisto y sin ningún tratamiento. Una vendimia en su punto óptimo (2014, sobre los 14%), y una fermentación con levaduras del viñedo y de la bodega, sin sulfitar en ningún momento del proceso, sin estabilizar más que con la ayuda del frío del invierno en la zona, sin filtrar. Ni ellos lo saben pero habrá hecho la maloláctica. 1000 botellas a 20€, pero en 2015 habrá más y sacarán un blanco... esto no ha hecho más que empezar. Es un vino sin extracción fuerte, un vino hecho con la suavidad de la maceración al modo de la infusión de uva, con la idea de llevar fruta y sólo fruta a la copa. 

Gotas de la granada cuando extraes su fruto del duro caparazón. Ese sabor vegetal de la madera que forma parte del corazón de la fruta. Ese mismo color atravesado por el sol de otoño sobre la mesa. Piel de melocotón en los labios y en el paladar. Suavidad. Textura. Amabilidad. El sol todavía intenso del primer otoño hace madurar el fruto del madroño: áspero dulzor... Pomelo rosa. Pimienta roja estrujada en el árbol. El recuerdo de la fermentación en la boca: pureza de la fruta y restos de carbónico que huyen en segundos. Matorral y aires de raspón. Ciruelas de fraile: acidez  y dulzor. Sabor de campo. Jarabe de grosella en el refresco de la infancia. Es un vino tan atractivo y se deja beber con tanta discreción y gusto que le pido, me pido..., que aguante. Seis (6) días abierto en la nevera, sin tocar y con su propio tapón de corcho. El vino está intacto y con la carga de sabores, texturas y fruta que he descrito. Apenas se ha oxidado y a ese zumo del granado añade ahora unas gotas de cítrico, un poco de naranja ácida y metálica y, de nuevo, ese recuerdo del pomelo. Un vino de placer, un vino de sed, un vino que pinta la naturaleza de la que nace y la convierte en algo vivo e intenso en tu paladar. Un vino en el que Nada es todo. 

04 de desembre, 2015

Andorra, microproducción de vino y entropía

III Trobada de Microproductors de vi Andorra 2016
La entropía es una magnitud de la termodinámica que se utiliza para predecir la evolución de los sistemas termodinámicos. Tener amigos y compañeros físicos y químicos me permite cierta familiaridad con algunos de sus conceptos preferidos y, de paso, me facilita su uso en campos que nada tienen que ver (parecería...) con la termodinámica. La entropía, sin duda, es uno de ellos. Lo usan, de forma indiscriminada, para definir el grado de desorden de un sistema, el que sea. Por decirlo en otras palabras: hablamos del caos que se muestra más o menos organizado y que, por razones ajenas a las leyes de la física y cercanas a la empatía de los humanos, acaba mostrando efectividad y potencial de éxito y de supervivencia.

Dicho con todo el cariño y respeto que saben que les tengo, la III Trobada de Microproductors de vi d'Andorra 2015 (28 y 29 de noviembre en Sant Julià de Lòria) es un buen ejemplo de entropía que funciona. La idea es muy buena: vamos a reunir en un ambiente único, entre los montes de Andorra que escondían una tradición de viñedos milenaria que renace, a una buena cantidad de microproductores de vino, incluídos los andorranos. Vamos a mezclarlos con unas cuantas mesas redondas que faciliten el debate y vamos a aderezar todo con sesiones de demostración de productos y de degustación de las bodegas asistentes abiertas a todo el mundo. Vamos a permitir las transacciones comerciales y, por fin, vamos a facilitar que algunos de los buenos restaurantes, pastelerías... del Principat puedan mostrar sus bondades en forma de tapas.

El "problema" viene cuando no se aplica un criterio concreto y único para seleccionar las bodegas que quieren participar porque, sencillamente, nadie puede definir qué es un microproductor de vino con fiabilidad, homogeneidad y generando consenso. El "problema" se agrava cuando todo el mundo tiene acceso a todo y lo que tendría, quizá, que ser un encuentro más de profesionales, acaba siendo una fiesta para quien quiera acercarse a ella. El "problema" se agudiza cuando se montan visitas a las bodegas de Sant Julià de Lòria (de ellas hablé el año pasado y siguen más o menos en los mismos parámetros, aunque reconozco que el Evolució 2013, 100% pinot noir, de Casa Auvinyà, me atrajo mucho) y se acuerda con ellas que los profesionales no van a catar a pie de viñedo. Y casi todas se dejan... El "problema" deviene casi broma cuando compruebas que los moderadores de las mesas redondas no han preparado a fondo sus intervenciones y confían todo al potencial de los participantes en las mismas. Y etc.

Todos estos "problemas" (he puesto dos comillas, pero tendrían que ser miles de ellas para cada sustantivo) dejan de serlo cuando constatas que la organización pone todos los medios para que las cosas se resuelvan en buena medida; cuando la empatía y las ganas de compartir de todos arrasan para bien; cuando ves que la calidad de los intervinientes en las mesas aporta ideas y progreso al estado de la cuestión que se debate; cuando, sobre todo (es lo más importante), compruebas que a pesar de no haber un criterio de selección, el encuentro de microproductores del vino en Andorra, por H o por Z (la casualidad es, también, una eficaz herramienta científica), acaba convocando a un montón de bodegas interesantes y proporcionando al visitante momentos de encuentro y de charla distendida con los viñateros, además de descubrimientos vínicos llenos de emoción e interés.

Sobe las mesas redondas: creo que se perdió una oportunidad para que los asistentes entendieran qué está pasando en el Priorat ahora mismo. Los participantes podían haber proporcionado las claves (aunque todos eran elaboradores de Porrera...son muy buenos, saben qué hacen, de dónde vienen, por qué lo hacen y, además, tienen una idea de hacia dónde quieren seguir) pero se difuminó la idea (en mi opinión) clave: la mesa se titulaba "Priorat, revolución de la revolución", pero no estamos ante una revolución de la revolución. Si así fuera, dejaríamos fuera de la foto contemporánea a Masia Barril o a los primeros vinos cooperativos del Priorat histórico o als Cellers de Scala Dei de 1974 y 1975. Ese fue el Priorat 1.0. El 2.0 es el que representan René Barbier, Daphne Glorian, Josep LLuís Pérez... y el 3.0 era el que estaba sentado en la mesa redonda y que bebe casi más del 1.0 que del 2.0. Ese concepto de progresión, que no revolución, estuvo ausente.

En cuanto a la definición de qué es un microproductor de vino y, por lo tanto, quién puede o no ser convocado a una "Trobada" como la de Andorra, la mesa se movió en terreno pantanoso... Las circunstancias pueden hacer que 100 mil botellas sean microproducción en Australia, quizá, mientras que en el Priorat será macroproducción. Y así hasta el infinito: la definición depende demasiado del "medio ambiente" en que se mueve la bodega y, sobre todo, de las personas que trabajan y viven de/en ella y de su condición económica. Más que hablar de una cifra concreta de botellas (Pedro Ballesteros proponía entre 10 y 40 mil botellas) o de las circunstancias acompañantes, yo me centraría en las personas para encontrar un marco de referencia. En las personas y en su trabajo. Pedro ya apuntó mucho de esto cuando insistía en la necesidad de cooperación para el progreso entre los pequeños porque no todos pueden hacer bien todo... Pero yo creo que hay un paso previo. Creo que hay que asociar microproducción del vino a artesanía en el campo y en la bodega; creo que hay que entender que un microproductor (sea cual sea el número de botellas que produzca, si así se entiende no será muy alto...) es el que está presente, controla y trabaja con sus manos y las de su equipo en todos y cada uno de los procesos que llevan un vino a la botella: el trabajo en el campo, la vendimia, la vinificación, el embotellado, el etiquetado, incluso la explicación y venta de primera mano de su vino. Quizá no su comercialización posterior. Si tienes una producción que te permite vivir dignamente, si  cultivas un número de hectáreas adecuado a la capacidad de trabajo de un equipo humano modesto, estás llenando de sentido este concepto. Sin hablar de cómo trabajas la tierra y el viñedo o de qué usas para vinificar en la bodega. Que sería ya otro tema.

En este III Encuentro había no pocos viñateros que van por este camino. Y no todos trabajan de la misma forma ni ven el vino igual. Tampoco todos tienen la misma formación ni idea de qué quieren hacer con sus mostos. Ni tan siquiera pueden todavía muchos vivir al 100% de su viñedo. Pero todos controlan el proceso al completo, todos te pueden contar cuanto sucede en su campo y en sus botellas porque todo lo hacen ellos. Y todos, además, tienen historias personales e interesantes que contar. En fin, y esta es la mayor riqueza y bondad de la "Trobada de Microproductors": todos tienen vinos que atraen, vinos con el carácter y la personalidad de quien los hace y de la añada y de la tierra que los ha parido. Voy a proponer algunos ejemplos de vinos nuevos para mí, pero hay bastantes más que, por una u otra razón, ya conocía y no citaré ahora. Con una excepción, la última.  De Calce me llegó directo a la parte más afectiva de mi memoria Nada de Rapaël Baissas de Chastenet (Vandal-Wine): una garnacha  peluda (lledoner pelut) del Col de la Done sobre esquisto, sin ningún tratamiento ni en viñedo ni en bodega. 1000 botellas de escándalo que devuelven al bebedor (como tantos otros en Calce...) el placer de la fragancia y el sabor sin filtros. Delicioso y fresco vino.

De Aldeanueva de Ebro, me sorprendieron mucho los vinos de Isa y Carlos, Vinos en voz baja. Uno pensaría que hay que gritar mucho para llamar la atención en la Rioja Baja... Pero ellos lo consiguen, en efecto, con amabilidad y discreción: su garnacha sobre arcillas y cantos rodados Costumbres 2013 (ya 2014 casi a punto también) ofrece de nuevo (tan difícil de encontrar en esa zona...)  el placer de un trago fresco y sincero, esférico y goloso. Su uso sabio del raspón merece un aplauso y tiene un papel notable en este vino sensacional. En Miravet esperaba, medio escondida, otra gran sorpresa: en el Celler Pedrola, Judith y Josep Mª están empezando a producir un ancestral de ensueño. Con su propia reflexión sobre esta vinificación que tanto me gusta, su macabeo viejo muestra una finura, una delicadeza y una variedad de matices tanto en nariz como en boca que enamoran. Delicioso y sorprendente su Camí de sirga, vi escumós. Mucho respeto y admiración hacia Comalats CS sin SO2 añadido 2014 de la Familia Bonet (Celler Comalats). Poder beber ese cabernet sauvignon que parece de plantas de la Montaña de Saint-Émilion junto a otro que ha sido vinificado con sulfitos ofrece una oportunidad muy difícil de encontrar: la libertad para que cada cual encuentre su gusto y su placer. Yo sé dónde está el mío: en el trabajo impecable de los Bonet en el viñedo y en ese vino sin sulfitos añadidos que "sólo" sabe a tierra de aluvión, a aceituna negra, a monte bajo, a secana y a fruta.

Todos son, además, viñateros jóvenes, transmiten pasión y alegría por lo que hacen, tienen ideas sin freno para sus viñedos y cepas y van a seguir dándonos muchas alegrías. Ese es el mayor mérito, también, de la fuerza entrópica que desarrolla la Trobada de Microproductors de vi de Andorra: su idea es muy buena, el lugar donde la desarrollan también (por favor, que no se muevan de Sant Julià de Lòria ni crezcan mucho...) y sólo tienen que ir puliendo detalles. Pueden hacerlo, tienen capacidad  para ello y para seguir ofreciendo lo que mejor les define: facilitan encuentros y favorecen descubrimientos de personas que te pueden explicar de primera mano todo lo que ha sucedido para que su vino llegue a la copa que compartes con ellos. "What else?"
Celler Mas Berenguer Andorra