27 de desembre, 2015

Eric Coulon (Vrigny) y Eduard Pié (Bonastre)

Eric Coulon à Vrigny
Eric Coulon (en Vrigny, Champagne Roger Coulon, junto con su esposa Isabelle) y Eduard Pié (en Bonastre, Sicus Terrers mediterranis) tienen más en común de lo que ellos mismos saben. Una generación les separa; puede que parezca que sus respectivas tradiciones les alejen; probablemente ni se conocen y a lo mejor no se han bebido. Pero cuando pienso en ellos paseando por sus viñedos (en Vrigny, la montaña al noroeste de Reims, una de las zonas más frescas y vírgenes de la Champagne, paraíso del meunier; y Bonastre, en la sierra prelitoral mediterránea del mismo nombre, Baix Penedès, cálida y fresca por sus brisas marinas, tierra de xarel.los, sumolls y monastrells), contándote la mínima intervención con que los trabajan (sin certificaciones: hacen lo que su corazón de viñateros de pura cepa les indica) y cómo la pureza, la expresividad y la fidelidad de sus vinos hacia esas tierras es lo más importante para ellos, sé que están muy cerca el uno del otro.

Diría una conocida profesora de Enología de la URV que, incluso en sus prácticas en la bodega, son minimalistas pero en absoluto descuidados: escrupulosos y metódicos, su característica común es la máxima concentración en los vinos para que nada quede al azar, haciendo sólo las cosas imprescindibles. Champagne Roger Coulon Esprit de Vrigny (NV pero 2007 y 2008), degollado en octubre de 2014 (12%) y Sicus Cru Marí Xarel.lo vermell 2011, degollado en agosto de 2015 (11,5%), son dos vinos de segunda fermentación en botella que expresan la intensidad y la autenticidad de los viñedos. El vino de Eric Coulon tiene el ensamblaje clásico de la Champagne pero el meunier de la zona persiste en él más que el chardonnay (fermentado en barrica) o el pinot noir. Es un vino con seis años de rima y que ofrece tanta finura y persistencia como frescura y complejidad. Cidra, pera limonera, la corteza del limón cuando la preparas y, después, cuando la hueles ya en un bizcocho, con sus levaduras. La crema limonera de Carme Ruscalleda. Prados verdes y húmedos al amanecer. Su acidez natural y su frescura son un complemento ideal para la escudella, sus albóndigas y los "galets" porque al contraste de sabores aporta, también, complementariedad: un deje especiado entre el jengibre molido y el anís estrellado. Un champagne que me encanta hecho por una persona que me cautiva.

El hermano menor del Sicus Cru Marí xarel.lo de 2009 es, creo, su consecuencia imprescindible. En una tierra de xarel.los y de sumolls, el xarel.lo vermell es la síntesis perfecta de ambos. Y Eduard Pie, que persigue, dibuja, imagina y captura el alma de esta uva en su estado tranquilo (Sicus Xarel.lo vermell es uno de los, quizá en este caso, mal llamados rosados: ese color es el natural del hollejo de la uva) ha dado ahora un enorme paso adelante al imaginar de otra forma el espíritu festivo y alegre del xarel.lo vermell: su segunda fermentación en botella, con cuatro años de bodega y un degüelle que pone la botella en el mercado con otros cuatro meses de reposo, aporta complejidad y mantiene tanicidad, frescura y viveza, pero con tranquilidad. Como es Eduard. El bosque mediterráneo en un otoño relajado: viñedo cerca de la vegetación casi ocre pero en campo abierto. Madroños, cerezas maceradas en kirsch, arcilla moldeada, arándanos y matorral, fresitas salvajes en el bosque, sedimento marino y tomillo, romero en su segunda fermentación, pomelo rosa. Esta manera de ser del Cru Marí Xarel.lo vermell 2011 (apenas 1900 botellas), con su burbuja finísima, puso a la "carn d'olla" del día de Navidad en su lugar: la cima. Un vino que representa un salto conceptual hecho por un hombre que no tiene prisas pero tampoco pausas.
Eduard Pié a Bonastre

20 de desembre, 2015

Laventura 2013

Laventura viura 2013 dos
Mi vida en el vino está hecha de mil casualidades, de encuentros que el azar facilita, de puertas que se abren sin tan siquiera haber soñado que existían... Como en ningún otro de los mundos que vivo en éste, en el del vino me dejo ir, estoy abierto a todo y permito que las cosas suceden porque ellas quieren. Así ha sido, de nuevo, con Laventura Wines. Durante las cosechas de 2010 y 2011 en el Priorat, yo ayudaba en lo que podía y me dejaban (más bien poco...) en Terroir al Límit. En esa época (dos añadas muy distintas pero las dos, a mi modo de ver, excepcionales), Dominik Huber, Eben Sadie y Jaume Sabater formaban un equipo compacto y muy complementario. Jaume era (y es) la sabiduría espontánea que surge del roce íntimo con la tierra prioratina. Dominik era (y es) una combinación muy difícil de encontrar: intuición y método aderezadas con pasión. Eben...Eben era (y es, estoy seguro, aunque haga ahora años que no le veo) la fuerza de la naturaleza, el espíritu libre, el alma del Swartland sudafricano, que había comprendido a fondo la Borgoña y quería, ahora, hacer una simbiosis de ambas en Torroja.

Eben era como el crisol en el que todos los Pucks de la tierra se convertían en hombre barbudo (durante la vendimia): hábil, simpático, listo, abierto, generoso. La tierra amable hecha hombre. Le acompañaban siempre algunos "stagiers" del Swartland como él, gente que (intuía yo) gozaban de una conexión única con la tierra. Gente que había crecido y corrido entre viñedos, gente que había estudiado y sabía qué se llevaba entre manos, gente, al final, que se dejaba llevar por su amor a los viñedos y trasladaba ese amor  y esa pasión a cualquier cosa que hicieran en la vida. Aprendí mucho viéndoles, sintiéndoles, admirándoles. Mi vida en el mundo del vino cambió en esas dos cosechas. Bryan Mac Robert era uno de esos "stagiers". Bryan parecía tímido y poco dado a la expansión hasta que veías cómo cambiaba su rostro mientras preparaba las brasas para la carne: un hombre de la tierra nacido para ella y que en ella se sentía como en ninguna otra parte.

Bryan dio vueltas por el mundo, salió y volvío al Swartland, siguió ayudando a Eben y con su ayuda, algunos vinos míticos de la Familia Sadie son lo que son hoy. Pero Bryan se enamoró de Clara. Y Clara es riojana hasta los tuétanos... Bryan volvió a España, se enamoró de la tierra de su mujer y decidió lanzarse a la aventura porque "quien no se aventura, no ha ventura". Laventura Wines es la aproximación al alma de la Rioja de Bryan y 2013, si no me equivoco, es su primera añada. Resultó que el padre de Clara es íntimo amigo de un amigo mío de Logroño. Resultó que este amigo mío es médico. Resultó que Bryan tenía que pasar por su consulta y que hablaron de vinos, claro (mi amigo es presidente de una importante bodega de la Rioja). Resultó que salió en la charla que Bryan había trabajado en el Priorat. Resultó que apareció mi nombre. Resultó que eso sucedía quince días antes de que yo diera una charla en Logroño. Resultó, claro, que Bryan estaba en la sala ese día con una sonrisa en el rostro y dos botellas de su nueva aventura en la mano. Y resultó que ese abrazo con él fue una de las alegrías de este año vínico mío, intenso como pocos.

Bryan está empezando a entender qué son viura y tempranillo, tarea nada fácil por la increíble riqueza y variedad de suelos, de maduraciones, de alturas y de rasgos genéticos distintos que un solo nombre (DOC Rioja) esconde y atesora. Está trabajando y seleccionando buenas piezas para dar la mejor uva a sus vinos. Lo hace como ha aprendido a hacerlo: con la mínima intervención posible (aunque no se declara nada de nada ni se pone adjetivo alguno) y la máxima compenetración y respeto al viñedo. No los he pisado todavía y poco puedo decir: sólo hablo de primera mano cuando veo el trabajo en el viñedo y en la bodega. Pero conozco a Bryan y he bebido ya sus dos primeros vinos. Un Laventura viura 2013 (monovarietal de 12%) y un Laventura tempranillo 2013 (monovarietal de 12,5%).  Algo puedo avanzar...

El blanco va a ser un vino que crecerá y crecerá en botella. Nota todavía mucho el vino el efecto de la fermentación en barrica y muestra el trabajo de orfebre, paladiano y artesano como pocos, clásico pero con claros guiños de renovación que hay en él. La fruta está algo escondida todavía pero los aromas de retama y camomila seca se apoderan del paladar. Es un vino fresco y limpio, preciso y ortogonal. Posee la parte ácida de la flor de la mimosa, las lías acompañan amables pero la aireación y el tiempo se hacen todavía necesarias. La piel del membrillo y la flor de almendro. Es un primer buen blanco pero cuando Bryan defina mejor viñedos y carácter de la viura, este vino crecerá. Mucho. Al tinto apenas se le nota la madera. Si la tiene, que supongo que sí, el traje ha encajado con mayor rapidez que en el blanco y le ha dado una capacidad de ligereza, de trago fácil y placentero que pocos pueden mostrar en la Rioja.  Es sencillo y austero en el primer trago, pero pronto salen picotas ácidas. Con las horas, la amabilidad, los taninos pequeños y pulidos y el traje a medida, perfecto, avanzan: es un vino fino, un vino grácil. De acceso mucho más inmediato que el blanco, el tempranillo marca (hoy) más el camino hacia el alma de la Rioja que la viura. En el corazón de Bryan está la respuesta: cuanto más íntimamente sienta esta tierra de privilegio, más se acercará a sus uvas y viñedos y mejor sabrá cómo llevarlas a la botella. No tengo la menor duda: este 2013 es ya la muestra de que está en el mejor camino posible.
Sin título

13 de desembre, 2015

Nada 2014

Nada 2014
"Nature peinture"... Nada 2014 es un vino que hace pensar. No pregunté a quien lo hace (Raphäel Baissas de Chastenet en Calce: Vandal Wine) el porqué del nombre, pero el subtítulo del vino (Nature peinture) y haber tebido la ocasión de beber dos botellas en pocos días, me da alguna pista. También me la da la "escuela" donde la gente de Vandal Wine ha estudiado, trabaja, crece y empieza a hacer su vino: la república independiente del vino auténtico alrededor de Calce y de Latour de France, con Gauby, Lubbe, Pithon, Fahl... Nada porque el vino no contiene otra cosa que la pintura que la naturaleza ha querido ofrecerles en este 2014. La naturaleza es la que pinta el vino, la que ofrece su fruta, sus colores, sus aromas. El hombre observa e interviene, por supuesto, pero lo menos posible. De una forma ideal, simbólica, no interviene "nada": vendimia, infusiona la uva con su raspón, fermenta, deja pasar el invierno en maderas viejas, embotella, bebe. La naturaleza en la botella. Nada más.

La naturaleza en forma de viñedo de garnacha peluda ("lledoner pelut" en el Languedoc Roussillon), una variedad  de matices infinitos y tan poco presente... Un viñedo en el Col de la Done en Calce, sobre pendientes de esquisto y sin ningún tratamiento. Una vendimia en su punto óptimo (2014, sobre los 14%), y una fermentación con levaduras del viñedo y de la bodega, sin sulfitar en ningún momento del proceso, sin estabilizar más que con la ayuda del frío del invierno en la zona, sin filtrar. Ni ellos lo saben pero habrá hecho la maloláctica. 1000 botellas a 20€, pero en 2015 habrá más y sacarán un blanco... esto no ha hecho más que empezar. Es un vino sin extracción fuerte, un vino hecho con la suavidad de la maceración al modo de la infusión de uva, con la idea de llevar fruta y sólo fruta a la copa. 

Gotas de la granada cuando extraes su fruto del duro caparazón. Ese sabor vegetal de la madera que forma parte del corazón de la fruta. Ese mismo color atravesado por el sol de otoño sobre la mesa. Piel de melocotón en los labios y en el paladar. Suavidad. Textura. Amabilidad. El sol todavía intenso del primer otoño hace madurar el fruto del madroño: áspero dulzor... Pomelo rosa. Pimienta roja estrujada en el árbol. El recuerdo de la fermentación en la boca: pureza de la fruta y restos de carbónico que huyen en segundos. Matorral y aires de raspón. Ciruelas de fraile: acidez  y dulzor. Sabor de campo. Jarabe de grosella en el refresco de la infancia. Es un vino tan atractivo y se deja beber con tanta discreción y gusto que le pido, me pido..., que aguante. Seis (6) días abierto en la nevera, sin tocar y con su propio tapón de corcho. El vino está intacto y con la carga de sabores, texturas y fruta que he descrito. Apenas se ha oxidado y a ese zumo del granado añade ahora unas gotas de cítrico, un poco de naranja ácida y metálica y, de nuevo, ese recuerdo del pomelo. Un vino de placer, un vino de sed, un vino que pinta la naturaleza de la que nace y la convierte en algo vivo e intenso en tu paladar. Un vino en el que Nada es todo.