21 de desembre, 2025

El sol en invierno

 

Hoy es el día en el que nuestros antepasados miraban a las estrellas y sabían que el ciclo anual del Sol llegaba a su fin y, claro, a un nuevo inicio. Hoy es el solsticio de invierno de 2025, el día en que el Sol demuestra de nuevo que "su presencia es grata al verano, al otoño, al invierno y, también, a la primavera" (Sol aestas, autumnus, hiems, Sol uer quoque gratum). Hoy es el día en que el Sol cumple con su cita diaria con las horas y los meses, con el año y con el siglo (Sol saeclum mensisque, dies Sol, annus et hora): con la medida del tiempo que siempre es el mismo y siempre es distinto. 

El tiempo huye y vuelve, da con el año una vuelta entera y, silencioso, siempre está con nosotros. El Sol en invierno se concentra en un cielo bajo y brumoso y vive tanto en la naturaleza como en los hogares. Porque el invierno nos lleva cerca del fuego. Crece el frío en el exterior mientras el Sol y el calor se renuevan en el interior y en nuestros corazones. La gente y las cosas se mueven con mayor lentitud y transparencia y ellas nos permiten ver más y mejor, vivir con sentimientos intensos aunque discretos, más de invierno. Jose amasa su pan de  Navidad pensando en los amigos y reviviendo el viejo ritual de celebración solsticial que ocurre durante las Saturnales. En ellas, cada cual tendía a vivir a su manera y a hacer las cosas según le apetecían, tal y como creo que las hace y vive Jose. Él, además, amasa su pan, lo adereza, lo especia, deja que fermente y lo cuece. Cada año, el solsticio de invierno llega también con el pan de Jose bajo el brazo. Cuando lo hace, miro al cielo y veo que el sol de invierno está casi en su punto más bajo. Es solsticio y la gente regala cosas en señal de buena voluntad, como diciendo: aunque no nos veamos, sigo pensando en ti y hago votos porque lo bueno se renueve cada año. 

El pan de Jose es dulce e intenso, concentrado y sabroso. Sabe a amistad y a hogar. Las pasas y la fruta llevan el sol del verano en su corazón y nos lo recuerdan mientras saboreamos con concentración el inicio de una nueva vida durante el sol de invierno. Siempre me gusta acompañarlo con algún vino naturalmente dulce que tenga sus mismas cualidades: unas gotas de las cuatro estaciones del año en la copa. Eso es Vino del Volta 2024 de La Stoppa, la malvasía de candia aromática de Elena Pantaleoni y Giulio Armani, en Rivergaro (Piacenza). La malvasía, con el sol de verano en su interior, arruga su piel, se deshidrata y concentra sabores únicos con el sol del otoño, se prensa y la fermentación sucede de forma espontánea en barricas usadas de roble francés, hasta el invierno. 14,5%. Botella y algo de reposo. Poco porque ahora están vendiendo el 2024...El otoño vive también en este vino, con la memoria del humus y de la hojarasca en el suelo, con la humedad del bosque y la concentración de los primeros fríos en la madrugada, con las gotas lamiendo lentas la copa. El pan de Jose pedía un vino que recordara la acidez y las levaduras de la fermentación casi tanto como el sol de las pasas y el amor por la conservación concentrado en el albaricoque seco. 

El pan y el vino nos recuerdan, cuando los comemos y bebemos en armonía como hoy, que cada estación nos regala sus frutos: sin primavera, flores y fecundación, nada existiría. Sin verano, las espigas no madurarían ni se convertirían en trigo. Sin calor de día y frío de noche en verano y en el primer otoño, las uvas no serían vendimiadas en sazón. Y sin invierno, frío y reposo absoluto, sol bajo, luz tamizada y lentitud en gestos y actitudes, la uva no sería pasa ni vino, el albaricoque no sería escarcha y el trigo no sería pan dulce. 




Si no nos fijamos bien en el solsticio de invierno y en el detalle de este día de sol brumal, único hoy, si no lo disfrutamos y entendemos con todas las cosas buenas y mensajes positivos que nos trae, no entenderemos tampoco que el pan de Jose y el vino de Elena y Giulio son, además, el mejor indicio de que algo nuevo y bonito está a punto de empezar. ¡Feliz solsticio de invierno, feliz Navidad!



14 de desembre, 2025

Provisions Gresca

Aquest és el primer post de la nova etapa del blog De uinis i em ve molt de gust dedicar-lo a dues persones que, amb les seves activitats, m'han donat grans moments de felicitat al llarg dels darrers anys. En Rafa i la Mireia són els amos (entre altres activitats) del restaurant Gresca de Barcelona on, en una època daurada de la ciutat (abans de les pluges d'estrelles Michelin que, a vegades, més semblen meteorits), la gent gurmet teníem a disposició en Rafa Peña (Gresca), l'Oriol Hivern (Hisop) i en Sergi de Meià (Monvínic). A uns quants ens va atrapar la manera d'entendre la proximitat i la renovació del receptari de la cuina de tots tres. Però de tots ells, només un va desenvolupar un sentit especial pel món dels vins que, per a mi, forma part inexcusable de la formació d'un cuiner i de la gastronomia. Era, i és, en Rafa. És del pocs que sap realment què té al celler. I té molt i molt ben triat. 

Ara acaben d'obrir Provisions Gresca i una de les raons que la Mireia ens va explicar és que tenen més de 30.000 ampolles al celler! Els calia un espai adequat per tenir-les a mà i han trobat aquest local al carrer Rosselló 209. L'espai és gran i de respecte, proper al restaurant, i, a més de la imprescindible selva de lleixes per guardar caixes i ampolles, a la rebotiga, en Rafa i la Mireia hi han posat un obrador i una petita cuina. I en allò que el públic veiem, domina un fantàstic mostrador dels de tota la vida, amb els productes a la vista i, davant seu, totes les ampolles que ofereixen a la venda directa.

Llegeixo aquests dies les notícies als diaris sobre la inauguració, sovint amb comparacions, que jo trobo injustes, amb altres locals de cuiners famosos recentment oberts a l'Eixample esquerra de la ciutat. Jo ho entenc d'una altra manera: el primer dia que els vaig veure als dos darrere el taulell, despatxant i atenent amb la seva habitual simpatia i bonhomia, vaig tenir clar que eren feliços, que aquest Provisions Gresca és la materialització d'un somni: no tothom pot anar al restaurant. A molta gent, a més, ens agrada cuinar a casa. Quina millor idea, doncs, que posar en una botiga i a la venda pública tots aquells productes que ells usen a la cuina del restaurant? No és només un negoci, és un exercici clar de generositat: els embotits se'ls fa en Rafa, tots ells, i són d'una qualitat extraordinària. Com a mostra, el "pâté en croûte" de la foto, magre, saborós, amb una pasta de full cruixent i delicada. Boníssim. El del restaurant, és clar. I les secallones, bulls, pernils, botifarres, mortadeles. I la cecina...

També tenen totes les viandes i talls de carn possibles, inclosa la caça. I els formatges i mantegues i anxoves i envinagrats. I el pa del forn de Sant Josep. I, és clar, tots els vins que en Rafa té a la carta del Gresca, a preus raonables perquè el que interessa aquí és que tot circuli i es mogui i que la gent, en efecte, sigui feliç, o al restaurant o a casa seva amb els productes del restaurant. I la cirereta del pastís: uns quans pollastres que rosteixen allà mateix i que et pots endur cuinats.

Amb tot el respecte a la resta de locals de què es parla, Provisions Gresca  no és comparable. Com va titular una vegada un altre amic el seu propi restaurant, aquesta botiga és "una altra història", fruit de la reflexió d'una parella que es complica de nou la vida, sens dubte, però que ho fa perquè ha arribat a una conclusió: ells seran feliços despatxant al públic allò que els ha costat tants anys tenir al restaurant. I, a més, es convertiran en proveïdors de nova felicitat casolana en forma de vitualles. Ens faran feliços als clients que hi anem i compartirem les seves coses a casa. L'energia del Rafa i la Mireia es seguirà transformant! 

No us el perdeu i no us deixeu entabanar: és un lloc únic a la ciutat.


12 de maig, 2019

Kagami y Rita


Escribo este texto el domingo 12 de mayo de 2019. No sé cuándo lo publicaré (al final, ha sido el 8 de diciembre de 2025, sic) pero quiero destacar la fecha. Entre hoy y el próximo día en que suceda la luna llena de mayo (18), se celebra en el mundo el nacimiento de Buda y su iluminación. Dicen que sucedió en el año 623 a.C. pero mi deformación profesional me hace ser prudente ante una fecha tan lejana como precisa.

En cualquier caso, una parte del mundo, la que es budista, celebra durante estos días la luz, la exterior y la interior. La idea es, hoy, Buda para quien crea en él. Para mí, la idea es la vida y la luz, la energía que nunca nace ni muere sino que se transforma. El pretexto son unas horas de descanso: tenía que haberlas pasado en Tarragona (perdóname, Santi, estaba demasiado cansado como para ir de bacanal...), pero me he quedado en casa. He pensado que esta misma semana dos amigos queridos habían renovado su alianza con la vida a través de Rita. Y he abierto una botella de Kenjiro Kagami pensando en ellos tres, en Maggie, en Eloi y en Rita.

He pensado en el nombre de Rita. Me gusta mucho por su pasado reciente en mi vida (mi abuela materna se llamaba Rita y hacía honor al nombre) y por su pasado remoto, al que también hace honor la Rita recién llegada. En la antigüedad griega y romana, Margarita (y de aquí Rita), margarités/margarita, es nombre de preciosidad. Empieza aplicándose a algo duro pero enseguida significa "perla". Y de "perla" pasa a usarse para hablar de "algo precioso". Margaritarius es quien recoge ese tipo de preciosidades. Cuando Eloi me mandó la foto de Rita me sentí así, margaritarius, una persona afortunada porque la vida le ha regalado muchos momentos en que ha podido recoger cosas preciosas.

Y en el día de Buda, en que la fruta y el primer calor conviven con el cuarto creciente de la luna en un cielo limpio y azul como pocas veces he visto en Barcelona, abro una botella de Kagami, uno de los espejos de mi vida. Domaine des Miroirs, Sonorité du Vent 2014 (Les Saugettes de Grusse, Jura), 12,5%. La abro porque ha nacido Rita, porque Eloi y Maggie me han regalado su momento y su foto y porque Julien me regaló también este sonido del viento de chardonnay de Kagami. La abro también porque la puedo beber con los que más quiero. Y de amigos a amigos, a este recolector de momentos felices y preciosos le apetece compartir con todos ustedes la felicidad y la luz que me producen la vida nueva de Rita y el vino de Kagami.

Cuando he abierto la botella, se ha derramado un poco de vino sobre la mesa. Accidente, sí, pero de golpe el campo de las cepas de Kenjiro ha invadido el espacio de mi comedor. Con el vino ya en la copa, con los aromas, la nariz y el primer trago, el tiempo deja de existir. Flores de camomila frescas y con las horas, las mismas flores guardadas en un cajón de madera. Manojos de hinojo silvestre. Hatillos de cola de caballo. Mucha primavera y deshielo, mucha frescura sin matices. Prados con perlas amarillas.

La superioridad está en la humildad. La inteligencia en la intensidad. La brillantez en el tesón. Kenjiro, Maggie y Eloi son así. El dominio nace de la observación. Si el vino es el espejo del alma de quien lo hace, la de Kenjiro está llena de esa luz que siempre buscamos y él ya ha encontrado. Está llena de sinceridad, de ecos de sabiduría y de silencios. Oír al vino después de tantos años de experiencias únicas: el viento fresco se divierte entre los pámpanos. La lluvia cae, goterones resbalan hacia el suelo. Los abejarucos suenan a silbatos llenos de arco iris. Las águilas penetran con sus chillidos y su frío observar. Pasos quedos y atentos entre cepas. mochila a cuestas.

El silencio del crecimiento. Rita. Las plantas de Kenjiro y tú empezáis a buscar el sol que os dará la vida rodeadas de canastos de mimosa y de hierbaluisa. Flores del limonero en el patio. Abrid los ojos que son la luz para regalarnos la vida nueva que fluye ya en vosotras.