02 de novembre, 2006

La "pajata" y el recuerdo de los muertos

Ayer y hoy, dìa de Todos los Santos y de los Difuntos, son dìas especiales en que, de una u otra forma, la gente suele tener un recuerdo hacia sus seres queridos desaparecidos. Yo no fui menos, por supuesto, y estuve un buen rato dedicado a tales menesteres en el que considero el cementerio màs atractivo e interesante de Roma, un espacio casi dirìa màgico, con vegetaciòn exhuberante en el centro de la ciudad y relativamente poco conocido y frecuentado. Me refiero al Cimitero Acattolico per gli Stranieri al Testaccio, es decir, al cementario donde en Roma (la capital mundial de lo catòlico y apostòlico!) reposan los que no creen o los que tienen otras confesiones distintas de la del catolicismo romano, extanjeros en la ciudad que es la ciudad de todos (Via di Caio Sestio, al Testaccio, n.6).
La tradiciòn de enterramientos en el lugar arranca de un "excéntrico" ciudadano romano, Gaio Cestio, que se hizo construir una "modesta" tumba al estilo de los faraones en el centro de la ciudad, hace dos mil anyos.


Tras él, y en un largo parèntesis medieval, la tradiciòn ha seguido, y a la sombra del Monte Testaccio, este campo santo ha seguido creciendo, cuidado y mimado de forma primorosa, con tumbas, panteones y làpidas, siempre en el suelo, rodeadas (como debe ser) de generosa vegetaciòn, de frondosos àrboles y de abundantes granados y olivos. Se trata, sin duda, de un lugar muy especial al que voy con cierta frecuencia, pues siempre descubro cosas nuevas. Es perfecto, ademàs, para descansar, para meditar y para pensar en tus cosas y en las de los demàs.


Por supuesto, el cementerio acatòlico de Roma tiene a algunos muertos ilustres, por ejemplo, a Antonio Gramsci, con flores siempre frescas regalando la visiòn de sus cenizas (a la derecha); o la que es, quizàs, su tumba màs visitada, de hecho su doble tumba: en él reposan los restos del poeta Keats, a la izquierda, en un solo parterre (compartido hasta la muerte!), junto con los del pintor Severn (su amante). La làpida de Keats no lleva nombre porque, como ella misma nos explica, el nombre de su inspirador està escrito sobre las olas del mar (sus cenizas fueron lanzadas al Mar Tirreno).

Tras tanta emociòn y recuerdo (los no creyentes somos muy emotivos, pues sabemos que no hay màs supervivencia, tras la muerte, que la del recuerdo que tengamos de nuestros difuntos), una punzada de hambre azotò mi estòmago. Recordé aquellas famosas sentencias de las làpidas romanas, cuando el muerto dice al vivo que lee su inscripciòn ES BIBE LVDE VENI, "come, bebe, pàsalo bien, que has de acabar viniendo". Me di cuenta de que estaba junto al Monte Testaccio, junto al antiguo matadero de Roma (hoy reciclado en Museo de Arte Comtemporàneo), paraìso de la "cucina povera" romana, de la cocina de los despojos, de la casquerìa... En fin, mi "otro" paraìso. Y mis piernas me dirigieron sin dilaciòn hacia uno de los santuarios màs apreciados para este tipo de comida: "Da Oio" a casa mia, en Via Galvani, 43-45 (telf. 065782680). Ha empezado a hacer frìo en Roma y una de las maravillas que la gente prepara aquì en este tiempo es la pasta "con la pajata" (normalmente rigatoni). Asì que regalé mi maltrecho espìritu con unos" rigatoni con la pajata" (en italiano no romanesco, "pagliata"). Se trata de algo que reconcilia la muerte con la vida: al tierno ternerillo que acaba de chupar la leche de su madre, se le sacrifica antes de que haya podido digerirla, es decir, cuando ésta se encuentra todavìa en sus intestinos. Estos intestinos (la "pajata"), bien lavados y cocinados con la leche dentro constituyen la base con la que se aderezan los rigatoni, que llevan, ademàs, un senzillo sugo de tomate y un leve toque de pecorino romano. Impresionante: cuando uno mezcla ese dulzòn requesòn en el interior del intestino, con la piel del mismo y el tomate con el leve picor del pecorino, se ve elevado hacia lugares "casi" celestiales!!! El "banquete de muertos" con que me regalé me reconciliò con la vida, como tiene que ser, lo confieso. Del vino hablaré otro dìa.

01 de novembre, 2006

Piazza di Spagna, 57

Ayer tuve la fortuna de que mi trabajo me llevara a Piazza Spagna, n.57, es decir a la Embajada de Espanya ante la Santa Sede. Se trata de un palazzo del Cinquecento en el que han intervenido no pocos arquitectos y que desde 1647 ejerce la funciòn de embajada. En estos momentos es la màs antigua sede ante el Vaticano (antes Estados Pontificios). Nuestro actual embajador, Don Francisco Vàzquez, tuvo la enorme gentileza de recibirme y de comentar conmigo los detalles de aquello que me llevaba a tan ilustre sede. Uno, que ya ha dado muchas vueltas por el mundo, agradece especialmente este tipo de detalles, tan poco habituales en nuestras representaciones diplomàticas. El Embajador Vàzquez es hombre muy amable, atento, culto y la gente que trabaja con él le aprecia mucho. Irradia simpatìa, bonhomìa y cultura. Està haciendo un buen trabajo y los frutos de aquello que se le ha encomendado tienen que llegar. Me estuvo ensenyando el Palazzo di Spagna y su colecciòn de piezas romanas y me mostrò su preocupaciòn por el estado de conservaciòn en que lo ha encontrado. Estoy seguro de que su habilidad por encontrar fondos pùblicos y privados harà maravillas y en poco tiempo empezaràn a notarse los frutos de aquello que uno no puede olvidar jamàs: el edificio es, también, un elemento clave de representaciòn y como a tal tiene que ser cuidado y mimado.


De todos los detalles que lo adornan, me quedo con las huellas de F. Borromini en él: tuvo una intervenciòn decisiva en la reestructuraciòn de los elementos claves del palazzo (patios y escalinata central), pero los cambios de comitente, hicieron que su plan incial se viera modificado y, en parte, mutilado: aquello que tenìa que haber configurado un eje de simetrìa perfecta a través de la relaciòn entre dos patios interiores y una escalinata central, quedò finalmente en un solo patio, el que véis en la foto que, tal y como senyalò el Embajador, necesita de una profunda remociòn.



La otra huella del genial arquitecto es, còmo no, la escalinata que ya no es central sino, tan "sòlo", principal. Una fastuosa forma de comunicar, a través de tres tramos, el plano de entrada con la zona noble del palazzo, una escalera mimada y cuidada y que se ha convertido, a pesar de los cambios en la estructura del palazzo, en el elemento màs noble e interesante del mismo.

A través de este mìnimo escrito, quiero mostrar mi agradecimiento al Embajador Vàzquez y a su gente por las facilidades que me dieron en mi trabajo. Sòlo les deseo la mejor suerte para que puedan llevar a cabo los objetivos que se han marcado.

31 d’octubre, 2006

Los vinos de Castiglione Falletto en Roma

El pueblo de Castiglione Falletto (en el corazòn del Piemonte, provincia de Cuneo) goza de una situaciòn privilegiada, en una colina coronada de castillo y fabulosos vinyedos rampantes. Sòlo por conocer el pueblo medieval, merecerìa la pena una visita. Pero resulta que, sobre todo, Castiglione Falletto es conocido (reconocido quizàs menos todavìa) por ser uno de los grandes productores de vinos en Italia, pues aglutina a 20 bodegas en su territorio, que producen y vinifican barolo, barbera, dolcetto d'alba y freisa.

La Cantina Comunale de Castiglione Falletto (con su dinàmico y sabio presidente al frente, Maurizio Rosso, de la bodega Gigi Rosso), en sabia combinaciòn con la Asociazione Italiana di Someliers (Roma) realizò ayer un enorme esfuerzo de difusiòn de sus vinos, con una extraordinaria y rica presentaciòn en el Hotel Parco dei Principi (junto a Villa Borghese) de Roma, sede de la AIS.

Mi amigo Franco Ziliani (quien, junto con Rovino de Esalazioni Etiliche, me animaron a participar en el evento), en la foto a la izquierda, confesò llevar el "barolo" en la sangre (como su amigo J. Asenjo!) y como fiel seguidor de este vino, hizo una brillante y encendida presentaciòn de las cualidades y principales caracterìsticas de los vinos presentes. 19 de las 20 bodegas que trabajan en Castiglione Falletto se encontraban en la sala, lo que habla a las claras de la proyecciòn e importancia de la presentaciòn.

Otros municipios tienen la fama (sin duda, a ratos merecida), Barolo, Monforte, Serralunga d'Alba..., pero otros trabajan "la lana" de forma brillante. Es el caso de nuestro pueblo piemontés, quien (a la vista de la masiva presencia de especialistas) consiguiò plenamente sus objetivos.

















Y hechas las "presentaciones", se pasò a la acciòn, larga, meditada y "dura", pues era mi primera gran ocasiòn, la primera en que me "enfrentaba" a la comprensiòn de uno de los grandes mitos de la viticultura italiana y mundial, el barolo, junto con los otros vinos presentes. Por supuesto, mis amigos me dieron sabios consejos, incluso me apuntaron algunas de las cosas màs interesantes en la sala, pero...era yo quien tenìa que sacar mis conclusiones. La primera, a la que me costò adaptarme (tan duros son, en mi cabeza, los condicionantes que me imponen los grandes vinos espanyoles), es que la uva nebbiolo, monovarietal en los barolos, da unos vinos de capa media, media-baja y una graduaciòn que difìcilmente (aunque hubo algunos casos en la sala) llega al 14%. Ademàs, se trata de una vinificaciòn (pido ya disculpas de antemano, pues, como bien apuntò Franco, hay muchos matices en cada vino y lo que aquì intento yo es una aproximaciòn general) que produce unos vinos delicados, sorprendentemente finos, nada agresivos, con unos taninos muy medidos por el largo reposo en barricas y su afinaciòn en botella y con un color que anda a medias entre la teja clara de los tejados piemonteses y el rojo de las frutas de bosque (moras, sobre todo). Las notas dominantes en nariz son las de la fruta bien madura, sobre todo, fresas salvajes y moras, las del tabaco negro, las del chocolate y las de las hierbas aromàticas, con alguna incursiòn a la regaliz. Su paso por boca otorga, quizàs, su punto màs fuerte, pues es un vino tan justamente medido, con un equilibrio tan grande entre alcohol, acidez y tanicidad, que me sorprendiò. Es evidente que algunos de los barolos que màs me gustaron anoche (Barolo Villero 2001 de la Azienda Agricola Brovia; Barolo Monprivato 1999 de Giuseppe Mascarello; Barolo Rocche di Castiglione 2001, de Oddero) marcan una tendencia en estos grandes vinos italianos, radicalmente distinta a lo que me indican los grandes espanyoles (con una carga tànica mucho mayor, con una extracciòn de color màs poderosa y con una paleta de aromas y olores màs "agresiva") y mucho màs cercana a los grandes burdeos.
Su sistema de vinificaciòn, en general, supongo que les lleva a ello. Por supuesto, tomé muchas màs notas (me encantò, por ejemplo, un 2005 de Barbera d'Alba Piana, de Ceretto, con una gran carga frutal y un bien integrado carbònico; y un Langhe Bianco Rapuié 2005, de Sordo, con un ensamblaje de chardonnay y sauvignon, que olìa fuertemente a crema de cacahuetes, pero que en boca tenìa una presencia impresionante), pero creo que ya es suficiente.
Quiero agradecer a mis amigos, a la Cantina Comunale de Castiglione Falletto y a la AIS Roma la oportunidad que me han dado de conocer a fondo esta parte de la riquìsima realidad vitivinìcola italiana. Os aseguro que merece la pena adentrarse en ella.