31 de març, 2007

Unos días de vacaciones



Estaremos unos días fuera, de vacaciones perdidos entre los viñedos de La Mancha (en la foto superior, unos de El Toboso), los Ojos del Guadiana y las Tablas de Daimiel (en la foto inferior, al amanecer), con excursiones a Almagro, Daimiel, El Pago del Vicario y lo que se tercie. Este blog quedará algo desatendido pues no pienso coger herramientas informáticas. Tomadme la buena voluntad, que yo, a mi vez, intentaré tomar notas para comentar algunas de las cosas buenas que quizás descubramos. ¡Que tengáis todos una buena Pascua!


29 de març, 2007

Gran Reserva Brut "Almirall de Figuerola" 1998


De viñedos que llevan varios decenios bajo el sol, exactamente como los de la foto (hecha por Calamar), y sobreviven (al abrigo del macizo del Ordal, en el Penedès catalán) a los continuos ataques de la mal llamada "civilización" (torres eléctricas de alta tensión, autopistas muy cercanas, canalizaciones de urbanización salvaje, y etc.), nace este cava, "Almirall de Figuerola". Es, nunca mejor dicho, un precursor de lo que se llamará bien pronto "cava de garaje", un cava realizado con el sistema tradicional champenoise, que tiene un pequeño secreto: su base, el esqueleto del futuro cava, lo dan unos excelentes vinos del ensamblaje tradicional: macabeo, charelo y parellada. Yo he tenido la oportunidad de catar de inox el que más estructura y poder da a este cava, el charelo, y os aseguro que haría un muy buen papel como vino tranquilo monovarietal.

Es un cava de 11,5% que, en mi opinión, no hay que tomar muy frío si se quiere saborear a fondo. Este 1998 se encuentra, ahora mismo, en un punto óptimo de consumo. Presenta unas burbujas finísimas y persistentes y un color dorado intenso. Empieza con poca expresividad en nariz, pero cuando coge un poco de temperatura ambiente y se acompaña de un primer sorbo, el poder de su retronasal es muy interesante: aparecen notas de manzana dulce, caramelizada pero con un corazón todavía algo verde (esas de palote de feria) y siguen suaves aromas de fruta blanca madura de hueso, junto con el ácido que nos recuerda, en un vino, a la uva moscatel en sazón (aunque el tal vino no lleve moscatel, ya nos entendemos). Remacha con unas notas que están entre la zarandeada mata de hinojo silvestre y el anís estrellado. En boca es un cava que muestra todavía, como ese corazón verde de la manzana, viveza, es fresco y tiene una buena acidez. Con un pollo de granja de los de antes (de esos que en catalán llamamos "gratapallers"), con sus buenas cigalas, quedó impresionante.

Su precio es un escándalo, a la vista de la calidad que ofrece y de que se trata, sin más, de un larga crianza bien hecho (el detalle de la medida del tapón es significativo). Así que no pienso publicarlo. Si alguien está interesado en comprar este 1998, no tiene más que ponerse en contacto conmigo (dirección mail en la columna de la derecha) y yo le daré los datos del productor. Es un cava de autor, por supuesto, con una bella etiqueta firmada también por un artista reconocido y, además, está hecho por un profesional muy reputado en el mundo enológico. Pero la producción es muy limitada y la distribución, más limitada (por razones logísticas) todavía. Por supuesto, yo en esto no me llevo más que la amistad con quien lo hace, ¡que no es poco!

PS. Visto lo sucedido con la información que publiqué sobre el Cava Blau de Celler Can Pujol (ya corregida), toda la información que incluyo en este post ha sido contrastada y confirmada con el productor del "Almirall de Figuerola".

27 de març, 2007

AD FINES 2001


Ésta es una de mis bodegas catalanas preferidas. No hay vino que les salga mal y algunos de ellos son, decididamente, antológicos: su Gran Caus Blanco, su Gran Caus Rosado de merlot, su Caus Lubis, su Rocallís, su La Calma... Y esto hace ya años que dura, no es flor de una cosecha. En mi modesta opinión, la joya de la corona es, con todo, su AD FINES 2001, un vino que nace (¿quizás de ahí su nombre?) en la frontera donde la pinot noir empieza a perder sus atributos hiperbóreos para pasar a ser, sin más, otra cosa. Entre los recovecos del Garraf, en la DO Penedès, se esconden los viñedos que proporcionan este monovarietal de pinot noir. Ha sido el que he elegido para participar en una iniciativa de los escritores de blogs italianos, a la que me han invitado desde su edición #4. Cada mes, un blogger propone un proyecto común, que todos se comprometen en publicar durante el mes en curso : el pasado fue una cata del Foja Tonda de la bodega Armani, que describí en su momento. Esta edición #5 (marzo 2007), a propuesta de Luk, busca que cada blogger proponga un monovarietal de pinot noir o de merlot, siguiendo un poco la huella de la "polémica" entre estas variedades de uva en la película "Entre copas". Voy a concentrarme en intentar describir mis sensaciones con este vino, pues la información esencial ya la tenéis en la página web de la empresa. Creo que merece la pena cambiar con él mis pautas habituales de redacción.



Es un vino de capa media, que ofrece un limpio y poco usual color: tiene un menisco que está a medio camino entre los estambres de la flor del cerezo (en la foto inferior), esa misma cereza en envero y el fruto del granado. Es un color discreto y alejado de las modas imperantes hoy, donde se persigue la máxima concentración en los pigmentos. La periferia del menisco y el ribete se acercan más a los suaves tonos atejados de la tierra algo sedienta. En muchos otros detalles, pero empezando por éste del color, Ad Fines me ha recordado a los grandes barolos italianos. Sus primeros aromas me asombraron, por ser el vino que es y hacerse donde se hace: flores secas y pétalos de rosa marchitos acompañan y arropan a un entorno suavemente mineral, en que, como en tantos otros grandes vinos, asoma un leve recuerdo de esa tierra (raíces, hongos: la trufa). Con la ventilación en copa (y decantación previa al servicio de media hora por lo menos), asoman aromas de monte bajo (orégano), un poco de flor de violeta, dulce de leche (el único sabor que recuerdo en que se mezclan el dulzor del toffee y el tostado del fuego de madera y la ceniza) y cerezas confitadas. Todas las bondades olfativas se confirman con el trago: es un vino fino y delicado, de larguísima persistencia en boca y en posgusto, mineral, con taninos suaves y algo secantes, que te llena con una discreción y una elegancia que hacía años no cataba en un vino meridional y de tierras con poca agua. Es un vino que te trata y te mima con guante blanco. El trabajo con la madera es, claramente, "antisistema" y realizado con una sabiduría y templanza tales que sorprende y, por supuesto, agrada muchísimo. Por si todos estos detalles fueran pocos, el tipo de botella borgoñona que se ha elegido, con las espaldas algo caídas y un pronunciado reborde en su cuello (en la página web de la casa tenéis una bella foto), realza y honra a su contenido. Es muy hermosa.

Adrede me he propuesto, en esta ocasión, escribir mi comentario sin haber leído ningún comentario anterior, más que los datos que da la bodega. Es un vino que se merece, sin dudar, que lo gocemos sin apriorismos ni ideas preconcebidas en la mente. Es un vino importante, que prestigia grandemente a quien lo ha hecho y a la tierra de la que nace. Es un vino del que se han producido tan sólo 4100 botellas y que se puede comprar sobre los 30 euros. Hacía tiempo que no pagaba tan a gusto y con tanta satisfacción una cantidad tan discreta por un vino casi excepcional.

Flor de cerezo By tanakawho