20 de desembre, 2007

Zubiola 2005


Castejón es un pueblo que me cae bien: por ser de Navarra, pero con alma algo maña; por estar en la Ribera del Ebro (margen derecha) y por ser el pueblo de un querido amigo. Por estas razones, cuando el amigo La Guarda anunciaba a bombo y platillo un vino realizado por una bodega del pueblo me dije que tenía que probarlo y escribir algún día sobre él. No he sabido localizar página web de la bodega, Pago de san Gabriel, pero los datos fundamentales, así como algunas fotos de sus instalaciones, los tenéis donde la Guarda.
El vino, de la DO Navarra, llama la atención por otro detalle: el ensamblaje de sus variedades parece más del estuario de la Gironda que del Ebro, con 55% de Cabernet Sauvignon, 25% de merlot y 20% de Cabernet Franc. Y claro, uno que es amante, entre otras zonas, de los vino de Graves y Pessac-Leognan, se queda con la curiosidad de probar ese vino, ahora por fin satisfecha. Es un vino que ha pasado 11 meses entre roble francés y ruso y del que no sé, aunque supongo que sí, si las fermentaciones se han hecho por separado. Con 13,8%, es un vino para servir sobre los 16-17 ºC.

De capa alta y bello, denso, color de cereza picota muy madura, sus aromas son los del arándano negro maduro, los de la madera noble de sándalo, los del humo del hogar y los del tabaco rubio, dulzón, de Virginia. En boca es un vino agradable, de taninos ya bien pulidos para ser un 2005, aunque deja un cierto posgusto vegetal (a medias entre la CS y la CF), que el tiempo probablemente pulirá. Es de trago largo y placentero y acaba regalando aromas de regaliz y de guindas en alcohol. A diferencia de los vinos más finos de Pessac-Leognan (donde también dominan la CS y la CF), éste muestra mayor presencia y empaque. En cualquier caso, bienvenido sea , por sabroso y razonable de precio (sobre los 15 euros la botella) , este nuevo hermanamiento entre ríos y variedades, de la Gironda al Ebro.

La foto el Ebro procede de sekano.net

19 de desembre, 2007

En Montpellier, Brasserie du Théâtre


Reconozco que me pirran las ciudades medias y pequeñas de Francia. Tienen un ritmo de vida plácido, un amor por las cosas de la buena vida, de la mesa y de la bebida, que aquí son difíciles de encontrar. En ciudades como Nîmes, como Arles, como Montpellier, como Rennes, como Nantes, es facilísimo encontrar restaurantes decentes, incluso buenos, donde comer a precios fijos, tiendas donde miman los productos autóctonos, y buenos lugares donde tomar una copa de vino o donde comprar las botellas de la zona. Estos días pasados, en Montpellier, se cumplió cuanto digo: un bar de copas extraordinario, con más de 300 referencias y comida casera, como l'Acolyte; una tienda, Les vins du Terroir, dedicada a los vinos de la zona; y la brasserie más de moda, ahora mismo, junto a la Comédie: Brasserie du Théâtre. Pasear por la ciudad, ir admirando la belleza de la restauración de su casco antiguo, entorno a la Comédie, gozar de su nuevo tram e ir encontrando lugares como éste, te hace sentir muy a gusto.

Esta brasserie tiene los aromas de lo antiguo, de lo tradicional tratado con gusto y con esmero, es muy francesa, muy Lipp (en Paris) o George (en Lyon), pero más pequeña. Estaba llena a rebosar y a pesar de ello, el servicio fue rápido y atento. Tomé de entrante una típica ensalada mezclada con queso de cabra tibio, que estaba muy rica: ¡por algo son los franceses los inventores de estas ensaladas!
De segundo cayeron unos filetes de dorada con cuscus a la menta: un plato raro, distinto, pero que respetaba con esmero la tradición "pied noir" de la ciudad. Muy en su punto. Del vino que sirvieron de entrada mejor no digo nada. Muy malo.

Mis anfitriones franceses reaccionaron rápido y bien y eligieron de inmediato algo digno de la tierra: un Clos des Clapisses 2005, de Bruno Peyre. Este Vin de pays des Coteaux du Salagou, con 12,5%, es un monovarietal de cariñena, de capa media con aromas de grosella y de cassis no muy maduro; en boca es suave, de buena estructura, con posgusto de frutillos rojos. Se trata de una cariñena casi inusitada, pura, dulce, delicada, una delicia, que acompañó bien la dorada y, claro, mucho mejor las carnes que también se pidieron. Tan sólo falló el servicio de copas, que no estuvo a la altura del vino.
Hay que reconocer que los que vivimos cerca de la frontera con Francia estamos de suerte porque pequeñas "escapadas" como ésta son fáciles de hacer (Montpellier está a 340 km de Barcelona) y siempre encuentra uno cosas interesantes que comer y que beber. Conste, con todo, que yo iba a trabajar, ¡eh!

18 de desembre, 2007

Macià Batle blanc de blancs dolç 2005


Macià Batle es una bodega de la DO Binissalem-Mallorca, afincada en Santa María de la que me gustó mucho su blanc de blancs 2006. Andando tras una rara auis, cual es la de los vinos dulces mallorquines, topé este verano con la botella que tenéis a vuestra izquierda. Un vino dulcemente natural, monovarietal de moll, del que ni en la página web de la bodega no saben dar fe. Con uvas sobremaduradas y 14,5%, este vino ha pasado 12 meses en roble antes de salir al mercado. Conviene servirlo sobre los 9-10ºC. Ofrece un bello color casi de oro viejo, al que acompaña una lágrima densa, compacta. No tiene una riqueza aromática desbordante, la verdad, y se queda la cosa en aromas de orejón de albaricoque, tanto en nariz como en posgusto, y en dejes de avellana tostada. En boca es un vino de poca estructura, con un esqueleto más bien débil y un posgusto limitado, que se cierra, de nuevo en aromas tostados, en apuntes de madera vieja y, lo más interesante, en recuerdos de la hojarasca del bosque en otoño. Se trata de un vino que compré por 15 euros (botella de medio litro) y que me ha decepcionado un poco. Es mi primera experiencia con esta variedad mallorquina sobremadurada y por lo tanto, me faltan referentes, pero me ha parecido un vino dulce correcto, sin más. Y por ese precio y en botella de medio litro, puede uno encontrar bastantes cosas en el mercado más interesantes que ésta.