31 de juliol, 2008

Daylight again

Tomo prestado el título de mi primera entrada desde el nuevo piso de un disco catártico de mis amados Crosby, Stills & Nash. Uno tiene ya una edad y sus referentes, incluso, se remontan a la época de los Flying Burrito Brothers. En fin...jamás hubiera pensado que tardaría tanto en publicar una entrada. Una semana entera sin escribir, una semana tremenda en la que, claro, uno bebía y empezaba a disfrutar de la nueva casa pero en la que, al final de cada día, sentía un cansancio tal, que le era imposible sentarse al ordenador y escribir nada sensato. Puede que hoy haya sido la primera noche en que he descansado de veras y me he dicho, al despertar, "de nuevo, la luz del día!". Y aquí estamos, para los pocos amigos y lectores que sobrevivan cerca de un ordenador y no anden desperdigados en vacaciones mil (¡bien merecidas!): se hizo de nuevo la luz y he amanecido con ganas de escribir.

Tomo prestado de un post anterior el collage alegórico que preparé para intentar definir el cava con el que brindamos la primera noche en la casa nueva: Celler Batlle 2000 de la casa Gramona. De los cavas catalanes de larga crianza (éste sólo se hace cuando hay buenísimas cosechas y pasa no menos de 7 años en la bodega: el 2000 ha salido al mercado hace pocos meses), Celler Batlle es el que más me gusta y con él nos estrenamos. Diréis, los lectores que lo conocéis (sólo se han hecho de él 15000 botellas), que es un infanticidio. Y os daré la razón: pero para mí era un símbolo y "sacrifiqué" una de mis botellas para hacer los honores a algo que nos ha costado tanto y tanto con otro algo, este cava, que aprecio sinceramente. Con mayoritaria xarel.lo, este es, casi un cava de pago, pues la uva procede de la viña La Plana. Es, ahora mismo, de un amarillo muy descansado, muy relajado, bastante transparente y, como todos los "Batlles", tiene una burbuja muy fina y persistente, muy delicada y pujante. Sus aromas son de gran juventud, frescos, con aires de melocotón de los que por aquí llamamos "gabachos / franceses" (de carne blanca, prieta y fragante), con puntas de hinojo, con ligeros toques de mantequilla y de cremosidad en boca pero con una estructura, con un esqueleto todavía muy livianos al paladar. Su posgusto empieza a evocar ya ciertos aires de bollería francesa, pero se nota que necesita años de guarda, en los que seguirá desarrollando los terciarios de su crianza y dando momentos de gran placer. Para comprar y para guardar.


De los otros vinos que he tomado durante estos días (ambos para comprar y consumir ya), me quedo con dos especialmente placenteros, aunque por razones bien distintas. Ambos, con todo (de hecho los tres que comento hoy), se dejan acariciar por la última sentencia del inefable Theise: "sólo los mejores vinos te dejan degustar el silencio", el silencio que provoca su presencia, el silencio y la discreción que acompañan a su creación. Poco ruido y mucho talento y tradición hay en este Josmeyer Gewürztraminer Grand Cru Hengst, vendange tardive, de 2001. Una de las mejores bodegas alsacianas mima su pago Hengst, del que saca impresionantes Gewürzt. y no menos grandes rieslings. Este vendimia tardía del 2001, con 12,5% y una temperatura de servicio sobre los 10 ºC, es puro, es delicado, es muy fino y te habla, directamente, a golpe de susurro. Agua de rosas, mango maduro (con su aire de madera), melocotón, con un punto de carbónico todavía. Es ligero también en boca, ágil y vivaz, y te regala con un posgusto de terpenos, de muscat y de pera de Puigcerdà bien madura. Llamadme loco pero este vino lo tomamos con un atún en ligero escabeche (si alguien quiere la receta, la daré muy gustoso) y el resultado fue muy atractivo.

El tercer vino de esta nueva presentación es uno de los mejores albariños que tenemos el gusto de poder tomar por estos pagos. Solemos hablar con grandes halagos del Cepas Vellas, y con razón (aunque algún día diré algo de mis últimas sensaciones con su 2006) pero Gerardo Méndez ofrece un albariño joven, en su marca Do Ferreiro, que es, también, una gran fuente de placer y de felicidad. Si se compra en la tienda saldrá por unos 10-12 euros. En restaurante, según la suerte que tengas...yo no tuve mucha y la primera cena fuera de casa fue en El Suquet del Almirall, un restaurante a pie de paseo de la Barceloneta (mirando al Port Vell), con una discreta y bastante tranquila terraza. Allí, cenamos bien (grandes buñuelos de bacalao, con el tropezón entero en el corazón del rebozado; gran pan con tomate, coca de pan, vaya; buenas croquetas de pollo, dignas; fritos de pescado bastante ligeros y sabrosos; buenos mejillones y caracoles de mar), aunque los vinos salían por bastante más del doble que en tienda. Cayó el Do Ferreiro 2007, sin crianza claro, con 13,5% , con buen servicio de copa (Spiegelau) y de cubo con hielo y agua. Embotellado en febrero de 2008, es un vino jovial, que te habla casi en sonrisa, fresco y muy vegetal, con aires de manzana ácida y de musgo. Es distinto a otros albariños de gran calidad, en los que el acero les ofrece un aire más agresivo y mineral. Proporcionó otra nota para añadir al código Theise: lo dice la segunda pista del CD que DJ Camblor No tuvo la gentileza de regalarme (¡y con el que paso grandes ratos en el coche!), en su Pequeña Serenata Atemporal, "Happyness is so hard to find...". Pues eso, añadamos un último punto al Código Theise y hablemos, también, de aquellos vinos que, sin más, nos ofrecen momentos de silencio, de placer y de felicidad en nuestras vidas. Los tres que hoy reseño, sin duda, podrían acogerse a estos principios. Por lo que a mí respecta, y en este momento de la mía, así fueron, y así os lo explico.

Lo dijo Epicuro mucho mejor que yo: "el límite de la magnitud de los placeres es la eliminación de todo dolor. En cualquier lugar donde hay placer, y duranto todo el tiempo en que éste dura, no hay dolor ni pena ni mezcla alguna de ambas." Estos vinos producen placer y, en consecuecia y mientras duran, provocan ausencia de dolor y de pena. ¡No es poco!

26 de juliol, 2008

Tiempo de mudanza


A la velocidad del caracol, apenas unos cientos de metros para una mudanza de dos días. He aquí la gran aventura: 19 años en un mismo lugar, dos hijos, miles de libros, muchas botellas, copas y un largo etc. de papeles, ollas, sartenes, ropa, bicis, cuadros... cambian de escenario. Hoy es el gran día y vamos a estar muy ocupados, tanto como para que me disculpéis la ausencia en la red, vaya. Intentaré que mi próxima entrada sea la del vino, cava, champagne (todavía no sé qué será) con que nos estrenemos en el piso nuevo. Y como se dice en italiano, la metáfora del caracol viene al pelo por aquella expresión de Augusto, festina lente, que por allí traducen "piano piano si va lontano". Como el caracol, ¡en la carretera estamos de nuevo!

La foto del caracol en mudanzas By Lemoox.

23 de juliol, 2008

Vinos antes de la partida















Con un calor sofocante a ratos (campo de trigo agostado y azotado por el sol canicular), con un frescor que casi recuerda el de una playa al atardecer, tras la tormenta y batida por el gregal, Barcelona debate si entra de lleno en el verano o se lanza de cabeza al otoño. Mientras, servidor de Ustedes y su familia, ultiman los preparativos de la mudanza con un frenesí casi impropio de la edad que me contempla. Y sin ánimos de beberse la bodega entera (por aquello de aligerar el traslado y minimizar el riesgo de botellas rotas), se da uno cuenta de que salen y salen botellas de las que por alguna razón le apetece dar cuenta. Los resultados son desiguales, la selección bien deslabazada, pero ahí van las notas apresuradas, sin asomo de documentación (llegarán tiempos mejores para ello, lo prometo), por si a alguno de los lectores que por aquí pasan le apetece contrastar opiniones o tomar ideas: empiezo con un claro disgusto, un Viña San Román 2004, de la DO Toro. Lo que pasaría por ser una de las máximas expresiones de la tinta de Toro llega con un maderazo que no sé si los años arreglarán. Entre la madera, el serrín y algunos atisbos de madera noble decapada se mueve la cosa, con restos dispersos de fruta casi irreconocible y un paladar pesado y fondón. Un vino y una añada del que esperaba mucho y que me ha decepcionado más, claro. Del celler Mata d'Abelló, en Gelida (DO Penedès), sus propietarios me mandan, y yo lo agredezco, varias botellas de las que reservo una para el próximo invierno por lo menos. Pruebo las dos de xarel.lo que produce la bodega y reconozco que le encuentro poca personalidad varietal al que sólo ha conocido el inoxidable. En cambio, el Mata d'Abelló tot tó 2007, fermentado en barrica (mi botella, la nº 1356), procedente de cepas viejas de Gelida y con 13%, es un vino que me gusta mucho: a pesar de su vinificación, tiene un amarillo bastante palido y aporta aromas de hinojo, el frescor de la mata de hierbaluisa. En boca es sápido y con gran estructura, con posgusto de pimienta blanca y de canela. La madera le cae muy bien y es agradable. Remata con notas de incienso y hace gozar de un frescor que casi recuerda el de un lejano carbónico Para conocerlo, sin duda. El segundo vino intercambiado con El Baranda es un Viña Salamanca 2007, rosado de lágrima y VT de Castilla-León. Procedente de frutas (rufete y tempranillo) de las laderas del Alagón, en la Sierra de Francia, y con 13,5%, se trata de un rosado hecho por Joan Milà para las Bodegas Valdeáguila, en Garcibuey (Salamanca). Tiene un color frambuesa brillante e intenso y huele a fresón no muy maduro. Tiene mayor cuerpo y taninos, más extracción que el otro rufete probado (la tempranillo le da más estructura). Con mínimo carbónico, es amplio y casi carnoso en boca. Es un vino que tomo con gran placer, un rosado que me gustaría tener con más frecuencia a mano, con una alianza que se muestra muy afortunada, suculenta y eficaz, entre la rufete y la tempranillo. Un gran blanco ha "caído" también antes de la partida: de una de las mejores bodegas del Mosela-Saar-Ruwer, Heymann-Löwenstein, 1990er Wininger Uhlen trocken. Con 11,5% y una decantación de un par de horas, servido a 12ºC, es de un amarillo intenso, casi de oro viejo, con un sequedad grande, acompañada, paradójicamente, de un gran frescor. Hierbaluisa, citronella, pedernal, fruta blanca de hueso, es un vino intenso y pletórico, todavía en plenitud. Termino con dos tintos de raza que me han hecho disfrutar en noches más bien frescas, tomados ambos sobre los 16ºC: procedentes de suelos probres, donde la cepa tiene que trabajarse a conciencia su futuro, el Parraleta Emoción 2005, de Bodegas Ballabriga, monovarietal de parraleta de la DO Somontano, es un vino de capa media, de aquellos que Manuel Camblor quizás definiría de "acuoso". Del color del fruto de la granada, huele intensamente a monte bajo, a orégano y tomillo, a cereza madura y a odre viejo. Remata con una nota de cedro noble y se deja beber con peligrosa facilidad. Dejo para el final el que más me ha emocionado: de Vinya Natura, Quatre Vents 2006, un vino de cepas castellonenses (entre Benlloch y Les Useres), con mucha merlot y menos cabernet sauvignon (80-20), que se presenta como vino de mesa (14%), y tiene una capa media alta de color rojo rubí intenso. Huele a oliva negra bien madura, a pimiento verde a la brasa, es tánico y poderoso en boca. Muy mineral y sabroso es, al mismo tiempo, austero y, casi, áspero. Cerezas maduras te regalan el posgusto y te recuerdan que cepas bordelesas como éstas tienen, también, un brillante futuro en tierras meridionales.

La puesta de sol en verano tras el campo de trigo By Victor Nuno. La de la playa de Kamamura tras la nube By Altus.