21 de desembre, 2009

Hibernación

Hoy empieza el invierno, a las 23 horas y 29 minutos. Me adelanto un poco al horario oficial para explicaros, con sinceridad, que siento llegada la hora de la hibernación. Según el imprescindible DRAE, la palabra (primera acepción) designa el "estado fisiológico que se presenta en ciertos mamíferos como adaptación a condiciones invernales extremas, con descenso de la temperatura corporal hasta cerca de 0° y disminución general de las funciones metabólicas." Tengo la sensación, casi la certeza, de que llevo ya mucho tiempo repitiendo esquemas y forma de decir las cosas. Las palabras cambian, claro, porque los temas, los vinos, las comidas no se repiten (y las que se repiten no suelen salir aquí), pero las formas son las mismas desde hace ya mucho. Y no me gusta. No me gusta tener el sentimiento de que puedo estar 10 ó 15 años escribiendo mis notas con un esquema parecido, como veo que sucede, machaconamente, en la prensa al uso.


Quiero pensar otras maneras, buscar otros caminos para mi relación con el vino y su cultura. Necesito "hibernar", disminuir mi metabolismo vínico público y concentrarme en el privado. Quiero estudiar y leer más, documentarme mejor y escribir menos. Quiero beber y probar, conocer y descubrir sin tomar tantas notas. Hibernar no significa morir y, por lo tanto, cuando me apetezca mucho y crea que el tema merece la pena, seguiré publicando en el cuaderno. Este blog no muere ni se desactiva: sus contenidos siguen a disposición de quien quiera leerlos y, de vez en cuando, habrá novedades. Pero prefiero ser sincero: no veo la forma, ahora mismo, de seguir evolucionando sin traicionar la esencia de lo que, en mi opinión, tiene que ser un blog. Mientras espero que llegue mi "primavera" y despierto del letargo invernal, acepto gustoso ideas y ofertas relacionadas con el vino y con su comunicación. A ver si encuentro estímulos de calor que me ayuden a superar el frío y a encontrar un camino que sea tan creativo y excitante como lo ha sido éste en los últimos dos años y medio. Sin que suene literalmente a despedida, porque seguiremos encontrándonos, a ratos aquí mismo o allí donde los dioses dispongan, quiero daros las gracias a los que habéis estado al otro lado: todo lo que me ha sucedido desde que tomé la decisión de publicar mis notas ha merecido mucho la pena. Y muchos de vosotros, en público y en privado, lo habéis hecho posible.

La primera foto, de Porrera bajo la nieve, pertenece a Dominic y Paco, de Clos Dominic. Su autora es Íngrid, una de sus hijas. La segunda, de un camino americano en primavera, es de billtam.

17 de desembre, 2009

Nieve sobre el universo



Dos queridos amigos me mandan fotos de la nieve de esta semana en el Priorat. En cuanto oí la noticia por la radio, me apresuré y les llamé. Necesitaba que alguien me explicara (recuerdo a Burt Lancaster haciendo lo mismo con una aurora boreal...salvemos las distancias, por supuesto) qué se veía, qué se sentía. Me mataba la nostalgia de lo no vivido. El deseo de estar allí quedó en parte saciado por conversaciones y fotos. La nieve atrae, la nieve cae silenciosa, la nieve es vida, la nieve es muerte. la nieve es olvido. Para la cepa será vida en unos meses. Para el universo en el que vivimos, no conozco mejor metáfora para hablar de la muerte y del dulce olvido en que acabamos todos cayendo, sombras hacia la nada, que el final (tantas veces contado) de "Los muertos" de James Joyce:

"De nuevo nevaba. Soñoliento vio cómo los copos, de plata y de sombras, caían oblicuos hacia las luces...nevaba sobre Irlanda. Caía nieve...caía, así, en todo el desolado cementerio de la loma donde yacía Michael Fury, muerto. Reposaba, espesa, al azar, sobre una cruz corva y sobre una losa, sobre las lanzas de la cancela y sobre las espinas yermas. Su alma caía lenta en la duermevela al oir caer la nieve leve sobre el universo, como el descenso de su último ocaso, sobre todos los vivos y sobre los muertos". Voy a cenar con un priorat de los de padre y muy señor mío. Sí. A la salud de mis vivos, de mis muertos, de John Huston y de la cosecha de 2010.



La traducción de Joyce es de G. Cabrera Infante, p.232 de Dublineses, Lumen, Barcelona, 1980. La primera foto es de Albert Pasanau, del viñedo La Planeta. La segunda es de Dominik Huber, desde el Coll de Porrera.

14 de desembre, 2009

Jiménez-Landi, por partida doble

Esta semana ha sido de fortuna para mí, corta en cuanto al trabajo, ¡intensa en cuanto a vinos! Por dos veces topé con vinos de Daniel Gómez Jiménez-Landi (la bodega, de hecho bodegas, se llaman Jiménez-Landi) y por dos veces lo elegí. Pensé "cuánto me gusta lo que hacen este hombre y su gente". Ya aviso: seguiré confiando a ciegas en sus vinos porque me parecen de lo más serio que se hace en este país, en cultivo ecológico además, en reconversión a lo biodinámico en el campo (no sé en la bodega cómo anda el asunto porque información tengo poca) y con unas prácticas de vinificación, en alguno de esos vinos, que son de las que vengo predicando en vano (por supuesto) para algunos vinos que me son más cercanos. El primer encuentro tuvo lugar en el restaurante del Centro de Arte Reina Sofía. No acierto a ver referencia alguna a él en la página web del Museo, y me parece muy mal: el lugar es, por si mismo, interesante por la distribución de sus espacios, por la decoración y, claro, por la carta de platos y por algunos vinos que han puesto en ella. Sólo tiene un problema: hay que comer un poco a oscuras en él (mala iluminación para comer y beber, buena para la charla íntima) . Buenas copas Spiegelau, atento y amable servicio, espárragos trigueros a la plancha "rebozados" en delicado brik, coca con mermelada de tomate y anchoas (muy sabrosa) y presa ibérica con puré de boniato (intensa). Presidían la carta de vinos el Bernabeleva Carril del Rey 2007 (Raúl Pérez en la DO Madrid, ni más ni menos) y el Sotorrondero 2007 de Jiménez-Landi. Aquí me quedé. Chapeau para el restaurante: si en tienda sale por unos 10-11 euros, ellos lo tenían a 15. Un 90% de syrah casi ya en un punto bueno (cepas de 10 años) y un 10% de garnacha muy vieja, para un vino de altura (viñedos a más de 600 metros), que se hace con maceración prefermentativa en frío, fermentación entre 15-20 días, extracciones suaves, maloláctica en barricas y crianza de 10 meses sobre lías (entre barricas de 300 y de 500 litros). Es un vino sobresaliente, por calidad y por precio. Sale a la copa con un color cárdeno intenso, brillante, y con el ímpetu del mejor mihura, muy frutal, enormemente syrah (aunque la garnacha mantiene la presencia bien viva). Espectacular en nariz la primera media hora, , más tenso, austero y "cuadrado" en boca en hora y media de evolución. Pureza de la syrah (me recuerda no poco al 2007 de Alain Graillot), con arándanos rojos, compota de cassis, ciruela algo pasa. Es balsámico, al mismo tiempo que fresco (hoja de eucalipto estrujada en tu mano), pero también contundente en su sequedad y en su pimienta roja. Gran posgusto y buena evolución en copa, con un ligero apagón a la hora y resurgimiento de terciarios a la hora y media: humo del hogar apagado hace horas, violeta y regaliz. Delicioso.

El segundo encuentro ha sido privado y directamente buscado, ayer mismo en una comida familiar. El Reventón es el nombre de una unión que tenía que llegar por aquello de las afinidades electivas. Si piensan más o menos lo mismo y buscan cosas parecidas en sus vinos, su andadura conjunta estaba ya medio hecha. Daniel Gómez Jiménez-Landi, de nuevo, y Raúl Pérez se encuentran ahora en las alturas de Cebreros para demostrar que la garnacha tiene tantas facetas como viticultores y terrenos se le ofrezcan. Cepas de 70 años, viñedos a más de 800 metros de altitud, sol de tarde (en otros pagos, se buscaba justo lo contrario, para la garnacha hace 70 años) y prácticas biodinámicas de nuevo, por lo menos en el campo. Parece, en esta ocasión, y gracias a aquello que nos contaba Paco Berciano en su enorme blog, que también en la bodega: la mitad de la uva se ha vinificado con el raspón. Hay una maceración prefermentativa en frío de 7 días en tinos de roble francés, en la que sólo se han usado los pies para la confección del mosto. La maceración ha durado 40 días y la maloláctica se ha hecho de forma natural en barricas de roble francés y de 500 litros. La crianza ha durado 14 meses. Sólo hay mínimo sulfuroso en el momento del embotellado. No hay clarificado ni estabilizado ni filtrado. 1500 botellas de este vino a un precio en tienda que ronda los 40 euros. El Reventón 2007 (VT Castilla y León) es un vino de 14,5% que conviene servir a 15-16 ºC, con la botella abierta por lo menos media hora antes. Es un vino que empieza con aires de fresas del bosque, a medias entre su madurez y un frescor algo ácido. Cuando entra en boca, las cosas cambian mucho y al vino le asoman aires de vendimia tardía y, casi, de "ripasso": mucha compota de frutos del bosque negros y, a ratos, casi mermelada de tomate. Es algo que me desconcierta un poco y que no sé cómo explicarme: los vinos que se vinifican con raspón no suelen tener ese perfil en paladar. Cerezas maduras, pimienta negra, densidad y redondez, algo glicérico y untuoso también, lágrima fina, abundante y persistente. Al rato, el vino ofrece una mineralidad profunda y aromas de sotobosque. Esta fase es muy atractiva. Persiste la sensación de vendimia algo tardía, con el hollejo maduro que todo lo preside y un final de algarroba, regaliz roja dulce y cerezas en alcohol. Un señor vino que me ha dejado algo perplejo y con ganas de pisar Cebreros para entender más cosas. Con el Pegaso de Telmo Rodríguez ya me pasó algo parecido...

Las dos fotos de esta entrada son amable préstamo de Paco Berciano.