29 de juliol, 2011

Pequeña crónica de una reconstrucción

Bànitsa
Han sido unos meses de trabajo muy duro. Tensiones. Nervios. Mucha presión. Mil reuniones. Discusiones. Acuerdos. Cansancio. Vacío. Aquí y allá, he ido abriendo pequeños géisers en el "volcán" para que la presión del magma no lo reventara todo. No pocas de esas expansiones las habéis leído aquí. Pero ayer, por primera vez, empecé a oler vacaciones. Parciales, pero vacaciones. Me eché al monte a media mañana y me fijé una ruta que atravesara alguno de mis lugares preferidos de Barcelona, lugares en los que te sientes cómodo, bien tratado, donde comes y bebes lo que te apetece y ves pasar la vida con otro ritmo. Unas horas, por fin, para la reconstrucción de mi maltrecha estructura emocional. Salí a media mañana de casa, con el paso cansino de quien llega de un largo viaje al fondo del mar y no ha  pasado por la cámara hiperbárica. Como un buzo con escafandra salí a la calle, vamos...Empecé tomando un aperitivo alternativo. Mi cuerpo sabe tanto como mi cabeza de esas cosas y las piernas me llevaron directas a Bànitsa. La gente no suele ir allí a tomar el aperitivo pero yo necesitaba algo sólido y energético, aunque el camino fuera cuesta abajo (iba de montaña a mar). Bànitsa es ya, para mí, un lugar imprescindible:  la pasta phyllo de los Balcanes convertida en una suerte de ensaimada crujiente en su corteza y delicada, mullida, siempre sabrosa, en su interior. Productos de la huerta frescos, recién cogidos, para las bànitsa saladas. Ayer tomé una de tomate, espárragos trigueros, ajos tiernos, feta y hierbas aromáticas. Explosión de sabores homéricos en la boca. Acompañó un delicioso zumo natural de piña y gengibre, que toma tu cuerpo con avidez y lo reeduca en cuestión de minutos.
Tonsoria
El primer paso sonaba a bien dado. El segundo era más importante todavía. Un buen proceso de reconstrucción tiene que incluir el contenido pero también el continente. Así que me fui directo a la única barbería (que yo conozca...) de Barcelona que no maltrata a sus clientes veraniegos con un aire acondicionado antianisaki: la célebre Tonsoria (en una hermosa foto de Miquel). Fundada en los años 50 del siglo pasado por un barbero devoto del sánskrito clásico, celebrado autor de poemas que todavía cuelgan de sus paredes, conserva intactas la atmósfera y el mobiliario de la época. Por supuesto, también el nombre: tonsoria es título que sólo un amante de las lenguas clásicas puede poner a una barbería. De hecho es un adjetivo al que le falta el sustantivo. Lo suyo sería Taberna Tonsoria (pronúnciese "tonsória", por favor, no "tonsoría"). Entrar en esa tienda es traspasar el umbral del tiempo aunque con una pizca de contemporaneidad: ahora llevan la tienda y atienden a la parroquia un barbero magrebí y otro nigeriano. Cuando llegas y se han congregado allí amigos y conocidos oyes hablar de todo, árabe, inglés, francés, catalán, castellano, yoruba y bereber, como mínimo...Te tonsuran y te afeitan como si fueras una oveja, sin miramientos aunque con cariño y gran educación. Y te dejan listo en un periquete para enfrentarte a los rigores del verano (si acaba llegando...).

La tercera estación incluía algo también imprescindible para mí, pero que sale muy poco en este cuaderno: la lectura. La Central del Raval es una de mis librerías en la ciudad. Está bien organizada, tiene fondos muy interesantes de literatura de viajes y de arte moderno y contemporáneo, mucha narrativa y no menos poesía. Cuidan, también, las ediciones en las lenguas de origen de los libros. Empecé a masajear, pues, la parte de mi cerebro que atiende a esas razones. Se acabó cruzando todo, como siempre...no presumo de lector ordenado, sino todo terreno y de motor diesel. No hay que parar de leer durante todo el año, aunque las vacaciones te den un plus de horas y de tranquilidad. Cayeron Accabadora de Michela Murgia o cómo la gente se enfrenta a la muerte en Cerdeña. Paris insolite de Jean-Paul Clébert y Patrice Molinard, un "roman aléatoire" hecho de los  jirones de la vida de un vagabundo. Mi personal homenaje a Paddy Fermor, uno de los más grandes escritores de literatura de viajes: A Time to Gifts, en una edición introducida por otra de las grandes, Ian Morris. Jakob von Gunten de Robert Walser...no sé por qué me van tanto las novelas de iniciación. Y algo que promete muy buenos ratos de vino este verano: la instrucción y puesta en práctica de El zen y el arte de degustar vinos. (Un manual para degustar la vida) de Ignacio Maciel. ¡Veremos!
Temaki de caballa
Salí de la librería por la calle Elisabets y como quien no quiere la cosa, mi cabeza giró a la derecha y topó una vez más con el letrero del Dos Palillos. Estuve dudando un poco entre si tomaba el menú (tres platos y postres, bebida aparte: 20€. Lo de siempre: para la calidad que te dan, es una de las grandes opciones de esta ciudad) o me iba a la carta. Y acabé con el menú y en la barra de entrada, que tiene ese aire de la Barcelona de los 70 que tanto me gusta...Comentando las noticias del día con Albert (le habían grabado los de La Sexta y esperaba ante la tele por si salía), que estaba  a punto de marchar a Cala Montjoy para destrozar y cerrar El Bulli, desfilaron unos rollitos de primavera sabrosos, aunque sin nada que destacar en ellos. Ricos, sin más. Un temaki de caballa con salsa de ciruela, su arroz, sus algas, wassabi y su shiso verde me dejó, de nuevo, con una gran sensación, en el paladar, en la panza y en la cabeza. Qué bien queda el pescado azul en temaki, cómo combina con el arroz y la alga, cómo contrasta con la salsa y cómo le da un toque de frescor y especiado al mismo tiempo el shiso verde. Un gran plato. Terminé con unos yakitori de pollo campero, ligeramente picantes, que me dejaron con las ganas de más...todo el equipo había estado deshuesando muslos de pollo (más de 400...) porque Albert se llevaba no sé cuántos yakitori para la fiesta de cierre de El Bulli. Menos mal que algunos se quedaron en Dos Palillos.

Acompañó muy bien la parte final de esta pequeña reconstrucción (seguirán más, ¡seguro!) el cava Bertha Brut Nature Reserva, que en esta casa sirven por copas. Hasta donde yo sé, Bertha es producto de la voluntad y de los sueños de un négociant, Josep Torres Sibil. No tienen viñedos propios y cada año trabajan mucho en un proceso de selección de vinos base, que incluye más de sesenta catas de viñedos de todo el Penedès. Muchos lo hacen pero pocas veces los resultados son tan notables como en Bertha. Los seguidores de este blog saben que soy adicto a su Pinot Noir Reserva desde hace mucho, pero reconozco que la capacidad de este BN Reserva (ensamblaje clásico con una crianza promedio de 20 meses) para quedar bien con casi todo es grande. Es un cava todoterreno, con buena presencia en boca, sápido y agradable, en el que no desentona nada: tiene el amarillo discreto del trigo tras el envero, una burbuja fina que se concentra en una columna central, un carbónico que no sobresalta, una nariz delicada pero con poder (albaricoque y anís estrellado) y un paladar agradable y envolvente. No hay evolución y las lías se notan pero con mucha discreción: pan blanco, casi.

Cuatro paradas para cuatro horas de suave reconstrucción. Cuatro de mis lugares preferidos en Barcelona que, para qué os voy a engañar, tenían como único objetivo final la siesta de tres cuartos de hora que me administré tras rehacer mi camino monte arriba. Qué bien sabe una siesta aunque cuando te despiertes no encuentres ninfa que te sosiegue...

25 de juliol, 2011

Sito Venere 2010

Sito Venere 2010
est qui nec ueteris pocula Massici
nec partem solido demere de die
spernit, nunc viridi membra sub arbuto
stratus, nunc ad aquae lene caput sacrae.

Los hay que no rechazan una copa de añejo Másico
ni robar una buena parte del día entero,
bien echándose cuan largos son a la sombra de un verde
arbusto, bien acercando con suavidad su cabeza a la fuente sagrada.

En Italia hay muchos bosques y fuentes sagradas. Desde que el mundo es literatura y se explica con palabras, el agua y la madera, la naturaleza, los bosques y las fuentes han formado parte del rito fundacional de cualquier civilización que se precie. Roma no iba a ser menos. Cuando Eneas llega al Lacio agua, madera, fuego y aire (espacio) son los elementos imprescindibles para sobrevivir y empezar a construir la idea de una nueva ciudad. Llevó a cuestas, claro, no sólo a su padre (literalmente), sino la leyenda de su madre, Afrodita/Venus (metafóricamente). Venus, nacida del Cielo, a quien el Tiempo cortó los cojones...que cayeron sobre el mar de Chipre a gran velocidad y provocaron una mezcla colosal de agua, semen y férvida espuma de la que nació la diosa del Amor. Desde siempre, pues, la civilización clásica, que es la que nos acaba salvando de todo (lo sepamos o no...), tiene muy en cuenta el paso del Tiempo, el Cielo, el Agua y el Amor. Con frecuencia, todos estos elementos se mezclan en las termas, en los baños romanos: una cultura que siente devoción por el elemento que les asegura la supervivencia, concreta ese sentimiento en el culto al agua.

¿A qué viene todo este rollo? Se preguntará el lector que haya  llegado hasta aquí. Lo explico. Ramón Coalla tenía en la cabeza sacar un moscato d'Asti. Como uno de los mejores négociants de este país, Ramón tenía la inquietud de ofrecer uno de los vinos de verano por excelencia. Un vino que está sobre el 5% de alcohol, un vino hecho con moscato bianco, un vino de conversación agradable, de tardes pasadas al amparo de una buena sombra y escuchando el suave murmullo del agua (es decir, lo que nos cuenta Horacio en su primer poema), con un poco de azúcar residual y una mínima refermentación que produce ligero carbónico. Siempre he pensado que los buenos moscati d'Asti (como los brachetti d'Acqui: sus parientes tintos) no son vinos para postre, sino para aperitivo (cómo casan con unas buenas anchohas y pan con tomate...) o, más sencillamente, para estar y charlar a cualquier hora de la tarde o de la noche.

Sito Venere 2010 es todo esto. Habíamos pensado en otras palabras, pero el registro da para lo que da. Situs Veneris, Sito Venere, es el lugar en el que se complace Venus, allí donde se siente cómoda y en disposición de inspirar a quienes quieren escucharla. Puede ser cualquier lugar, pero las inscripciones latinas nos dicen que uno de sus preferidos, allí donde se sentía más cómoda, era el agua. Ya sabéis por qué...BALNEA VINA VENUS, dice un retazo de inscripción. "Baños, vinos, amor". La fórmula es mágica y este vino le rinde homenaje porque nace en una zona del Piemonte (entre Asti i Acqui Terme) que rinde culto al agua (en forma de termas)  desde hace más de dos mil años. Y es un vino que se bebe como el agua,  un vino que seduce y enamora, un vino de 5,5% que hay que tomar sobre los 10ºC. Aroma de pera limonera, manantial puro de montaña, jazmín, agua de rosas, pétalos secos y moscatel maduro, lima-limón. Frescor, fragor, descaro contenido. Es el vino que hay que tomar tras el baño vespertino, dulce estar recostado al fresco de una buena sombra, escuchando el murmullo del agua, espíritus libres, cuerpos atentos a la llamada de la diosa. Venus no suele fallar a la cita...
Nacimiento de Venus en Pompeia

19 de juliol, 2011

Carvalho-Montalbano Connection

Morralets a la brasa con polenta de I Xemei
"Tenía que comer alguna cosa. Abrió de nuevo la puerta de la nevera. A pesar de la falta de agua, Adelina lo había conseguido. Caponatina, la sanfaina siciliana, queso de Ragusa y sardinas con cebolla. Inexplicablemente, le volvió el hambre de golpe. Lo puso todo en un azafate y lo sacó al porche con una botella de vino blanco bien frío. Se lo comió con toda la calma del mundo".  La pequeña cita de uno de los homenajes cotidianos que Salvo Montalbano (trasunto siciliano de MVM, Carvalho, Camilleri, todo revuelto) se da en su última novela gracias a las habilidades de Adelina, me sirve para enlazar con el post anterior.  Raul Domingo Toledano propuso (en el feisbuc) la inevitable conexión entre mi relato sobre el Mam i Teca carvalhino y las novelas de Andrea Camilleri con Salvo Montalbano como protagonista y Adelina y Enzo (dueño de una trattoria), como alteregos sicilianos de Biscúter. Fue así la cosa.

"Raul Domingo Toledano: Magnífico Joan, después de idolatrar a Pepe Carvalho yo he continuado adorando a Montalbano, de Camilleri. Un saludo.

Joan Gómez Pallarès: Muchas gracias por tus palabras, Raul! Por supuesto, tienes toda la razón: yo me quedaba en este post con MVM, Carvalho y Biscúter. Pero hay vida más allá de Bangkok, sin duda, y se llama Andrea Camilleri!!! Su última novela, Il campo del vasaio, es, para mí, la mejor de la serie: una delicia, también en aquello que ahora más nos une, ese espíritu canallo-goliárdico que va del Raval barcelonés a la playa de Marinella. Hay una cosa que nos une a todos, Raul: de MVM a Carvalho y Biscúter, de Camilleri a Enzo y Adelina, de Alfons a todos nosotros: el pescado azul!!! Cuando salen esas sardinas con cebolla de la nevera de Montalbano, sonrío feliz. Por eso elegí los jureles, claro...fue el supremo homenaje a algo que he intentado sintetizar en este post. Por lo demás, esta última novela tiene algunos pasajes gastronómicos deliciosos: esos cannoli gigantes con moscato di Pantelleria en el despacho de Pasquano...y ese brevísimo diálogo entre camarero y Montalbano (en su exilio de Génova) que, cómo no, es literalmente un pedazo de lo que viví ayer. Una trattoria que muestra los peces en vivo y en directo y Montalbano que negocia el segundo con el camarero. Le dan pena esos peces tan vivos...y no se le ocurre preguntar otra cosa que "¿Y una escalopa a la milanesa podría ser?". El camarero responde solícito: "sí, si se va a Milán, sí". Y acaba comiendo, cómo no, un estupendo lenguago, como mi compañero de mesa comió sus espárragos con aceite y no con mahonesa!

R.D.T.: Hola Joan, comparto plenamente tu valoración de El campo del alfarero y creo también que Salvo tiene predilección por el pescado azul: los salmonetes como los hacen en la Osteria de San Calogero, en Porto Empedocle, o la trattoria de Enzo, salmonetes de roca grandes sobre un lecho de patata panadera regada con fumet de pescado, cubiertos de limón en finas láminas y al horno, rellenos con salsa de espárragos o sencillamente fritos.Y los canoli siempre evocadores de la escena de El Padrino III en la que Connie envenena a Don Altobello en un palco de la ópera. Acabo de leer la nueva novela de Camilleri, El traje gris, magnífico relato aunque no pertenezca a la serie Montalbano, en el cual aborda las complejidades de unas relaciones matrimoniales que son presentadas a través de una mujer como mantis religiosa y en ella volviendo al pescado azul aparece un nuevo guiño esta vez bajo la forma de un plato de pasta con atún.

J.G.P.:Esta última novela de Salvo Montalbano está especialmente sembrada, tanto en la propia intriga como en las referencias gastronómicas. Puede que la trattoria de Enzo quede menos visible pero yo, mañana mismo, me hago la receta de Adelina: unos suaves cortes de atún fresco a la brasa, poco hecho, acompañados de gambitas peladas y todo ello, aliñado con una vinagreta. Todavía no he entrado en esto, pero hay situaciones en las que los "extremos" se tocan: hablo de Venezia y de Sicilia. El mar las hermana, el pescado azul también. Hoy he estado de nuevo en el incomparable I Xemei, deBarcelona, donde he tomado unas sardinas en sazón (cebolla, suave vinagreta), que eran un escándalo. He seguido con una caballa fresca a la brasa, unos boquerones marinados sobre tomate troceado y unos bigoli venezian (la pasta más veneciana), que llevan una salsa emulsionada de cebolla, anchoa y un punto de vinagre y limón. No será la Osteria de Porto Empedocle ni será siciliana, pero en Barcelona tenemos mucha suerte de tener I Xemei. Entre ayer y hoy prometo que siento cómo Carvalho y Montalbano corren salvajes por mis venas!"

Seguro que habrá otros locales en Barcelona, pero por ahora, los dos que más me devuelven el espíritu entre goliardo, cómplice, sonrisa picarona y amplio abanico de socarronería y matices, acompañados de algunos grandes platos italianos, son dos: en la foto superior, tienen Ustedes unos extraordinarios "morralets" (pulpitos) a la brasa con polenta (etérea, sápida, enorme)  de I Xemei, en la falda de la montaña de Montjuïc. Sus dueños y su cocina son la quintaesencia de la mediterraneidad, sin más. Les quiero. Lo saben. En la foto inferior, una taza de buenísimo café servido por uno de los mejores profesionales, italiano, de la ciudad, Thomas Rossini, del Nuvola café. No es, stricto sensu, un restaurante italiano, pero sirven platos italianos siempre (con un menú a un precio muy conveniente), tienen una buena selección de vinos italianos y está de cojefe Thomas. Punto y aparte para él. Es el tipo más serio y divertido de la ciudad. Nunca sabes cuándo te la pega. Tiene complicidad y empatía absoluta con cualquiera que entre al local. Sabe qué dar a quién darlo y lo hace con una sencillez y suave espíritu socarrón que me tienen subyugado. Es, además, el local de la ciudad donde te puedes tomar un gran café con uno de los mejores amari de Italia: el Riserva Speciale 1999 de Bràulio (de Bormio: no os perdáis su web!), la quintaesencia de los amari, seco pero amable, contundente pero sedoso, fresco y digestivo, la fragancia de la Valpolicella y sus montes metida en una botella.

Si alguien quiere saborear la conexión Carvalho-Montalbano en Barcelona, no tiene más que trazar una ruta entre Mam i Teca, I Xemei y Nuvola Cafe. Ha sido un placer.

Braulio e caffè