30 de desembre, 2012

En La Gloria, para siempre

Punta de Garafía hacia el oeste
Durante un rato, no pude evitarlo, estuve tras la cámara. La mayor parte del tiempo, no obstante, y no quise evitarlo, me dejé arrastrar por esta simbiosis de tierra y mar, de cielo y nubes, de vientos y vegetación, que es la punta más occidental de las Canarias, la de Garafía, en La Palma. Cuando pisas una isla como La Palma, recuperas el espíritu del pionero y entiendes, quizás, qué sentían Humboldt, Darwin, Bouganville... Cierto, hay no poco pisoteado. Pero existe todavía una vasta proporción de tierra y mar vírgenes. Bosques de elfos, océanos complacientes. Aún hoy, el extremo noroeste de la isla es único, excepcional en su belleza, en su suave diálogo con el mar. Viñedos que beben de ese mar, laderas abruptas a ratos, onduladas otras veces, que van a morir, verdes y tranquilas, a ese océano de aguas profundas y brisas frescas. En este rincón, unas 40 curvas por encima de la Punta de Garafía, se han establecido Juan Jesús Pérez y su familia. Tagalguén es su seña de identidad. Significa Garafía en guanche. Las primeras cepas que plantaron (en una zona que fue vitícola hace más de 80 años, pero que había olvidado ya esos menesteres) fueron en La Gloria, el nombre de su viñedo. Hasta que no llegué, no entendí el por qué de ese nombre.

No es tanto por la tradición castellana del "estar en la gloria", sino por el lugar. Vean ustedes la foto última y entenderán todo. Un lugar donde los vinos, en primer lugar, se escuchan. Un lugar donde los vinos se sienten y huelen. Al fin, y sin moverse dos metros, un lugar donde los vinos se beben. Juan Jesús e Isabel (con la ayuda de sus hijos Nidia y Aray) plantaron listán negro y tintilla mirlera (la de La Palma, qué nombre tan bonito aunque uno no sepa bién cuál es la raiz de esta cepa en la isla) en esa finca. Construyeron una pequeña bodega con materiales nobles y pensando en el aprovechamiento integral del clima de la zona y de las aguas. Ese es el plan: aprovechar lo que da la tierra tal y como lo da. Buen quehacer: máxima contemplación, mínima interveción, en la viña y en la bodega. De su tinto ecológico Tagalguén 2012 apenas ha podido hacer 2000 botellas en una cosecha que es de gran calidad. 80% listán negro, 20% tintilla mirlera. Lo que está plantado en La Gloria, con las levaduras de la finca, vinificando juntas y sin madera. 13,5%. Fruta pura en boca, salinidad, explosión contenida de sabores y aromas. Fresco como el hilo del agua en el monte. Verde como esa hierba que arranca del mar. Tintos oceánicos (¡de nuevo!), suaves, fragantes, ligeros. Donse se bebe bien, se come bien. Suele ser así y Juan Jesús me llevó a una pequeña maravilla que pasa casi desapercibida: El Bernegal, en Santo Domingo de Garafía. Por la calidad de sus cosas más sencillas les conoceréis. Había probado mucho queso palmero, pero como el ahumado a la parrilla y con mojo que comimos allí, ninguno. Con matices, suave, sabroso. Soberbio con una botella de Tagalguén 2012. De La Gloria, yo no me habría movido...Finca La Gloria en la Punta de Garafía

28 de desembre, 2012

¿El viñedo más alto de Europa?

Terrazas de listán blanco a 1700 msnm
Tenía para mí que el viñedo más alto de España era el de Barranco Oscuro, en la Sierra de la Contraviesa (en la Alpujarra granadina). Ellos mismos lo afirman en su web y probablemente sea cierto si acotamos la afirmación a la península. Porque, como bien apuntaba Jancis Robinson MW en un artículo sobre la "lucha" por el título de "viñedo más alto del mundo", ese "honor" tiene que ir a parar a las Islas Canarias. Robinson habla de viñedos a 5300 pies de altitud (sin especificar nombre ni posición), que nos situarían en los 1615 msnm. Descartemos cualquier posible récord más allá del europeo porque los viñedos andinos de los Colomé están sobre los 3000 msnm. Y concentrémonos en las Canarias. En mi último viaje, pude dedicar unos días a conocer más o menos a fondo algunas de las bodegas que más me interesan de Tenerife y de La Palma. Entre ellas, Tierra de Frontos, una bodega familiar (aunque en este caso, la familia sea grande: ni más ni menos que diez hermanos, los Luengo) en la carretera que va de Chimiche a Granadilla de Abona (DO Abona). Fernando Luengo es quien lleva la gerencia y el día a día de la bodega, y Pablo López Betancourt (un crack de la isla, con sorpresas escondidas, que ya irán saliendo) es su enólogo.

La charla con Fernando (que está en clara simbiosis con su tierra) empezó de la forma más o menos habitual, con un paseo por los viñedos más cercanos a la bodega y un vistazo a sus instalaciones. El paraje es bonito y diciembre, en Tenerife, manda mensajes casi de primavera perpetua, a tu cuerpo y a tu cerebro. Si no fuera porque las cepas han recibido también la orden de "descanses ustedes" (y ésta no llega tanto por el cambio de estación y de temperaturas, cuanto por la vendimia), uno no se daría cuenta de que estamos en otoño avanzado. Los colores dorados, ocres y rojizos de algunos pámpanos no engañan...Pasamos a una sala de catas, de hermosa luz cenital, y probamos algunos vinos. Yo llevaba en la cabeza su blanco ecológico, pero desconocía la sorpresa que se escondía tras ese vino. Un monovarietal de listán blanco, de 13% en 2012, serio, recio, estructurado, fresco y raramente terpénico (no suele ser así esa variedad). Pregunté a Fernando y me comentó que la uva pasaba una noche en cámara a 5ºC y que a la mañana siguiente, tras dos horas con las pieles, se prensaba y entraba ya al depósito para la fermentación. ¿Dónde estaba, pues, el secreto de ese listán blanco? En el viñedo me dije, tonto. El secreto de un buen vino siempre está en el viñedo.

A Fernando se le iluminaron los ojos cuando le planteé mi sorpresa ante la calidad especial de esa fruta y, sin más, me dijo que no podía marchar sin ver uno de los viñedos de los que salía la uva de ese vino. Que era algo muy especial y que, además, estaba a 1650 msnm. ¿¡Cómo!? No daba crédito. Recordaba la altura de Barranco Oscuro (sobre los 1300) y de inmediato nos pusimos de acuerdo para la excursión: ¿podía ser que, sin haberlo planeado, estuviera a punto de pisar el viñedo más alto de Europa? Un buen trecho, en 4x4, hasta Vilaflor (ya a 1300 msnm) y 8 km de pista bordeando, por su parte superior, la montaña Colorada (siempre serpenteando por la ladera sur del Teide), nos situaron en los Frontones.  La foto superior no hace justicia a la solemnidad del paraje. Viñedos construidos como pirámides, muros de piedra seca en terrazas eternas, una encima de la otra, hechas por la mano del hombre con la ayuda de animales de carga y de labranza hace más de 50 años. Cada curva de nivel se aprovechó. Cada recodo de barranco se sembró. Y se llegaron a plantar 14 Ha como las que veis en esa foto. Estuvimos paseando casi una hora, la mayor parte del tiempo en silencio. Las parras tienen un porte rastrero, pero da igual porque la uva, por más que toque el suelo, no se contamina de hongo alguno: el sol, el aire, el clima y la tierra lo impiden.

Además de por la poda, la uitis uinifera a esta altura deja, casi, de ser rampante y la madera crece paralela al suelo. La producción, curiosamente, no es baja ni menor: las plantas se sienten a gusto en ese ambiente. El otro secreto está en el grano de la uva. La listán blanco de altura tiene un grano pequeño y ovalado, con un hollejo grueso y pepitas grandes. La pulpa de la uva (para mí) en ese lento proceso de maduración, tiene un contacto tan íntimo con hollejos y pepitas, que sale del grano con la maceración medio hecha. De otra manera no me explico un vino tan eléctrico, tan sápido y tan enérgico. Viene medio hecho de ese viñedo mágico, arrebatado de los pinares hace muchos años. Se ponía el sol y nos regalaba un atardecer homérico allí donde algunos hablarían de lotófagos y otros de atlantes. Saqué mi altímetro y medí: 1649 msnm, y quedaban algunas terrazas bastante por encima de nuestras cabezas. Calculé no menos de 1700 msnm. Quizás sea el viñedo más alto de Europa, en efecto. El detalle no tendría mayor importancia si el vino, como el paisaje del que nace, no tuviera un no sé qué muy especial: como siempre sucede, conocer los detalles de primera mano, pisando el terreno y hablando con las personas, te hace entender y sentir las cosas de otra manera.
Frontos blanco seco ecológico 2012

26 de desembre, 2012

Las palabras justas

Léclapart L'Alchimiste 2008
En el sentido del DRAE, "Exacto, que no tiene en número, peso o medida ni más ni menos que lo que debe tener." ¿Quién puede decidir cuáles y cuántas son las palabras justas, necesarias, medidas en la descripción de un vino? Asisto, perplejo, a una corriente intensa de opinión en los últimos tiempos. Curiosamente, por lo menos para mí, la veo animada sobre todo por profesionales de la prescripción, por gente que recomienda desde la sumillería, qué beber en una mesa o qué comprar en una tienda. Critican el lenguaje demasiado técnico, a ratos críptico, con que se suelen describir los vinos. Y lo hacen desde la perspectiva de que ese lenguaje aleja al consumidor potencial del consumo del vino, le asusta, le intimida.

Yo no creo en ese punto de vista. En primer lugar porque nunca he oído a un consumidor/lector quejándose de falta de entendimiento ni tampoco he leído quejas o críticas razonadas escritas por no profesionales del vino. Perdón, sí las he leído: no citaré nombres o fuentes porque ni me molesté en anotarlos, pero recuerdo la lectura de alguna columna firmada por grandes escritores que no tenían idea de qué estaban hablando, opinadores profesionales que tienen la obligación diaria o semanal de escribir sobre algo. No se pueden permitir el lujo de callar sobre cosas de las que no saben. Sucede en periódicos, en radios, en televisiones. En segundo lugar, no creo en él porque las palabras adecuadas, las necesarias, las decide quien escribe en función de las impresiones y de la información que tiene de un vino. Y cuando las publica, quien decide si funcionan o no, en relación a los parámetros que sea, es el lector, cada lector. Dos acciones, pues, individuales que, sumadas en el universo lingüístico que sea, dan una infinita variedad de posibilidades de acierto y desacierto, tantas que se me hace imposible aceptar una corriente de opinión  que las reduzca o generalice.

Pongo, hoy, los ejemplos de mis vinos de ayer, en la comida de Navidad que es tan importante, para nosotros, como la de hoy, la de Sant Esteve. David Léclapart, L'Alchimiste 2008. De Trépail, pinot noir de premier cru. Sureste de la montaña de Reims, dentro de su parque natural. Léclapart es un hombre sensible, dedicado en cuerpo y alma a sus vinos a través de la biodinámica. Hoy me siento cansado de tanto digerir y mal dormir. Quizás me alargaría en la persona que es también un personaje. Pero elegí su vino para descubrir sensaciones con la escudella de Nadal y la carn d'olla. Funcionó, pero hay cavas y champagnes que funcionan mejor. Incluso si pienso en champañas rosados de pinot noir, el Cuvée Fidèle de Vouette&Sorbée me parece más adecuado para esos platos, menos maduro, más fresco. Es un vino con recuerdo grande de la madera, a ratos incluso parece un vino de Selosse. Arándano rojo, grosella también, aunque en nariz es madura. Cereza recién cogida. Tiene un tanino firme y delicado. Un vino especial en el que la burbuja es mera anécdota. Como champagne rosado, en mi experiencia suena a único, lo cual no es sinónimo de extraordinario. Es un vino de placer, con poder y garra, pero que acapara demasiada atención. Casi para beber solo, aunque su precio es excesivo. Vale menos de lo que cuesta.
Arbossar 2008
Sigo cansado y aunque conozco y sé cómo es Léclapart, conozco mucho mejor a las personas que hicieron este vino en 2008. Terroir al Límit, L'Arbossar 2008. No me parece necesario describir su influencia sobre cómo es el vino, pero es evidente para mí que ellos (en esa época Huber, Sadie, Sabater en el campo) hicieron un Arbossar especial ese año. Es un viñedo especial también para la carinyena. Poco habitual que personas en esa época (cepas de más de 80 años) la plantaran con una orientación radicalmente norte y noroeste. Recibe sólo el sol de la tarde en una zona de Torroja, además (justo encima del pueblo), húmeda y con una fuente natural. Año fresco, además, con diferencias térmicas entre el día y la noche menores de lo habitual y buena lluvia en los meses cruciales. El resultado, por poco esperado (las condiciones, en esa zona y en 2008, puede que no fuesen las mejores para la carinyena) es espectacular. Ha integrado ya por completo la madera y ofrece las mejores características de un gran priorat, con aromas sutiles del campo (la vegetación que rodea y puebla ese viñedo, tomillo y orégano, hinojo) y de la fruta (moras en su punto de madurez, ni más ni menos; cerezas). Tiene un plus este vino: es ligero y fresco, tanto en nariz como en boca. Agilidad y frescura le convierten en un vino de gran placer y perfecto acompañante para el pollo relleno de Navidad. Es un vino que vale lo que cuesta.

Equipo Navazos, La Bota de Palo Cortado "bota punta", n.6. Para mí se trataba de otro experimento. Mi última botella del n.6. Sé que no habrá otra (salieron apenas 300 de esa saca de abril de 2007) y a pesar de ello, quiero tomarla con turrones, polvorones y barquillos. Hay frutos secos en ellos, tanto en el vino como en los dulces. Los polvorones, además, vienen de un convento de Morón de la Frontera. Sencillamente: me apetecía empezar en el norte tanto como terminar la comida en el sur.  El vino de esta botella tiene una sutileza y una delicadeza tales que le sobra cualquier palabra. Si encuentran una botella, no dejen pasar la ocasión. Vale mucho más de lo que cuesta. ¿Han sido éstas las palabras justas? ¿Las que cada vino bebido y descrito necesitaba para que se hagan ustedes una idea? No lo sé, por la sencilla razón de que cada uno de ustedes es distinto y va a recibirlas de manera distinta. Sí sé que fueron vinos escogidos con plena conciencia de por qué quería beberlos ayer. Pero han sido descritos tal y como me siento hoy, no ayer...También estoy seguro que si los bebiera pasado mañana, los vinos sabrían distinto y yo los bebería y describiría con matices y datos distintos a como lo he hecho hoy. Las generalizaciones no sirven para nada en la vida. Para los vinos, para beberlos, para hablar de ellos, menos.
La bota de Palo Cortado Bota Punta n.6