31 de desembre, 2013

Le Mont Benoit 2007 (20%) + 2008 (80%)

Este post, último de 2013 y primero de 2014, lleva un subtítulo: "Historia de dos generosidades".

En la primavera de 2012, Julien, un amigo suyo (viaja en el anonimato) y yo, tomamos un avión para pasar unos días en la Champagne. Teníamos varios objetivos reconocidos (Selosse y la recepción de exclusivos en su bodega, hotel y restaurante Les Avisés, en Avize; y Terres et Vins de Champagne: todavía no sé por qué me aceptaron...) y uno que yo desconocía, en el que Julien me embarcó. No quiero hacer un panegírico de la personalidad de Julien (La Part dels Àngels), pero forma parte de una de las dos generosidades de las que hablo hoy: siempre dispuesto a compartir todo, a explicar todo, a escuchar tus preguntas, a rellenar mis ignorancias con sus palabras medidas. Había empezado a tratar con Emmanuel Brochet pero quería conocerle mejor y pasar unas horas en su casa, en Villiers-aux-Noeuds, un poco al suroeste de Reims (primeras estribaciones norte de la Montagne).

Cuando llegamos hacía ese frío tan sano de principios de primavera en la Champagne. El pueblo, cuatro casas, estaba vacío. Junto a la iglesia, un padre jugaba con sus hijos casi en mangas de camisa. Era Emmanuel. Pasamos una tarde deliciosa con él y con su familia. El objetivo no era pisar viñedos, sino conocer cuvées, probar "vins clairs" , charlar largo y tendido, conocernos mejor y abrir las botellas que él quisiera abrir. Conocía ya sus vinos y me habían gustado mucho. Pero como suele suceder con los vinos que me enamoran, la persona me gustó mucho más. Humildad, aprendizaje constante, ofrecimiento, de nuevo enorme generosidad. Le añado sensibilidad y sentido profundo de pertenencia a un paisaje y a una cultura de vinos que está en franca minoría en su territorio. Pongamos algunos nombres: Agrapart, Laherte, Bedel, Bérèche, Doquet, Goutorbe, Demarne-Frisson, Vouette et Sorbée...pequeños productores, grandes vinos. Aunque haya quien no quiera verlo así, creo que alguno de los vinos de Emmanuel le sitúa ya entre ellos.

Yo tenía, además, un deseo que había compartido con Julien: intentar que Emmanuel viajara a Torroja del Priorat para participar en la Festa de la Verema 2012 que montaban Terroir al Límit y Trío Infernal. Lo había comentado con Dominik y a él le apetecía mucho también: sería la primera vez que un vigneron de la Champagne estaba en la fiesta. Con mucha discreción (y a la tercera botella), se lo planteé. No dijo que sí, pero el brillo en sus ojos le delató: le apetecía. No sabía yo que nunca, es decir nunca, había salido de su tierra para explicar su forma de embotellar Champagne. Y al final se decidió. Su familia no pudo acompañarle pero él tenía la gran ilusión de su vida: furgoneta, 1253 km, cuatro cajas, 24 botellas y hacia Torroja. Casi llegamos al mismo tiempo y pudimos ayudarle (con Julien y otros dos amigos con los que coincidimos) a llevar las botellas a Cal Compte, donde por la noche se hace una ya tradicional fiesta de mágnums y a la mañana siguiente, los bodegueros invitados (4 ó 5) ofrecen y explican sus vinos a todos los invitados. Todo el mundo sabe, todo el mundo, que los bodegueros invitados ofrecen sus vinos en mesas preparadas en la extraordinaria terraza de Cal Compte, al día siguiente.

Hacía frío, ese octubre de 2012 en Torroja, y decidimos (fatal error) que no era necesario llevar las botellas de Brochet a la nevera. En un rincón discreto del patio, al aire libre, pasarían (pensamos...) una fantástica noche para ser abiertas al día siguiente. Una fiesta de mágnums es lo que es y no voy a perder un segundo en describirla. Recuerdo sólo la cara de satisfacción y orgullo de Emmanuel que iba paseando entre los invitados y ofreciendo la doble botella que llevaba de su Mont Benoit. Le hacía mucha ilusión poder explicar su vino y su forma de trabajar a los profesionales que asistirían a la presentación del día siguiente.

No le dejaron. Los profesionales y los amateurs (de todo había: yo estaba, aunque me retiré a la hora de la Cenicienta y me perdí lo peor) que prolongaron la fiesta hasta que les dio la gana (nada que decir, por supuesto) no tardaron muchas horas en descubrir las cajas guardadas en ese lugar discreto del patio. Y sabiendo que Emmanuel Brochet era uno de los invitados del día siguiente (todos habían recibido un tarjetón con el nombre de las bodegas y el símbolo que se usa para la fiesta: el que ven ustedes en la imagen inferior), decidieron que con los mágnums no les bastaba y empezaron a abrir las botellas, que Emmanuel había traído de su pueblo. Por supuesto, no pertenecían a la fiesta porque no eran mágnums. Se tragaron (no creo que bebieran) 18 botellas y dejaron a Emmanuel con 5 botellas, cinco, para descorchar a la mañana siguiente.

Jamás en mi vida he pasado tanta vergüenza ajena: por la mañana temprano, me levanté para ayudar en los preparativos de la cata (Cal Compte y Terroir al Límit son amigos míos) y topé con las caras de Julien y Emmanuel. Acababan de descubrir lo que había sucedido con las botellas de Mont Benoit. No sabían qué hacer, no sabían dónde mirar. Yo no sabía qué decirles. No había consuelo posible. Pero ellos reaccionaron e hicieron lo justo, lo que su generosidad les mandaba: subir la caja que quedaba con 5, cinco, botellas a la terraza y esperar a que empezara la sesión. "The show must go always on". Emmanuel racionó tan bien como supo y pudo esas cinco botellas, pero a las 11 y algo más ya no quedaba nada. En apenas una hora había terminado su terrible primer viaje para contar su espléndido vino. Nos despedimos al cabo de un rato. Emmanuel no paraba de dar las gracias por la invitación y por la oportunidad que le habían dado. Julien y yo no quitábamos la vista del Montsant. Por primera vez no me quedé a la comida popular en la font. Lo que más me dolió: los borrachos, en su senda de destrucción, habían dejado un par de botellas abiertas y no consumidas en el camino hacia el coche. Durante mucho tiempo, meses, estuve dudando si escribiría alguna vez esta historia. Había decidido no hacerlo.

Hasta que la semana pasada entro en la tienda de Julien. Venía de beber el extraordinario Mont Benoit 2008 (20%) + 2009 (80%), etiqueta con una torre eléctrica (que Brochet nos había enseñado en boceto en su casa) y Julien me cuenta que Emmanuel había decidido sacar más tarde el cupaje que encabeza este post. Me dijo más, porque yo no daba crédito cuando vi la etiqueta. Había reconocido al instante las tijeras de vendimiar que son el icono de las tarjetas de invitación de la Festa de la Verema. Julien me dijo que Emmanuel se sentía tan agradecido, todavía, por la oportunidad que se le había dado de poder explicar su vino en Torroja, que había decidido reproducir las tijeras en ese cupaje. Yo me quedé sin palabras, la verdad. Porque les conozco y sé que no había ni ironía ni venganza en esa etiqueta. Había sinceridad, generosidad y bondad. Me llevé unas botellas  a casa. Anteayer bebí una y, aunque creo que este vino necesita más reposo en botella, lo encontré espléndido, soberbio. Y decidí que explicaba qué sentí cuando lo bebí. Decidí, además, que contaba esta larga historia de dos generosidades para que todo el mundo supiera por qué esas tijeras de vendimiar están en la etiqueta del último Mont Benoit en el mercado. Que tengan ustedes un buen 2014, lleno de salud y de cosas bonitas. Y si pueden y se les pone a mano, hagan ustedes el bien sin mirar a quien y sin esperar nada a cambio.

Mis sensaciones con Le Mont Benoit 2007 (20%) + 2008 (80%), 40% Pinot Meunier (la gran uva de Emmanuel), 35% Pinot Noir, 25% Chardonnay. 12,5%. Antes que oler, tomo un primer sorbo y noto la fuerza de este vino. Tiene una entrada en el paladar de caballo al galope. Fuerza y brío. Poder e intención. A lomos: las diosas de la acidez y la de la frescura saben dónde llevarle. Cabalgan al amanecer y recogen los aires de la ladera, la neblina, húmeda. Manzanas maduras: compromiso entre la acidez y el sabor dulzón de las lías. Pomelos: descubrimiento de una alma que es doble, cítrica y amarga. Infusión con corteza de naranja. Flor blanca en el prado de primavera. Burbuja delicada pero vino rampante, alegre y festivo. Miro mis manos y huelo los dedos manchados de tiza tras escribir en la pizarra. El poder y el vigor de este pinot meunier. Pera limonera. Energía y pasión discretas. Cultas. Sabias. Sensibles. Como es Emmanuel, así su vino.

 

29 de desembre, 2013

Rasoterra BCN

Ha sido un lento y gozoso peregrinar. Cuando conocí a Chiara Bombardi y a Daniele Rossi (junto con mis amigos de la Enoteca d'Italia, Leo y Alberto) estaban en plena preparación de Slow Vitis'07 (qué tiempos heroicos...). Me uní con muchas ganas al acontecimiento y empecé un aprendizaje con ellos que todavía sigue. Del barrio de Sant Antoni pasaron al del Poble Sec. Y desde el 3 de mayo de 2013 están en el Barri Gòtic, en Rasoterra. Cuando entré en el local (la foto de la ventana, casi como metáfora), me di cuenta de que les había llegado todo en su mejor momento: años de aprendizaje, un criterio muy bien formado, una larga y cuidada selección de productos (lo más importante, sin duda, para ellos), una buena preparación de recetas y un local que les viene como anillo al dedo. Vegetarianos son. ¿Y qué? Se come de maravilla y se bebe mejor, Déjense ustedes de prejuicios (si alguno los tiene...) y acudan a disfrutar de un ambiente muy agradable (la mesa para diez personas que preside el local, de maderas recicladas, es una maravilla), de una cocina casera (aunque no se sepa con exactitud dónde está la casa: la gracia de la mezcla de procedencias de los que trabajan allí), de una selección de vinos bien pensada y, sobre todo, de un recibimiento que hace que las cosas del cuerpo y del espíritu fluyan, allí, de una forma preciosa. Me gustó todo y no hicimos más que entrever posibilidades...

Tienen unas cuantas tapas bien ricas, tienen unos buenos platos del día y tienen especialidades. Tienen una carta de vinos que no es muy larga pero que nace del esfuerzo constante por el descubrimiento. Tienen una selección de quesos de leche cruda (su gran especialidad, quizá junto con la cerveza) que echa para atrás de rica e interesante. Y le ponen a todo cariño y buen humor. Como en casa, vamos. Tomamos unas alcachofas al vino blanco con un corazón de ajo rustido y almendras, intensas, sabrosas, al dente. Compartimos unos sabrosos rigatoni con salsa de calabaza  y queso fiore sardo, que luché uno a uno (error: ¡los compartí!): impresionante el contraste de texturas (pasta al dente, claro, con la calabaza) y de sabores (el dulzor de la calabaza con el picante,el salado, el seco pecorino fiore sardo). Proseguimos con una cocotte de huevos ecológicos con dados de patata y trufa: sabores de antes, sin más. De postre, quesos. Imprescindibles en Rasoterra. De izquierda a derecha(foto inferior): Fermío de la Vall de Llèmena (quesería Balda), un "Saint-Marcellin" excepcionalmente intenso, cremoso y sabroso, para mí uno de los mejores de la sesión. Blanc de Tòrrec, de la quesería Tòrrec, en Vilanova de Meià, uno de los de cabra más logrados del país. Un clásico. En tercer lugar, un Crisembert de Camps, cabra de Palau d'Anglesola. Sigue un Blau de l'avi Ton de la misma quesería, leche de cabras de Linyola e inoculación del Penicillium Roquefortii. Punto y aparte para este y el siguiente, sobre todo éste, con unas gotas del estratosférico Meliterrani 2010 de Sicus Terrers Mediterranis, de Bonastre (Tarragona, pero en zona Penedès). Y finaliza con una de las estrellas de la casa, uno de los mejores pecorini que haya comido en mi vida, baluarte Slow Food: el Fiore Sardo, de Barbagia (provincia de Nuoro).  El corazón de Cerdeña en un bocado, sin más.

Tuve mis problemas para elegir el vino...Dudas entre la estratosférica mencía de Barbanza Pintadoiro; entre el pujante albariño de Alberto Nanclares; Miranius; Coto de Gomariz; Clot de les Soleres; Libera Terra...Bueno, qué lista de vinos: pequeña pero enorme y llena de contrastes interesantes. Al final, ganó el comodín, un vino que apoyaría sin fisuras todo y que, solo, daría también grandes dosis de frescura y personalidad: Sicus Xarel.lo vermell 2011. 12%, vinificado con vasijas de barro. Cepas centenarias en Bonastre (sin DO) para una variedad que hay que saber tratar con mimo. No he estado en las viñas, todavía, pero me imagino todo sólo bebiendo este vino: impresionante, vertical, penetra como el filo del buen acero y recuerda el paso de la perdiz por el campo. Ligereza y agilidad, revuelo en el paladar y en el estómago. Frescura y fragancia. Profundidad y barro sin cocer. Madroño y arándanos rojos. Pomelo rojo y amargor discreto en el posgusto. Arbustos y otra perdiz que te mira sorprendida: ¿qué haces aquí? Me pregunta su ojo indiscreto...Con la comida, el vino sigue creciendo y llega hasta los quesos en plena forma, donde, prudente, se detiene y charla con la vaca de Fermió. Espléndido.  Si les digo, además, que con café (excelente), panes y agua, todo salió por 45€ y, además, que al mediodía tienen fórmulas/menú que te dejan satisfecho y con una sonrisa en la boca por 10€, estarán conmigo en que Barcelona tiene un nuevo y magnífico local y que mis amigos Chiara y Daniele han llegado a él en el mejor momento de sus vidas profesionales. Yo pienso disfrutarlo con ellos a fondo. Con este tipo de asuntos tan serios no se puede uno andar con medias tintas.

27 de desembre, 2013

DOQ Priorat, Mas Doix 2003 (mágnum)


Esa noche de agosto de 2003, las lágrimas de San Lorenzo fueron escasas. La luna llena (el 12 de agosto) hacía estragos lumínicos y Europa entera sucumbía a una de las peores olas de calor de los últimos años. En la DOQ Priorat (con datos de Mas Martinet en la mano), 2003 hizo sufrir a las cepas y a sus viticultores lo que no estaba escrito: el verano más cálido, acompañado de la humedad relativa más baja y la menor precipitación. Un año complejo para el vino que nació en él y con el que hay que tener paciencia. Desigual y acomplejado por esos datos, es una añada que hay que tomar botella a botella. No valen las calificaciones generales. No sirven casi nunca, pero en años extremos, en que la acción de las personas (con sus decisiones) acaba siendo determinante, menos.

Nosotros intentábamos sobrevivir en el Ampurdán, en Ultramort. No es mal lugar para tener una prefiguración del infierno, que fue lo que sucedió ese verano. No había noche que ayudara a respirar ni mar que aliviara las pieles abrasadas ni viento que refrescara las casas. Ese verano, a pesar de todo, tuvo algo muy especial para nosotros. La amistad con Valentí y Marian (parte clave de Mas Doix) se consolidó porque conseguimos, entre todos, sobrevivir a una noche de San Lorenzo única. Nuestro primer encuentro en la zona, una buena cena a base de foie-gras mi-cuit de L'Ànec de l'Empordà (en Serra de Daró: una de mis pasiones, recién hecho y comprado in situ) y un buen cesped junto al olivo centenario para asistir al espectáculo anual de la lluvia de meteoros. De madrugada ya, todas las luces apagadas, tumbados y expectantes, sólo rompía el silencio el grito de satisfacción de quien "cazaba" una buena pieza con sus ojos. Pero llovieron pocos...Y de golpe, se oye desde lo más profundo de la tierra, como surgido de sus entrañas, un poderoso ronquido, como de troll haíto de hobbits suculentos.  ¡Valentí se había dormido profundamente!

2004 fue un año espléndido para el Priorat. Las temperaturas se combinaron mucho mejor con la lluvia y la humedad relativa y el vino de ese año pasa por ser uno de los mejores de los últimos decenios. A mí es de los que más me gusta. Hicimos además, gracias a todo lo que os he contado, nuestra primera vendimia en Mas Doix. Y para mí, hubo un antes y un después de ese 2004. Ese año tomé conciencia de verdad de qué significaban para mí los viñedos, la viticultura y hacer vino año tras año, ¿siempre igual?, ¡siempre distinto! Empecé a beber y a elegir, a probar, a conocer, a estudiar y en 2006 nacía este cuaderno. Comprenderéis, pues, el cariño que siento por las añadas de 2003 y 2004 en general pero sobre todo en la DOQ Priorat. Son dos añadas, además, que suelen contar muy bien (por lo menos en Europa), cómo funcionan las cosas en una bodega. Dicen mucho. Tenía guardada una mágnum 2003 de Mas Doix y no he querido terminar este decenio tan particular para mí sin abrirla. 49% garnacha, 47% cariñena, 4% merlot. Fermentación a temperatura controlada en inox y maceración de 4 semanas. 14 meses de roble francés nuevo. 14,5%.

Han pasado diez años y apenas se percibe evolución, ni en el color ni en sus aromas. Entras (en silencio) en el bosque de otoño. Ha llovido hace unos días: hojarasca casi seca. Corazón del bosque mediterráneo. Cierras los ojos (¡tú no, lector!):  matas de romero. Aguja de pino. Hierro y pedernal. Pizarra y raíces. El Priorat más puro en tu copa. No necesita más de un cuarto de hora para mostrar su dinamismo y un perfil íntegro. Y no va a caer un segundo hasta la última gota. Acidez y frescura. Mucha fruta abierta y persistente: cerezas penetrantes. Arándano rojo. Profundidad e intensidad. Ligereza y armonía. Un poco de hoja de tabaco seca. Bolas de pimienta roja en el árbol. Se ha convertido en un vino fino, ágil y elegante, con todos los colores del Priorat histórico en otoño. Alas de mariposa al amanecer: hermoso, fresco y sutil. Delicado. 

En septiembre de 2004, los niños también andaban por el viñedo, sí, pero sus ocupaciones eran otras, digamos más ¡robinsonianas!

La fotografía de la Vía Láctea, con la estrella fugaz, es de nate2b.