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30 de juny, 2014
Dodevi
Hay un único lugar en el que habitan el consciente y el inconsciente: el cerebro. Un territorio que apenas usamos pero que nos conecta con todo aquello que somos, que seremos, que recordamos, que recordaremos. Esa antena, ese ordenador cuántico casi de bolsillo, siempre portátil, es la puerta que tenemos que abrir sin cesar para sentir, para experimentar, para buscar la frontera de nuestros sentimientos, de nuestras sensaciones, de nuestra memoria, de aquello que podemos identificar y, sobre todo, de aquello que no sabemos que tenemos pero que reside en nosotros.
Helena y Alba, Dodevi, nos proponen experimentar en esa frontera entre el consciente y el inconsciente. Nos piden que perdamos complejos, que abracemos el desconocimiento y que avancemos hacia otra forma de ver y aprehender las cosas. Con toda la modestia del mundo, yo os aconsejaría que siguierais esa pista, que buscarais ese contacto con ellas, que participarais en ese juego que Goethe, Schopenhauer y Nietszche ya propusieron y que ellas, de una forma generosa, honesta e intensa, quieren ahora seguir. Colores, sensibilidad, percepción, música, vino y sabores, otra forma de entender con unos ojos que no son los del cerebro consciente. Merece la pena: por la juventud, por el atrevimiento, por la necesidad de avanzar, por el reconocimiento de nuestros límites. Porque en la frontera están las respuestas.
28 de juny, 2014
Roc d'Aubaga 2013
Fue uno de mis vinos de Sant Joan de este 2014. Abrí dos botellas, lo confieso: una, para los amigos en la verbena. Otra, para la familia durante la comida. No sé la razón, pero de la primera botella pude conservar un tercio que he terminado hoy, cinco días más tarde. No tenía decidido que fuera a escribir sobre este vino porque se me puede criticar con facilidad. Pero en realidad me da igual...y decido hacer lo mismo que hago con todos los vinos que me gustan de verdad (sí, me gusta...) y conozco a fondo. Escribir con algo de detalle sobre cómo se hizo el vino y transcribir con literalidad mis notas mientras lo he ido bebiendo.
Este vino nace de la amistad entre Dominik Huber y yo. Si no fuéramos amigos, él no habría intuído que una de mis mayores ilusiones era poder hacer el vino que tenía en la cabeza y no me habría dejado hacerlo en su casa. Este vino nace de mi amor por el Priorat. Si no llevara más de treinta años dando vueltas por la comarca, puede que no hubiera imaginado el vino (uno de ellos, vaya: en 2014 me preparo para las sorpresas) que me hubiera gustado beber en ella. Este vino, por fin, nace de mi pasión por los vinos rosados, con y sin burbuja. Si unimos todo, nace Roc d'Aubaga 2013 (en 2012, Rosat). Es y no es un rosado. Lo es por el azar de las uvas que se encuentran, todas ellas juntas, en dos viñedos en una de las zonas umbrías y frescas (no de las más altas pero casi), en La Morera, cerca del antiguo monasterio de Nuestra Señora de La Serra. Cepas en ecológico entre 16 y 30 años, en suelos de arcilla y grava, unos algo más arenosos que los otros, algunos con sedimento marino, guijas y cantos rodados. Orientados al norte y con la activa presencia del espadado del Montsant muy cerca. El vino recibe el nombre del sustantivo catalán para las zonas donde toca poco o nada el sol ("obaga, aubaga" en el Priorat), que es además un topónimo de la zona (la Serra d'Aubaga) y de las piedras ("roc, rocs") que, en semicírculo, están cerca del monasterio.
Tres de los cuatro tipos de garnacha más frecuentes en el Priorat forman parte de este vino. En ese viñedo no hay garnacha peluda. Vendimiados el mismo día (7 de octubre de 2014) de buena mañana y llevados a la bodega, donde entraron por la tarde, con la temperatura y todo lo que llevaban del viñedo. Las dispuse en una "vasija" de plástico de la forma que la intuición me dictó pero teniendo bien presente qué tipo de color quería para mi vino. Seleccioné sobre la marcha y quité los pocos racimos que no estaban sanos y las hojas y las tijeras que se colaron. Con raspón entero. Sin posibilidad de oxígeno entre los racimos, enteros, y sin otra acción que un mínimo pisado para que la parte más baja del plástico soltara algo de mosto. No hay pie de cuba. Se tapa con un plástico y se deja a su aire. La fermentación arranca espontánea a las 48 horas y con una temperatura de 20,3ºC. No hay control alguno. No hay sulfitado más que el que proporciona al mosto la fermentación alcohólica.
Control a diario del color del vino en esa vasija de plástico que no tiene ni grifo. Al quinto día la cosa se pone muy cerca de lo que llevo en la cabeza. La densidad está sobre los 1020. Lukas, Yuki, Jaume y yo descubamos a mano (brazadas, vaya) y prensamos en una prensa de madera vertical de 9 a 11 de la mañana. El quasi-vino pasa a otra vasija de plástico idéntica, prensado a 1 Bar de presión. Y una segunda prensada, que no saldrá a la venta (y que es la joya de la corona), a 1,5 Bar va a damajuanas (que no tienen contacto alguno con la luz), en las que todavía sigue su evolución. El 24 de octubre el vino está ya seco por completo y pasa a depósito de inox (su único movimiento) donde reposa durante el invierno. Embotellamos el 25 de febrero y decidimos que el vino termine de hacerse en botella por lo menos tres meses más. Que empiece a circular en junio. El alcohol final roza el 13% y los niveles de sulfitos están por debajo de 20 mg/L.
Abrí las botellas media hora antes de empezar a beber y un amigo (de unos 50 años), a primer golpe de nariz y sin saber qué bebía, dijo "huele a las prensas de mi casa, cuando hacíamos vino de pequeño". Pensé que ese comentario me gustaba. "Fruta, fruta y más fruta. Zumo de granada. Brezo y espino. Amabilidad y rusticidad. Muchos secundarios. El corazón de la fruta fermentando ha llegado a la botella. Frambuesas y fresas del bosque. Goloso en nariz. Seco y austero en boca. madroño y la frescura del bosque tras la lluvia de verano. Naranja sanguina. Se nota la presencia del raspón, aunque las horas y los días redondean y apoyan su presencia. Vino amable que acaricia cuando lo tomas, pero cuando es debido. No hay empalago. Sigue la fruta: ahora cereza de secano de tierra adentro. Largo y zalamero en boca. Huele a huerto. Huele a tomate fresco. Mucha infancia y recuerdos de aromas hay en este vino. Pan, levaduras. Más fresas y grosella. Fruta intacta a los cinco días. Más amable y redondo. La penumbra del bar cuando entras a ver cómo lo mayores toman su vermú. El sol de mediodía, abrasador, queda tras la cortina. Frescura y penumbra en el interior. Aromas de vermú en los vasos de los mayores. Sirope de grosella y sifón en el mío." Así es este vino y estoy contento y muy agradecido de haber podido hacerlo. Me he acercado bastante a lo que tenía en la cabeza...
22 de juny, 2014
Edetària: algo más que diez años
Haber nacido en uno de los pueblos de referencia de una DO (la de Terra Alta, en este caso) no te da ventajas especiales. Haber mamado desde los primeros dientes esto del vino, tampoco. Puedes encontrar tu camino con mayor o menor dificultad, los dioses tienen que darte talento, sensibilidad, suerte y buenos compañeros de viaje. Y, además, en términos de algo tan complejo como es embotellar el espíritu de tu tierra con las variedades que le son más naturales, diez años suena casi a diez millones de años para la adaptación de la lámpara de la luciérnaga (que muestra una eficiencia del 95%: todo un cuerpo dedicado a dar luz casi sin consumo...). Edetària, Joan Àngel Llaberia y sus socios, empezaron a hacer vino en 2003 en Gandesa y embotellaron su primera cosecha en 2004. Este viernes celebramos, con unos amigos, su décimo cumpleaños. Lo dicho: en términos veterotestamentarios o en términos darwinianos, diez años es un mínimo guiño de ojos de Baco que parece estar diciendo "estoy empezando a pensar si les doy algo a estos..."
Les ha dado, vaya si les ha dado...La Terra Alta es, en mi humilde opinión, una zona de Catalunya que tiene que despojarse del mal sueño que significan sus hermanos (DO y DOQ) del norte y el este; es una DO que tiene que encontrar sus señas de identidad, no tanto en uvas que sean muy minoritarias y de las que existan pocas Ha (así es fácil ganar un poco de notoriedad entre los locos del asunto), sino en uvas que sean, realmente, las que dieron forma a la conciencia vitivinícola de la zona, uvas mayoritarias y plantadas en los diferentes terruños de la zona, en las zonas de panal, en las zonas más de arcilla, en las canteras calcáreas...Ahí es, precisamente, donde el trabajo de Joan Àngel y Edetària está dando un salto exponencial. Si los primeros Edetària selecció blanco ofrecían una selección y variedad de uvas (y hay que confesar que el 2005 y el 2011 me parecen soberbios vinos, con una capacidad de envejecimiento impresionante), el Edetària Selecció Blanc 2012 ya es monovarietal de garnacha blanca, que es lo que hay que saber trabajar bien en la zona.
Maderas de mayor capacidad, mucha mayor reflexión en los tostados y en cómo se hacen, menos cantidad de fermentaciones agresivas, más libertad y volumen para la fruta...este 2012, que todavía es un vino que tiene que pulirse en botella, muestra el nuevo camino de Edetària, no tanto una evolución, cuanto una "retrovolución " (y que me perdone José Manuel Blecua): volver a la esencia de las uvas de la zona con métodos más de la zona y mayor comprensión de la capacidad de esas uvas. Miel de romero, acidez y tensión en camino de redondearse con el reposo, mineralidad suave, frescura natural a pesar del grado, intensidad matizada, flor de tilo, membrillo crudo.
El nuevo Via Edetana Negre 2012 es el otro ejemplo que quería proponer del "menos es más" y de la retrovolución: garnachas peluda y fina, con cariñena, este vino potencia la fruta negra que está en su corazón (moras en su punto), tanto como la roja (arándanos), menos madera, volúmenes mayores de madera también, y una sutil y muy bien trenzada reflexión sobre el trabajo que las lías tienen que jugar en la pervivencia y disfrute de una garnacha. Algo que los viejos del lugar quizá recuerden: lías que dan volumen y profundidad y complejidad a un mosto que no va sobrado de según qué cosas...taninos que procedían más del raspón que de la madera donde maduraba el vino. Vino para un disfrute cercano, quizá, vino que otorga a esas extraordinarias garnachas la luz, el volumen y la frutosidad que merecen.
Podría haber dedicado este texto a hablar de vinos que todo el mundo conoce y ha disfrutado (Edetària Selecció Blanc 2005 ó 2011, que son, sin más, dos de los mejores vinos blancos del Levante) o de vinos que casi nadie va a conocer ni disfrutar (1100 botellas de una cariñena monovarietal salida de un viñedo en una cantera, de 80 años: algo para beber y callar este Les Pedrisses 2011, realmente un vino muy especial). Me ha parecido de mayor interés intentar describir (con dos vinos) la evolución de Edetària en estos diez años (ocho de los cuales, pasados por Joan Àngel en compañía de su ángel comunicador, en la foto inferior: un homenaje a una historia que, también, está haciendo que la bodega vaya siendo otra cosa). En ellos, el contador de historias amable y de probada bonhomía, educado y seductor, hospitalario y campechano, Joan Àngel Llaberia, está reencontrando el origen de sus raíces, está expresando cada vez mejor la esencia de su tierra. Es muy buena noticia: Joan Àngel sigue en movimiento, siempre inquieto y progresando, buscando y pensando, es consciente de los pasos que da y está ya encontrando la forma de contarnos una nueva historia de la Terra Alta en sus botellas.
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