28 d’agost, 2016

E senza grandi disturbi

Mar Balear 2016
qualcuno sparirà...L'anno che sta arrivando tra un anno passerà. Io mi sto preparando, è questa la novità!

Lucio Dalla, al que tanto admiro y escucho, es el mejor apoyo que encuentro para deciros que ha llegado el momento de dejar reposar al blog. L'anno che verrà es una de las canciones lúcidas del hombre que navegó algunos de los mismos mares que yo. Algunos desaparecemos y conviene hacerlo sin grandes ruidos, discretamente. Han sido más de diez años, 1292 posts, 13345 comentarios publicados y contestados y 60 mil visitas mensuales de media. Ha llegado el momento de buscar nuevas maneras de expresar mi pasión por el vino. Mi identificación con la tierra que tanta gente cultiva con cepas para transmitirnos su carácter más auténtico no cesa, al contrario, crece hacia otros caminos. En ellos, si así lo queréis, nos seguiremos encontrando y disfrutando juntos: en El País Semanal cada domingo; en las pequeñas notas que escribo sobre los vinos que bebo y más me gustan (en Instagram y en Twitter) y en un libro que he decidido empezar a idear.

De la experiencia de escritura del primero, Los vinos naturales en España (placer auténtico y agricultura sostenible en la copa), he aprendido mucho: hace falta tiempo (casi todo mi tiempo libre), hace falta concentración, hace falta tener algo que decir, hace falta viajar, ver y conocer, hace falta corregir y rellenar huecos que no pude o no supe en su momento distinguir. Voy a reinventarme porque voy a reescribirme en experiencias nuevas y en una vida nueva. Voy a dedicarme a todas estas cosas mientras sigo buscando a las personas, a los paisajes, a las cepas y a los vinos que más me conmueven en una charla y con una copa en la mano ante su viñedo.

Os quiero agradecer de todo corazón los años pasados juntos, los vinos vividos y bebidos, las experiencias compartidas y las puertas abiertas. Este blog y vosotros habéis cambiado mi vida. Ahora toca seguir aprendiendo, seguir viviendo y seguir trabajando con la conciencia de que cada mañana y su primera luz, allí donde estoy y en lo que hago, son el mejor regalo que puedo recibir. Con una sonrisa de agradecimiento y un abrazo, os digo "¡hasta pronto, hasta siempre!" en uno de mis días preferidos, el dedicado a San Agustín, obispo de Hipona, en el año de gracia de 2016.

03 d’agost, 2016

Lars Gustafsson y Mallorca

Sa badia d'Alcudi Soy persona de lectura voraz. Y de descubrimientos quizá tardíos... Aunque tiendo a pensar que las cosas llegan cuando tienen que hacerlo. Sobre todo si vas por la vida (y eso intento hacer en los últimos años) no provocando que las cosas sucedan, sino estando atento a aquello que acontece motu proprio: para dejarte llevar por las "olas" de la espontaneidad.  Con la naturaleza y todas sus manifestaciones (y entre ellas, las personas, los viñedos y sus vinos), no veo otra manera de proceder.

Y hace bien poco sucedió Lars Gustafsson. Le he conocido dos meses después de que muriera y casi de inmediato, tras leer su Muerte de un apicultor (Nórdicalibros, Madrid, 2016,  pero escrita en 1978 y no en 2016... -en traducción excelente de Jesús Pardo-), tuve la sensación de que éramos amigos desde hacía muchos años, desde siempre vaya... Su reflexión sobre cómo vivimos y nos conocemos, sobre cómo nos relacionamos con la naturaleza que nos rodea para conocernos de otra manera (quizá mejor), es hermosa, no muestra gestos supérfluos, es esencial y precisa. Forma parte ya de los libros que no abandonarán mi mesita de noche.

En su página 167 escribe: "en el fondo de cada ser humano se encuentra un enigma negro como la noche. La pupila oscura no es otra cosa que la noche vacía de estrellas, la oscuridad profunda en el fondo del ojo no es otra cosa que la oscuridad del universo mismo".  Éste es el espíritu con el que siempre he ido y he estado en Mallorca. No hace falta viajar lejos para ver todo y para verte mejor. No es necesario hacer muchas cosas ni conocer a mucha gente. En realidad, no hace falta otra cosa que entender que en tu interior vive el secreto del universo y que tus ojos son las estrellas que te conectan con esa oscuridad, que es todo. Incluso a veces, da igual si están abiertos o cerrados. Para comprender, hay que viajar a lo más profundo de tu ser, que es la esencia del universo. Hay que mirar con atención y sin prisas qué sucede cerca y dentro de ti: entonces, los "secretos" del universo serán los tuyos. Su oscuridad, sus luces y acontecimientos, también. Nosotros, como cada año, lo hacemos en Mallorca durante unos días, que sirven para mucho. Nos vamos porque volvemos.

Nos vemos: ¡que ustedes lo pasen bien!

30 de juliol, 2016

Carlania Celler: la sonrisa

Fores, paisatge de la Conca de Barberà por Àngela Llop en Flickr
Hace ya años que conozco a Sònia y a Jordi, de Carlania Celler (Barberà de la Conca, DO Conca de Barberà): ¡mi primera nota de un vino suyo es de la vendimia de 2012! Siempre me ha gustado su actitud y la vinculación de sus vinos con la tierra de la Conca, una de mis tierras queridas. Ellos mismos tienen algo especial, cada uno de ellos por separado y ambos como pareja: Sònia es la energía dulce, la brisa fresca que luce una sonrisa permanente, nadie la desviará de su camino... siempre con esa sonrisa! Jordi es el anclaje con la tierra, la reivindicación, la firmeza y la tozudez sincera: nunca tuerce el gesto ni desvía la mirada, siempre de frente. Ambos... me viene una imagen recurrente: conducen un coche de caballos percherones, fuerza, energía también, sencillez y belleza, trabajo concienzudo, pero parece que van un poco cuesta arriba y con el freno no desbloqueado del todo. El carro avanza, sí, pero a un rimo que, intuyes, no es el suyo...

Las cosas cambian de forma definitiva cuando tras años de cultivo ecológico con sus prácticas correspondientes en la bodega, deciden dar el salto, comenzar con prácticas biodinámicas y, en la vendimia de 2015, hacer ya algunos vinos con los mínimos tratamientos en el campo y ninguno con insumos en la bodega. Los campos están preparados, las uvas responden con su salud, su firmeza y su calidad, y ellos, que han hecho un largo y duro camino para llegar a este momento, deciden que también están listos. Tan sencillo como esta otra imagen: el carro se queda en la cochera y Jordi y Sònia empiezan a cabalgar sus "percherones". Los vinos desbordan energía, los sabores toman el mando y los aromas se apoderan del campo y de la bodega. En la copa, el cambio es evidente: el trote del vino es alegre y confiado.

El sábado de la semana pasada fue un día especial: en la celebración del cumpleaños (5) de La Conca 5.1., algunas bodegas ofrecían sus vinos. Y entre ellas, Carlania Celler. Yo sabía que ellos estaban e intuía que sus "percherones" cabalgarían en esa puesta de sol siempre única. Ellos sabían que yo iba y que, por primera vez, bebería sus nuevos vinos, Sant Pere d'Ambigats 2015 (macabeo y trepat en blanco), El Plantarga 2015 (trepat muy clarete) y Petit Carlania 2015 (trepat con una buena maceración y color más intenso). Era un día ideal para beber vinos con el menor tratamiento posible. Sucedía, además, casi junto a las viñas donde nacen y en el pueblo donde se hacen. Los bebí todos con calma y concentración y sentí, por primera vez en los vinos de Jordi y Sònia, que la promesa de lo que podían ser se había hecho realidad. Les miré, sonreí. Me miraron y una enorme sonrisa se dibujó en sus caras. Su sonrisa sabía a uva y sólo a uva, sabía a alegría y a esfuerzo, sabía a compromiso con sus fincas (Sant Pere d'Ambigats, Els Corrals y El Plantarga en estos vinos) y con su pueblo, sabía a la arcilla que se había compactado con la lluvia del día anterior, sabía a cereales y a rastrojo, a pimienta roja y a hinojo salvaje. Su sonrisa sabía a pacto con la naturaleza y a placer por haber llegado a un lugar soñado, sabía a felicidad. Sus nuevos vinos cabalgan ya libres como ellos. Me hicieron feliz y seguirán haciéndolo por mucho tiempo.

Ps. La fotografía de paisaje de la Conca de Barberà es de Angela Llop.