11 d’octubre, 2006

Todos los caminos me llevan al vino?

Me apetecìa escribir un comentario sobre un par de cosas que he visto estos dìas pasados. A simple vista parecerìa que nada tienen que ver ni con vinos ni con comidas, pero... Esto de vivir en Roma tiene grandes ventajas, la mayor es que si andas con la vista atenta, las sorpresas y cosas interesantes por ver no acaban jamàs. Dice un famoso libro aquì: "Roma non ti la fai in una vita". Y es cierto!

El mausoleo de Santa Costanza, la hija del emperador Constantino, es uno de mis lugares preferidos en Roma. Fue construido muy lejos de los muros de la ciudad, tras la muerta de Costanza en 354, y hoy, claro, està lejos del centro, en la Via Nomentana, 349. Hay que saber que existe y hay que querer ir. Pero el viaje vale tanto la pena... se trata de un mausoleo monumental, con una doble columnata que aguanta la cùpula que véis (BY sbt al rm). En el interior de la doble columnata, las bòvedas preservan los màs bellos mosaicos tardoantiguos, con el tema de las Cuatro Estaciones, de los trabajos en el campo y de la inmortalidad como premio para los cristianos.
El sepulcro de Costanza, con todo, no se conserva allì, sino que està, como tantas cosas, en los Museos Vaticanos. Es una pieza extraordinaria con la que me topé sin buscarla (mi trabajo en los Museos està en otros sitios). Siguiendo los motivos decorativos de las bòvedas del mausoleo, fijaos qué decoraciòn presentan los laterales del sarcòfago: ni màs ni menos que tres angelotes (putti, cupidos, llamadles como queràis) que, brazo con brazo, se aplican en el prensado de la uva para producir mosto. Y fijaos còmo el mosto va a parar directamente a las vasijas que se encuentran a sus pies a través de un grifo con cabeza de leòn. El motivo y su interpretaciòn son claros (una alegorìa de la inmortalidad a través de los trabajos en el campo, que se repiten cìclicamente), pero a mì me apeteciò sacar esta foto para mostrar còmo el "piar" que vimos hace unos dìas en la fiesta de la vendimia de Poboleda (DOQ Priorat) es, exactamente, el mismo que muestra el sarcòfago de Costanza, de 354 d.C.


La otra cosa que me apetecìa mostrar parece que tampoco tenga gran relaciòn con el vino, pero... Se trata del Orto Botanico di Roma, unos increìbles jardines que gestiona el departamento de biologìa vegetal de la Universidad de La Sapienza. Su entrada està por el Viale de la Regina Cristina de Suezia, al lado de la Via della Lungara. Parece mentira pero se encuentran a 10 minutos de Santa Maria in Trastevere!!! Tras mi trabajo en los Museos, me desplacé al palazzo Corsini (otra maravilla, donde habitan los sabios màs sabios del mundo, la Accademia dei Lincei) para ver una pieza y, al terminar, fui a visitar el Orto. Es un lugar emocionante, en las laderas del Gianicolo, que sube, casi, hasta la misma Villa Lante (sede de la Academia Finlandesa en Roma), una de las vistas màs privilegiadas sobre la ciudad (junto con la del Aventino y la de la cùpula de San Pedro) y que reserva una gran sorpresa para los amantes de los olores, es decir, para los enòfilos: un jardìn especialmente pensado para ciegos.

Es algo que yo no habìa visto jamàs, algo increìble, con plantas que tienen tactos especiales y plantas que tienen aromas potentes, todas ellas identificadas en braille y con letreros, para que todos podamos disfrutar de tactos y de aromas. No hace falta que os diga que para alguien que tiene a la nariz como uno de sus principales aliados para disfrutar en plenitud de los vinos, y que se pasa el dìa persiguiendo y memorizando aromas para relacionarlos con los vinos, ése es un paraìso, un lugar en el que pasé un buen rato, disfrutando y oliendo.

Es o no es cierto que todos los caminos terminan llevando, primero a Roma y, después, al vino?

10 d’octubre, 2006

Orvieto Classico Bigi 2005

Una de las grandes visiones de Roma es la de los foros imperiales al atardecer. No digo de noche porque como bien sabe quien los ha visto, gozan de poca iluminaciòn nocturna. Dos son mis lugares preferidos para disfrutar de la vista: la primera, la genuina, la original y, ademàs, gratuita, es la del mirador que està junto a las oficinas del Ayuntamiento, en el Campidoglio. La segunda la descubrì la otra noche, cuando unos colegas y amigos franceses me invitaron a cenar al Hotel Forum, en Via Tor de' Conti, 25-30. Habìa pasado junto a este hotel otras veces, pero un sitio de 4 estrellas en el meollo de la ciudad, no està hecho para mis maltrechos bolsillos! El hotel se encuentra detràs de los mercados de Trajano y en sus alturas, ofrece a sus clientes una fantàstica terraza que da a los foros imperiales. Es una estupenda visiòn complementaria a la del Campidoglio, pero, en contraste, no sale gratis, de hecho es muchìsimo màs cara. Pero...invitaban los amigos y uno, en mis circunstancias, se deja querer, o lo que es lo mismo, "comprar por un plato de lentejas".

El Hotel rezuma aromas de rancio, decoraciones de estilo Nuevo Imperio y una cantidad tal de satenes, moquetas y rasos que echa para atràs. En cualquier caso, todo es muy del gusto de los americanos, clientes principales del lugar. Su restaurante, aparte de la vista, ofrece poco de interés, la verdad: un servicio muy de otra época, unos platos muy decorados, un servicio de copas de vino que no superarìa un examen de primer curso de sumilleres, y varios etc. Me sabe mal hablar en estos términos del sitio, pero digamos que no volveré y que, ademàs, los amigos que me invitaron son directamente analfabetos funcionales en temas de blogs, redes, pcs, etc. (vaya, que no van a leer esto!).

Yo tomé una caprese: no es broma, no, se trataba del ùnico plato italiano, antipasto o primero, que ofrecìa la carta. De hecho, ni estaba en la carta: me dijeron que no gusta a los americanos y me lo cantaron directamente al oìdo. La mozarella, todo hay que decirlo, era de buffala auténtica, napolitana y, casi, dirìa que de Paestum. Excelente. El tomate, insìpido. De segundo tomé un mero a la brasa, que estaba muy bueno. El vino lo eligiò mi colega (perdì una oportunidad, lo sé, pero la educaciòn me impidiò decirle "pero qué pides, tonto!"): un Orvieto Classico Bigi de 2005.

Se trata de un blanco toscano (Orvieto està en el corazòn de la Tuscia), hecho con aportaciones de Trebbiano, Verdello y malvasia, que se presenta con 12,5%. Lo sirvieron a una buena temperatura, de 10 grados, pero con unas terribles copas, muy abiertas en su parte alta, que volatilizaron con evidente rapidez las pocas notas de aromas que pudiera tener este vino. A la vista presentaba un bonito color oro pàlido, con reflejos verdes, brillante, intenso. Sus aromas fueron, en cambio, de "baja intensidad": una nariz muy vegetal, de paja, de heno cortado y, muy poco, de fruta de hueso. Su boca fue màs poderosa y larga: era un vino que se podrìa calificar de "verde" en boca, àcido, acerado, con una punta de carbònico agradable y un interesante (aquì sì da una buena nota) retrogusto, que empezò con algo de miel y de albaricoque y terminò con un claro aroma vegetal, de granada silvestre. Un vino agradable y poco màs. No sé qué pagaron por él pero yo no hubiera dado, en tienda, màs de 6-8 euros.

En resumen, un fantàstico sitio para ir a tomar una copa (vi que habìa un bar en la terraza y supongo que, como pasa en la mayorìa de hoteles de lujo hoy, serìa pùblico) y contemplar los Foros Imperiales, pero un sitio al que no hay que ir a cenar, a no ser que seas americano y estés de luna de miel (mùsica en directo!).

PS. La foto de los foros BY Stuck in Customs

09 d’octubre, 2006

Tonnarelli cacio e pepe

Uno de los platos de pasta habituales en los restaurantes de cocina romana son los tonnarelli cacio e pepe. Los tonnarelli son una especie de fideos de gran calibre que tardan sus buenos 12 minutos en estar en su punto (se trata de una pasta consistente) y que se suelen servir en cazuela de barro. La forma màs romana de hacerlos es con cacio e pepe. El cacio es un queso de oveja (o, a veces, con un tanto por ciento bajo de leche de cabra) de forma circular y unos 30 cm de diàmetro por 12 de altura, que suele estar afinàndose en bodega casi 12 meses, presenta un color crema de baja intensidad y tiene un sabor ligeramente picante. Este queso se suele trocear y fundir encima de los tonnarelli con una moderada pero contundente cantidad de pimienta negra molida "groseramente". Los dos tipos de picante (el queso, algo dulzòn; la pimienta, màs acerada) ofrecen un delicioso contraste. Es un plato bien sencillo pero exquisito que, algunas veces, como me pasò la otra noche a mì (no siempre es asì, conste) se sirve con una salsa de tomate muy concentrado (sugo, vaya) con un poco de panceta pasada por aceite.

Yo lo comì en un buen restaurante de la parte màs tranquila del Trastevere, la que da acceso a su "trastienda" (la Fornarina, Via Garibaldi, Via della Scala): Miraggio, en la Via della Lungara, 16/A (+39-066875319). Para otro dìa queda una explicaciòn de esta parte màs bien poco transitada por los turistas (se encuentra en ella la gran prisiòn de Roma, Regina Coeli!).