08 d’octubre, 2006

Cal Pere del Prat de Llobregat

Cal Pere es una tienda fundada en 1924 por Pere Tarrida en el Prat de Llobregat (Jaume Casanovas, 70-72) , una tienda que es bar y tienda al mismo tiempo, y donde se sirven los aperitivos de toda la vida y, también, se hacen catas. Can Pere tiene una peculiaridad: es una grandìsima tienda de vinos. Yo no la hubiera conocido jamàs (creo, vaya) si no fuera porque cojo aviones en el aeropuerto de Barcelona. Los que seàis viajeros allì y améis el mundo del vino seguro que habéis parado alguna vez en ella (entre las salas de embarque 3 y 4), la ùnica realmente especializada sòlo en vinos que existe en El Prat. Yo lo he hecho a menudo desde que abriò y siempre me habìa sorprendido su cuidada y buena selecciòn de vinos, incluìdas algunas maravillas, como varios Pingus, Cheval Blanc, Ausone, Margaux, etc. Tanto me gustaba la selecciòn que me interesé por quién la hacìa: y me hablaron los dependientes de la tienda de El Prat. Y ni corto ni perezoso hace ya bastante me fuì para allà. Conocì a Pere y él, que no me conocìa a mì absolutamente de nada, me comentò su pasiòn por los vinos, su amistad con los que mueven los hilos en este mundillo de la venta (hablaba con admiraciòn de Quim Vila y mira que se llevaban su buena edad), me hablò de sus ganas de ampliar la tienda de El Prat y, sobre todo, me mostrò su bodega. Se trata de una maravilla en el subsuelo de la tienda, llena de paz, de tranquilidad y de oscuridad, donde reposan las miles de botellas que Pere ha ido comprando a lo largo de los tiempos.
Estuvimos paseando y comentando las maravillas que allì reposaban. Ya al final me hablò de su enfermedad y de que no tenìa muchas esperanzas de ver completados sus esfuerzos. Yo, cada vez que iba al aeropuerto, preguntaba por él con un cierto miedo. Hoy me han dicho que muriò este pasado verano.
Me ha dolido de veras: nos conocimos poco pero congeniamos enseguida. Era un hombre de una sola pieza con un amor y unos conocimientos del mundo del vino grandes como era él.
Me he comprado en su tienda del aeropuerto una botella de Elìas Mora 2001, de la Bodega Dos Victorias y otra de Moragòs 2004 de Pago del Vicario. Son dos botellas muy adecuadas para el otonyo que està llegando a Roma, dos botellas hechas por enòlogas sensibles y competentes, dos botellas que me haràn pensar en Pere cuando las beba y, asì, preservar un poquito su memoria. Creo que a él le gustarà que lo haga asì.

07 d’octubre, 2006

Nunci blanc abocat 2004

En la reciente fiesta del vino y de la vendimia a la antigua de Poboleda (DOQ Priorat, España), me dediqué a buscar y catar blancos prioratinos. Ya se sabe que las condiciones de prueba de estas fiestas no son muy buenas, pero sí te dan una idea de aquello que te puede apetecer catar con más calma y tranquilidad. Entre los vinos blancos que compré se encuentra el Nunci blanc abocat 2004, de Celler Mas les Pereres, SL, de Poboleda (regentado por Dirk Hoet). Y aprovechando este fin de semana en Barcelona, sin problemas de teclado ni de acentos, me preparé unas albóndigas con sépia y abrí una de estas botellas. Víctor Franco (Polakia) habló no hace mucho de él y tenía curiosidad por probarlo: su precisa documentación me permitirá informar aquí sólo de lo imprescindible.

Su hecho fundamental es la falta de característica varietal, pues se nos ofrece un vino de 14% (en mi opinión, a pesar de ello, tiene que servirse no muy frío, 11-12ºC), producto de un ensamblaje de parellada, macabeo, garnacha, pedro ximénez, charelo y moscatel (esto influye en el olfato), macerado con sus hollejos durante 24 horas y afinado durante siete meses en cuvas de inox, con sus lías y bazuqueo. La fermentación es a baja temperatura, controlada.

Tiene el color amarillo de la paja en sazón, sin matices de ningún otro tipo, limpio y billante en la botella que yo he abierto.

En esta fase visual, presenta también una ligera turbidez en superficie y presencia de anhídrido carbónica que, después, en boca, tendrá una relevancia muy pequeña, aunque la tiene.




Sus aromas son los de la fruta de verano tardía: melocotón de viña.

Junto con matices florales y, un poco, el olor de la hierba fresca al amanecer:







Tras un buen rato en la copa y, todavía más, tras un día de reposo en vacío, el vino libera, también, los aromas del varietal moscatel y, matizada, el de pera, que anuncian su paso por boca:

un vino redondo, un poco graso aunque no glicérico y con una acidez bien compensada. Su final no es muy largo. Se trata de un buen vino que se ofrece, con todo, a un precio algo exagerado: yo lo compré (a precio de bodeguero, para entendernos) a 16 euros, aunque en una de las tiendas de Poboleda lo vendían a 14 euros (sic!).

El comentario de Polakia podéis leerlo en:
http://polakia.blogspot.com/2006/07/nunci-blanc-2004-de-celler-mas-de-les.html

Las fotos son BY jackiedpepper (paja); rislyn (burbujas); Monster (melocotones); jenniferguson (hierba al amanecer) y katsoura (peras).

05 d’octubre, 2006

La cùpula de Agripa y pasta all'amatriciana

Escribìa el otro dìa sobre cùpulas de Roma (Narcìs Comadira califica a la perfecciòn a Roma como "la ciudad de las cùpulas) y me dejé adrede la màs importante para mì, la màs impresionante, la màs perfecta, la màs antigua: la cùpula que corona el llamado Pantheon de M. Agripa (a la derecha, en una bella foto BY Virgina G). Olvidaos del edificio, olvidaos de la iglesia de Santa Maria ad martyres que ahora lo ocupa, olvidaos de las puertas de bronce, olvidaos incluso de la tumba de Rafael (de la que hablaré otro dìa). Olvidaos de la gente (casi siempre japonesa o americana) que marea y que todo lo ocupa. Entrad, poneos en el centro y mirad hacia arriba: veréis algo cercano a la perfecciòn. Un templo para todos los dioses, mandado construir por el hombre màs poderoso del tiempo de Augusto (tras él, claro), es coronado por una cùpula con un agujero cenital de 9 metros de diàmetro, que ofrece la ùnica luz al conjunto. No hay màs. Se me antoja la cùpula como el vientre que todo lo contiene, que todo lo abraza y su ojo como aquello que te comunica con el mundo, con la naturaleza: si tenéis suerte y conseguìs estar en el edificio un dìa de lluvia o de nieve (no es tan rara en la Roma invernal), sabréis por qué lo digo. Me sobrecoge, me emociona, me altera y es mi lugar preferido en Roma. Pagarìa por poder estar en él algùn dìa en soledad.

Pero no sòlo de cùpulas vive el hombre...


Bastante cerca del Pantheon de M. Agripa se encuentra uno de los restaurantes de moda en Roma, estos ùltimos tiempos. Se trata de Maccheroni, en la Pzza. delle Coppelle, 44. Voy con una cierta frecuencia porque no es muy caro y tiene un estilo bastante romano, desenfadado. Ademàs, me gusta porque su cocina (si tienes la suerte de coger una mesa en el pianterreno) està a la vista y a mì me encanta ver còmo trabajan los profesionales. Otra de las marcas de identidad de la cocina romana es la pasta (sobre todo bucatini, aunque también rigatoni, etc. (en la foto, BY Kochtopf) all'amatriciana, que como casi todas las cosas buenas no tiene secretos: una buena carne magra de cerdo, un sofrito de cebolla, sugo di pomodoro, un poquito de grana (si puede ser romana, mejor) y (al gusto no de todos), un mìnimo de pimienta. Amatrice es un pueblo que està en los confines entre el Lacio y los Abruzzi y se enorgullece del origen de esta receta. Roma se la ha apropiado y la convertido en una de sus marcas de identidad gastronòmicas, pero es una receta de pastores, de gente humilde, muy popular (exactamente como la carbonara) y que se encuentra en todas partes. Maccheroni es uno de los buenos sitios romanos donde comerla. (www.ristorantemaccheroni.com).