02 de gener, 2008

Y antes, la última comida de 2007


La última comida importante del 2007, la del domingo 30 de diciembre (31, dieta, que por la noche ¡siempre nos pasamos!), había que tomársela en serio. A mi santa le apetecía un risotto, los niños se pirran por él y a mí me encanta cocinarlo. Dicho y hecho: risotto de senderuelas y tomates en aceite. Las setas se hidratan en agua caliente hasta que alcanzan su volumen. Se cuelan y se reserva ese caldo. Se prepara un caldo corto de ave y verduras. Se reserva. Se sofríen cebolla con AOVE y algo de mantequilla. Tras la cebolla, se añade algo de vino blanco (en mi caso, la novedad es que le puse algo de moscato d'Asti: impresionante el resultado) y cuando el alcohol se ha evaporado, se añade el tomate a pedacitos. Tras el tomate las senderuelas y, aquí ya sí, se va añadiendo un poco del caldo de las setas. En un proceso que dura no menos de hora y media, pues se trata de conseguir que este preparado se convierta, casi, en un fondo. Cuando está listo, se sofríe el arroz (vialone nano) y, al rojo vivo, se añade caldo de ave hasta cubrir el arroz. Cinco minutos de cocción a fuego rápido y por lo menos otros 15 a fuego lento, añadiendo caldo para que no se seque el arroz y vaya liberando su almidón. En la parte final, se rectifica de sal y se añade un poco de parmiggiano, mezclando bien mezclado. El resultado: a la foto me remito. Salió estupendo.

Había tenido la oportunidad reciente de adquirir a muy buen precio un par de botellas de Caus Lubis 1998, de Can Ràfols dels Caus, y pensé que era vino adecuado para un risotto con setas. Decanté una hora antes del servicio pero empecé mal: el corcho se partió en la operación y tuve que hacer filigranas para salvarlo. Se trata de un monovarietal de merlot bien conocido del público, cuya fruta ha crecido en un viñedo (La Calma del Ros) orientado al noroeste y en terreno arcilloso-calcáreo. Es un vino que ha fermentado durante 18 días y se ha afinado en maderas de roble francés de primer y segundo año durante 11 meses. Conviene servirlo sobre los 16-17ºC. Presenta una capa muy alta, bastante impenetrable, de color cereza picota muy madura, violeta subido, casi negruzco. Huele a cerezas en alcohol, a mineralidad persistente (pedernal), a café torrefacto (el dulzor de la fruta madura, aunque poco duradera, la verdad) y cacao. Aunque ha precipitado y la materia colorante campea por el fondo de la botella y, algo, del decantador (incluso en la copa se va observando, a ojos vista, la precipitación del antociano), en boca es, todavía ahora, un vino bastante redondo, amplio, con taninos maduros y agradables. En posgusto ofrece aromas de zarza (vegetales de su tierra seca) y de frambuesa algo ácida. Por desgracia, tengo la nariz muy sensible en estos momentos (salido hace apenas 24 horas de un buen resfriado) y en la parte final de los aromas de este vino, asoman aires de algodón mojado o guardado durante mucho tiempo en el cajón. Primero pensé, lo prometo, que era la servilleta recién lavada. Me la quité y al cabo de media hora el vino seguía oliendo a lo mismo, al final de su recorrido por mi pituitaria. Son aromas procedentes (¡¡¡ya me corregirás, Blanca!!!) del desarollo de aminas biógenas durante la fermentación maloláctica, en este caso tiraminas o histaminas. No es que conviertan la degustación en algo desagradable, como sucede con la putrescina, pero me alteraron un poco la comida, a qué negarlo, pues para mí son un defecto. Y me sabe mal porque es mi primera experiencia mala con Can Ràfols dels Caus en mucho tiempo. Pero esto es lo que olí y degusté y así lo cuento. Por suerte, lo tomado durante la noche del 31 (ya contado) me resarció con creces.

01 de gener, 2008

La última cena (¡del año!)


En casa de unos queridos amigos que insisten en querer ensuciar su cocina con nosotros, pasamos la última noche y cena de 2007. Al estilo del anglosajón "take a dish, take a bottle party" y presididos por un excelente surtido de panes muy bien servidos, las aportaciones fueron de lo más lucido: un salmón marinado en casa, de extraordinaria textura y sabor; unos caracoles de mar, hervidos y servidos fríos; una ensalada con bogavante, refrescante y muy original; una deliciosa quiche con cebolla confitada (estilo "Zwiebelküchen") y panceta ahumada y otra con jamón dulce y queso, delicada; unas navajas a la plancha, muy sabrosas; un carpaccio de ternera y unas vieiras marcadas a la plancha con alcachofa marinada (excelente trasunto de una receta de C. Gaig) y etc. Aportaciones vínicas hubo varias, pero puesto que estamos en "crónica de guerrillas" y escribiendo desde la trinchera, me quedo con la recomendación de dos vinos extraordinarios, que casaron de maravilla con alguno de los platos:

en primer lugar, el mítico, por todos narrado y por NADIE guardado (no iba yo a ser menos, ¿verdad, compañeros?) Do Ferreiro Cepas vellas 2006. De color oro pálido, es un albariño de cepas muy viejas y que sabe a eso, a albariño, con maravillosa pureza: heno cortado, prado húmedo, flor de geranio, boca única, algo untuoso, graso y opulento, con un cuerpo enorme y un posgusto brillantemente amargoso. Este Do Ferreiro de Gerardo Méndez, que todos los amantes del vino debieran probar, casó a la perfección con las navajas a la plancha, con los caracoles de mar y con la ensalada de bogavante.

En segundo lugar un riesling de antología, del Rheingau, de Peter Jakob Kühn, 2005 Oestrich Doosberg trocken, un vinazo con una mineralidad fósil que empieza contundente pero que, incluso sin decantar (abierto casi una hora antes del servicio), se vuelve sutil y deliciosa. De color paja casi dorada, madura, aporta ese queroseno clásico, riesling en pureza absoluta, con notas de cítricos y de mandarina, algo de ceniza y un poco de queso de cabra "staggionato" italiano. Con un enorme volumen en boca y una buena acidez y frescor, fue un gran compañero del pastel de cebolla, siguió razonablemente bien con el salmón y, para mí la gran revelación de la noche, acabó en apotesosis con la alcachofa y la vieira. Ésta última es una combinación que os propongo ya, pero que pienso profundizar: el ligero amargor final de este riesling seco encajó de maravilla con el de la alcachofa.



Por supuesto, hubo otras muchas cosas deliciosas (por ejemplo, un aromático turrón nata-nueces de Can Faixas, con MR de Telmo Rodríguez), pero la mejor de todas ellas, sin duda (sobre todo, tras haber repasado los resúmenes informativos de 2007), fue largar al año 2007 con viento fresco y dar la bienvenida al 2008 en la mejor compañía posible (mi familia, amigos queridos y nuestros hijos: en la foto, la sal de la tierra). Por muchos años podamos hacerlo. Dixi. Abei.


¡Más trincheras!


Bien, amigos, el intrépido reportero vuelve de nuevo a las trincheras, a los reportajes a pie de copa y a las comidas "frugales"a pie de cantina. Empieza la segunda fase de las fiestas, algo más relajada que la primera, quizás, pero no menos exigente: la noche de fin de año y, casi sin pausa, la comida de Año Nuevo, con unos momentos de reflexión para los valses de los Strauss desde Viena y para los saltos de trampolín desde Garmisch - Partenkirchen. A ver qué nos depara esta segunda tanda...si puedo, ¡os lo contaré!



El reportero (veréis que me he afeitado la barba por necesidades del guión) By El sotano loco.